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La justicia performativa al centro del Pleno

A través de la Declaratoria General de Inconstitucionalidad 1/2018, se reconoció el uso personal de cannabis como parte del derecho al libre desarrollo de la personalidad, permitiendo y regulando, a su vez, el consumo personal recreativo a través de permisos emitidos por la Secretaría de Salud. A pesar de este reconocimiento, se continúa estigmatizando y criminalizando a las personas consumidoras de cannabis.
06 de marzo, 2026
Por: Julio Salazar y Dania Galicia

El siete de febrero de 2021 una persona fue detenida después de realizarle una inspección corporal en la que se encontró que traía consigo una bolsa de marihuana con 14.26 gramos. Posteriormente, la persona fue vinculada a proceso[1] por el delito de narcomenudeo por posesión simple de marihuana, ya que de acuerdo con el artículo 479 de la Ley General de Salud la dosis máxima de consumo personal es de 5 gramos; cualquier gramaje superior a ese puede ocasionar que seas vinculado a un proceso penal. Es decir, que seas sometido a una investigación sobre la comisión del delito y eventualmente a un juicio por lo mismo.

Tras haber sido vinculada a proceso, la persona presentó una demanda de amparo indirecto en la cual mencionaba que la porción normativa “en igual o inferior cantidad a la prevista en la misma” presente en el artículo 478 de la Ley General de Salud —el cual es una excluyente de la farmacodependencia— era inconstitucional debido a que afectaba sus derechos a la libertad personal, autodeterminación y diversos principios del derecho penal.

Ante la negativa del juzgador, se recurrió la sentencia y la SCJN reasumió la competencia para resolver este recurso.

El responsable de realizar la sentencia  del amparo en revisión fue el Ministro Figueroa, quien propuso revocar la sentencia y conceder el amparo, argumentando que la porción normativa sí es inconstitucional por limitar la excluyente de farmacodependencia cuando es mayor de 5 gramos de cannabis sativa, además de que la penalización del consumo personal puede violentar los derechos al libre desarrollo de la personalidad, la privacidad, la salud y la integridad personal.

En este mismo sentido, el ministro Figueroa propuso que las autoridades al analizar el artículo 478 deberán tomar en consideración las circunstancias de cada caso —cantidad, tiempo, lugar, modo de posesión, condición de farmacodependencia, entorno cultural y creencias— a través de las pruebas que se presenten.

Posteriormente, se dio inicio a la deliberación en el pleno, la cual concluyó con una votación de 5 votos a favor y 4 en contra; al no alcanzar los 6 votos a favor no se logró constituir la decisión como jurisprudencia por precedente.

Sin embargo, más allá de la decisión tomada, al observar la sesión del pleno fue posible identificar que esta nueva conformación electa tiene una forma particular de deliberar, la cual está caracterizada por intervenciones fragmentadas, posicionamientos más discursivos que argumentativos y con un tinte político, dejando a un lado su obligación de resolver con exhaustividad y congruencia  conforme a lo ordenado en los artículos 17 constitucional;  74 y 75 de la Ley de Amparo. La dinámica de las discusiones del pleno es una muestra de lo que denominamos “justicia performativa”.

El problema jurídico planteado proviene del sinsentido que es el reconocimiento del derecho a consumir cannabis, sin una forma legal de obtener la sustancia, sin una regulación clara y con la existencia de un tipo penal que prohíbe su posesión. La discusión solamente debía haber sido respecto a los argumentos planteados. Todos los planteamientos que no atiendan lo establecido en el proyecto,[2] en estricto sentido, no son acordes a la obligación constitucional de congruencia y exhaustividad que tienen los juzgadores.  Así, las manifestaciones de la Ministra Ríos González resultan especialmente preocupantes, ya que no solo carecen de aportes relevantes al caso, sino que además reproducen estereotipos discriminatorios y retrógrados. Este tipo de comentarios contribuye a perpetuar prejuicios que afectan negativamente a grupos vulnerables y no abonan a una discusión jurídica seria.

Por otro lado, la intervención del Ministro Aguilar llama la atención porque fundamenta su decisión en la situación de calle del quejoso. Si bien esta condición debió ser considerada para resolver el caso desde una perspectiva de vulnerabilidad, el ministro la utiliza de manera discriminatoria, asumiendo que el quejoso no tenía los medios para conocer el gramaje de cannabis que portaba. Esta argumentación tampoco aporta elementos sustantivos al debate y refuerza una visión excluyente. Asimismo, las preocupaciones de la Ministra Herrerías respecto a la subsistencia del tipo penal para otras sustancias carecen de pertinencia en el contexto específico del caso, desviando la atención de los aspectos centrales que debían analizarse.

A pesar de la ausencia de un debate congruente y exhaustivo sobre el fondo del asunto, los ministros se esforzaron en limitar los efectos de la resolución. Todos los ministros procuraron que el caso solo tuviera como consecuencia la emisión de una nueva resolución sobre la vinculación a proceso, evitando que otros usuarios pudieran beneficiarse de este precedente. De esta manera, se perpetúa la criminalización de los consumidores de cannabis, aun cuando se reconoce la inconstitucionalidad de la prohibición. A pesar de esto la misma Corte difundió esta resolución como un ejemplo de que la justicia ha mejorado.

[1] Vinculación a proceso: etapa procesal en la que el o la jueza de control decide si existen elementos suficientes para comenzar con un proceso penal en contra de la persona. Si se cuenta con los elementos suficientes el proceso continuará con la investigación complementaria.

[2] Que a la vez debía atender los agravios expresados por las partes.

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Imagen BBC
Cómo Ghislaine Maxwell llevó a Bill Clinton al círculo de Jeffrey Epstein
12 minutos de lectura

Los documentos del caso muestran que Maxwell alimentó la conexión entre el expresidente y Epstein, a principios de los años 2000. Clinton alega que en ese momento no conocía los delitos del financiero.

27 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Hay una foto que muestra a Bill Clinton en un baño nocturno junto a Ghislaine Maxwell, la celebridad británica ahora condenada por tráfico sexual.

Otra lo captura sonriendo detrás del escenario en un concierto de los Rolling Stones en Hong Kong con Jeffrey Epstein, el difunto financiero y ahora mundialmente notorio delincuente sexual.

Una tercera instantánea sin fecha muestra al expresidente estadounidense reclinado en un jacuzzi junto a alguien cuyo rostro aparece tapado para proteger su identidad.

Los vínculos de Clinton con Epstein son bien conocidos desde hace años, y el expresidente declaró que fue su trabajo benéfico después de dejar la Casa Blanca lo que los unió.

Ahora, imágenes y correos electrónicos que publicó el Departamento de Justicia proporcionan pistas sobre el alcance de su relación, y revelan la labor de Maxwell detrás de escena para cultivar la conexión entre los dos hombres.

El material recién publicado cobró protagonismo en el largo y duro interrogatorio que el expresidente demócrata enfrentó este viernes por parte de un comité del Congreso liderado por republicanos.

El expresidente insistió en que no conocía los delitos de Epstein y dijo que, de haberlo sabido, “lo habría denunciado”.

Clinton es la última figura poderosa en responder por su asociación con el difunto y desacreditado financiero.

Fotos de Bill Clinton publicadas en los archivos de Epstein muestran a Clinton con Epstein, a Clinton con Michael Jackson, a Clinton con una joven en su regazo cuyo rostro ha sido censurado, y una pintura satírica que Epstein tenía de Clinton
Reuters
Las fotos muestran a Clinton con Epstein y en su casa.

Los archivos no implican a Clinton en ninguna irregularidad; ninguna de las víctimas de Epstein que se han presentado hasta ahora lo ha acusado de mala conducta, y no hay prueba de que supiera de los crímenes del financiero.

El portavoz de Clinton ha dicho que las fotos son de hace décadas y que Clinton dejó de relacionarse con Epstein antes de que sus crímenes salieran a la luz.

Pero el nuevo material parece indicar cómo las esferas de Epstein y Clinton se relacionaron a principios de la década de 2000, cuando Clinton se redefinía como expresidente en una misión filantrópica.

Buscaba donantes adinerados para la Fundación Clinton y más tarde para la Iniciativa Global Clinton, una reunión de líderes dedicada a abordar problemas mundiales.

En ese momento, Epstein era un financiero cosmopolita que, con su novia Maxwell, se codeaba con los más ricos del mundo. desde el Palacio de Buckingham hasta Palm Beach, y sumaba amigos poderosos por el camino.

No hay mensajes directos entre Clinton y Epstein en los correos electrónicos que revisó la BBC, pero los dos hombres son el asunto que trata mucha correspondencia entre Maxwell y el principal asistente de Clinton, Doug Band.

Maxwell y Band, sonrientes en una foto.
Getty Images
Doug Band, asistente de Bill Clinton, se refería a Maxwell como su enlace social.

Los correos electrónicos de Maxwell con Band entre 2002 y 2004 revelan una relación cercana, repleta de halagos e insinuaciones sexuales. Él la llamó su “casamentera social” y “amante”; ella elogiaba su destreza social y física.

Sus extensas comunicaciones ayudan a explicar la proximidad del expresidente a Epstein y cuán interesadas estaban las personas que trabajaban en nombre de ambos hombres en mantener esa conexión.

No hay ningún indicio de irregularidad alguna por parte de Band.

Maxwell y Band planearon reuniones para la Iniciativa Global Clinton y participaron en organizar los vuelos de Clinton en el jet privado de Epstein, indican los documentos. El expresidente voló en el avión al menos 24 veces, muestran los registros de vuelo.

El portavoz de Clinton dijo que el expresidente realizó viajes en el avión que incluían “paradas en conexión con el trabajo de la Fundación Clinton”.

Aquí (y a lo largo del texto) ofrecemos la traducción al español de algunos de los correos:

Los registros de vuelo, documentos y correspondencia corroboran las afirmaciones del expresidente de que cortó el contacto con Epstein mucho antes de que acusaran al desacreditado financiero en 2006, y antes de que se declarara culpable en 2008 de solicitar prostitución a una menor.

Hillary Clinton, entonces senadora por Nueva York, no acompañó a su marido en los viajes con Epstein y, en su declaración ante el comité del Congreso el jueves, reiteró que no recuerda haberlo conocido.

El subjefe de gabinete de Bill Clinton, Angel Ureña, le dijo a la BBC en un comunicado que “el presidente Clinton no sabía nada sobre los crímenes de Epstein y no tiene nada que ocultar”.

Ureña indicó que Clinton no envió ninguno de los correos electrónicos en los archivos de Epstein.

“Hemos dicho a los medios todo lo que sabemos sobre los viajes del presidente Clinton con Jeffrey Epstein”, señaló.

“Los hechos son los hechos y la verdad es la verdad, y ambos están de nuestro lado”.

Un tour relámpago

El 21 de septiembre de 2002, Clinton abordó el jet privado de Epstein y emprendió un tour relámpago por países africanos con varias celebridades, según quedó patente en los registros de vuelo.

El viaje recibió cobertura de prensa de alto perfil, al igual que la conexión Clinton-Epstein.

Clinton le dijo a The New York Magazine a través de un portavoz en ese momento que Epstein era “tanto un financiero altamente exitoso como un filántropo comprometido” y que “especialmente apreciaba sus perspectivas y generosidad durante el reciente viaje a África para trabajar en la democratización, empoderamiento de los pobres, servicio ciudadano y combate del VIH/sida”.

La revista describió un vínculo transaccional: “Lo que atrajo a Clinton hacia Epstein fue bastante simple: Tenía un avión”.

“El Sr. Epstein ofreció un avión que era lo suficientemente grande para acomodarme a mí, mi personal y mi destacamento del Servicio Secreto de EE.UU., como apoyo para visitar el trabajo filantrópico de la fundación”, dijo el expresidente en una declaración jurada que presentó al Congreso el mes pasado y que obtuvo la BBC.

Dijo que él y su personal tomaron vuelos “para visitar proyectos de la fundación y asistir a conferencias y reuniones”, y dijo que nunca visitó la isla de Epstein.

Durante casi dos años, desde febrero de 2002 hasta noviembre de 2003, Clinton voló en el avión de Epstein a Europa, África, Asia, Rusia y, más cerca de casa, a Miami y Nueva York, según los registros de vuelo.

En ese momento, el equipo de Clinton intentaba recaudar dinero para su fundación, hasta US$100 millones, según un memorando que publicó WikiLeaks.

Imágenes publicadas recientemente, pero tomadas durante los viajes de aquellos años, incluyen fotos de Clinton sonriendo mientras camina con el personal y estrecha manos con funcionarios locales.

Pero también están las imágenes que ya han despertado la curiosidad y preguntas de los legisladores: Clinton nadando con Ghislaine Maxwell en una foto sin fecha; reclinado en el jacuzzi junto a la persona cuyo rostro se ha tapado. Y la imagen previamente publicada con una joven sentada junto a él en un reposabrazos.

Bill Clinton reclinado en una piscina, junto a una persona cuyo rsotro fue ocultado para proteger su identidad.
Reuters
La foto de Clinton en la piscina de Epstein ha llamado la atención de los legisladores estadounidenses.

Maxwell fue el vínculo clave entre Epstein y Clinton, según le dijo ella al Departamento de Justicia en una declaración de 2025.

Epstein había asistido a varios eventos en la Casa Blanca a principios de la década de 1990, junto con cientos de otros invitados, y aparecía fotografiado con Clinton, entonces presidente.

“Epstein había ido a la Casa Blanca, pero no se habían conocido”, le dijo Maxwell, que cumple condena por tráfico sexual, al fiscal general adjunto, Todd Blanche. “Se conocieron gracias a mí”.

Un abogado de Maxwell no respondió a los mensajes de la BBC en busca de comentarios.

Cuando la citaron para testificar ante el comité de la Cámara este mes, se negó a responder preguntas, acogiéndose a su derecho constitucional contra la autoincriminación.

La condenaron en 2021 por reclutar y traficar a cuatro adolescentes para ser sometidas a abuso sexual por parte de Epstein cuando él era su novio.

Epstein se suicidó en prisión en 2019 mientras esperaba el juicio por cargos de tráfico sexual.

Previamente había sido condenado por solicitar prostitución a una menor en 2008, y pasó un año en la cárcel como parte de un acuerdo de culpabilidad ampliamente visto como indulgente después de que lo acusaran de traficar a docenas de mujeres y niñas.

Maxwell le dijo a Blanche el año pasado que Clinton no habría estado en el jet de Epstein si no fuera por ella.

“Yo fui quien le pidió a Epstein que proporcionara el avión”, declaró.

“Pensé que era un honor y un privilegio ser parte de algo tan increíble y tener la oportunidad de pasar tiempo con un hombre que encontré verdaderamente extraordinario. Y por favor, no lo digo de ninguna otra manera, más que como un fantástico expresidente”.

La “casamentera” Maxwell

No había ningún miembro del personal más cercano al expresidente que Band.

El nombre de Band aparece a menudo junto al de Clinton en los registros de vuelo de los principales viajes internacionales que el expresidente realizó con Epstein y Maxwell.

Band se describe a sí mismo como el “arquitecto clave” del papel pospresidencial de Clinton, habiendo sido “clave en la creación y crecimiento” de su emblemática conferencia de la Iniciativa Global Clinton.

Más tarde cofundó una firma de consultoría valorada el año pasado en US$2.300 millones.

Había entrado al mundo de Clinton como pasante de la Casa Blanca durante el primer mandato de Clinton en 1995.

Ascendió en la Oficina del Asesor Legal de la Casa Blanca y luego en el Despacho Oval, donde se convirtió en asistente adjunto del presidente.

Clinton posa en una foto con Maxwell (centro-derecha) y Epstein (extremo derecho). La foto lleva la firma de Clinton.
Reuters
Una foto firmada por el expresidente muestra a Clinton con Maxwell y Epstein a la derecha.

Se mantuvo como asesor principal de Clinton después de que este dejara la presidencia en 2000 y lo ayudó a completar la transición de expresidente a estadista entre la élite.

Los viajes de Band con Clinton y Maxwell en 2002 y 2003 incluyeron paradas en Londres, Marruecos, Hong Kong, Japón, Brunéi, Noruega, Siberia y China.

Maxwell y Band desarrollaron una relación de flirteo, según muestran los correos electrónicos publicados recientemente.

En sus correos él le dedicaba apelativos cariñosos.

Ella le dijo que era “un súper semental”, que él la atraía y que “estaba bien dotado”.

Band llamó a Maxwell su “casamentera social” y “proxeneta”, según los correos electrónicos publicados recientemente.

“Pero al mismo tiempo, eres mi amante”, escribió.

La BBC hizo múltiples intentos de contactar a Band en números y direcciones de correo electrónico que aparecen de él en registros públicos, pero no recibió respuesta.

No lo han acusado de ningún crimen o irregularidad asociada con Epstein.

En una declaración a The New York Times a principios de este mes, Band dijo que sus comunicaciones con Maxwell ocurrieron cuando no estaba casado y tenía veintitantos años. La llamó un “monstruo” y negó tener una relación física con ella.

Su correspondencia publicada recientemente a menudo mezclaba logística con insinuaciones. Se mantenían al tanto de sus movimientos y de cuándo estarían en Nueva York con Epstein o Clinton.

Londres era una parada recurrente, incluso como parte del viaje a África en septiembre de 2002, según muestran los registros de vuelo.

Un álbum sin fecha publicado recientemente y etiquetado “Clinton Londres/África” presenta una foto del expresidente visitando las Salas de Guerra de Churchill.

Unas semanas después del viaje con Epstein, Band le pidió a Maxwell “la dirección de Andrés para enviar un agradecimiento por la cena para Clinton”.

Su respuesta: “Palacio de Buckingham SW1 Londres SAR Príncipe Andrés”.

Band, vistiendo una chaqueta negra, está en la calle sosteniendo varios cafés para llevar mientras Clinton, vistiendo una sudadera amarilla, sostiene triunfalmente una bolsa de papel marrón y lleva un café.
Getty Images
Band (derecha) fue la mano derecha de Clinton durante y después de su presidencia; aquí lo acompaña en su primer día después de dejar el cargo en 2001

Los correos electrónicos del archivo de Epstein sugieren que Band buscó la ayuda de Maxwell para gestionar conexiones ventajosas para la Iniciativa Global Clinton.

Band recurrió a ella para ayudar a organizar reuniones, incluida una con Richard Attias.

El magnate de eventos marroquí desempeñó un papel crucial conectando a las élites globales en Davos, un papel que más tarde ayudaría a cumplir para la conferencia de la Iniciativa Global Clinton.

Maxwell le dijo a Band que hablaría “con Attias el lunes y lo organizaría para ti”.

“Ha estado metido en Davos durante muchos años, así que probablemente es una, si no la única, persona con quien debes hablar”, escribió Maxwell en febrero de 2004.

“Creo que hay mucho dinero que ganar de una posible asociación con él. Tengo ideas de las que quiero hablarte, pero solo después de haberlo visto”.

Attias confirmó a la BBC que posteriormente se reunió con Band. Dijo que inicialmente había hablado con Clinton en Davos, donde propuso una oportunidad de usar el estrellato político del expresidente para efectuar cambios a escala global.

Dijo que trabajó con Band para hacer realidad esa visión en la conferencia global de Clinton.

Maxwell le dijo al Departamento de Justicia el año pasado que fue “muy central” en el esfuerzo como convocadora: “ayudó a traer personal clave” al proyecto. Attias la llamó un “catalizador”.

“Ghislaine fue un punto de contacto, y definitivamente, me puso en contacto con Doug Band, quien era el brazo derecho del presidente Clinton”, le dijo a la BBC.

El 16 de septiembre de 2005, Bill Clinton subió al escenario en la reunión inaugural de la Iniciativa Global Clinton en Nueva York.

El evento, presentado como una respuesta estadounidense a Davos y una oportunidad para resolver “los desafíos más apremiantes del mundo”, fue una oportunidad para que Clinton solidificara su papel como fuerza global después de dejar la Casa Blanca.

Actuó como moderador de un panel de actores poderosos: el exprimer ministro británico Tony Blair, el rey Abdullah II de Jordania, y la entonces secretaria de Estado Condoleezza Rice.

“Ojalá no lo hubiera conocido nunca”

En sus memorias de 2024, Clinton escribió que “siempre había pensado que Epstein era extraño, pero no tenía ni idea de los crímenes que estaba cometiendo”.

“Le hizo daño a muchas personas, pero yo no sabía nada al respecto y para cuando lo arrestaron por primera vez en 2005, había detenido el contacto con él”.

Ureña, el subjefe de gabinete de Clinton, se negó a comentar a la BBC sobre el enredo de Band con Maxwell y Epstein y qué papel pudo haber desempeñado en la emblemática Iniciativa Global del expresidente.

“Dejaremos que otros describan sus propias relaciones”, dijo.

Ureña tampoco respondió preguntas sobre las fotos en los archivos de Epstein de Clinton en el jacuzzi, nadando con Maxwell, y con la mujer en su reposabrazos.

Band, hoy alejado de Clinton, con el que rompió alrededor de 2015, le dijo a Vanity Fair en 2020 que había intentado alejar al expresidente de Epstein después del viaje a África en 2002.

La revista reportó que Band dijo que no sabía sobre los crímenes de Epstein, pero tuvo una mala sensación y por eso aconsejó a su jefe cortar lazos.

En sus memorias, Citizen: My Life After the White House, Clinton expresó profundo arrepentimiento.

“La conclusión es que, aunque me permitió visitar el trabajo de mi fundación, viajar en el avión de Epstein no valió los años de cuestionamientos posteriores”, escribió. “Desearía no haberlo conocido nunca”.

Clinton y Epstein, de pie uno al lado del otro sonriendo, ambos vistiendo camisas brillantes
Reuters
Clinton dijo que desearía no haberse cruzado nunca con Epstein.
BBC

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