
Cada año, el 8 de marzo, las calles de México y otros países se llenan de consignas, los perfiles en redes sociales se tiñen de violeta y las instituciones publican mensajes de reconocimiento. El Día Internacional de la Mujer, oficializado por la Organización de las Naciones Unidas, se ha convertido en una de las fechas más visibles del calendario global. Pero la pregunta necesaria no es qué ocurre ese día, sino qué sucede el 9 de marzo.
La conmemoración tiene raíces históricas profundas: mujeres trabajadoras que exigieron condiciones dignas, derecho al voto, igualdad legal. No nació como celebración, sino como exigencia. Y, sin embargo, más de un siglo después, el riesgo es que el 8M se convierta en un ritual simbólico que no siempre se traduce en transformaciones estructurales.
Las cifras hablan con crudeza. La brecha salarial persiste. La carga del trabajo doméstico y de cuidados sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres. La violencia de género continúa siendo una herida abierta en todos los continentes y especialmente en México donde mueren alrededor de 12 mujeres diariamente víctimas de feminicidio y el 70 por ciento de las mujeres mayores de 15 años ha vivido al menos un incidente de violencia en su vida. Incluso en países que han avanzado en representación política —como México con el liderazgo de Claudia Sheinbaum— el desafío no termina con la llegada de una mujer al poder. La igualdad no se agota en la foto institucional.
En los últimos años, movimientos como el Me Too demostraron que la denuncia colectiva puede sacudir estructuras aparentemente inamovibles. Sin embargo, también evidenciaron resistencias, retrocesos y la fragilidad de algunos avances. La igualdad real incomoda porque obliga a redistribuir poder, privilegios y responsabilidades.
Más allá del 8 de marzo, la discusión debe trasladarse a lo cotidiano. A las empresas que revisan, o no, sus políticas salariales y de conciliación. A los hogares donde la corresponsabilidad todavía es una deuda pendiente. A los sistemas educativos que pueden perpetuar estereotipos o desmontarlos desde la infancia. A los medios de comunicación que deciden qué historias se cuentan y cuáles se silencian. A los jóvenes que normalizan la violencia.
También interpela a los hombres. La igualdad no es una concesión ni una agenda exclusiva de mujeres; es una transformación social que exige aliados activos. No basta con apoyar en redes sociales un día al año. Se trata de revisar prácticas, cuestionar privilegios, asumir responsabilidades compartidas y ser capaces de reconocerse y reconocer en el otro la agresión y pedir ayuda.
El 8 de marzo no debería ser un punto de llegada, sino un punto de partida. Un recordatorio incómodo de lo que falta por hacer. Porque la igualdad no necesita homenajes anuales; necesita coherencia diaria. No requiere discursos bien intencionados, sino decisiones sostenidas en el tiempo.
Cuando las pancartas se guardan y los titulares cambian, la realidad sigue ahí. La verdadera medida del compromiso no está en la intensidad de una jornada, sino en la constancia de los otros 364 días del año. Ahí, precisamente ahí, se juega el sentido más profundo del 8 de marzo.

El presidente estadounidense difundió un mensaje en video en sus redes sociales en el que aseguró que el objetivo del ataque es acabar con el programa nuclear y con el régimen iraní.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha confirmado que su país ha lanzado “importantes operaciones de combate” en Irán y ha llamado a los iraníes a sublevarse contra el gobierno de los ayalatolás.
“Vamos a destruir sus misiles y arrasar su industria misilística. Quedará totalmente destruida”, afirmó Trump en una declaración en video de ocho minutos publicada en las primeras horas de la mañana en EE.UU. en su red social Truth, poco después de que se informara sobre explosiones en Teherán.
El presidente se dirigió a los iraníes e instó a que utilizaran los ataques a gran escala de EE.UU. para derrocar al régimen.
“Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será de ustedes. Esta será probablemente su única oportunidad durante generaciones”, declaró. “La hora de su libertad está cerca”.
También dijo a los miembros de las fuerzas de seguridad iraníes que se les daría “inmunidad” si deponían las armas, o de lo contrario “se enfrentarían a una muerte segura”.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también se dirigió en un mensaje a los iraníes: “Nuestra acción conjunta creará las condiciones para que el valiente pueblo iraní tome su destino en sus propias manos”.
Trump acusó al régimen liderado por Alí Jamenei de librar una “campaña interminable de derramamiento de sangre y asesinatos en masa contra Estados Unidos” y aseguró que con el ataque buscan “defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo cruel de gente muy dura y terrible”.
El gran objetivo de la operación a gran escala es acabar con el programa nuclear iraní y derrocar al régimen, según la declaración del presidente.
“Siempre ha sido política de Estados Unidos, en particular de mi administración, que este régimen terrorista jamás pueda poseer un arma nuclear. Lo repito: jamás podrán poseer un arma nuclear”, afirmó el presidente, quien añadió que en la Operación Martillo de Medianoche del pasado mes de junio, “destruimos el programa nuclear del régimen en Fordow, Natanz e Isfahán”, los principales centros nucleares iraníes.
Trump declaró que Irán ha rechazado todas las oportunidades para renunciar a sus ambiciones nucleares y ha seguido desarrollando misiles de largo alcance que pueden amenazar a sus aliados en Europa, a las tropas estadounidenses en el extranjero y que “pronto podrían llegar a territorio estadounidense”.
Teherán firmó en 2015 un acuerdo para restringir su programa nuclear con los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia y China) y la Unión Europea, pero Trump retiró a su país del acuerdo en 2018, durante su primera presidencia.
El presidente dio a entender que la operación lanzada este sábado tendrá un mayor alcance que la del pasado junio, y que podría incluso producir bajas estadounidenses.
“Las vidas de valientes héroes estadounidenses podrían perderse y podríamos tener bajas”, señaló.
Trump aseguró también que el régimen iraní lleva 47 años coreando “Muerte a Estados Unidos” y ha librado una “campaña interminable de derramamiento de sangre y asesinatos en masa contra Estados Unidos”.
El mandatario recordó la toma de la embajada de su país en Teherán en 1979 por los seguidores del ayatolá Jomenei, el ataque suicida contra un cuartel en Beirut en 1983 en el que murieron 241 militares estadounidenses (y 58 franceses) y el ataque también suicida contra el destructor USS Cole en el año 2000 sobre el que, según Trump, Irán tenía conocimiento y “probablemente estuvieron involucrados”.
Acabar con los “grupos terroristas que patrocina” Irán también es, según Trump, uno de los objetivos del ataque.
El presidente acabó su declaración dirigiéndose al “gran y orgulloso pueblo de Irán”, al que aseguró que la hora de la libertad estaba cerca.
“Manténganse a resguardo. No salgan de sus casas. Es muy peligroso afuera. Caerán bombas por todas partes”, dijo.
A principios de enero, Trump amenazó con bombardear Irán cuando las fuerzas de seguridad reprimieron las protestas antigubernamentales que tuvieron lugar a nivel nacional, matando al menos a 6.480 personas, según activistas de derechos humanos. Advirtió entonces que los responsables “pagarían un alto precio” y dijo a los manifestantes que “la ayuda está en camino”.
Pero, días después, el presidente señaló que había recibido garantías del gobierno de Irán de que “las matanzas habían cesado” y su atención se centró en el programa nuclear del país, que ha estado en el centro de una larga disputa con Occidente.
Este sábadoTrump señaló, sin embargo, que esta será, probablemente, “la única oportunidad en generaciones” de cambiar al régimen y hacerse con el control del gobierno.
“Durante muchos años, han pedido la ayuda de Estados Unidos, pero nunca la han recibido. Ningún presidente estuvo dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer esta noche”, dijo el mandatario estadounidense.
En la misma línea, Netanyahu, en un mensaje público difundido por sus redes sociales, declaró que “ha llegado el momento de que todos los sectores del pueblo iraní —los persas, los kurdos, los azeríes, los baluchis y los ahwazíes— se liberen del yugo de la tiranía y creen un Irán libre y que busque la paz”, dijo el primer ministro.
“Este es el momento de actuar. No lo dejen pasar”, sentenció Trump.
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