
Seguramente el término “democracia”, en sus múltiples variaciones lingüísticas e interpretaciones, ha sido unos de los más utilizados en la historia desde el siglo VI a. C. -donde suele colocarse su origen en Atenas- y hasta nuestros días, ya inundados de inteligencia artificial y redes sociales.
Esa palabra ha sido invocada igual en regímenes autoritarios del espectro respectivo, sean izquierdas o derechas. Incluso se utiliza como justificación para realizar actos que tienen como objetivo socavar a la propia democracia desde adentro. Por ejemplo, a través de leyes o reformas constitucionales, concentración de poder mediante cooptación de poderes u organismos o, en un extremo, su desaparición.
Esto va también de la mano con estrategias de polarización de la cual abrevan determinados regímenes, para instalar en el horizonte e imaginario social que existen enemigos que deben ser aplastados por ser los causantes de todos los males. Sus visiones y pensamientos no van más allá de sus narices, reduciendo todo a “buenos y malos”, a “ellos contra nosotros”, a “estás conmigo o contra mí”. No importa el espectro político, siguen guiones similares.
Políticos o gobernantes que tienden a simplificar todo y no mirar más allá de los periodos electorales, omiten las complejidades y pluralidad que hay en nuestras realidades y sociedades.
Resulta fácil y cómodo repartir culpas, generar enemigos y polarizar, pero también es vital corresponsabilizarnos socialmente por la esencial razón de que cohabitamos y desplegamos nuestras vidas en espacios comunes, donde interactuamos, convivimos, dependemos y somos mutualidades vivas. Por supuesto, sin omitir ni vaciar nuestras diversidades de pensamientos, ideas, opiniones, visiones, que no nos hacen un ente homogéneo y uniforme como determinados regímenes quieren imponer.
Pero es asumiendo y aprendiendo a canalizar y construir en común, con y a partir de nuestras complejidades y diversidades, como podemos dar los primeros pasos en un mejor camino.
Hoy más que nunca contamos con ríos de información a través de internet y redes sociales que, paradójicamente, nos está generando mayor desconfianza, miedo y, a su vez, menor discernimiento, menos análisis y atención.
Hoy más que nunca debemos apostar por equilibrios que no nos lleven al extremo de no creer en nada y voltear hacia otros lados, ni al extremo de saturarnos y creer en todo, aunque sea desinformación o mentiras deliberadas.
Debemos llevar más allá nuestra capacidad de análisis, saber detenernos y reflexionar más, sin caer en el primer (pre)juicio que nos llegue o en querer confirmar a toda costa lo que asumimos o creemos desde hace tiempo.
Sociedades y realidades complejas exigen análisis y pensamientos complejos. Aquí volvemos al tema de la democracia, la cual ha sido tan utilizada para buenos objetivos, pero también para perversos intereses, que su recipiente se ha ido vaciando y ha llevado a que cualquiera lo llene con lo que quiera y para lo que quiera, aún si se trata de menoscabar o anular derechos humanos.
Hoy, invocando la democracia, se pueden establecer regímenes de excepción, sistemas de vigilancia masiva, socavar instituciones y concentrar el poder.
En este sentido resulta pertinente pensar desde lo que el investigador y filósofo Daniel Innerarity ha propuesto como “una teoría de la democracia compleja” (Galaxia Gutemberg, 2020). Innerarity afirma de manera clara y directa que “la principal amenaza de la democracia no es la violencia ni la corrupción o la ineficiencia, sino la simplicidad” e invita a replantear incluso conceptos políticos que hemos asumido desde hace mucho tiempo y construir con, para y desde los retos y problemáticas del siglo XXI.
Sin duda hay serios problemas de criminalidad, de desigualdad que han y siguen lacerando fuertemente a nuestras sociedades. Pero nuevamente, ante problemas complejos, debemos coconstruir alternativas y soluciones que atiendan esa complejidad sin caer en recetas simples y huecas que plantean políticos y gobernantes. Por ejemplo, crear más normas penales, más burocracia, militarización, mayor vigilancia estatal, etc.
Toda esta tarea también implica una importante dosis de empatía para no dejar de observar a nuestro alrededor ni abstraernos de las demás realidades y mutualidades con las que coexistimos.
Podemos empezar por: 1) re-conocernos, 2) observarnos, 3) dialogar y debatir, 4) escucharnos, 5) empatizar, 6) cuestionar, 7) reflexionar, 8) no asumir, 9) contrastar.
Los grandes retos que tenemos en este siglo XXI nos apremian para comenzar a dar estos pasos.
* Luis Knapp es coordinador del Programa de Ecosistema Informativo y Tecnología en ARTICLE 19 MX-CA (@article19mxca).

El exmandatario alega ser inocente, mientras a las afueras de la Corte se congregaron manifestantes a su favor y una fuerte presencia policial.
Prisión de por vida.
Esa es la sentencia que un tribunal dictó contra el expresidente Yoon Suk-yeol, quien fue declarado culpable de abuso de poder y de planificar una insurrección en Corea del Sur.
En diciembre de 2024, el exmandatario declaró la ley marcial e intentó usar a las fuerzas armadas para ejercer control en el país.
Su intento de golpe duró sólo seis horas, pero puso a prueba la democracia y causó una crisis política, con su partido siendo derrotado en las elecciones siguientes.
En enero, los fiscales dijeron que “la ley marcial de emergencia, inconstitucional e ilegal de Yoon, socavó el funcionamiento de la Asamblea Nacional y la Comisión Electoral… destruyendo de hecho el orden constitucional liberal democrático”.
La pena máxima por organizar una insurrección en Corea del Sur es la condena a muerte o cadena perpetua. El Ministerio Público había solicitado la primera.
Durante la audiencia hubo una enorme presencia policial, así como manifestaciones en apoyo al político, en una muestra de lo polarizada que está la sociedad surcoreana en torno a este caso legal.
La ley marcial que declaró Yoon suspendía el Parlamento, los partidos políticos y los sindicatos, e imponía la censura a los medios de comunicación.
Él niega los cargos en su contra.
En el juicio, según la agencia de noticias Reuters, el también exfiscal argumentó que tenía autoridad presidencial para declarar la ley marcial y que su acción tenía como objetivo dar la voz de alarma sobre la obstrucción del gobierno por parte de los partidos contrarios a su administración.
Yoon ya está cumpliendo condena por otra sentencia relacionada con la ley marcial. Aún enfrenta dos juicios más relacionados con ella.
Nacido en Seúl en 1960, Yoon ganó notoriedad en el país gracias a una larga carrera de fiscal en la que se ocupó de algunos casos destacados de corrupción, como el que salpicó en 2016 a la entonces presidenta Park Geun-hye.
Presentándose como un azote contra los delitos contra el patrimonio público y un “antifeminista” en un momento en el que la sociedad surcoreana parecía muy dividida en torno a cuestiones de género, Yoon desembarcó en la política y fue el candidato del conservador Partido del Poder Popular en las elecciones de 2022.
En los comicios, el político derrotó por un margen inferior al 1% a su rival Lee Jae-myung, del izquierdista Partido Democrático.
Yoon se benefició del rechazo generalizado a la gestión anterior de Mon Jae-in, del Partido Democrático, y alcanzó la presidencia tras una campaña centrada en sus promesas de combatir la corrupción.
El voto de los jóvenes varones atraídos por sus promesas de frenar lo que Yoon considera excesos feministas fue otra de las claves de su victoria electoral.
Según le dijo a la BBC Don S. Lee, profesor de Administración Pública de la Universidad Sungkyunkwan, en Seúl, había “grandes esperanzas” entre sus votantes de que el nuevo gobierno liderado por Yoon “perseguiría valores como la ética, la transparencia y la eficiencia”.
Pero esas expectativas se vieron en gran medida defraudadas por los escándalos en los que se vio envuelto el gobernante y sus allegados.
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