
El 28 de diciembre de 2025 asistimos a una nueva escalada de la represión por parte del gobierno de Irán. Ese día, miles de personas que demandan mejoras económicas y un cambio de régimen, por uno que respete sus derechos humanos, fueron cruelmente reprimidas. La escalada represora ha costado la vida a unas 3 mil 117 personas, según datos oficiales. La ONU ha informado de 5 mil muertes, que podrían llegar a 20 mil, incluidas niñas y niños. La dimensión de la crisis es incierta porque el flujo de información está bloqueado por un apagón de internet, el más largo impuesto en el país, que mantiene aisladas a 90 millones de personas del resto del mundo.
Un equipo de Amnistía Internacional ha logrado sortear, aunque no sin problemas, el bloqueo informativo y documentar –con información de periodistas, de familias de personas detenidas y videos–, la comisión de homicidios ilegítimos en masa en la provincia de Teherán y la forma en que patrullas establecen controles a la población en diferentes regiones del país. Las detenciones se cuentan en millares. La situación es alarmante.
De acuerdo con la información con que cuenta nuestra organización, las manifestaciones han tenido lugar en las 31 provincias iraníes y han sido masivas en Alborz, Kermanshah, Teherán y Jorasán Razaví. El levantamiento actual es considerado ya como el mayor desde el movimiento Mujer Vida, Libertad, en el que miles de personas protestaron contra la discriminación por motivos de género.

La investigación de Amnistía Internacional revela que en la represión de la población participan la Guardia Revolucionaria Islámica –incluidos sus batallones basij–, diversas divisiones de la policía iraní, conocidas por el acrónimo Faraja, así como agentes vestidos de civil.
En su accionar, las fuerzas de seguridad iraníes han incurrido en uso ilegítimo de la fuerza, violando con ello los principios de necesidad y proporcionalidad en el uso de la misma; han utilizado armas prohibidas y durante las detenciones en masa han cometido desaparición forzada e incomunicado a las personas detenidas, a quienes someten a tortura y otros malos tratos, así como a violencia sexual, palizas, amenazas de ejecución sumaria, además de que les niegan comida, agua y atención médica.
Las detenciones las efectúan en el marco del toque de queda nocturno, durante allanamientos a domicilios, en puestos de control, centros de trabajo e incluso hospitales, así como en redadas. Entre las personas detenidas están estudiantes universitarios, personas defensoras de los derechos humanos, personas abogadas, profesionistas, periodistas, integrantes de minorías étnicas y religiosas e incluso infancias.
Con su actuación arbitraria, las fuerzas de seguridad del régimen islámico han violado los derechos a la vida, a no sufrir tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, así como el derecho de reunión pacífica. En este contexto, también han violado normas del derecho internacional de los derechos humanos entre ellas: los principios sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego; el código que rige la conducta de las fuerzas de seguridad, así como el Protocolo que deben seguir los agentes del orden en manifestaciones pacíficas.
Las protestas de la población iraní han marcado diferentes momentos de la historia reciente del país, como las ocurridas en diciembre de 2017-enero de 2018; de noviembre de 2019 (contra el incremento del combustible), julio de 2021; noviembre de 2021; mayo de 2022 y de septiembre-diciembre de 2022, esta última detonada por la muerte de la joven Mahsa Zhina Amini, a manos de elementos de seguridad, lo que dio lugar al levantamiento nacional Mujer Vida, Libertad, en el que miles de personas tomaron las calles para exigir respeto a los derechos de las mujeres y contra décadas de opresión del régimen islámico.
Las causas que han dado lugar a las protestas incluyen aspectos económicos y de derechos humanos. En este sentido, por años, el gobierno iraní ha limitado el derecho a la libertad de expresión, de asociación y de reunión pacífica; los derechos de las mujeres y las niñas; de las personas LGBTI; de las minorías étnicas y religiosas, lo que ha sumido a éstas en un pozo sin fondo de discriminación y violencia sistémicas. Las personas que exigen ejercer sus derechos humanos sufren detenciones arbitrarias, interrogatorios en situaciones de extrema violencia e incluso son hostigadas y procesadas en juicios alejados de toda legalidad.
Amnistía Internacional ha logrado documentar, por décadas, crímenes de derecho internacional y otras violaciones graves de derechos humanos cometidas por el régimen iraní contra sus habitantes.
Entre las investigaciones más recientes que hemos hecho públicas están las relacionadas con homicidios ilegítimos y uso ilegítimo de la fuerza; detenciones y reclusiones arbitrarias en masa; desapariciones forzadas; tortura y otros malos tratos, además de la detención de periodistas, personas defensoras de derechos humanos y disidentes, luego de las hostilidades entre Irán e Israel de junio de 2025 y la expulsión de más de un millón de personas afganas en ese mismo año. Todo ello independientemente de los reportes que incluimos año tras año en nuestro informe, La situación de los derechos humanos en el mundo.
Las protestas actuales iniciaron luego de la devaluación de la moneda, lo que implicó un fuerte proceso inflacionario. A ello se suma que por años ha habido una mala gestión de los servicios: hay escasez de agua y frecuentes cortes de electricidad. La crisis abarca una degradación medioambiental también de larga data, que afecta a minorías étnicas, como la kurda y la baluchi, sumidas en una insuperable pobreza y marginación.
Los reclamos sociales han sido recurrentes por décadas, sin que el gobierno haya tomado medidas para salvaguardar los derechos económicos, sociales y culturales de la población.
Las mujeres se encuentran entre los grupos de población que más ha sufrido la brutal represión del régimen islámico. En abril de 2024 las autoridades pusieron en práctica el denominado Plan Noor (plan Luz) por el cual se incrementó la vigilancia para que las mujeres usaran el hiyab en espacios públicos. En ese entonces el líder supremo de Irán, Ali Kamenei, emitió una declaración estableciendo que el uso obligatorio del hiyab es un “mandato ordenado por la religión y obligatorio para las mujeres” y que su incumplimiento está impulsado por “injerencias extranjeras”.
Así, la denominada “policía moral” obligó a 40 millones de mujeres y niñas a cumplir, contra su voluntad, con la medida que les impone un estricto control sobre su cuerpo, violando su derecho a la igualdad, la intimidad, la libertad de expresión, de creencias, degradándolas y privándolas de su derecho a la autoestima.
La abogada Nasrin Sotoudeh, defensora de los derechos humanos de las mujeres, quien es una férrea opositora al uso del hiyab, fue condenada en marzo de 2019 a 38 años y seis meses de cárcel y a recibir 148 latigazos por oponerse al uso de esa prenda. Entre los cargos que le imputaron estaba “incitación a la corrupción y la prostitución”.
En 2019, después de la condena a Nasrin Sotoudeh, la joven Yasaman Aryani, con gran coraje y esperanza de contribuir a un cambio en favor de los derechos de las mujeres, circuló en el metro de Teherán sin el hiyab, al tiempo que repartía flores blancas. En la acción, realizada en el Día Internacional de la Mujer, fue acompañada por su madre. Las fuerzas de seguridad detuvieron a Yasaman y se la llevaron sin revelar su paradero, por lo que fue víctima de desaparición forzada. Finalmente, fue sentenciada a 16 años de cárcel. Su caso lo incluimos en nuestra campaña insignia Escribe por los Derechos de ese año.
El control sobre el cuerpo y la vida de las mujeres no se limita a su vestimenta, pero es la forma de opresión más visible que sufren y que incita a la violencia en su contra.
Así ocurrió a la joven Masha Amini quien fue detenida 13 de septiembre de 2022 en la ciudad de Saqez, provincia de Jurdistán, por no portar debidamente el hiyab. Al subirla a una camioneta, la policía “de la moral” la golpeo severamente mientras la trasladaba a un centro de detención provocándole un estado de coma. Masha murió el 16 de septiembre de 2022. Su muerte dio lugar al levantamiento nacional, denominado “Mujer, vida y libertad”, en pro de los derechos de las mujeres.
La represión de ese movimiento fue brutal. Amnistía Internacional documentó que las fuerzas de seguridad utilizaron fusiles de asalto, armas de fuego cargadas con perdigones de metal y latas de gas lacrimógeno, y golpearon duramente con porras a quienes se manifestaban, lo que se tradujo en el homicidio ilegítimo de cientos de manifestantes y transeúntes, incluidos decenas de niños y niñas.
A raíz de esa situación, Amnistía Internacional formuló una Petición a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la creación de un Mecanismo Internacional Independiente de Investigación y Rendición de Cuentas sobre Irán. Un millón de personas, 250 mil de ellas en Irán, se sumaron al llamado que, finalmente tuvo éxito y, en noviembre de 2022 se estableció dicha misión.
Como en esa ocasión, ahora, ante las atrocidades que ocurren en Irán, todas y todos tenemos que volver a actuar. Amnistía Internacional hizo un llamado al Consejo Supremo de Seguridad Nacional, máximo organismo de seguridad de Irán, para que ponga fin de inmediato al uso ilegítimo de la fuerza y de armas de fuego y restaure el acceso a internet.
Igualmente, hemos pedido a las autoridades iraníes la libertad de todas las personas detenidas; que se establezca el paradero las víctimas de desaparición forzada; proteger a las personas que están bajo custodia de actos de tortura, malos tratos y se les permita acceso a un abogado, así como detener las acciones de intimidación y hostigamiento a las familias de las personas que han sido detenidas.
Desde este foro invito, como en otras ocasiones, a las personas lectoras a que expresen su solidaridad con las y los ciudadanos iraníes y se sumen a la Petición que tenemos en nuestra página de internet, en la que exigimos respeto a los derechos humanos de las personas iraníes y a detener el “derramamiento de sangre”. Ya hemos demostrado mediante el activismo que nuestros esfuerzos solidarios han dado fruto, ¡hoy es el momento de hacerlo una vez más! ¡Desde México hasta Irán, las protestas vivirán!
* Edith Olivares Ferreto (@EdithFerreto) es directora ejecutiva de Amnistía Internacional México (@amnistiamexico).

Pretti, enfermero de 37 años, murió el sábado en Mineápolis tras recibir varios disparos de un agente federal de migración de Estados Unidos.
Alex Jeffrey Pretti, de 37 años, murió el sábado en Mineápolis tras recibir varios disparos de un agente federal de migración de Estados Unidos.
El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) afirmó que Pretti fue abatido tras acercarse a agentes de la Patrulla Fronteriza portando una pistola semiautomática de 9 milímetros, sin especificar si la blandió.
Videos grabados por testigos y difundidos poco después muestran a Pretti con un teléfono en la mano mientras varios agentes tratan de reducirlo hasta que uno de ellos comienza a disparar contra él.
En las imágenes, que dejan muchas interrogantes sobre lo sucedido en los menos de 30 segundos que duró el forcejeo, no se aprecia que el manifestante agarrara un arma.
El DHS compartió una fotografía de la pistola que supuestamente portaba la víctima.
Familiares de Alex Pretti confirmaron que poseía un arma de fuego y que tenía el permiso correspondiente para portar un arma oculta en Minesota, aunque aseguraron que nunca lo habían visto llevarla consigo.
En un comunicado difundido horas después de la muerte de Pretti, su familia calificó de “mentiras repugnantes” las explicaciones de las autoridades.
El tiroteo ocurrió en un contexto de creciente tensión en la ciudad por la intensa campaña de redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), que ha provocado fuertes protestas de un sector de la ciudadanía.
Estas se intensificaron después de que el pasado 7 de enero un agente del ICE matara a tiros a la ciudadana estadounidense Renée Nicole Good en Mineápolis.
Alex Pretti, también ciudadano estadounidense, es la segunda persona que muere a manos de agentes de migración en Mineápolis.
La familia supo de su muerte por una llamada de un periodista de Associated Press (AP), según reportó la agencia estadounidense.
Esta indicó que, tras ver los videos del tiroteo que comenzaron a propagarse en redes sociales, los parientes de Pretti intentaron obtener información de las autoridades sin éxito, hasta que el médico forense del condado de Hennepin les confirmó que había un cuerpo que coincidía con el nombre y la descripción de su hijo.
Pretti trabajaba como enfermero de cuidados intensivos en un hospital del Departamento de Asuntos de Veteranos.
En declaraciones a The New York Times, un compañero del hospital lo definió como un amigo de buen corazón con sentido del humor y apasionado de su trabajo.
Alex Pretti nació en Illinois y creció en Green Bay, Wisconsin, donde practicó fútbol americano, béisbol y atletismo en la escuela secundaria Preble High School, según indicaron sus familiares a AP.
Durante su adolescencia en Wisconsin fue boy scout y cantó en el coro Green Bay Boy.
Estudió en la Universidad de Minnesota, donde se graduó en 2011 con una licenciatura en biología, sociedad y medio ambiente.
Comenzó a trabajar como científico investigador antes de volver a la universidad para formarse como enfermero titulado.
Pretti vivía solo en un condominio de cuatro apartamentos situado a unos 3,2 kilómetros del lugar donde fue abatido.
Sus vecinos lo describieron como tranquilo y solidario.
“Es una persona maravillosa. Tiene un gran corazón”, indicó a AP una vecina que vive en la misma urbanización.
Como enfermero trabajaba largas jornadas y en su tiempo libre le gustaba disfrutar de la naturaleza, además de practicar ciclismo.
Estaba muy unido a su perro Joule, que murió hace un año.
Días antes de este sábado, contó a sus padres que le dio una propina de US$100 a un trabajador latino que reparó la puerta de su garaje, según relata AP.
“Amaba este país, pero odiaba lo que cierta gente le estaba haciendo”, declaró su madre, Susan Pretti, a la agencia.
Según los testimonios de sus allegados, Pretti se sentía indignado con las políticas migratorias del gobierno de Trump, así como con las operaciones del ICE en Mineápolis y en todo el país, por lo que se implicó en las protestas tras la muerte de Renée Good.
Su padre, Michael Pretti, afirmó que su hijo “se preocupaba mucho por la gente y estaba muy molesto con lo que estaba pasando en Mineápolis y en todo Estados Unidos con ICE, como millones de personas más”.
“Pensaba que era terrible, ya sabes, secuestrar niños, simplemente agarrar a la gente de la calle. Se preocupaba por esas personas y sabía que estaba mal, así que participó en protestas”, agregó.
Michael Pretti aseguró que él y su esposa habían hablado con su hijo semanas antes sobre los riesgos de manifestarse.
“Le dijimos que protestara, pero que no se involucrara, que no hiciera nada estúpido. Y él dijo que lo sabía”, lamentó..
Pretti tenía armas de fuego y ocasionalmente llevaba un rifle a un campo de tiro, según relataron a AP sus vecinos, a quienes les sorprendía la idea de que portara una pistola por la calle.
“Nunca me pareció el tipo de persona que llevara un arma”, declaró una vecina.
La agencia también citó a su exesposa, Rachel N. Canoun, quien aseguró que no le sorprendía que Pretti participara en protestas.
Ella lo describió como alguien que sentía profundamente las injusticias, aunque nunca lo conoció como alguien que confrontara físicamente a otras personas.
Su exesposa confirmó que la víctima había obtenido su permiso para portar un arma oculta unos tres años antes.
Horas después de la muerte de Pretti, la familia emitió un comunicado. Lo reproducimos de forma íntegra:
Estamos desconsolados, pero también muy enojados.
Alex era una persona de buen corazón que quería mucho a su familia y amigos, y también a los veteranos estadounidenses a quienes cuidaba como enfermero de la UCI en el hospital de veteranos de Mineápolis. Alex quería marcar la diferencia en este mundo. Lamentablemente, no estará con nosotros para ver el impacto que tuvo. No uso la palabra “héroe” a la ligera. Sin embargo, su último pensamiento y acto fue proteger a una mujer.
Las mentiras repugnantes que la administración ha dicho sobre nuestro hijo son reprobables y asquerosas. Alex claramente no tenía un arma cuando fue atacado por los matones cobardes y asesinos de ICE de Trump. Tenía su teléfono en la mano derecha y la mano izquierda vacía levantada por encima de la cabeza, intentando proteger a la mujer que ICE acababa de empujar al suelo, mientras le rociaban gas pimienta.
Por favor, difundan la verdad sobre nuestro hijo. Era un buen hombre. Gracias.
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