
En los últimos días hemos visto dos hechos que demuestran como Estados Unidos está usando su control sobre el petróleo iraquí y venezolano para limitar la influencia de Irán y China. Por un lado, Washington ha amenazado a funcionarios iraquíes con imponer sanciones dirigidas al propio Estado iraquí, incluyendo potencialmente sus ingresos petroleros críticos, en caso de que actores vinculados a grupos armados respaldados por Irán sean incluidos en el próximo gobierno. Por otro lado, con el reciente control estadounidense sobre las exportaciones de petróleo venezolano, Washington ha interrumpido los envíos de crudo que se utilizaban para pagar la deuda venezolana con China. Ambos episodios colocan a Bagdad y a Caracas bajo una fuerte presión, a la par de que revelan la estrategia geoeconómica de Estados Unidos basada el uso de las utilidades petroleras como herramienta para influir en la política interna de estos países y limitar la proyección de rivales estratégicos como Irán y China.
Las acciones recientes de Estados Unidos en Irak y Venezuela muestran cómo el control sobre las utilidades de la industria petrolera es una herramienta de presión económica usada en la competencia entre grandes potencias. Washington utiliza su influencia a través del dólar y los mecanismos de comercialización del crudo para influir en gobiernos, condicionar alianzas y limitar la proyección de rivales como Irán y China. De esta forma, el control sobre los ingresos petroleros y los mecanismos de liquidación de deuda en dólares se traduce, en la práctica, en una capacidad de intervención sobre la política interna y externa de los Estados productores.
Esto forma parte de un control más amplio sobre la arquitectura financiera internacional de la que dependen estos países. El papel central del dólar permite a Estados Unidos influir sobre economías enteras mediante el acceso a cuentas bancarias, sistemas de pagos y transferencias. En Estados productores, cuya estabilidad política y fiscal depende de la renta petrolera, estas herramientas adquieren una dimensión crítica, pues, la posibilidad de bloquear el acceso a los mercados internacionales se convierte en una forma de coerción con efectos potencialmente existenciales para el Estado.
Este fenómeno tiene implicaciones profundas para el escenario internacional. El uso del control petrolero y financiero como herramienta de coerción está acelerando la búsqueda de mecanismos alternativos fuera del alcance de Estados Unidos. Para los países del Sur Global, esto implica una soberanía condicionada, en la que las decisiones de política exterior y económica pueden ser castigadas mediante la interrupción de flujos financieros críticos. Al mismo tiempo, este patrón afecta directamente el acceso al financiamiento chino, pues si Washington puede interferir en los mecanismos con los que los países pagan sus deudas, Beijing podría reconsiderar su política crediticia para protegerse. Esto haría que los préstamos chinos dejen de ser una vía plenamente autónoma frente al sistema financiero occidental, lo que podría frenar la integración económica de China en el Sur Global.
En el caso de Irak, Washington ha amenazado a Bagdad con sanciones dirigidas al propio Estado, incluida la posible restricción del acceso a sus ingresos petroleros en dólares, si actores vinculados a grupos armados respaldados por Irán ingresan al próximo gobierno. La preocupación estadounidense se intensificó tras las elecciones de noviembre pasado, en las que 58 candidatos presuntamente afines a milicias proiraníes obtuvieron escaños en el Parlamento. En particular, Washington se opone a la figura de Adnan Faihan, miembro del influyente grupo político y armado Asaib Ahl al-Haq (AAH), respaldado por Irán, quien fue elegido primer vicepresidente del Parlamento a finales de diciembre.
El control estadounidense sobre los ingresos petroleros de Irak se debe principalmente a que la mayor parte de los ingresos petroleros iraquíes se mantienen y administran en cuentas soberanas del Banco Central de Irak en la Reserva Federal de Nueva York. Esto se debe a que, tras la invasión de 2003, la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA), liderada por Estados Unidos y encargada de gobernar Irak, creó el Fondo de Desarrollo para Irak (DFI), que fue alojado en la Reserva Federal de Nueva York con el objetivo de centralizar los ingresos petroleros y destinarlos a la reconstrucción y el desarrollo del país. Aunque inicialmente el fondo se creó para proteger esos recursos de demandas o reclamaciones vinculadas al régimen de Saddam Hussein, hoy funciona como un mecanismo que otorga a Washington una influencia significativa sobre la principal fuente de ingresos del Estado iraquí, que representa cerca del 90 % de su presupuesto.
Esto coloca al gobierno en Bagdad en una situación particularmente delicada. Las amenazas estadounidenses pueden afectar la estabilidad del proceso de formación de gobierno y profundizar las divisiones entre facciones prooccidentales y proiraníes, así como entre la población sunní y chiita, exacerbando la fragmentación institucional y debilitando la capacidad del Estado iraquí para consolidar una autoridad central. Al mismo tiempo, complica la política exterior de Bagdad, que durante años ha intentado mantener un equilibrio entre Washington y Teherán, sus dos principales aliados, a la par que aumenta el riesgo de tensiones en la relación entre Irak e Irán.
Por su parte, en el caso de Venezuela, la dimensión geoeconómica es aún más explícita y revela el verdadero interés estratégico de Estados Unidos en el petróleo venezolano. Washington no buscaba controlar el petróleo venezolano para aumentar sus propias reservas, ya es el mayor productor de crudo del mundo, sino para influir en los flujos de exportación hacia China. Al intervenir en las exportaciones venezolanas, Washington entorpece los mecanismos de pago de la deuda con Beijing y, con ello, busca debilitar la arquitectura crediticia china en el Sur Global, reduciendo la capacidad china para consolidarse como alternativa financiera al sistema dominado por Occidente.
Esta situación surge porque Washington está canalizando los ingresos de las ventas de crudo venezolano a una cuenta bajo su control en Qatar, lo que le otorga una influencia directa sobre los pagos a acreedores, en particular para limitar el uso del petróleo como mecanismo de pago a China bajo esquemas de “petróleo por deuda” a precios preferenciales. Esto crea un escenario inédito en el que una potencia externa reconfigura el orden de pago a distintos acreedores gubernamentales, potencialmente relegando las reclamaciones chinas y complicando los procesos de reestructuración de la deuda venezolana.
Este control es posible porque, tras la captura del presidente Nicolás Maduro y la intervención estadounidense sobre las exportaciones petroleras, los envíos de crudo utilizados para pagar miles de millones de dólares en préstamos chinos han sido interrumpidos. Una parte significativa de la deuda externa venezolana con China, estimada en alrededor de entre 100 y 150 mil millones de dólares, estaba estructurada como acuerdos de “petróleo por deuda”. Sin embargo, según declaraciones recientes de la Casa Blanca, es poco probable que este esquema continúe, e incluso existe incertidumbre sobre si los ingresos petroleros podrán utilizarse para pagar la deuda con Beijing, aun cuando Estados Unidos continue permitiendo a China comprar petróleo venezolano a precios de mercado.
Para Venezuela, esto resulta especialmente problemático porque complica un ya frágil proceso de reestructuración de deuda, introduce incertidumbre sobre la prioridad de los acreedores y condiciona su recuperación económica a decisiones externas sobre el uso de su principal fuente de ingresos.
La implicación va más allá del caso venezolano. China se ha consolidado como el mayor acreedor bilateral del mundo en desarrollo y un actor central en las reestructuraciones recientes de deuda soberana. Si Washington utiliza el control de los ingresos petroleros para imponer pérdidas a Beijing, esto podría erosionar la cooperación china en futuros procesos de reestructuración de deuda bajo marcos multilaterales y, en un escenario más amplio, debilitar la viabilidad política y financiera de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Algunos análisis advierten que, en un escenario extremo, un impago venezolano podría tensar la cohesión política de los BRICS y, en un escenario más moderado, una desaceleración del esquema de petróleo por deuda podría llevar a países como Brasil o Colombia a reducir su dependencia de la inversión china, erosionando la influencia de Beijing en América Latina.
Para los países del Sur Global, el caso envía una señal clara de que los acuerdos de financiamiento con China respaldados por recursos naturales requieren mecanismos de protección frente a la coerción externa, ya que la vulnerabilidad de esos flujos de recursos puede encarecer el acceso al crédito chino y debilitar la capacidad de los Estados para cumplir con sus obligaciones de pago. De igual forma, debe considerarse que, si Estados Unidos utiliza su control sobre los flujos petroleros venezolanos para forzar a Beijing a aceptar un esquema de pagos desfavorable, se establecería un precedente importante. Esto podría incentivar a China a condicionar o incluso retirar su cooperación en futuras reestructuraciones multilaterales.
En ambos casos, el objetivo no es controlar el petróleo por el petróleo mismo, sino recuperar o consolidar el control sobre sus flujos para usarlo como herramienta de poder geoeconómico. En Irak, Washington busca limitar el acceso de actores proiraníes a posiciones clave del Estado mediante la amenaza de sanciones sobre los ingresos petroleros y de esta forma limitar la influencia de Teherán en la región. En Venezuela, el objetivo es doble, por una parte, se busca restringir el acceso preferencial de China al crudo venezolano y por otra reducir la influencia de Beijing como acreedor en América Latina y el Sur Global en general. Pero de acuerdo con diversos análisis, más allá de los efectos en Bagdad, Caracas, Teherán o Beijing la dimensión monetaria es igualmente central. Pues, al afirmar el control estadounidense sobre los flujos petroleros venezolanos, Washington no solo interviene en las rutas de suministro hacia sus rivales, sino que también está intentando reafirmar el papel del dólar como la moneda central para el comercio energético a nivel global.
En conjunto, los casos de Irak y Venezuela evidencian como los mercados energéticos y de los flujos financieros forman parte de las herramientas estructurales de poder geoeconómico. El control sobre la producción petrolera, los mecanismos de pago y los procesos de reestructuración de deuda ha dejado de ser una prerrogativa soberana y una cuestión técnica de política económica de los países para convertirse en un instrumento central en la competencia estratégica entre grandes potencias. Para los países del Sur Global, este contexto redefine las estrategias de desarrollo y autonomía, pues la diversificación de alianzas, el uso de monedas para el intercambio comercial y arquitecturas financieras ya no responden únicamente a consideraciones puramente económicas, comerciales o de políticas de desarrollo, sino a imperativos de seguridad nacional que se desarrollan en un entorno caracterizado por una mayor exposición a coerción externa y márgenes de maniobra progresivamente más restringidos.
* Adrián Marcelo Herrera Navarro (@adrianmarcelo96) es maestro en Ciencia Política por El Colegio de México, con especialización en temas de seguridad nacional y relaciones internacionales.

Desde que Delcy Rodríguez asumiera como presidenta encargada el pasado 5 de enero, hizo cambios en su círculo más cercano que apuntan a dónde podrá ir su gobierno.
No lleva ni un mes como mandataria de Venezuela, pero el poder de Delcy Rodríguez lleva años forjándose.
La actual presidenta encargada se juramentó el 5 de enero después de que Estados Unidos atacara Venezuela y capturara a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.
Desde entonces, ha cambiado a buena parte de los responsables de ministerios y de puestos cercanos a ella como el Despacho de la Presidencia o el responsable de la Guardia de Honor Presidencial; ha bajado de la primera línea política a fichas de Maduro: se ha reunido con el director de la CIA, Jon Ratcliffe, en Caracas y firmó un acuerdo por el cual EE.UU. comercializará hasta 50 millones de barriles de petróleo.
Incluso ha sido elogiada por el presidente de EE.UU., Donald Trump.
Todo mientras denuncia “el secuestro de dos héroes que tenemos como rehenes en los Estados Unidos de Norteamérica”, tal y como dijo en su discurso de juramentación en referencia a Maduro y Flores.
Es pronto para determinar el rumbo que tomará Delcy Rodríguez teniendo en cuenta las dinámicas internas tanto de Venezuela como del propio chavismo, así como la naturaleza cambiante de Trump.
Pero se puede sugerir una línea al ver su historial, el círculo de confianza del que se rodea y a quién está dando protagonismo.
Delcy Rodríguez no fue una figura relevante con Hugo Chávez. Tuvo un paso fugaz por el Ministerio de Secretaría de Presidencia, “pero no tuvo las mejores relaciones posibles con él”, cuenta a BBC Mundo Mariano de Alba, investigador venezolano asociado del Instituto Internacional para Estudios Estratégicos en Reino Unido.
Quien sí tuvo mano desde el principio y logró construir bastantes vínculos en el chavismo fue su hermano, Jorge Rodríguez, quien de un día para otro pasó de escuchar a pacientes en su consulta de psiquiatría a ser el rector del Consejo Nacional Electoral (CNE); luego fue su presidente, más tarde, vicepresidente ejecutivo y alcalde del Municipio Libertador, la almendra de Caracas. Su hoja de vida se completa con la cartera de Comunicación, diputado de la Asamblea Nacional y, ahora, su presidente.
“Jorge siempre ha sido más público, el que se activó, quien manejó campañas a Chávez. También tiene más beligerancia. La hermana pequeña (Delcy) es más callada, pero esta comparación es injusta. No puedes comprenderlos por separado”, cuenta a a BBC Mundo César Bátiz, periodista y director del medio venezolano El Pitazo.
Bátiz define la relación de Jorge y Delcy con las palabras del investigador ruso Daniel Estulin: “Un dragón de dos cabezas”.
“El mayor aliado de Delcy Rodríguez es su hermano. Tienen una agenda. Los dos han pasado por casi los mismos cargos, salvo que Jorge no tiene experiencia económica. Ambos saben y conocen cómo funciona fuera y adentro. No puedes verlos por separado”, remarca Bátiz.
Andrés Izarra -ministro con Chávez y Maduro que dejó su cargo días después de que metieran preso al opositor Antonio Ledezma, padrastro de su esposa, en 2015-, comparte esta visión: “Jorge acumuló el control legislativo y los canales de negociación. Delcy, la vicepresidencia, la economía, las relaciones exteriores. Cuando había que abrir puertas desde dentro, ellos tenían las llaves”.
Tras la captura de Maduro, ahora los principales poderes del país están en manos de los Rodríguez: ella es la cabeza del Poder Ejecutivo y él, del Legislativo
Izarra califica a los hermanos como “los Fouché de esta historia”, en referencia al político francés que sobrevivió a la Revolución Francesa, al Imperio de Napoleón y a la posterior Restauración. “Su lealtad (la de los Rodríguez) es al poder mismo –a cualquier poder-. No teorizan sobre cómo ejercerlo, tejen cómo sobrevivirlo”.
Hay varios retos por delante para Delcy Rodríguez.
“Los dilemas de la elite autoritaria son múltiples, entre ellos, mantener el control, satisfacer las demandas Estados Unidos y lograr una reconfiguración hacia un ‘chavismo 3.0’ que le permita sobrevivir a esta coyuntura tras la captura de Maduro”, dice a BBC Mundo Maryhen Jiménez, doctora en Ciencias Política por la Universidad de Oxford.
Todo esto mientras hace se enfrenta a una paradoja pues “el chavismo se identificó antimperialita y ahora les toca convivir con el tutelaje de Estados Unidos”, dice Jiménez.
El reacomodo entre actores, con Trump, las diferentes facciones del chavismo y las bases chavistas, “es un equilibrio bastante frágil”.
“Es posible pensar que se van a priorizar perfiles con lealtad personal, que permitan delegar tareas complejas y que permitan transitar este momento”:
La experta en autoritarismos y democratización explica que “necesita hacer concesiones a Estados Unidos, sobre todo en lo económico; a la vez, hay múltiples demandas sociales acumuladas, causadas por el colapso del Estado; así como exigencias de liberalización política, es decir, el cese de la represión de la sociedad y de la oposición”.
Mariano de Alba apunta que el círculo más cercano de Delcy Rodríguez, además de su hermano, es “gente con un vínculo económico y técnico (…) más tecnócrata, pero teniendo como punto de referencia que es el gobierno más tecnócrata al que se podía aspirar dentro del chavismo”.
Uno de los primeros nombres es Félix Plasencia, actual embajador en Reino Unido. La semana pasada distintos medios reportaron que fue enviado por Caracas a Washington para mediar y “avanzar en la reapertura de la embajada de Venezuela”, según reportó The New York Times.
“Plasencia es un hombre de Delcy y de Jorge, no puedes separarlo, sobre todo de ella. Tiene un perfil más limpio, no tiene señalamientos y donde está no puede ser responsable de violaciones de derechos humanos. Es fiel a los hermanos y hará lo que le digan: si tiene que ser moderado, lo será. No es un chavista de los tradicionales, no tienen un verbo tan fuerte”, remarca César Bátiz.
Sobre Plasencia, Mariano de Alba dice que es “una persona con conexiones en el mundo empresarial e internacional”.
Delcy Rodríguez fue la encargada de la política económica con Maduro en la última etapa y a la que se le atribuyó una liberalización que alivió parcialmente la crítica situación del país.
Y lo económico parece ser prioritario en esta nueva etapa.
En ese sentido, otro miembro de su círculo es Calixto Ortega Sánchez, nombrado vicepresidente sectorial de Economía. Antes fue presidente del Banco Central de Venezuela (BCV). Según De Alba, “educado fuera de Venezuela, es una persona muy bien conectada, conoce bien el tema económico y lo maneja con cierta destreza”.
Otros nombres que destaca De Alba dentro del tema económico son Héctor Silva, poco conocido, “abogado especialista en negocios internacionales que viene manejando el tema de la industria minera en el sur de Venezuela”.
Román Maniglia, “presidente de Pequiven -corporación del Estado encargada de producir y comercializar petroquímicos- , fue presidente del Banco Venezuela y una ficha clave de Delcy Rodríguez”.
Así como Anabel Pereira, abogada y economista, vicepresidenta del BCV y ministra de Economía y Finanzas, cargo que empezó con Maduro “gracias a que Delcy le convenció de esa designación”.
“Si veo los nombres en su conjunto, diría que son personas bien preparadas, profesionales, enfocadas no tanto en lo ideológico del chavismo, aunque sí son chavistas, sino más bien en conseguir resultados económicos”, remarca De Alba.
Entre los últimos nombramientos que ha hecho Delcy Rodríguez en los últimos días está el de Gustavo González como Comandante General de la Guardia de Honor Presidencial y máximo responsable de la Dirección General de la Contraniteligencia Militar (DGCIM).
Como explica César Bátiz, “ahora es la mano militar más fuerte de Delcy”, aunque antes, como también apunta el periodista, “era reconocido como persona fiel y gran amigo de Diosdado Cabello”, ministro de Interior. “Ahora, sin embargo, juega a cuadro cerrado con ella”, agrega.
González fue el responsable del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y fue sancionado por Estados Unidos en 2015 durante la presidencia de Barack Obama como “responsable o cómplice de actos significativos de violencia o conducta que constituyen un abuso o violación grave de los derechos humanos”.
Otro nombre que no es nuevo es el de Juan Escalona, quien fue edecán de Chávez y miembro cercano al círculo de Maduro. En los ataques de Estados Unidos del pasado 3 de enero se creyó en un primer momento que había fallecido. Ahora es quien asume el Despacho de la Presidencia.
“No es un cargo pequeño. Tiene mucho acceso y eso es muy extraño. Puede ser un premio de consolación o también puede ser por guardarlas formas. Yo lo menciono como uno de los posibles traidores a Maduro, porque conocía muchos detalles de él”, señala Bátiz.
Otro nuevo nombramiento fue del Miguel Pérez Pirela como ministro de Comunicación, alguien considerado como uno “de los funcionarios afrancesados”. La propia Delcy se formó en Francia y Reino Unido.
“Una elección que puede ser porque, por un lado, tienen pocos cuadros en comunicación y, por otra, que ella (Rodríguez) trate de mostrarse como más moderada. Está en campaña y puede estar buscando ideas frescas”, dice Bátiz.
Cabe recordar que, además de presidenta, Delcy Rodríguez aún ostenta la vicepresidencia ejecutiva y es ministra de Hidrocarburos. Y al control del Ejecutivo, se suma la alianza en el Legislativo con su hermano Jorge al mando.
Pero, además, por los cargos que ostentó antes Jorge, también tienen aliados dentro de otro poder clave: el electoral.
La ONG Transparencia Venezuela publicó un informe que detalla los vínculos de la actual mandataria. Señala como su principal aliado al rector y vicepresidente del CNE, Carlos Quintero Cuevas, “quien ingresó en el ente electoral en septiembre de 2004, mientras Jorge Rodríguez era rector principal”.
En esos movimientos, una de las caídas que destacan es la de Álex Saab, controvertido empresario que estuvo preso en EE.UU. acusado de blanqueo de dinero, devuelto en un intercambio de presos y, hasta ahora, ministro de Industrias y Producción Nacional.
Bátiz destaca la salida de esta figura “muy vinculada a Maduro, protegido de él” como un mensaje para el exmandatario.
“Si yo fuera Maduro y tuviera la esperanza de que Delcy y Jorge me fueran a sacar del brete en el que estoy, este movimiento es un muy mal mensaje”.
Para Izarra esta salida “puede leerse como una concesión (a EE.UU.), pero también como una bomba de tiempo que Washington puede detonar cuando quiera. Saab suelto también es Saab que sabe demasiado”.
Las razones detrás de estos cambios, “hechos en muy poco tiempo”, como señala De Alba, buscan “un cierto reacomodo con mucho énfasis en el tema económico, sin poder desmontar el tema militar e ideológico”.
“¿Estamos ante un “chavismo 3.0″? No sabemos qué rumbo tomará, pero podemos anticipar una adaptación a esta nueva realidad, que intentarán navegar para mantener el control y resistir. El chavismo pretende seguir existiendo para darse contiuidad histórica”, señala Jiménez.
Para Izarra, el objetivo de la nueva formación de Delcy Rodríguez es “sobrevivir”, por lo que “no puede darse el lujo de rodearse de gente leal a Maduro o con agenda propia”.
Mariano de Alba apunta que hay diferencia con la vieja guardia militar chavista en este círculo de poder y que el objetivo es “conseguir resultados, dar una mayor garantía de mejor administración, mejor eficiencia, mejora económica y, con ello, usar los ingresos para fines políticos, para recuperar tanto la popularidad como estar en una mejor posición electoral”.
Izarra señala que entre los retos que tendrá que afrontar en esta nueva etapa será “mantener el equilibrio con Diosdado Cabello, que controla el aparato de seguridad y puede desatar el caos si decide que le conviene; satisfacer a Washington sin perder la fachada de soberanía que necesita para sobrevivir internamente y evitar la presión popular o de la oposición que encuentren un hueco para desafiarla”.
Aunque diferente, De Alba no señala a Delcy Rodríguez como moderada: “Quienes la conocemos sabemos que tiene un perfil bastante combativo. Ahora, dentro del chavismo sí que representa un ala que no es la más ideologizada y su facción es la más abierta a negociar ciertas concesiones; quiere enfocarse en estabilizar la economía”.
Rodríguez está aún sancionada por la Unión Europea por acciones contra la democracia y el Estado de Derecho, por violaciones de derechos humanos y represión de la sociedad civil y la oposición en el país.
La nueva presidenta parece haber iniciado cambios que satisfacen a Trump. Y a la vez dice que defiende el regreso del “secuestrado” Maduro. Un equilibrio difícil que muestra, como dice Jiménez, que Venezuela está en “un momento incierto, también para el gobierno”.
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