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¿Las mujeres invierten menos que los hombres? Mitos y realidades
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¿Las mujeres invierten menos que los hombres? Mitos y realidades

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres dedican entre 6 y 30 horas semanales más que los hombres a tareas domésticas y de cuidado no remunerado . Esta carga invisible limita su permanencia en empleos formales y de mayor proyección.
05 de marzo, 2026
Por: Montserrat Aldave*

“Los hombres son mejores haciendo dinero y las mujeres administrándolo” es uno de los mitos que aún persiste en el imaginario colectivo. Y si bien algunos datos podrían parecer confirmar parcialmente esa idea, es fundamental desglosar qué hay detrás de ella.

Las mujeres son buenas administrando el dinero. Durante décadas, programas sociales en México como Progresa, Oportunidades y posteriormente Prospera —basados en transferencias monetarias condicionadas— otorgaban la titularidad de los apoyos económicos mayoritariamente a las mujeres del hogar, reconociéndolas como responsables principales del bienestar familiar[1].

La razón no era simbólica. El diseño del programa buscaba asegurar que los recursos efectivamente se destinaran a asistencia escolar y citas médicas. Empíricamente, cuando las mujeres tienen mayor control sobre el ingreso del hogar, aumenta la probabilidad de que el gasto se asigne a salud, alimentación y educación[2], generando impactos intergeneracionales más consistentes en la reducción de la pobreza.

Es decir, incluso el propio Estado partía del supuesto —respaldado por evidencia— de que las mujeres administran mejor los recursos del hogar.

Y si las mujeres son buenas administrando el dinero, ¿por qué su participación en instrumentos de inversión sigue siendo baja? Porque el problema no es la capacidad financiera, sino la estructura económica. La brecha financiera no comienza en el momento de invertir. Empieza mucho antes, en las decisiones educativas, en la estructura del mercado laboral y en general en una trayectoria económica desigual.

La desigualdad financiera no se origina en la adultez. Empieza desde la infancia

En muchos hogares, a los hombres se les socializa en torno a “generar ingresos”, mientras que a las mujeres se les educa para “administrarlos”. Esta diferencia en expectativas influye en aspiraciones profesionales, tolerancia al riesgo y elección de carrera[3].

La menor presencia femenina en áreas STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— frente a su mayor concentración en educación, salud y ciencias sociales no responde únicamente a preferencias individuales, sino también a patrones culturales que se reproducen desde edades tempranas. Estos campos son fundamentales para el desarrollo, pero en promedio presentan menores retornos salariales, lo que impacta el ingreso acumulado a lo largo de la vida.

Posteriormente, al incorporarse al mercado laboral, las mujeres enfrentan trayectorias más interrumpidas. La economista Claudia Goldin, Premio Nobel 2023, documenta lo que denomina el “parenthood effect”: la brecha salarial se amplifica de manera significativa tras el nacimiento del primer hijo[4]. No se trata de un ajuste marginal, sino de un choque estructural. Justo en la etapa de mayor crecimiento profesional —cuando comienzan las promociones y el aumento de responsabilidades— muchas mujeres salen parcial o totalmente del mercado laboral, reducen horas o aceptan posiciones más flexibles, pero menos remuneradas.

En México, esta realidad se combina con una elevada carga de trabajo no remunerado. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres dedican entre 6 y 30 horas semanales más que los hombres a tareas domésticas y de cuidado no remunerado[5]. Esta carga invisible limita su permanencia en empleos formales y de mayor proyección.

El resultado es mayor informalidad y menor densidad de cotización. Sin acceso pleno a seguridad social ni a mecanismos formales de ahorro, la acumulación patrimonial se ve comprometida desde etapas tempranas.

Finalmente, esta trayectoria desemboca en una brecha salarial persistente. Dependiendo de la fuente y del tipo de mercado considerado, la diferencia salarial en México oscila entre 10% y 22% (datos del IMSS para el mercado formal y de la ENOE para el mercado formal e informal). Y lejos de corregirse con el tiempo, tiende a ampliarse.

Inclusión financiera: la brecha que se acumula

Esta trayectoria laboral desigual se traduce directamente en una brecha financiera.

De acuerdo con la ENIF 2024, el 63.5% de las mujeres reporta algún tipo de ahorro, frente a 65% de los hombres. Sin embargo, cuando se trata de inversión en instrumentos financieros formales, apenas 2% de las mujeres participa, frente a 4% de los hombres.

La menor presencia femenina en mercados financieros no es una cuestión biológica asociada al riesgo. Es una consecuencia de menor ingreso acumulado, menor formalidad y menor acceso a activos.

El Banco Mundial ha señalado que la brecha de género en inclusión financiera tiene raíces estructurales: normas sociales, desigualdad en oportunidades y menor propiedad de activos. En México, apenas 28% de las mujeres son propietarias de vivienda, 16% de automóvil y 6% de un terreno. Esta baja propiedad limita su capacidad de ofrecer garantías y aumenta la probabilidad de enfrentar rechazos o condiciones menos favorables de financiamiento.

Cuando menos mujeres invierten, no estamos observando una preferencia individual aislada. Estamos viendo el resultado de una trayectoria económica que limita la acumulación de capital desde etapas tempranas.

¿Qué se puede hacer? Reducir barreras y democratizar la inversión

Si el problema es estructural, las soluciones también deben serlo.

Primero, es fundamental reducir las barreras de entrada al sistema financiero. La digitalización y la banca móvil permiten abrir cuentas, invertir y ahorrar desde montos bajos, eliminando costos de transacción y barreras geográficas. Las plataformas de microinversión han demostrado que no se necesita un gran capital inicial para comenzar a construir patrimonio.

Segundo, es necesario democratizar la información financiera. Persisten mitos como que invertir requiere grandes montos o conocimientos especializados. La educación financiera —incorporada desde etapas escolares y reforzada mediante herramientas digitales claras y comparables— puede cerrar esa brecha de conocimiento.

Tercero, los productos financieros deben adaptarse a trayectorias laborales interrumpidas. Aportaciones flexibles, esquemas automatizados de ahorro e instrumentos accesibles desde el celular pueden facilitar la continuidad en la acumulación patrimonial.

La inclusión financiera no empieza en los grandes mercados. Empieza reduciendo fricciones para que más personas, y particularmente más mujeres, puedan participar.

Cerrar la brecha financiera femenina no es solo una cuestión de equidad. Es ampliar la base de ahorro e inversión del país. Las mujeres no necesitan aprender a administrar dinero. Lo que necesitan es un entorno económico que les permita invertirlo y convertirlo en patrimonio.

* Montserrat Aldave (@monorriel_) es economista por el ITAM con maestría en Economía Aplicada. Ha trabajado en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y en Finamex Casa de Bolsa, donde ha desarrollado análisis para inversionistas institucionales. Actualmente forma parte del área de ventas institucionales en mercados de crédito en Finamex y es experta en México, ¿cómo vamos?

[2] ENIGH 2024.

[3] Informe de Movilidad Social 2025, CEEY.

[4] Bertrand, M.; Goldin, C.; Katz, L.

Dynamics of the Gender Gap for Young Professionals in the Financial and Corporate Sectors. American Economic Journal: Applied Economics 2010, 2 (3), 228-255.

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Imagen BBC
Ataque de EU e Israel a Irán: ¿dónde están Rusia y China, los aliados de la nación islámica?
6 minutos de lectura

Las críticas de estos dos tradicionales aliados de Teherán a los ataques de EU e Israel no han pasado de la condena verbal.

03 de marzo, 2026
Por: BBC News Mundo
0

Rusia y China tienen fuertes lazos diplomáticos, comerciales y militares con Irán, pero tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la nación islámica, la pregunta que atrae la atención del mundo es qué tanto están dispuestos a respaldarla.

La reacción de Moscú a los ataques fue vociferante pero limitada, indicando su indignación y solidaridad con Teherán, mientras cuidadosamente evitaba tomar pasos que pudieran llevar a Rusia a un enfrentamiento directo, comenta Sergei Goryashko del Servicio Ruso de la BBC.

El portavoz del Kremlin Dmitry Peskov habló de una “profunda decepción” de que, a pesar de las conversaciones entre Washington y Teherán, la situación se deteriorara hasta tomar la forma de “una abierta agresión”.

Peskov afirmó que Moscú estaba en contacto permanente con el liderazgo de Irán y con los estados del Golfo afectados por la escalada de hostilidades.

El domingo, el presidente Vladimir Putin envió sus condolencias al presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, por la muerte del líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, llamándola una “violación cínica de la moralidad humana y el derecho internacional”.

El Ministerio de Exteriores de Rusia, por su parte, denunció lo que interpreta como asesinatos políticos y la “cacería” de líderes de estados soberanos.

China también condenó enérgicamente la muerte del ayatolá.

Además, Pekín históricamente se ha opuesto a las estrategias de EE.UU. de cambio de régimen a través del mundo.

En el centro de la relación China-Irán está una asociación económica de beneficio mutuo, señala Shawn Yuan, de la Unidad Global China del Servicio Mundial de la BBC.

China es el mayor socio comercial de Irán y su más importante comprador de petróleo.

El cálculo de Moscú

Cuando se le preguntó este lunes al vocero del Kremlin si Moscú podría seguir confiando en Washington, Peskov respondió que Rusia “primero que todo sólo confía en sí misma” y defiende sus propios intereses.

Esos intereses ayudan a explicar por qué el apoyo de Rusia a Irán continúa siendo principalmente retórico aunque Teherán se ha convertido en unos de los aliados más cercanos de Moscú desde su invasión a gran escala de Ucrania, aportando drones y ayudando a desarrollar maneras de evadir las sanciones de Occidente, explica Goryashko del Servicio Ruso de la BBC.

Irán también encaja en la visión del Kremlin de un orden multipolar en el que los derechos del estado son más importantes que los derechos humanos, y los gobiernos ejercen un amplio control interno.

La caída de uno de esos regímenes propinaría un golpe a ese modelo.

Ramos de flores frente a la entrada de la embajada de Irán en Moscú con la foto del líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, y las banderas de Irán y Rusia
Getty Images
Rusia condenó la muerte en los ataques del líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, y en la embajada iraní en Moscú se levantó una ofrenda floral en su honor.

Al mismo tiempo, el Kremlin ha demostrado antes que no arriesgará mucho por sus socios, ya sea en Venezuela, en Siria o durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán en el verano de 2025.

Rusia está intensamente involucrada en Ucrania y parece reacia -y quizás incapaz- de ofrecer nada más que apoyo diplomático y cooperación técnica militar a sus aliados.

El tratado de asociación estratégica entre Rusia e Irán firmado el 17 de enero 2025 no llega a ser un pacto de defensa mutua.

Moscú y Teherán acordaron compartir información, realizar ejercicios conjuntos y “garantizar la seguridad regional”, pero no se comprometieron a defender el uno al otro en caso de ser atacados.

Los lazos económicos entre los dos países también son modestos, y el comercio se mantiene en el rango de US$4.000 millones a US$5.000 millones.

Sin embargo, los vínculos militares e industriales estaban creciendo. En febrero, el diario The Financial Times informó de un importante acuerdo bajo el cual Rusia proveería a Irán de los sistemas de defensa aérea portátiles Verba valorados en US$580 millones.

El uso de drones Shahed de fabricación iraní cambió significativamente las tácticas de las fuerzas rusas en el frente ucraniano. Pero el año pasado, Moscú rápidamente expandió su propia producción de drones, reduciendo su dependencia de las armas iraníes.

Para Moscú, Irán es demasiado importante para permitir su caída, pero no lo suficientemente importante para combatir para evitarla. Ese cálculo podría cambiar, pero, por ahora, lo más probable es que la intervención de Rusia esté mayormente limitada a las palabras.

El papel de Pekín como salvavidas económico

A pesar de años de severas sanciones de EE.UU. contra Irán, Pekín sigue siendo el salvavidas económico de Teherán, comprando grandes cantidades de petróleo a descuento a través de una red de las llamadas “flotas fantasmas”, buques con registros falsos para evadir las sanciones contra el transporte de crudo.

En 2025, por ejemplo, China compró más de 80% del petróleo transportado por cargueros, y los ingresos de esas compras chinas han ayudado a Irán a estabilizar su economía y financiar el gasto de Defensa aun cuando los mercados de Occidente estuvieran vetados.

Un acuerdo estratégico de 25 años firmado en 2021 consolidó la relación, con promesas de cientos miles de millones de inversiones chinas en la infraestructura y telecomunicaciones iraníes.

Fu Cong, el representante permanente de China ante la ONU, durante una reunión del Consejo de Seguridad, 28 de febrero 2026
Getty Images
China ha servido como escudo diplomático de Irán ante la ONU.

Históricamente, la estrategia de China de frente a las tensiones Irán-Israel e Irán-EE.UU. ha sido convertirse en un escudo diplomático para Teherán, haciendo uso de su derecho al veto -o amenaza de implementarlo- para diluir las resoluciones de la ONU.

Durante anteriores hostilidades, incluyendo la guerra de 12 días en el verano de 2025, China consistentemente instó a la “moderación” mientras denunciaba la “interferencia externa”, una referencia no muy velada a la política de EE.UU., comenta Shawn Yuan, de la Unidad Global China del Servicio Mundial de la BBC.

La estrategia de Pekín siempre ha sido mantener a EE.UU. empantanado en Medio Oriente, indica nuestro corresponsal, sin promover un colapso regional total que pudiera disparar los precios mundiales del petróleo.

Un régimen pro-Occidente en Teherán sería una derrota geopolítica catastrófica para China, ya que Teherán no sólo provee energía pero también representa políticamente un contrapeso considerable a la influencia de EE.UU. en la región.

Irán es miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái, y sirve como un nexo geográfico clave conectando a Asia Central, el Cáucaso y Medio Oriente.

La caída de la República Islámica debilitaría la credibilidad de los mecanismos multilaterales que Moscú y Pekín han intentado fortalecer.

Sin una invasión en el terreno de EE.UU. e Israel, las estructuras política y militar iraníes podrían permanecer.

Pekín practicará su tradicional “juego a largo plazo”, con la intención de cumplir con quien sea que vaya a sustituir a Jamenei como líder de Irán, mientras que Rusia buscará oportunidades por su cuenta.

[]
BBC

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