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El síndrome de Asperger: identidad y el derecho a un diagnóstico oportuno
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El síndrome de Asperger: identidad y el derecho a un diagnóstico oportuno

Garantizar evaluaciones de desarrollo como parte estructural del sistema de salud es una cuestión de justicia social. Significa reconocer que la diversidad neurológica existe y que el Estado tiene la responsabilidad de generar condiciones para que todas las infancias puedan desarrollarse plenamente.
18 de febrero, 2026
Por: María Azucena Espinosa Olivas

Hablar del llamado síndrome de Asperger es recorrer no solo la historia de una categoría diagnóstica, sino también la evolución de nuestra comprensión sobre la neurodivergencia, la identidad y los derechos de las personas en el espectro autista.

En 1944, el pediatra austríaco Hans Asperger describió a un grupo de niños con dificultades en la interacción social, intereses intensos y estilos de comunicación particulares. Décadas después, en 1981, la psiquiatra británica Lorna Wing retomó esos hallazgos y acuñó formalmente el término “síndrome de Asperger”, describiendo a personas con diferencias significativas en la comunicación social y patrones restringidos de conducta, pero sin retraso importante en el lenguaje ni en el desarrollo intelectual.

El panorama cambió en 2013. El DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) eliminó la categoría independiente e integró esta presentación dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA). El objetivo fue reflejar mejor la evidencia científica sobre la continuidad del espectro bajo un marco conceptual unificado. A ello se sumó un debate histórico y ético: investigaciones posteriores señalaron vínculos de Hans Asperger con prácticas médicas cuestionables durante el régimen nazi, lo que llevó a parte de la comunidad científica a reconsiderar la pertinencia ética del epónimo.

El cambio no estuvo exento de debate. Para muchas personas, el diagnóstico de Asperger no fue solo una etiqueta clínica, sino una forma de comprender su historia personal y encontrar comunidad. El término ofrecía una narrativa distinta, menos centrada en el déficit y más en las particularidades. Escuchar y respetar cómo cada persona elige nombrarse es, en si mismo, un acto de reconocimiento.

En el libro “Una tribu propia”, Steve Silberman afirma que “la neurodiversidad puede ser tan crucial para la humanidad como la biodiversidad lo es para la vida en general”. Esta idea resume el tránsito hacia una comprensión menos patologizante y más centrada en la variabilidad humana.

Más allá de los debates terminológicos, el punto clave es el impacto social del diagnóstico. Un diagnóstico oportuno brinda acceso a apoyos y ajustes razonables en los ámbitos de salud, educación y trabajo. El verdadero desafío no es solo cómo clasificamos, sino cómo acompañamos.

En México, la realización periódica y oportuna de la Evaluación del Desarrollo Infantil es, además de un derecho, una de las formas más efectivas para acompañar a las infancias y sus familias. El Pacto por la Primera Infancia tiene entre sus metas “incrementar a 90 % las niñas y niños menores de 5 años con un adecuado desarrollo infantil temprano, y a 50 % la cobertura de evaluaciones de desarrollo anuales”. No se trata de etiquetar, sino de comprender el perfil único de cada niña o niño para ofrecer orientaciones claras, apoyos proporcionales y, cuando sea necesario, derivaciones oportunas. Con un enfoque de derechos y perspectiva de neurodiversidad, la evaluación se convierte en una herramienta preventiva: reduce la incertidumbre familiar, evita trayectorias de estigmatización y favorece intervenciones tempranas centradas en el bienestar y la autonomía.

Garantizar evaluaciones de desarrollo como parte estructural del sistema de salud es una cuestión de justicia social. Significa reconocer que la diversidad neurológica existe y que el Estado tiene la responsabilidad de generar condiciones para que todas las infancias puedan desarrollarse plenamente.

Hoy sabemos que el término “síndrome de Asperger” puede haber cambiado en los manuales, pero la realidad de las personas neurodivergentes permanece, con sus desafíos y fortalezas. La evolución del concepto nos recuerda algo esencial: el conocimiento científico cambia, pero la dignidad y el derecho a un desarrollo pleno deben permanecer en el centro.

* María Azucena Espinosa Olivas es Pediatra del Desarrollo. Modelo Chiapas TEA, e integrante del colectivo Pacto por la Primera infancia (@Pacto1aInfancia).

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Imagen BBC
La caída del expríncipe Andrés: “hijo favorito” de la reina Isabel II y primer miembro de la familia real arrestado en historia moderna
8 minutos de lectura

Los escándalos han perseguido al hermano del rey Carlos III a lo largo de su vida.

19 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Fue el segundo hijo de Isabel II, pero el primero en nacer cuando ella ya era reina. Un bebé muy deseado por la reina, segundo en la línea sucesoria del trono británico hasta que nació su sobrino William, y ahora caído en desgracia.

Este jueves fue arrestado bajo sospecha de mala conducta en cargo público.

No se conocen los detalles específicos de las acusaciones de conducta indebida en el ejercicio de un cargo público que están siendo investigadas.

Sin embargo, las acusaciones previamente reportadas incluyen que habría compartido informes de viajes comerciales, remitido un informe confidencial sobre inversiones en Afganistán y entregado un informe del Tesoro a un contacto empresarial personal.

El exduque de York se desempeñó como enviado comercial del Reino Unido entre 2001 y 2011, viajando por todo el mundo y disfrutando de acceso privilegiado a altos contactos gubernamentales y empresariales a nivel internacional.

En 2010, Andrés aparentemente remitió al difunto delincuente sexual Jeffrey Epstein informes gubernamentales sobre visitas a Vietnam, Singapur y China, según parecen mostrar archivos relacionados con el fallecido financiero que fueron publicados recientemente por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Los documentos también parecen indicar que Andrés envió a Epstein información sobre oportunidades de inversión en oro y uranio en Afganistán.

De acuerdo con la normativa oficial, los enviados comerciales tienen el deber de mantener la confidencialidad sobre información sensible comercial o política relacionada con sus visitas oficiales.

Andrés Mountbatten Windsor, que hasta noviembre de 2025 era conocido como el príncipe Andrés, cayó en desgracia en la última década, desde que se destapara su amistad con el financiero estadounidense y fuera acusado de abusar sexualmente de una menor.

Andrés niega cualquier conducta indebida relacionada con los archivos Epstein.

El expríncipe se enfrentó previamente a acusaciones de Virginia Giuffre que se resolvieron extrajudicialmente.

Giuffre alegó que la obligaron a mantener relaciones sexuales con Andrés en varias ocasiones, incluyendo una en la isla privada de Epstein a principios de la década de los 2000.

El acuerdo alcanzado entre Giuffre y el expríncipe no incluyó ninguna admisión de irregularidades por parte de este último.

Andrés se retiró de sus funciones reales en 2019, alegando que las acusaciones habían supuesto una “perturbación” para la familia real.

Posteriormente, perdió sus títulos militares y patrocinios reales cuando Giuffre interpuso una demanda civil contra él en Estados Unidos en 2022.

Andrés fue despojado de su título de príncipe en octubre de 2025, el mismo mes en que se publicaron las memorias póstumas de Giuffre y al mismo tiempo que salían a la luz nuevos detalles sobre su relación con Epstein.

El “hijo favorito”

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, la princesa Ana y los príncipes Carlos y Andrés.
EPA/EFE
La reina Isabel II, el príncipe Felipe, la princesa Ana y los príncipes Carlos y Andrés.

Nacido el 19 de febrero de 1960 -este jueves, día de su arresto, justo cumplió 66 años-, Andrés es el tercer hijo de Isabel II y su esposo, el príncipe Felipe, y hermano del actual monarca británico, Carlos III.

A diferencia de lo que ocurrió con sus hermanos mayores, Carlos y Ana, Andrés llegó a la familia cuando la reina ya era monarca.

Andrés y su hermano menor, Eduardo, que se llevan más de una década con Carlos y Ana, pudieron pasar más tiempo con su madre y forjar un vínculo más estrecho. Gran parte de la prensa británica siempre asumió que Andrés fue el hijo favorito de la monarca, al que apoyó incluso en algunos de los momentos más difíciles.

Y la vida de Andrés no ha estado exenta de esos momentos.

Diversas biografías cuentan que no fue un alumno especialmente brillante. Asistió a la Escuela Primaria Heatherdown, en Berkshire, Inglaterra, y al colegio Gordonstoun, en Moray, Escocia, el duro internado al que habían asistido tanto su padre como su hermano Carlos.

Se formó como oficial naval en el Britannia Royal Naval College, para titularse posteriormente como piloto de helicóptero con el Brazo Aéreo de la Flota de la Marina Real.

Como subteniente de la Marina Real asignado al buque HMS Invincible, Andrés voló misiones de helicóptero en la Guerra de las Falklands o Malvinas en 1982.

Se retiró de la Marina en 2001 con el rango de comandante, después de 22 años de servicio activo (aunque los últimos los pasó en un puesto de escritorio). Fue también en 2001 que fue nombrado Representante Especial de Comercio e Inversión de Reino Unido.

También asumió entones funciones más tradicionales propias de los miembros de la familia real, como el apoyo a organizaciones benéficas y la participación en eventos y ceremonias.

Una vida en los tabloides

Sarah Ferguson y el entonces príncipe Andrés en su boda.
BBC
Sarah Ferguson y Andrés el día de su boda.

Andrés se casó en 1986 con Sarah Ferguson, a la que la prensa británica bautizó como “Fergie”, tras lo que recibió el título de “Duque de York”. Tuvieron dos hijas: Beatriz, nacida en 1988, y Eugenia, en 1990.

Su matrimonio y posterior separación en 1992 dio lugar a miles de artículos en la prensa británica. Ese fue un año de escándalos para la familia real, que la propia Isabel II describió como annus horribilis (año terrible).

En 1996 se divorciaron formalmente, aunque la pareja mantuvo una buena relación, e incluso compartieron vacaciones y residencias.

La vida de Andrés siguió acaparando titulares tras abandonar las fuerzas armadas.

La prensa sensacionalista publicó a menudo imágenes del entonces Duque de York en fiestas en yates, rodeado de mujeres en topless, y lo relacionaron sentimentalmente con distintas mujeres, desde modelos hasta empresarias.

Esta es la época en la que Andrés trabajó como representante especial de UK Trade and Investment (UKTI), un organismo del gobierno para el comercio y la inversión, una suerte de cargo de embajador comercial sin remuneración.

Su papel consistía en promover las empresas británicas internacionalmente, publicitar Reino Unido a los potenciales inversores y establecer relaciones para apoyar los intereses empresariales británicos, todo eso apoyado en “la singular posición del duque, que le da un acceso sin igual a miembros de familias reales, jefes de Estado, ministros de gobierno y ejecutivos de compañías”, según describía el organismo.

“Millas aéreas”

El entonces príncipe Andrés vestido con el uniforme de honor militar en 2015.
Niklas Halle’n – WPA Pool / Getty Images

Este rol lo llevó a viajar en delegaciones por todo el mundo con los gastos pagados.

Sus grandes desembolsos, incluido su uso de helicópteros, hicieron que algunos periódicos lo bautizaran como “Andy, el millas aéreas”.

Durante años, los periodistas comentaban cómo los viajes de Andrés al exterior, que supuestamente trataban sobre negocios del gobierno, parecían llevarlo a través de pistas de esquí, campos de golf y otros lugares exóticos.

Tampoco salió indemne del escándalo financiero que rodeó a su exesposa Sarah Ferguson, cuando esta fue grabada en 2010 ofreciendo venderle acceso al príncipe a un reportero que se hacía pasar por un empresario.

Su secretario privado indicó en ese momento que “las insinuaciones e indirectas” que rodeaban al entonces duque no tenían fundamento.

El caso Virginia Giuffre

Andrés tuvo que abandonar el cargo de embajador comercial en 2011, tres años después de que Epstein fuera condenado por delitos sexuales contra menores.

El entonces príncipe había aparecido en fotografías con Epstein después de que este cumpliera su pena de prisión.

En 2019, una entrevista marcó un punto de inflexión en la caída en desgracia de Andrés.

El entonces aún príncipe habló con el programa Newsnight de la BBC, en el que ofreció sorprendentes justificaciones sobre sus encuentros con Virginia Giuffre que no hicieron sino ahondar en la desconfianza de la opinión pública hacia Andrés.

Entre otras cosas, dijo que el relato de Giuffre de que lo había conocido sudando y bailando en un club nocturno de Londres antes de tener relaciones sexuales con él no podía ser cierto porque él no sudaba tras haber sufrido un trauma en la guerra de las Falklands/Malvinas.

Tampoco convencieron sus explicaciones de que fue a ver a Epstein a Nueva York para comunicarle que su amistad había llegado a su fin, o que la historia de Giuffre tenía errores porque esa noche él había llevado a su hija a una pizzería a celebrar su cumpleaños.

La entrevista inspiró la película “Scoop” de Netflix.

En 2021, Virginia Giuffre presentó una demanda civil contra Andrés en Estados Unidos, alegando que abusó de ella cuando tenía 17 años, algo que él siempre negó.

El entonces príncipe Andrés con Virginia Giuffre.
Departamento de Justicia de EE.UU.
Andrés con Virginia Giuffre.

Al año siguiente, Andrés renunció a sus títulos militares (incluido el título honorífico de vicelamirante que había recibido en 2015) y a los patrocinios reales.

No consiguió que la demanda se desestimara y finalmente llegó a un acuerdo económico con Giuffre, del que no se desvelaron los términos económicos.

Cuando se desclasificaron parte de los documentos de Epstein en 2025, el nombre de Andrés Mountbatten Windsor aparecía en varios de ellos.

En octubre de 2025, apremiado por palacio y por la opinión pública, Andrés renunció a todos sus títulos. Poco después, Carlos III le retiró el rango de príncipe.

Este jueves Andrés Mountbatten Windsor se convirtió en el primer miembro de la familia real británica en ser arrestado desde Carlos I en 1647, durante la guerra civil inglesa.

BBC

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