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El fin de los grandes capos y la Kingpin Strategy
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El fin de los grandes capos y la Kingpin Strategy

La captura de líderes es parte de la conocida Kingpin Strategy o Estrategia de Descabezamiento de Organizaciones Criminales, la cual es impulsada por la DEA en Colombia y México. La estrategia busca el debilitamiento de una organización a partir de la reducción de sus dirigencias. En México hemos visto efectos adversos, como es el aumento de la violencia derivada de la atomización de las agrupaciones y la lucha entre estas por el control de marcados criminales.
25 de febrero, 2026
Por: Gerardo López García

De forma inesperada, el domingo alrededor de las 11 a.m. se filtró la noticia de que miembros del ejército mataron a Rubén Nemesio Oseguera Cervantes alias “el Mencho”, durante un operativo que -ahora confirma el gobierno- tenía como objetivo su detención. Con esta acción, cae el líder del identificado como Cartel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones criminales más grandes y peligrosas del país, catalogada como organización terrorista por los Estados Unidos y uno de los principales generadores de violencia en México.

Parece que nos encontramos ante un nuevo escenario en la historia criminal de nuestro país, que es la ausencia de los grandes capos, al mismo tiempo que viene acompañado de caras ya conocidas, como es la estrategia de descabezamientos, por lo que considero pertinentes hacerme dos preguntas: ¿se acabaron los grandes capos? y ¿la estrategia de descabezamiento de cárteles es una estrategia propia de la guerra contra las drogas?

Respecto a la primera pregunta, con la muerte de “el Mencho” no solo cae el líder de Jalisco Nueva Generación, sino parece acabarse la época de los grandes capos en México. Con un “gran capo” me refiero a la cabeza más representativa de un grupo criminal, al individuo al que se le atribuye el principal liderazgo y toma de decisiones en una estructura (aunque no necesariamente sea así).

Llegar a ser reconocido como tal no es una labor menor: las estructuras de los cárteles no son completamente jerárquicas, sino que generalmente se tratan de redes desplegadas territorialmente que se articulan alrededor de un grupo central, con alto grado de independencia entre células, pero como eje del grupo central se encuentra la figura del liderazgo. El líder no solo coordina, en alguna medida, las operaciones delictivas; ordena el despliegue territorial y designa mandos medios, también ocupa una posición simbólica. Las células o franquicias de la organización, una vez desplegadas en el territorio, gravitan alrededor de su figura, le rinden pleitesía y refuerzan su marca criminal.

Un liderazgo como el de “el Mencho” o “el Chapo” toma años en forjarse: años de mucho trabajo y experiencia en distintos eslabones de la cadena productiva del tráfico de drogas y otros mercados criminales y, finalmente, de profesionalización en el ejercicio de la violencia.

No quiero decir que ya no existe la oportunidad de que eventualmente surjan otros perfiles que sustituyan los antiguos liderazgos ni que los que actualmente hay no serán peligrosos. Incluso la atomización generalmente son malas noticias para la incidencia delictiva, ya que, como muestra la experiencia mexicana, la atomización viene acompañada de disputas por el control de territorios, rutas y mercados criminales. Lo que hoy probablemente no hay es un perfil que tenga la fuerza operativa y simbólica para sustituir los espacios dejados por los grandes capos y que sean capaces de mantener la unión de las redes que componían la totalidad de la estructura criminal.

Lo que ahora queda claro es que cayó el último gran líder o el más representativo de una de las organizaciones criminales más grandes de nuestro país. Probablemente pasarán años antes de que surja un liderazgo criminal con el mismo alcance que los líderes de antaño, aunque lo deseable sería que ese espacio no volviera a ocuparse.

Por otra parte, resulta inevitable recordar todas las veces en que se ha ejecutado o detenido un gran líder de alguna organización criminal en las dos décadas que llevamos de guerra contra las drogas y el poco impacto que ha tenido en la disminución del ciclo de violencia del país.

Es difícil no pensar en todos los capos que han sido capturados o “abatidos” en estos 20 años de la fase más actual de la guerra contra las drogas: desde las muertes de Arturo Beltrán Leyva (Cártel de los Beltrán-Leyva) en 2009 y Heriberto Lazcano Lazcano (Los Zetas) en 2012, así como la captura de Servando Gómez “la Tuta” (La Familia Michoacana/Caballeros Templarios) en 2014, Joaquín Guzmán Loera “el Chapo” (Cártel de Sinaloa) en 2016 y la captura/extracción de Ismael Zambada García “el Mayo” (Cartel de Sinaloa). Todas las anteriores, durante el gobierno de Calderón.

Este recuento funciona para recordar que una de las partes más relevantes de la guerra contra las drogas ha sido el descabezamiento de organizaciones criminales. Lo traigo a cuenta porque ambos gobiernos de la autollamada cuarta transformación aseguran que la guerra contra las drogas se ha dejado atrás.

Es importante señalar que antes del gobierno de Calderón ya había tenido lugar la captura de líderes con la captura de Osiel Cárdenas Guillen (Cartel del Golfo) en 2003 o de Benjamín Arellano Félix (Cartel de Tijuana) en 2002. La captura de líderes es parte de la conocida Kingpin Strategy o Estrategia de Descabezamiento de Organizaciones Criminales, la cual es una estrategia impulsada por la DEA en Colombia y México. La estrategia busca el debilitamiento de una organización a partir de la reducción de sus dirigencias. En México hemos visto efectos adversos, como es el aumento de la violencia derivada de la atomización de las agrupaciones y la lucha entre estas por el control de marcados criminales.

Como tal, puede sostenerse que se trata de una estrategia propia de la llamada “guerra contra las drogas”, en la medida en que ha sido un componente central del enfrentamiento frontal contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico y, más aún, un mecanismo recurrente de intervención de los Estados Unidos en América Latina.

En ese sentido, la muerte de Nemesio Oseguera, “el Mencho”, se inscribe claramente en esta lógica. Como he sostenido en otros textos, la política de guerra contra las drogas no ha desaparecido; por el contrario, sigue presente y se manifiesta en al menos tres dimensiones: el rechazo a la legalización, el creciente punitivismo, y la centralidad de las Fuerzas Armadas en las tareas de seguridad pública. No sorprende, por tanto, la continuidad de la llamada kingpin strategy, especialmente si se consideran las presiones provenientes de los Estados Unidos y la necesidad del gobierno mexicano de evitar escenarios de mayor tensión bilateral o incluso insinuaciones de intervención en territorio nacional.

Viendo estos elementos en su conjunto, no es de extrañarse que durante los gobiernos de la autodenominada 4T es que finalmente se hayan acabado los grandes liderazgos de la delincuencia organizada.

* Gerardo López García (@gera_emp) es licenciado en Ciencias Políticas y maestro en Estudios Políticos, ambos grados por la UNAM. Realizó el Diplomado en Defensa y Seguridad Nacionales en la UNAM y se especializa en análisis de seguridad pública, delincuencia organizada y control territorial. Ha sido funcionario público federal y local (INEGI, FGR Y SSC-CDMX).

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Imagen BBC
Los archivos de Epstein pueden ser solo la punta del iceberg de la investigación sobre el expríncipe Andrés
4 minutos de lectura

La investigación de la policía debió haber explorado más de lo que se ha hecho público en el caso Epstein para decidir detener al expríncipe Andrés.

20 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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El arresto del expríncipe británico Andrés Mountbatten-Windsor alrededor de las 08:00 horas (GMT) de este jueves no tuvo nada que ver con Virginia Giuffre, la mujer que lo acusó de abuso sexual.

Lo que llevó a su arresto -por el que estuvo retenido durante casi 12 horas antes de su puesta en libertad por la noche- comenzó con la información que salió a la luz en la publicación masiva de los archivos de Epstein en enero, en torno a las actividades que realizó mientras era un enviado comercial del gobierno británico. Pero no se detuvo ahí.

Fueron los correos electrónicos de esos archivos, que parecen ser entre Andrés y el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein, los que llevaron a la policía de Thames Valley a involucrarse.

Un correo electrónico en particular llamó la atención. En noviembre de 2010, después de que el entonces príncipe regresara de un viaje a Asia financiado por el gobierno británico, le enviaron una serie de informes sobre los países relacionados con su viaje.

A los cinco minutos de recibirlos, parece que los reenvió a Epstein, que en ese momento ya había sido condenado y pasado tiempo en prisión por delitos sexuales.

Los archivos revelaron más correos electrónicos.

Un mes más tarde, en la Nochebuena de 2010, Andrés parece haber enviado a Epstein un informe confidencial sobre las oportunidades de inversión en la reconstrucción de la provincia de Helmand, en Afganistán, la cual era supervisada en ese momento por las fuerzas armadas británicas y financiada con fondos del gobierno británico.

En otro correo electrónico fechado el 9 de febrero de 2011, el hermano del rey Carlos III parece sugerir a Epstein que invierta en una empresa de capital privado que había visitado una semana antes.

Esto habrá sido el comienzo de lo que hoy se ha convertido en una investigación completa por parte de la policía de Thames Valley. Pero los detectives no se habrán basado únicamente en los correos electrónicos que hemos visto.

Colaboración de las autoridades

Para construir el caso, los investigadores debieron haber acudido al gobierno británico y al Palacio de Buckingham para solicitar los correos electrónicos que pudieran explicar lo que estaba sucediendo.

Buckingham declaró el lunes pasado que “apoyaría” a la policía de Thames Valley.

Los detectives también tuvieron que haber revisado los tres millones de documentos de los archivos de Epstein y haber solicitado copias sin censurar al FBI o al Departamento de Justicia de Estados Unidos.

La Agencia Nacional contra el Crimen británica está ayudando a las fuerzas policiales de Reino Unido con esas solicitudes.

Hasta ahora solo se ha visto la punta del iceberg, pero es posible que los detectives hayan visto más de lo que hay bajo la superficie.

Andrés fue visto en un auto al dejar la estación de policía
Reuters
Andrés abandonó la estación de policía y fue trasladado en un vehículo particular.

Es muy poco probable que la policía haya arrestado al expríncipe el jueves basándose solo en un par de correos electrónicos que la gente ha visto en los archivos de Epstein.

En este momento, Andrés solo ha sido arrestado. No se le han presentado cargos. Siempre ha negado cualquier delito derivado de su relación con Epstein y no ha respondido a las preguntas específicas de la BBC sobre los archivos publicados en enero.

Y recordemos que este arresto no tiene nada que ver con las acusaciones que Andrés enfrentó anteriormente por parte de Giuffre, quien dijo que la obligaron a tener relaciones sexuales con él en varias ocasiones a principios de la década de 2000.

En 2022, Andrés y Giuffre llegaron a un acuerdo económico extrajudicial, en el que no se admitía ninguna irregularidad por parte del expríncipe.

La policía dijo que fue puesto en libertad bajo investigación.

Era poco probable que la policía lo mantuviera detenido durante la noche, ya que, por lo general, en las detenciones relacionadas con delitos de cuello blanco las personas son retenidas durante unas horas para permitir los registros y el interrogatorio inicial.

En estos casos, a la persona arrestada se le suele conceder la libertad bajo fianza policial y se le da una fecha para volver a la comisaría para un posible interrogatorio adicional.

Una vez que los detectives hayan realizado sus registros e interrogado a Andrés, tendrán que tomar una decisión importante. Esto podría llevar semanas.

Los agentes de policía, que portan una corona en sus insignias, se reunirán con los abogados de la Fiscalía de la Corona y decidirán si hay pruebas suficientes para acusar al hermano del rey.

Si deciden llevar el caso a los tribunales, se llamará R v. Mountbatten-Windsor, o en términos sencillos, el rey contra el hermano del rey.

BBC

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