
En 2018, el sistema electoral mexicano era bastante bueno en términos internacionales. El mapa 1 muestra los niveles de integridad en elecciones de 2018 y 2019 en el mundo medidos por el Perceptions of Electoral Integrity (PEI): el color verde en el mapa mundial indica altos niveles de integridad; el rojo indica bajos niveles de integridad. El verde de México es más intenso que el de Estados Unidos, que el de casi toda África, Asia y Europa del este, y se parece mucho al de Europa occidental, central y al de los países nórdicos… en esto sí, ¡como Dinamarca!

De 2018 a 2024, la integridad de nuestras elecciones bajó un poco sin que hubiera reformas legales, es decir, sin cambio en el diseño institucional. Esto puede deberse al desfinanciamiento y/o impericia de las nuevas autoridades electorales; a la conducta desleal o semileal con la democracia de partidos y candidatos, o al activismo electoral gubernamental y la impunidad con que lo hace, entre otras razones. Pero ni con este deterioro la integridad de las elecciones mexicanas es propiamente mala: en 2021 se sigue pareciendo más a la de Dinamarca que a la de Venezuela y/o Nicaragua, aunque en 2024 ofrece un resultado preocupante.
El buen lugar del sistema electoral mexicano en el mundo no lo tiene el sistema educativo, la seguridad pública, la infraestructura, el sistema de salud o los niveles de desigualdad y pobreza.
A nivel subnacional en México, el PEI se ha replicado desde 2015 y los resultados ilustran no sólo buenos sino crecientes niveles de integridad en elecciones locales.
Pensando comparadamente, no hay urgencia, no es necesario reformar ahora el sistema electoral mexicano, no a fondo, no en su totalidad. Sobra decir que la evidencia de su buen funcionamiento no se limita al PEI, que empezaron produciendo las universidades de Harvard y Sydney. Hay muchas más urgencias de reformas y/o simples mejoras en otras áreas como educación, salud, seguridad, desarrollo, desigualdad, pobreza, etc.
¿Por qué reformarlo, para qué reformarlo? Si no hay sorpresas, la mayoría de Morena impondrá cambios que en realidad serán una contrarreforma, cambios en una dirección inversa a lo que prevaleció desde 1977:
Si no hay sorpresas, la contrarreforma electoral de Morena en 2026 será el plan C de AMLO de 2023 y, de ser así, las consultas, foros, discusiones previas y posteriores sólo podrán ser calificadas de pantomima, dándole la razón a quienes decidieron no participar de ningún modo.
Como lo apunté párrafos arriba, el escenario negativo no sería una sorpresa, pero nada es inempeorable y podríamos recibir noticias más amargas y, eventualmente, hasta una que otra buena. Todo está en manos de Morena; todo. La paradoja, sin embargo, es que los aliados de Morena, es decir, el Partido Verde y el Partido del Trabajo, podrían hacer una defensa efectiva del diseño pluralista y democrático del sistema electoral, procurando sus propios intereses.
Faltan quince minutos para las doce y si la contrarreforma se consuma, la dirección de la línea mexicana (la verde, gráfica 1) de los niveles de integridad de las elecciones seguirá hacia abajo, arrastrando a su paso mucho más que las de por sí importantísimas elecciones en el país y en los estados.

* Nicolás Loza Otero (@NiLoOt) es doctor en Ciencias Sociales con especialidad en Sociología por El Colmex. Coordinador del Proyecto de integridad electoral subnacional en México. Sus dos más recientes obras sobre integridad electoral son el artículo “Integridad electoral y órganos electorales subnacionales en México: el papel de la imparcialidad” junto con Ferrán Martínez i Coma, Max Grömping e Irma Méndez, publicado en la revista región y sociedad (2021) y el libro colectivo Integridad electoral. México en perspectiva global (2020).
Fuentes:
Sitio internacional del Electoral Integrity Project.
Sitio mexicano del Proyecto de integridad electoral.

Francia informó que un contingente militar de 15 efectivos había llegado a la isla ártica y que más serían desplegados en los próximos días.
Un contingente militar francés con un personal de 15 efectivos llegó a Nuuk, la capital de Groenlandia, al mismo tiempo que varios países europeos están enviando más soldados allí como parte de lo que llaman una misión de reconocimiento, según los funcionarios.
El despliegue, que también incluirá personal de Alemania, Suecia, Noruega y Reino Unido, sucede cuando el presidente de EE.UU. continúa presionando con su intención de hacerse de la isla ártica, que es un territorio semiautónomo de Dinamarca.
El envío de militares a Nuuk por parte de aliados de Dinamarca en la OTAN (Organización del Atlántico Norte) no tiene precedentes, expresó el enviado especial de Francia Olivier Poivre d’Arvor, que lo interpreta como una fuerte señal política.
“Este es un primer ejercicio… le demostraremos a EE.UU. que la OTAN está presente”.
El movimiento de personal militar sucede después de que los ministros de Relaciones Exteriores de Dinamarca y Groenlandia viajaron a Washington para reunirse con el vicepresidente de EE.UU., JD Vance, el miércoles.
Tras la reunión, el ministro de Relaciones Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, expresó que las conversaciones fueron constructivas aunque admitió que seguía habiendo un “desacuerdo fundamental” entre ambas partes y luego criticó la puja de Trump por adquirir Groenlandia.
Entretanto, Trump redobló su intención de poner la isla bajo control estadounidense, afirmando a los periodistas en la Oficina Oval que “necesitamos a Groenlandia para la seguridad nacional”.
Aunque no descartó el uso de fuerza, aseguró más tarde que creía que algo podía resolverse con Dinamarca.
“El problema es que no hay nada que Dinamarca pueda hacer si Rusia o China quisieran ocupar a Groenlandia, pero nosotros podemos hacer de todo. Ustedes lo vieron la semana pasada en Venezuela”.
El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, expresó que su país no participaría del despliegue militar europeo en Groenlandia, pero advirtió que cualquier intervención militar de EE.UU. allí “sería un desastre político”.
“Un conflicto o un intento de anexión del territorio de un país miembro de la OTAN por otro miembro de la OTAN sería el fin del mundo como lo conocemos y que por mucho tiempo ha garantizado nuestra seguridad”, afirmó en una rueda de prensa.
Entretanto, la embajada de Rusia en Bélgica manifestó una “seria preocupación” sobre lo que ocurría en el Ártico, acusando a la OTAN de incrementar una presencia militar allí “bajo el falso pretexto de una creciente amenaza de Moscú y Pekín”.
Sin embargo, el despliegue de fuerzas europeas de la OTAN consiste en solo unas cuantas decenas de personal militar como parte de los ejercicios liderados por Dinamarca y denominados Operación de Resistencia Ártica.
Aunque cargado de simbolismo, no quedó inmediatamente claro cuánto permanecerían allí los efectivos militares.
Alemania, por ejemplo, se comprometió a enviar un avión de trasporte A400M a Nuuk este jueves, con un contingente de 13 soldados, pero los funcionarios declararon que sólo permanecerían en Groenlandia hasta el sábado.
Las autoridades de Defensa danesa señalaron haber decidido con el gobierno de Groenlandia que habría un incremento de la presencia militar alrededor del territorio en el período venidero para reforzar “la huella (de la OTAN) en el Ártico para beneficio de la seguridad tanto europea como trasatlántica”.
Estados Unidos ya cuenta con una base militar en Groenlandia, con un personal actual de 150 efectivos, y tiene la opción de llevar muchas más personas bajo los acuerdos existentes con Copenhague. Pero la iniciativa liderada por Dinamarca se interpreta como una señal al gobierno de Trump que los aliados europeos también tienen un interés en la seguridad del Ártico y del Atlántico Norte.
El primer ministro de Suecia, Ulf Kristersson, informó que oficiales militares de su país fueron enviados a Nuuk el miércoles. Dos oficiales militares noruegos y uno británico también estaban siendo desplegados.
Downing Street declaró que Reino Unido comparte la preocupación del presidente Trump sobre “la seguridad del norte extremo” y añadió que el despliegue suponía “un refuerzo con ejercicios más intensos, para disuadir la agresión rusa y la actividad china”.
La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, dijo el jueves que la defensa y protección de Groenlandia era de común interés para toda la alianza de la OTAN.
El ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen, explicó que la intención era tener una presencia militar “en rotación”, con miras a mantener una presencia más permanente en la isla con aliados extranjeros participando en ejercicios de entrenamiento.
Copenhague ha cuestionado la justificación de Trump de querer tener control de Groenlandia.
Rasmussen, el ministro de Exteriores, manifestó el miércoles que no había una “amenaza inmediata” de China o Rusia que Dinamarca o Groenlandia no pudieran manejar, aunque entendió, hasta cierto punto, las preocupaciones de seguridad planteadas por Washington.
Rasmussen emitió sus declaraciones al lado del ministro de Exteriores de Groenlandia después de sostener conversaciones con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, el miércoles.
“La ambición del presidente está sobre la mesa”, dijo el diplomático danés al noticiero Fox News. “Por supuesto que tenemos nuestras líneas rojas. Esto es 2026, comercias con las personas pero no comercias a las personas”.
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielson, anunció esta semana que el territorio estaba en medio de una crisis geopolítica, y que si su pueblo se viera obligado a tomar una decisión, escogería a Dinamarca sobre EE.UU.
“Groenlandia no quiere pertenecer a Estados Unidos. Groenlandia no quiere ser gobernada por Estados Unidos. Groenlandia no quiere ser parte de Estados Unidos”, resaltó.
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