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La pista de baile es una carta de amor
Innovaciones en políticas de drogas
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La pista de baile es una carta de amor

La pista de baile y el uso de sustancias se convierten en una oportunidad para cuidarnos en colectivo. No se trata de negar los riesgos ni romantizar nuestros consumos, pero sí de hacerlos conscientes y cuidarlos en comunidad, de manera recíproca.
12 de febrero, 2026
Por: Pol Rodríguez

Aunque febrero significa días llenos de corazones, miel y apapachos, poniendo a más de una al borde del coma diabético, se convierte en una buena fecha para mirar hacia otras formas de vincularnos. Existen normas no escritas que marcan de forma muy específica de cómo socializar, disfrutar y cotorrear, y salir de ellas supone un brinco al vacío, pues no sabes quién podrá sostenerte en este interactuar distinto.

Quienes hemos tenido que empezar de cero en otra ciudad, estado o país, conocemos la complejidad que implica sembrar nuevas amistades, nutrir redes de apoyo y dar ese tímido primer paso en nuevos círculos. Alguna vez escuché un podcast que hablaba sobre por qué se nos dificulta tanto hacer amigxs en la adultez, y una de las razones es que ya no existen espacios para tejer nuevas redes. Ya no tienes la hora del recreo en la escuela para jugar, o la soltura y facilidad con la que te subías a los columpios o subibaja junto a desconocidos de tu edad pero que durante tres horas eran tus reales.

Personalmente, este tipo de barreras, sumadas a mi manera de experimentar el mundo y las relaciones, han convertido la socialización en un reto. Aunque me encanta pasar tiempo con las personas que amo, suele haber momentos en los que continuar con una conversación se vuelve física y cognitivamente doloroso. Mis oídos zumban, el ruido exterior no me deja pensar, mi músculo de socialización se cansa, y con cada ir y venir en el ping-pong conversacional, mis respuestas se vuelven más monótonas y genéricas; mi cerebro se siente frito y ya no sé qué más decir.

Sentir de esta manera merma mis interacciones y, en muchas ocasiones, la conexión que puedo construir con otrxs. Llega el momento donde mi batería social es nula y se vuelve insostenible seguir conviviendo. En este contexto, las sustancias psicoactivas se han convertido en una herramienta para ayudarme a tolerar los estímulos por más tiempo, para disipar la ansiedad social y sentirme más presente, para relajarme después de una sesión de convivencia intensa. Y aunque no todos los cuerpos habitamos los espacios sociales ni vivimos el uso de sustancias de la misma forma, reconocer su rol en nuestras vidas también nos ayuda a conocernos mejor y tomar decisiones más informadas para nuestro cuidado.

En la búsqueda de estrategias que me ayudaran a compartir espacios sociales sin tanta tortura, apareció la pista de baile. Siempre me parecerá muy irónico que el ruido excesivo me puede hacer sentir como que alguien está taladrando mis oídos y, al mismo tiempo, puedo pasar ocho horas seguidas encerrada en una fiesta de techno sin queja alguna. El baile se ha convertido en un momento de convivencia silenciosa y gentil con mis amistades. Nos permite comunicarnos con un lenguaje no verbal, tontear con pasos de baile, vincularnos mediante el cuerpo.

Mi mente puede descansar al fin. No tengo que pensar en lo que voy a decir después, o esforzarme por seguir el hilo de una conversación cuando ya no me quedan energías para socializar. Me entrego ante el arte de contemplar a mis amigxs. Mirarles conversando con más personas, mirar hacia donde miran, asombrarme con lo que les asombra. Es como apreciar un paisaje natural, perderte en las ondas de agua de un río, apreciar su esencia y belleza sin la exigencia de interactuar de forma directa.

Observar a quienes amo, verles realmente y atestiguarles es otra forma de amar. Cuando los beats por minuto de la música se empatan con mi corazón (¿o mi corazón a la música?) percibo las mezclas del DJ como un voceo directo de mi corazón hacia ellxs. Que a sus oídos lleguen mis latidos y con música y baile sepan cuánto les quiero. Las palabras sobran. Bailamos en medio del cómodo silencio de los que hablan poco, y después de un par de horas sólo basta un “necesitaba una amiga como tú”, que expresa más que mil horas de conversación.

La pista de baile y el uso de sustancias se convierten en una oportunidad para cuidarnos en colectivo. Más allá de las palabras, el compartir la botella de agua con la persona a mi lado, echar aire con el abanico a mi amistad más acalorada, o acompañar a quien está teniendo un viaje difícil, son sólo otras formas en las que digo “te quiero”. No se trata de negar los riesgos ni romantizar nuestros consumos, pero sí de hacerlos conscientes y cuidarlos en comunidad, de manera recíproca.

Ante la criminalización por parte del Estado, y los huecos de los sistemas de justicia y salud, mover el cuerpo y procurar a los míos me ayuda a resistir. Cuando la sociedad nos individualiza, respondemos con la colectividad. La pista de baile se ha convertido en un espacio que nos enseña cómo pueden coexistir distintas formas de relacionarnos con el mundo, las sustancias psicoactivas, y los gestos de cariño que tenemos con los demás.

Cuando la sociedad te bombardea con reglas para socializar y dicta las maneras “correctas” de sentir, encontrar la forma de adaptar el mundo a tu cuerpo (y no tu cuerpo al mundo), y apropiarte de tu autonomía corporal se convierte también en un acto de amor propio: el más importante de todos.  Que el disfrute sea para todxs, que el cariño venga en muchas presentaciones,  y que el cuidado colectivo sea parte de nosotrxs.

* Pol Rodríguez es diseñadora multidisciplinaria por el INBA y maestra en Prácticas de Desarrollo de Regis University. Le apasiona compartir información sobre políticas de drogas y modelos de reducción de riesgos y daños por uso de sustancias, así como dignificar a las personas usuarias en sus distintas interseccionalidades. Actualmente es Coordinadora de Comunicación Estatégica en Instituto RIA.

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Imagen BBC
Quién era y cómo murió Virginia Giuffre, la mujer que expuso la red de abuso sexual de Jeffrey Epstein
7 minutos de lectura

La mujer que llevó su lucha contra el abuso sexual hasta los tribunales falleció en abril de 2025 tras años de batallas personales y judiciales.

06 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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En medio del furor desatado por la publicación de los últimos documentos de los archivos Epstein, hay que recordar a una figura que fue clave para que estos documentos acabaran viendo la luz: Virginia Giuffre.

Giuffre, quien murió el pasado abril a los 41 años, fue una de las principales denunciantes de Epstein y su socia Ghislaine Maxwell. El primero se suicidó en la cárcel en 2019 y la segunda cumple una condena de 20 años en EE.UU. por su participación en el tráfico y los abusos sexuales de Epstein.

También denunció por abusos sexuales al príncipe Andrés de Inglaterra, acusación que este siempre ha negado rotundamente.

El pasado octubre, Andrés perdió su título de príncipe tras surgir nuevas revelaciones de sus vínculos con Epstein.

En unas memorias póstumas publicadas a principios de ese mes y tituladas Nobody’s Girl (La chica de nadie), Giuffre reiteró las acusaciones de que, siendo adolescente, mantuvo relaciones sexuales en tres ocasiones con el expríncipe, conocido ahora como Andrew Mountbatten Windsor.

En esas memorias, la mujer también aseguró que había temido “morir como esclava sexual” de Epstein y su círculo.

¿Quién era Virgina Giuffre y por qué fue clave para que el escándalo de abusos de Epstein saliera a la luz pública?

Una infancia “robada”

Giuffre nació como Virginia Roberts en 1983 en el estado de California, en EE.UU. Su familia se trasladó más tarde a Florida.

A los 7 años, según relató, fue abusada sexualmente por un amigo de la familia, y su “infancia fue robada rápidamente”.

“Ya estaba tan mentalmente dañada a tan corta edad que huí de eso”, contó en el programa Panorama de la BBC en 2019.

Durante su infancia pasó por varios hogares de acogida. A los 14 años, ya vivía en la calle, donde aseguró que solo encontró “hambre, dolor y más abuso”.

En el año 2000, mientras intentaba reconstruir su vida, conoció a la socialité británica Ghislaine Maxwell.

Giuffre trabajaba como asistente en los vestuarios del resort Mar-a-Lago, propiedad del presidente Donald Trump en Palm Beach, cuando Maxwell le ofreció entrevistarla para trabajar como masajista.

“Corrí hacia mi papá, que trabajaba en las canchas de tenis de Mar-a-Lago. Él sabía que estaba intentando arreglar mi vida, por eso me había conseguido ese trabajo. Le dije: ‘No lo vas a creer, papá'”, recordó.

Giuffre conoció a Epstein y Maxwell en Florida.
Getty Images
Giuffre conoció a Epstein y Maxwell en Florida.

El encuentro con Epstein

Cuando Giuffre llegó a la casa de Epstein en Palm Beach, dijo que él estaba acostado desnudo y que Maxwell le dio instrucciones sobre cómo masajearlo.

“Durante ese tiempo me hacían preguntas sobre quién era yo”, recordó.

“Parecían buenas personas, así que confié en ellos, y les conté que había tenido una vida muy difícil hasta entonces: que había sido una niña fugitiva, abusada sexual y físicamente… Eso fue lo peor que pude haberles dicho, porque ahora sabían lo vulnerable que era”, le contó a la BBC.

Lo que esperaba que fuera una entrevista de trabajo se convirtió en el comienzo de años de abuso por parte de Epstein y Maxwell, según su testimonio.

Maxwell fue hallada en 2022 culpable de reclutar y traficar jóvenes para que Epstein abusara de ellas y actualmente cumple una condena de 20 años.

Aunque el nombre de Giuffre se mencionó repetidamente durante el juicio, ella no fue una de las cuatro mujeres que testificaron en el caso. Maxwell negó haberla agredido.

En 2015, Giuffre presentó una demanda por difamación contra Maxwell tras ser acusada de mentir. El caso se resolvió posteriormente con un acuerdo.

En sus memorias póstumas, Giuffre cuenta que, incluso décadas después, recordaba cuánto temía a ambos y afirma que Epstein la sometió a sexo sadomasoquista que le causó “tanto dolor que recé para perder el conocimiento”.

Giuffre también detalla las consecuencias físicas que dicho abuso tuvo en su cuerpo, con ojeras y costillas visibles bajo la piel.

En lugar de ofrecerle atención médica, Epstein se sentía “repugnado” por su apariencia, afirma.

“‘Ya no eres la misma chica que eras’, le dijo Epstein con frialdad. ‘Tienes que adecentarte'”, escribe en el libro.

También describe cómo Maxwell facilitó que le presentaran al príncipe Andrés en marzo de 2001.

Las acusaciones contra el príncipe Andrés

Giuffre afirmó que pasó de ser abusada por Epstein a ser “pasada como una bandeja de frutas” entre sus poderosos amigos, mientras la llevaban en jets privados por todo el mundo.

Aseguró que en 2001, cuando tenía 17 años, Epstein la llevó a Londres y se la presentó al príncipe Andrés. Una famosa fotografía que, asegura, fue tomada esa noche muestra al príncipe con el brazo alrededor de Giuffre, con Maxwell sonriendo al fondo.

Virginia Giuffre y el príncipe Andrés
Virginia Roberts
Virginia Giuffre alegó haber pedido a Jeffrey Epstein que le tomara esta foto con el príncipe Andrés.

Giuffre afirmó que, tras acudir a un club nocturno, Maxwell le dijo que “tenía que hacer con Andrés lo que hacía con Jeffrey”.

“Fue una época muy aterradora de mi vida… No estaba encadenada, pero estas personas poderosas eran mis cadenas”, le dijo a la BBC.

En su demanda civil, Giuffre alegó que el príncipe abusó sexualmente de ella en tres ocasiones: en la casa de Maxwell en Londres esa noche, y más tarde en propiedades de Epstein en Manhattan y en Little St. James, en las Islas Vírgenes.

En sus memorias, Giuffre afirma que esa tercera en la isla de Epstein tuvo que participar “una orgía” junto a “otras 8 jóvenes”.

“Las demás chicas parecían ser menores de 18 años y no hablaban inglés. Epstein se reía de su dificultad para comunicarse, diciendo que eran las chicas con las que era más fácil llevarse bien”.

El príncipe Andrés, quien llegó a un acuerdo económico con Giuffre en 2022 después de que esta presentara una demanda contra él en EE.UU. el año anterior, ha negado reiteradamente cualquier delito. En 2019, declaró a BBC Newsnight que no recordaba haber conocido a Giuffre en absoluto y que nunca tuvieron ningún tipo de contacto sexual.

Virginia Giuffre
Reuters

La huida

Giuffre contó que para el año 2002 Epstein había perdido interés en ella porque ya era “demasiado mayor” para él.

Aseguró que lo convenció para que le pagara una formación para convertirse en masajista profesional, y que él y Maxwell la mandaron a un curso en Tailandia. A cambio, se esperaba que trajera a su regreso a EE.UU. a una chica tailandesa.

Sin embargo, Giuffre conoció a un hombre durante el viaje, se enamoró, se casó con él diez días después y se mudaron a Australia para formar una familia.

Según su relato, Epstein y Maxwell se quedaron el shock al oír la noticia de que no regresaba a EE.UU.

En 2009 presentó una demanda civil contra Epstein por explotación sexual en la que aparecía bajo el seudónimo de Jane Doe 102. Giuffre llegó a un acuerdo con Epstein en ese caso antes de que fuera a juicio.

Virginia Giuffre en una imagen de 2019.
Reuters
Virginia Giuffre en una imagen de 2019.

Su muerte

Giuffre estuvo casada con su esposo Robert durante más de dos décadas. Juntos, tuvieron tres hijos, con los que vivían en Australia.

Fundó una organización sin fines de lucro dedicada a “educar y abogar por las víctimas de trata”.

A principios de abril de 2025, publicó en redes sociales una fotografía en la que se la veía con moratones y un mensaje en el que decía que le quedaban pocos días de vida tras el choque de un autobús escolar contra su coche.

El 24 de abril de ese año, su familia anunció que Virginia murió por suicidio a los 41 años en Australia Occidental.

La policía de esa región indicó que fue hallada sin vida en su vivienda de Neergabby y que no había indicios de circunstancias sospechosas.

En un comunicado, sus familiares la describieron como una “guerrera feroz en la lucha contra el abuso sexual”, y señalaron que “el peso del abuso se volvió insoportable”.

Añadieron que perdió la vida como consecuencia de una trayectoria marcada por el abuso sexual y la trata de personas.

“A pesar de todas las adversidades que enfrentó en su vida, brilló con luz propia. La extrañaremos muchísimo”, dijeron.

Josh Schiffer, abogado que representa a otra de las víctimas de Epstein, afirmó que Giuffre fue fundamental para exponer al financista y su cómplice. “El caso no habría existido sin su aporte, su cooperación y su valentía al principio, que inspiraron a tantas otras personas a denunciar”, declaró a una cadena estadounidense.

En 2022, después de que condenaran a Ghislaine Maxwell a 20 años de cárcel en EE.UU., Giuffre declaró al New York Magazine: “Definitivamente, esto no ha terminado”.

“Hay muchas más personas involucradas”, aseguró.

Las nuevas revelaciones que están apareciendo del caso Epstein parecen darle la razón.

*Este artículo se publicó originalmente en abril de 2025 y fue actualizado con motivo de la publicación de los nuevos archivos del caso Epstein.

Aquí encontrarás enlaces de ayuda para la prevención del suicidio.

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BBC

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