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El Día de las Naciones Unidas y el derecho a aprender
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El Día de las Naciones Unidas y el derecho a aprender

En el 80 aniversario de las Naciones Unidas, es necesario considerar que hay un avance indiscutible en el cumplimiento del derecho a la educación, pero el derecho a aprender se ha quedado atrás. 
28 de octubre, 2025
Por: Maura Rubio Almonacid

El 24 de octubre se conmemora el Día de las Naciones Unidas. Este día del año de 1945, tras la Segunda Guerra Mundial, entró en vigor la Carta de la ONU. Creada con la misión principal de mantener la paz y la seguridad internacionales, la organización se propuso también fomentar la cooperación internacional para atender problemas económicos, sociales, culturales y humanitarios, así como defender las libertades fundamentales y el respeto a los derechos humanos. Ochenta años después de su fundación, el organismo enfrenta desafíos semejantes, entre los que se destacan la pobreza, la desigualdad social o los conflictos internacionales y otros, como el cambio climático, que son más recientes. En su documento fundacional, la Carta de las Naciones Unidas, la educación se incluyó como una de las esferas de la cooperación internacional.

Ese mismo año se firmó el acta constitutiva de la UNESCO, que inició sus trabajos al año siguiente con el propósito de “Contribuir a la paz y a la seguridad estrechando, mediante la educación, la ciencia y la cultura, la colaboración entre las naciones, a fin de asegurar el respeto universal a la justicia, a la ley, a los derechos humanos y a las libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, idioma o religión”. La dignidad humana es su valor fundamental: “la amplia difusión de la cultura y la educación de la humanidad para la justicia, la libertad y la paz son indispensables a la dignidad del hombre”.

Unos años después, en 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU –cuya frase inicial dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”– incorporó a la educación como un derecho humano fundamental en su Artículo 26 que establece: “Toda persona tiene derecho a la educación”.

En ese momento, esta frase implicó una transformación muy profunda. La educación no sería más un privilegio, sino un derecho humano fundamental, esencial para la dignidad de las personas y el desarrollo. Desde entonces, y con el trabajo de la UNESCO, este derecho se ha expandido y fortalecido en tratados vinculantes como la Convención relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza (1960), el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC, 1966) y la Convención sobre los Derechos del Niño (1989).

Dentro de este marco, la educación ha tenido avances innegables en el mundo entero. El derecho a la educación ha sido reconocido en la mayor parte de los países y la atención en educación básica ha crecido y se ha fortalecido paulatinamente. Y, sin embargo, en este 2025, enfrentamos una realidad innegable: el pleno ejercicio del derecho a la educación todavía no está garantizado. Para millones de niñas, niños y adolescentes, el acceso a la educación sigue siendo un sueño; pero, más aún, estar en la escuela no se ha traducido en aprender en la escuela.

La garantía del derecho a la educación considera cuatro características interrelacionadas, establecidas en 1999 en el marco del PIDESC:

  • ¿Hay suficientes escuelas, docentes y materiales educativos, y hay condiciones de trabajo adecuadas?
  • La educación ¿es gratuita, no discriminatoria, accesible para todos, especialmente para los más vulnerables?
  • La educación (currículo, métodos de enseñanza, entornos de aprendizaje) ¿es relevante, culturalmente apropiada, respetuosa de los derechos humanos y, es de calidad para todas y todos?
  • La educación ¿responde a las necesidades de los estudiantes, en un mundo en transformación?

Al considerar los avances educativos en el mundo desde la creación de la ONU y la UNESCO, asegurar el derecho a la educación parece haber avanzado más en las dos primeras características, mientras que las dos últimas se han quedado atrás. Es decir, el derecho a la educación es una garantía legal y estructural; es el derecho a un pupitre en un aula, el derecho a no ser excluido, un derecho de acceso, el derecho a “estar en la escuela”. Se mide con estadísticas de escolarización, ingreso, permanencia, conclusión de grados y niveles escolares, personal docente, planteles escolares, etc.

No obstante, el derecho a la educación solo encuentra su sentido pleno en el derecho a aprender. Este derecho, centrado en el desarrollo de las potencialidades de las y los estudiantes a partir de la construcción de aprendizajes significativos, se enfoca en la capacidad de agencia de cada niña, niño, adolescente… y, en última instancia, en el respeto a su dignidad como personas.

Durante décadas, los esfuerzos por garantizar el derecho a la educación no han hecho énfasis suficiente en el derecho a aprender. Hoy se advierte una “crisis mundial de aprendizaje”, con estudiantes que han estado en la escuela, pero no pueden comprender un texto sencillo, hacer cálculos con matemáticas básicas, o evaluar críticamente la información que inunda sus vidas.

Al conmemorar el legado de la ONU, es necesario considerar que hay un avance indiscutible en el cumplimiento del derecho a la educación, pero, el derecho a aprender se ha quedado atrás. El riesgo de que la brecha entre escolarización y aprendizaje –estar y aprender en la escuela– se amplíe es alto. Por un lado, algunos fenómenos interrumpen la posibilidad de “estar en la escuela”, por ejemplo, los eventos climatológicos extremos, desastres naturales, violencia, conflictos armados, pandemias, etc. A su vez, la oportunidad de “aprender en la escuela” enfrenta escenarios retadores derivados del rápido avance de las innovaciones tecnológicas y digitales o la inteligencia artificial. Estos desafíos son ingentes y muy relevantes para la educación. ¿Son el currículo y métodos de enseñanza aceptables y adaptables? ¿Estamos preparando a las y los estudiantes, desde que empiezan su educación básica, para el mundo que heredarán? ¿Estamos formando a las generaciones con una visión de futuro?

En 2024, la ONU estableció el “Pacto por el Futuro”. Vinculado a la Agenda 2030, busca renovar la cooperación internacional para acelerar el progreso hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), establecidos, a su vez, en el año 2000. El pacto propone crear un mundo más equitativo, sostenible y resiliente para todos y, especialmente, construir un mejor futuro para las generaciones venideras. Sus temas incluyen, entre otros, la paz, cambio climático, cooperación digital e inteligencia artificial.

En relación con la educación, el pacto reafirma el ODS 4, Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, pero en el marco de las exigencias actuales, lo que implica enfocarse en el aprendizaje para la rápida evolución tecnológica (educación digital y STEM, promoviendo la participación de las mujeres). Asimismo, reconoce la educación como una herramienta clave para empoderar a los jóvenes y garantizar que tengan las habilidades necesarias para el mercado laboral y para participar en las decisiones que afectan su futuro.

En el Día de las Naciones Unidas, colocar el derecho a aprender en el centro de la agenda educativa es una urgencia ética ineludible; es una cuestión de respeto a la dignidad humana. Asegurar a cada niña, niño y joven su derecho a aprender –y no solo a estar en la escuela, es impostergable. De otra forma, ¿qué futuro les daremos…?

* Maura Rubio Almonacid es directora de Investigación en Mexicanos Primero.

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Imagen BBC
Por qué Venezuela tiene las reservas de petróleo probadas más grandes del mundo
6 minutos de lectura

A lo largo de más de 100 años de desarrollo petrolero tradicional en Venezuela, se han descubierto alrededor de 75.000 millones de barriles de reservas producibles en unos 320 campos petrolíferos, entre los que se incluyen 28 yacimientos petrolíferos gigantes.

11 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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El petróleo venezolano ha ocupado las portadas de todos los medios del mundo en estos primeros días de 2026, tras la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por tropas de EE.UU. y las palabras de Donald Trump sobre la riqueza petrolera del país sudamericano.

No es casualidad que Venezuela sea un país petrolero: su posición geográfica, su historia tectónica, la extensión de sus cuencas sedimentarias y la interacción entre clima, relieve y tiempo geológico crearon condiciones únicas para generar y preservar hidrocarburos a escala mundial.

Venezuela está dividida en dos mitades en sentido geológico. Cada parte queda a un lado y a otro de la cordillera de los Andes que se extiende por el oeste y suroeste del país, atravesando los estados de Táchira, Mérida y Trujillo. En esta cadena montañosa destacan el Pico Bolívar, con más de 5.000 metros sobre el nivel del mar, y la Sierra de Mérida.

La existencia de grandes cadenas montañosas en conjunción con cuencas planas tienen mucho que ver en la formación de yacimientos y en cómo se acumuló el crudo a lo largo de los años.

Y aunque las condiciones de su subsuelo son similares a las que se dan en otras potencias petroleras, incluidas su vecina Colombia, unos pocos factores geológicos extremadamente raros son los que llevaron al terreno venezolano a crear la Faja Petrolífera del Orinoco, considerada la mayor acumulación de hidrocarburos del mundo, y los yacimientos del Lago de Maracaibo.

Esas mismas características provocaron, a lo largo de los siglos, que el crudo venezolano sea extrapesado y ácido, rico en azufre y difícil de procesar.

“El crudo pesado -como el de Venezuela- es especialmente importante para la producción de diésel y combustible para aviones”, explica Mauro Ratto, cofundador y director de inversiones, Plenisfer Investments, parte de Generali Investments.

“No es bueno ni malo, simplemente es que tiene otros usos distintos de los que puede tener el crudo ligero. Así es como hay que expresarlo. Es un producto diferente”, dice a BBC News Mundo el geólogo y profesor de la Universidad de Virginia Tech, Philip Prince.

Petrolero visto al amanecer en el Lago de Maracaibo.
Getty Images
Estados Unidos incautó a principios de enero dos petroleros vinculados al crudo venezolano.

¿Por qué Venezuela tiene tanto petróleo?

“Se debe a la forma en que está configurada. Además de tener una roca madre realmente buena y una roca reservorio excepcional, todo encaja a la perfección para tener estos grandes recursos petrolíferos en tierra firme en un volumen tremendo”, responde Prince.

Choque de placas tectónicas

Venezuela se sitúa en el borde norte de América del Sur, en una zona de interacción compleja entre la placa tectónica Sudamericana, la placa del Caribe y la de Nazca.

Este contexto tectónico ha generado cuencas sedimentarias profundas, sistemas de fallas, pliegues y trampas estructurales que acumulan el petróleo a la espera de ser descubierto. Son los elementos geográficos ideales para la acumulación.

“Las placas tectónicas se empujan entre sí. El borde de la placa sudamericana está siendo tragado bajo la placa del Caribe, como si se tratase de una máquina quitanieves apilando roca que tiene literalmente kilómetros de espesor. Por eso, se forman cuencas que se llenan de sedimentos”, cuenta Prince.

“El choque tectónico entierra la roca madre y genera el petróleo, y luego el petróleo migra a esas nuevas capas de sedimentos y se abre camino hacia la parte exterior”, añade.

Lo que el profesor nos describe que los choques tectónicos crean cadenas montañosas elevadas que permiten que los sedimentos que contienen el petróleo se desplacen como si volcáramos un plato hacia uno de sus lados. Ese lado que recoge todo es, por ejemplo, la Faja del Orinoco o los yacimientos del Lago de Maracaibo.

Mapa geográfico de Venezuela con los Andes Venezolanos señalados además de los principales yaciemientos petrolíferos.
BBC

“Las vastas reservas del país se explican quizás mejor si se reconoce que las cuencas actuales son remanentes de áreas sedimentarias mucho más amplias que probablemente alimentaron las trampas geológicas. Esta historia implicó migración y remigración a larga distancia”, escribió el geólogo K. H. James en un artículo en el Journal of Petroleum Geology.

Básicamente, ese cinturón petrolero del Orinoco es casi como si fuera el lugar al que ha ido a parar todo el petróleo de las profundidades de la cuenca.

Ingredientes iniciales del petróleo

Desde sus inicios en la década de 1910 y hasta 1975, la industria petrolera venezolana estuvo operada por empresas privadas, lideradas por las legendarias empresas de la época: Shell, Exxon, Chevron, Mobil, Texaco, Gulf Oil, Sinclair y Phillips, por mencionar algunas.

El primer gran descubrimiento petrolero fue el campo Mene Grande en la cuenca occidental de Maracaibo en 1914. Desde entonces y hasta 1917, se descubrieron varios yacimientos importantes, incluyendo el legendario y gigantesco Campo Costero Bolívar, todos en el occidente de Venezuela.

En la Cuenca Oriental, la producción comercial de petróleo comenzó en 1937 con el descubrimiento del yacimiento de Oficina. A finales de la década, Venezuela producía 560.000 barriles diarios y se había convertido en el tercer mayor productor mundial de petróleo, después de Estados Unidos y la Unión Soviética.

A lo largo de más de 100 años de desarrollo petrolero tradicional en Venezuela, se han descubierto alrededor de 75.000 millones de barriles de reservas producibles en unos 320 campos petrolíferos, entre los que se incluyen 28 yacimientos petrolíferos gigantes.

Pero sus enormes reservas se crearon hace cientos de millones de años.

El Pico Bolívar con la cumbre nevada.
Getty Images
La tectónica de placas influyó crucialmente en la creación de petróleo en Venezuela al generar cuencas sedimentarias.

“En el subsuelo venezolano hay una secuencia gruesa de rocas sedimentarias de grano fino que se deposita en el agua y tiene mucho contenido orgánico. Esta es la fuente del petróleo. Tiene pequeños cuerpos, un poco de plancton y algas, cosas microscópicas que utilizan la fotosíntesis en el agua del océano para vivir. En realidad, esos son los ingredientes iniciales del petróleo”, explica Prince.

Es decir, hace millones de años, existían pantanos prehistóricos con abundantes algas y fitoplancton, y esos materiales se acumularon y acabaron enterrados. Las reacciones químicas a largo plazo, bajo altas presiones, convirtieron toda esa materia orgánica descompuesta en petróleo.

El otro de los elementos indispensables para la formación de los enormes yacimientos es la roca madre del Cretácico, que se encuentra por todas partes en Venezuela, es de muy alta calidad y tiene un enorme potencial para generar petróleo.

“En Venezuela, la roca reservorio es una buena arenisca. Es realmente muy buena para retener el petróleo en el subsuelo y además vemos todas estas fallas que son vías excelentes para trasladar el petróleo a estas pequeñas estructuras geológicas que llamamos trampas, situadas básicamente para recogerlo bajo tierra, de modo que se pueda perforar y extraer”, concluye el geólogo.

Línea gris de separación
BBC

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