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Cuando Hacienda compra la salud: el nuevo rostro de las compras consolidadas
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Cuando Hacienda compra la salud: el nuevo rostro de las compras consolidadas

Bajo el argumento de la eficiencia, el orden y el control del gasto, la Secretaría de Hacienda se consolida como el eje absoluto de las compras consolidadas de medicamentos e insumos médicos. No solo coordina, decide qué se compra, cómo se compra, cuándo se compra y bajo qué lógica se adjudica. Las instituciones de salud quedan reducidas a demandantes pasivos de decisiones tomadas lejos del quirófano, la farmacia hospitalaria o la sala de urgencias.
05 de enero, 2026
Por: José Luis García Rodríguez

El nuevo Reglamento de la Ley de Adquisiciones, publicado en diciembre de 2025, deja una señal inequívoca sobre hacia dónde camina la política de compras públicas en México.

Al ocupar de forma transversal la contratación de los insumos necesarios para atender el sistema de salud, nos deja claro que la salud dejó de ser un asunto sanitario para convertirse, formalmente, en un asunto hacendario.

Bajo el argumento de la eficiencia, el orden y el control del gasto, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) se consolida como el eje absoluto de las compras consolidadas de medicamentos e insumos médicos. No solo coordina, decide qué se compra, cómo se compra, cuándo se compra y bajo qué lógica se adjudica. Las instituciones de salud quedan reducidas a demandantes pasivos de decisiones tomadas lejos del quirófano, la farmacia hospitalaria o la sala de urgencias.

En el papel, el modelo promete mejores precios y procesos más ordenados. En la realidad, plantea un problema de fondo: la compra de insumos médicos se diseña desde una lógica presupuestal, no clínica. Los medicamentos dejan de ser tratamientos para convertirse en “claves”; los pacientes, en “volúmenes”, y el desabasto, en una contingencia administrativa más.

Hacienda puede diseñar procedimientos impecables, pero no administra hospitales. No enfrenta guardias sin antibióticos ni explica a una madre por qué no llegó el medicamento oncológico de su hijo. Sin embargo, es quien define las reglas del juego. El resultado es un sistema donde quien compra no opera, quien opera no decide y quien padece no cuenta.

La centralización extrema genera además un efecto perverso: la dilución de responsabilidades. Si la compra falla, la SHCP cumplió el procedimiento; la institución de salud alegará que no controló el proceso; el proveedor será señalado como incumplido. El paciente, como siempre, queda fuera del expediente y del discurso oficial.

El reglamento habla de eficiencia, de transparencia y de ahorro. Pero guarda silencio sobre continuidad terapéutica, logística hospitalaria o riesgo sanitario. No hay una sola mención explícita a la compra de medicamentos como infraestructura crítica del Estado, ni a su vínculo con la seguridad nacional o el derecho efectivo a la salud.

Y es importante realizar un incisivo análisis en las compras consolidadas del sistema de salud, debido que es la única opción real de abasto que -con un modelo centralizado- ha establecido el gobierno para obtener los insumos.

Las compras consolidadas desde su intento de llegada en el lejano 2000, han deambulado por los sexenios coloridos y siguen sin poder ser lo que quieren que sean, un modelo que tenga tres B (bueno, bonito y barato), olvidando la eficiencia, la eficacia, la transparencia y mejores condiciones para el Estado, cuando no hay mejor condición para el Estado que su población tenga justo a tiempo los insumos para sus terapias, operación y atención de enfermedades.

La experiencia reciente debería haber dejado una lección clara: comprar barato no equivale a comprar bien, y centralizar decisiones no garantiza abasto. Sin embargo, el nuevo modelo insiste en la misma apuesta, ahora con mejor redacción normativa.

El problema no es que Hacienda participe. El problema es que Hacienda gobierne la salud pública desde la contabilidad. Cuando la política de medicamentos se diseña como una hoja de Excel, el desabasto deja de ser una anomalía y se convierte en una consecuencia lógica del modelo.

México no necesita solo compras consolidadas mejor organizadas. Necesita reconocer que los medicamentos no son bienes genéricos y que su ausencia no es un fallo administrativo, sino una crisis de política pública.

Aquí una muestra de los 25 puntos neurálgicos del reglamento de la Ley de Adquisiciones que tanto esperábamos:

  1. Hacienda se consolida como el eje rector absoluto de las contrataciones consolidadas, desde la planeación hasta la ejecución (art. 19–23)
  2. Se formaliza el Comité de Contrataciones Estratégicas como órgano político-técnico que decide qué se consolida y cómo (art. 37–38)
  3. La responsabilidad de cada integrante del Comité se limita al sentido de su voto, diluyendo responsabilidades posteriores (art. 38)
  4. Se fortalece el papel de los Lineamientos de contratación específicos, que en la práctica sustituyen criterios homogéneos (art. 3)
  5. Las dependencias están obligadas a sujetarse a las compras consolidadas, salvo autorización expresa de Hacienda (art. 25)
  6. Se exige acreditación previa de suficiencia presupuestal, incluso antes de conocer precios finales (art. 21)
  7. Cada dependencia es responsable de pagar, penalizar y ejecutar garantías, aun cuando no diseñó el procedimiento (art. 21)
  8. Hacienda integra la demanda agregada, aunque reconoce que puede excluir información clasificada, afectando la planeación logística (art. 22)
  9. Los acuerdos marco se convierten en el mecanismo estrella para compras recurrentes (art. 29–36)
  10. Se permite la adhesión posterior de proveedores, alterando la competencia inicial (art. 32)
  11. La asignación se define por subasta de descuentos, priorizando precio sobre continuidad y calidad (art. 34)
  12. Proveedores pueden ser excluidos del acuerdo marco por rechazar órdenes, incluso por causas logísticas reales (art. 36)
  13. Se institucionaliza el diálogo estratégico como fase previa (art. 44)
  14. El diálogo no obliga a la autoridad a incorporar lo discutido en la licitación final (art. 44)
  15. La información confidencial queda a criterio del proveedor, pero sin mecanismos de protección real (art. 44)
  16. La investigación de mercado no es vinculante, incluso si detecta riesgos de desabasto (art. 45–47)
  17. Se obliga a usar datos históricos de la Plataforma, replicando errores pasados (art. 47)
  18. Se promueve la participación de Mipymes y sector social, pero sin garantizar capacidad logística real (art. 10)
  19. Se prevé agilizar pagos, pero sin sanción efectiva por incumplimiento institucional (art. 10)
  20. Anticipos hasta 50 %, pero con garantías al 100 %, excluyendo a muchos proveedores medianos (art. 13)
  21. Todo se canaliza a una Plataforma digital, sin resolver caídas, saturación o trazabilidad real (art. 6, 11)
  22. El OIC (órgano interno de control) participa como asesor, sin poder decisorio real (art. 38, 44)
  23. Los informes trimestrales no generan consecuencias automáticas (art. 43)
  24. El Reglamento no integra explícitamente la política de salud, solo la política de gasto (estructura general del texto)
  25. No existe una cláusula de seguridad nacional o desabasto crítico, pese al discurso público (ausencia normativa relevante)

El nuevo Reglamento llega con una promesa implícita: poner orden donde por años hubo improvisación. Sin embargo, basta leerlo con atención para notar que el orden es administrativo, no sanitario.

La lógica que domina el texto no es la del paciente ni la del hospital, ni siquiera la del abasto oportuno. Es la lógica de Hacienda, del control presupuestal y de la concentración de decisiones. El problema es que la salud no se administra como una oficina de suministros.

Compras consolidadas: centralización sin capacidad operativa

El Reglamento insiste en consolidar todo: demanda, negociación, reglas, tiempos. Pero la ausencia que consolida capacidades, ya muy obligado en el sistema de salud:

  • No consolida información clínica real.
  • No consolida logística.
  • No consolida responsabilidad política.

Cuando una compra falla como el pasado mes de abril de 2025, lava la cara de los que la discrecionalidad hacen un deporte nacional, porque nadie falla:

  • Hacienda diseñó.
  • La dependencia pagó (sin estricta obligación).
  • El proveedor incumplió.
  • El paciente esperó.

Y el sistema siguió intacto.

En salud, el costo real no es el precio unitario, sino el desabasto, la interrupción de tratamientos y la pérdida de confianza institucional. Nada de eso aparece en la fórmula de adjudicación.

El futuro muy cercano de las compras consolidadas de insumos para la salud, con casi todas las reglas puestas en la mesa, nos espera:

  1. Nuevas compras consolidadas iguales a las anteriores, pero con mejor expediente.
  2. Persistencia del desabasto en claves críticas.
  3. Proveedores grandes cautelosos, medianos expulsados, pequeños sobre exigidos.
  4. Responsabilidades diluidas, críticas repetidas, pacientes invisibles.

Finalmente podemos seguir esperando un reglamento que en términos de seguridad nacional tendría que contemplar apartados especiales en el sistema de salud, ya que el modelo en exclusivo para su llegada a los hospitales son las compras consolidadas, y mientras esperamos, seguiremos ordenando expedientes… y desordenando hospitales.

* José Luis García Rodríguez es presidente de la Asociación Mexicana para la Distribución Institucional de la Salud, A. C. (@ASMEDISmx).

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Imagen BBC
Somalilandia, el territorio que declaró su independencia hace más de 30 años y que solo Israel reconoce como nación soberana
7 minutos de lectura

Abordamos la curiosa historia de este territorio del tamaño de Nicaragua y hogar de unos 3,5 millones de personas considerado toda una rareza en el cuerno de África.

27 de diciembre, 2025
Por: BBC News Mundo
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Bandera de Somalilandia
Getty Images

Este territorio semidesértico con un tamaño similar al de Nicaragua proclamó su independencia en 1991.

Sin embargo, pasados más de 34 años desde aquella accidentada declaración, Somalilandia no había sido reconocido como Estado por ninguna otra nación.

Esto cambió este viernes, cuando Israel se convirtió en el primero en reconocerlo formalmente como país independiente

El presidente de Somalilandia, Abdirahman Mohamed Abdullahi, calificó la declaración del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu como un “momento histórico”.

La decisión fue condenada, sin embargo, por los ministros de Asuntos Exteriores de Somalia, Egipto, Turquía y Yibuti, quienes en un comunicado afirmaron su “rechazo total” al anuncio de Israel.

El reconocimiento israelí podría alentar a otras naciones a seguir su ejemplo, lo que fortalecería la posición diplomática de la región independentista y su acceso a los mercados internacionales.

Abordamos la curiosa historia de este territorio de 137.600 km² y hogar de unos 3,5 millones de personas considerado toda una rareza en el cuerno de África.

mapa
BBC

El origen

Ubicada entre Etiopía y Somalia -Estado del que oficialmente forma parte- Somalilandia fue un protectorado británico hasta su independencia el 26 de junio de 1960.

Pero esa autonomía le duró poco, ya que cinco días después se fusionó con la Somalia italiana, también recién independizada. Fue una unión de la que muchos somalilandeses se arrepintieron apenas se concretó.

Las diferencias con sus vecinos del sur comenzaron casi inmediatamente después de que el Parlamento aprobara la ley que fundó la República de Somalia.

De hecho, el 20 de julio de 1961, un año después de la creación del nuevo Estado, se celebró un referéndum para redactar una nueva Constitución. A pesar del rechazo mayoritario de los somalilandeses, el texto salió adelante, convirtiéndose en la carta magna de la naciente república.

Y menos de una década, el país colapsó.

En 1967 Abdirashid Ali Shermarke fue elegido presidente y designó al somalilandés Mohamed Haji Ibrahim Egal como primer ministro.

Pero a los dos años, el presidente murió a manos de su guardaespaldas, en lo que fue un golpe de Estado liderado por el general Mohamed Siad Barre, quien se hizo con el poder.

Así fue como Somalia se transformó en la República Democrática de Somalia.

Soldados somalíes entrenan en Jijiga durante la guerra del Ogadén (1977), un conflicto ligado a las aspiraciones territoriales de la Somalia unificada tras la fusión con Somalilandia, que terminó en 1978 con la recuperación etíope del territorio.
Getty Images
Soldados somalíes entrenan en Jijiga durante la guerra del Ogadén (1977), un conflicto ligado a las aspiraciones territoriales de la Somalia unificada tras la fusión con Somalilandia, que terminó en 1978 con la recuperación etíope del territorio.

“Dejaré edificios, pero no gente”

El gobierno de facto de Siad Barre acentuó el descontento en Somalilandia e impulsó el deseo de muchos somalilandeses de tomar un rumbo diferente.

Aquel polémico militar marxista-leninista no sólo causaba disgusto en Somalilandia, sino en todo el país, y ese malestar desencadenó una revolución.

“Cuando me vaya de Somalia, dejaré edificios, pero no gente”, prometió Barre a finales de la década de los 80.

Y un informe encargado por las Naciones Unidas y publicado a principios de este siglo, determinó que “el crimen de genocidio fue concebido, planeado y perpetrado” por el gobierno somalí contra el pueblo isaaq en el norte de Somalia entre 1987 y 1989.

En esa época, la fuerza aérea somalí efectuó bombardeos a gran escala en Hargeisa, capital de la declarada República de Somalilandia, matando a miles de civiles y destruyendo parcialmente la ciudad.

Después de varios años de una sangrienta lucha, en 1991 Siad Barre fue derrocado, a lo que siguió una guerra civil.

Una mujer de Somalilandia, vestida con la bandera local, celebra frente a un centro de votación en 2001, en vísperas del referendo constitucional que buscaba legitimar la secesión unilateral del territorio respecto de Somalia.
Getty Images
Una mujer de Somalilandia, vestida con la bandera local, celebra frente a un centro de votación en 2001, en vísperas del referendo constitucional que buscaba legitimar la secesión unilateral del territorio respecto de Somalia.

Falta de reconocimiento internacional

El fin de régimen militar también hizo que Somalilandia declarara de manera unilateral su independencia. En ese entonces era, y aún sigue siendo, un oasis de relativa calma en una de las regiones más agitadas del mundo.

Más de tres décadas después, Somalilandia funciona casi como un país independiente, pero sin serlo, al menos oficialmente.

Tiene un sistema político propio, un Parlamento, su fuerza policial, una bandera, una moneda y emite sus propios pasaportes.

A la falta de respaldo internacional se sumó la crisis diplomática con Somalia tras el acuerdo firmado en enero de 2024 entre Etiopía y Somalilandia, que concedía a Addis Abeba acceso al mar a través del puerto de Berbera y abría la puerta a un eventual reconocimiento.

Mogadiscio lo denunció como una violación de su soberanía, al considerar a Somalilandia parte inseparable de Somalia.

Aunque Israel se convirtió esta semana en el primer país en reconocer formalmente a Somalilandia como nación soberana, el resto de la comunidad internacional no reconoce su independencia, incluyendo a Naciones Unidas, la Liga Árabe y la Unión Africana.

Un hombre introduce su papeleta en Hargeisa frente al emblema nacional de Somalilandia en un centro de votación durante las elecciones presidenciales de 2024.
Getty Images
Un hombre introduce su papeleta en Hargeisa frente al emblema nacional de Somalilandia en un centro de votación durante las elecciones presidenciales de 2024.

Comparaciones con Taiwán

El caso de Somalilandia suele compararse con el de Taiwán. Ambos parecen ser Estados en pleno funcionamiento y declaran con orgullo su independencia de vecinos más grandes, Somalia y China, que insisten en que son parte de sus territorios.

Percatándose de ello, Hargeisa y Taipei han estrechado sus relaciones y establecieron oficialmente lazos diplomáticos en 2020, desatando la ira de sus vecinos.

El representante taiwanés en Somalilandia, Allen Chenhwa Lou, describió en una entrevista con la BBC el mes pasado la relación entre los dos territorios como “beneficiosa para todos”.

“No necesitamos perseguir la independencia en este momento porque ya somos independientes. Lo que ambos necesitamos es reconocimiento. Ambos compartimos esta difícil situación”, agregó.

Un oasis de estabilidad

Aparte de la cuestión política y de la independencia institucional, Somalilandia también es mucho más estable que el resto de Somalia.

Es considerada por los expertos un ejemplo de democracia en la región. Sus mandatarios llegan al poder a través de elecciones reñidas cuyos resultados, a diferencia de otros países africanos, son respetados, incluso cuando gana la oposición.

Y, pese a ser una ciudad con mucha pobreza y contar con un muy alto nivel de desempleo, Hargeisa es una de las urbes más seguras de la región.

Centro de Hargesia
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Hargesia es la capital y ciudad más poblada de Somalilandia.

Como escribió la periodista de la BBC Mary Harper en 2016, en el marco de los 25 años de la declaración de independencia del territorio: “Somalilandia tiene paz y estabilidad relativa”.

“A veces viajo entre Somalia y Somalilandia en el mismo día y el contraste no podría ser mayor. En Somalia, como periodista occidental, no puedo moverme sin seis guardaespaldas fuertemente armados (…). En Somalilandia camino sola, incluso de noche”, aseguró.

El periodista somalí Farhan Jimale explica que esta relativa paz se debe a que Somalilandia ha estado trabajando en ello desde los años 90.

“Hubo ancianos locales, que actuaron como mediadores. Reunieron todas las comunidades locales y formaron un gobierno local que se comparte el poder”.

La visión de Somalia

Somalia considera a Somalilandia parte integral de su país.

En los últimos 10 años, Hargeisa y Mogadiscio han sostenido conversaciones de paz, pero para Somalia la integridad del país no es negociable, destaca Jimale.

“Sin embargo, reconoce a Somalilandia como una región que ha desarrollado sus autoridades locales”, prosigue.

En los últimos años, aunque el gobierno federal somalí ha logrado consolidar su control en Mogadiscio y otras grandes ciudades, los grupos islamistas, como Al Shabaab, siguen siendo una amenaza activa y han recuperado influencia en varias zonas del país.

Si Somalia logra la paz, tendrá menos razones para reconocer la independencia de Somalilandia.

“El principal argumento de los independentistas somalilandeses es que Somalia tiene que poner orden en su casa, antes de que ambas partes se sienten a conversar”, señala Jimale.

Pero si el país sigue sumido en una grave situación de inseguridad, la lucha independentista no cesará.

Pase lo que pase, es probable que la decisión final sobre la independencia de Somalilandia tendrá que venir de Mogadiscio, tal como sucedió con la secesión de la vecina Sudán del Sur, que el gobierno sudanés terminó aceptando luego de un referendo.

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BBC

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