Home
>
Analisis
>
Autores
>
Ruta Crítica
>
El temor al delito y las violencias viene aniquilando el Estado constitucional de derechos
Ruta Crítica
Ruta Crítica
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto... Continuar Leyendo
4 minutos de lectura

El temor al delito y las violencias viene aniquilando el Estado constitucional de derechos

La región se aleja así del Estado constitucional de derechos no por un golpe abrupto, sino por una deriva paulatina: el miedo como motor, la expansión penal como respuesta automática y la erosión de derechos como costo asumido. El problema no es solo jurídico; es político, cultural y democrático. Y, mientras no rompamos el círculo, la trampa seguirá funcionando.
05 de marzo, 2026
Por: Ernesto López Portillo

Puede parecer exagerado el título, pero solo lo será para quienes no están prestando atención a la continua —y cada vez más acelerada— erosión de los Estados constitucionales en la región, impulsada por el populismo punitivo. En la cúspide formal de esos Estados se encuentran los derechos humanos, instituidos en las normas supremas como garantías fundamentales. Hoy, ese pináculo se debilita.

¿Qué es el populismo punitivo? Se trata de una política criminal que manipula el temor social frente a las violencias y el delito, utilizándolo como palanca para expandir los poderes penales de persecución y encarcelamiento, y como instrumento de rentabilidad electoral. Esta definición la formulo tras escuchar a personas especialistas de siete países (México, España, El Salvador, Colombia, Chile, Argentina y Perú), en conversación con el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero CDMX, en la serie de podcast “El populismo punitivo en mi país” (https://open.spotify.com/show/5Q1uZ8j2ye0yMCeWsjt09h?si=28cfbbc6fdd04c43).

Hemos caído en una trampa monumental, y no parece que vayamos a salir de ella pronto. La trampa es un círculo vicioso: las violencias y la delincuencia alimentan el miedo; el miedo respalda la inflación penal; la inflación penal no resuelve la crisis y, por el contrario, la prolonga y profundiza; y ese agravamiento vuelve a justificar más expansión punitiva. La crisis se reproduce a sí misma. La trampa es casi perfecta.

Lo es porque las mismas personas que no ven llegar la seguridad, la justicia y la paz —movidas por la desesperanza y privadas de una reflexión crítica— aplauden la medicina que las daña, por paradójico que resulte. Pero el problema se agrava: no enfrentamos la misma crisis de antes. En la mayoría de los países, las violencias y la delincuencia se multiplican; en otros, aun sin un deterioro evidente de los indicadores, la inflación penal avanza de todos modos y ella misma siembra más violencias, comenzando por las del Estado mismo. ¿Cómo se explica?

Desde México se advierte: el miedo se convirtió en estrategia política. Llevamos años con gobiernos que prometen imponer orden y acabar con la impunidad, pero nada funciona porque se trata de una ilusión. En El Salvador, tras cuatro años bajo régimen de excepción, los delitos de las pandillas han sido sustituidos por delitos de Estado, y la democracia se ha erosionado gravemente. En España, relatan que la clase política parece haberse quedado sin imaginación: ante cada conflicto se proponen penas más severas y encarcelamientos más prolongados, tanto desde la izquierda como desde la derecha, desplazando el eje desde la rehabilitación hacia la inhabilitación permanente de quien es etiquetado como delincuente.

En Estados Unidos, el populismo punitivo opera “con esteroides”, y la pregunta que surge es quién y cuándo podrá contener a Trump. En Perú, especialistas advierten que, si esta lógica se consolida, el país seguirá contando muertos, mientras el homicidio, el sicariato y la extorsión crecen de manera alarmante. En Chile —uno de los países con mayor percepción de inseguridad en el mundo, pese a niveles comparativamente más bajos de victimización— el miedo desbordado revela una disociación en parte alimentada por el discurso punitivo. En Argentina, el temor se traduce en la creación constante de nuevas figuras penales que, implementadas mediante políticas ineficaces, terminan generando más violencias y delitos. En Colombia, la inflación penal ha contribuido a una crisis humanitaria en el sistema penitenciario, con prisiones que superan el 200% de hacinamiento, sostenida por lo que allí denominan un “sentido común punitivo”.

La región se aleja así del Estado constitucional de derechos no por un golpe abrupto, sino por una deriva paulatina: el miedo como motor, la expansión penal como respuesta automática y la erosión de derechos como costo asumido. El problema no es solo jurídico; es político, cultural y democrático. Y, mientras no rompamos el círculo, la trampa seguirá funcionando.

Seamos más claros respecto a la potencia del daño a través de la rentabilidad política y electoral del temor. Trump lo enseña muy bien, etiquetando enemigos e inflando poderes de persecución, catálogo de delitos y aplicación de castigos -incluyendo ejecuciones-, mientras Estados Unidos acaba de registrar en 2025 la tasa más baja de homicidios en los últimos 125 años: 4 por cada 100 mil habitantes, según nos explicaron grabando el caso Argentina.

Lo dicho, el temor al delito y las violencias viene aniquilando el Estado constitucional de derechos.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia
Tú puedes ayudarnos a seguir.
Sé parte del equipo
Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.
Iniciar sesión

Registrate
Suscribete para comentar...
Imagen BBC
Análisis: con los ataques de Irán, los países del Golfo han pagado el precio de su alianza con EU
7 minutos de lectura

Los ataques de Irán a los Estados árabes del Golfo sugieren que la República Islámica no sólo tiene como objetivo al ejército estadounidense sino también la infraestructura civil.

02 de marzo, 2026
Por: BBC News Mundo
0

En el cielo azul y despejado de Abu Dhabi, en Emiratos Árabes Unidos (EAU), se ven estelas blancas sobre las villas color arena y los jardines bien regados.

No se trata de Dreamliners ni Airbus transportando el siguiente contingente de turistas y trabajadores temporales. Son misiles balísticos lanzados por el gigante vecino de los Emiratos al otro lado del Golfo: Irán.

El domingo por la tarde, el Ministerio de Defensa de EAU afirmó que hasta ese momento había “lidiado” con 165 misiles balísticos, dos misiles de crucero y 541 drones iraníes.

En Baréin, un amigo me alertó el domingo por la mañana de que el aeropuerto estaba siendo atacado.

“Me despertaron fuertes explosiones y sirenas”, escribió. “Creo que unas 20 explosiones. Al menos dos impactos”.

Estas escenas no son habituales en esta región, pero desde que comenzó el conflicto el sábado por la mañana, Irán parece haber ampliado sus objetivos, pasando de solo objetivos militares, como el cuartel general de la Quinta Flota de la Armada estadounidense en Baréin, a aeropuertos y otras instalaciones civiles.

Ahora, hoteles de lujo, centros comerciales, rascacielos y terminales de salidas en aeropuertos de última generación son objeto de ataques esporádicos mientras aparecen brechas en las defensas aéreas de los Estados árabes en el Golfo.

Estos lugares nunca se construyeron con la perspectiva de que algún día fueran atacados por drones y misiles balísticos.

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Aragchi, negó haber atacado a los vecinos de su país. “No estamos atacando a nuestros vecinos en los países del Golfo Pérsico, sino a la presencia de Estados Unidos en estos países. Los vecinos deberían dirigir sus quejas a quienes toman las decisiones en esta guerra”, le dijo a la cadena Al Jazeera.

Parte de los daños a la infraestructura civil en los países del Golfo es accidental, resultado de la caída de escombros de misiles interceptados.

Pero no todos.

El número de ataques a aeropuertos en Baréin y Emiratos Árabes Unidos apunta a algo más que una coincidencia.

Columnas de humo negro elevándose sobre un área cercana a la sede de la Quinta Flota de la Armada estadounidense en Baréin
Reuters
Columnas de humo negro elevándose sobre un área cercana a la sede de la Quinta Flota de la Armada estadounidense en Baréin

Irán siempre dejó en claro de antemano que, si era atacado, tomaría represalias contra cualquier país que considerara cómplice del ataque.

Los países del Golfo se esforzaron para demostrar a Irán que, a su juicio, no eran parte de este ataque estadounidense-israelí.

Sin embargo, en esencia, están siendo castigados por ser socios militares de Washington desde hace mucho tiempo.

Antes de la Revolución Islámica, en la época del sha, Irán era conocido como “el policía del Golfo”.

Desde la revolución, siempre intentó convencer a sus vecinos que debería retomar ese papel, “haciéndose cargo de la seguridad” de lo que llama Khaleej-e-Fars, el Golfo Pérsico (los árabes lo llaman Golfo Arábigo).

Los líderes iraníes han intentado, sin éxito, persuadir a los Estados árabes del Golfo para que expulsen a la Armada estadounidense y los acepten como sus guardianes.

Pero para los gobernantes de los Estados del Golfo —monarquías conservadoras y dinásticas para quienes el fervor revolucionario de la República Islámica es un anatema— aquí se ha cruzado una línea.

Es difícil imaginar cómo podrán volver a tener relaciones que se acerquen a la normalidad con el actual liderazgo iraní, es decir, si este sobrevive a esta guerra.

Arabia Saudita y Omán, dos países que desde hace tiempo han acogido a fuerzas militares estadounidenses y occidentales, salieron mucho más airosos que los otros cuatro Estados del Golfo Pérsico.

Omán, que mantiene buenas relaciones con la República Islámica y mediaba en las conversaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán, sufrió un ataque con drones en su puerto comercial de Duqm, en la costa del mar Arábigo.

La capital saudita, Riad, parece haber sido atacada el sábado, lo que provocó un enérgico comunicado de su gobierno.

“El Reino de Arabia Saudita expresa su rechazo y condena en los términos más enérgicos a los flagrantes y cobardes ataques iraníes contra la región de Riad y la Provincia Oriental, que fueron interceptados con éxito. Estos ataques no pueden justificarse bajo ningún pretexto”, afirma el comunicado.

Esta no es la primera vez que Irán ataca a sus vecinos árabes del Golfo, ya sea directa o indirectamente, pero nunca a esta escala.

En 2019, una milicia iraquí respaldada por Irán lanzó una lluvia de drones contra las instalaciones petroquímicas de Saudi Aramco en Abqaiq y Khurais, bloqueando temporalmente la mitad de su capacidad de exportación diaria.

En junio pasado, Irán disparó misiles balísticos contra la base aérea de al-Udaid en Qatar, pero esto se interpretó como una respuesta performativa al ataque aéreo estadounidense “Operación Martillo de Medianoche”, que destruyó las instalaciones nucleares iraníes en Isfahán, Natanz y Fordo, y Teherán avisó discretamente con antelación.

Baréin, que tiene una numerosa y a veces inquieta población chiita, lleva tiempo acusando a Irán de financiar, entrenar y armar a insurgentes en su país.

Sin embargo, todo esto palidece en comparación con la situación que viven actualmente los países árabes del Golfo.

¿Cómo acabará esto?

Para el presidente Trump, para Israel, para muchos gobiernos de Medio Oriente y, por supuesto, para muchos iraníes, el mejor resultado ahora sería un rápido fin del régimen de la República Islámica, seguido de una transición fluida hacia la democracia y un mundo donde Irán pueda disfrutar de relaciones normales con el resto del mundo.

Sin embargo, no es nada seguro que esto ocurra.

Estados Unidos e Israel están librando una carrera para tratar de destruir la capacidad de Irán de seguir lanzando estos misiles y drones antes de que pueda dispararlos.

Para los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), el dilema es si intensificar un ataque contra un objetivo importante, como un buque de guerra estadounidense, con la esperanza de superar sus defensas, o retener gran parte de su arsenal oculto con la esperanza de superar la paciencia del presidente Trump.

Irán también sabe que, si bien cuenta con un número finito de misiles y drones, sus adversarios también están limitados por el número de defensas aéreas que les quedan.

Si estos se agotan antes de que Irán se quede sin misiles, drones o lanzadores, la vida para quienes están en el terreno en el Golfo podría volverse aún más alarmante.

Filas en el aeropuerto de Delhi en medio de cancelaciones y retrasos.
Reuters
Los vuelos que tenían que sobrevolar la zona afectada fueron desviados, lo que ha provocado retrasos.

El equilibrio de poder favorece claramente a Estados Unidos e Israel.

Se trata de dos de los ejércitos más poderosos y tecnológicamente avanzados del mundo.

Hay dos grupos de ataque de portaaviones estadounidenses en la región con más de 200 aviones de combate, mientras que Irán, sometido a amplias sanciones durante años, carece de fuerza aérea.

Tanto Israel como Estados Unidos gozan de una superioridad aérea absoluta.

Pero Teherán aún tiene algunas ventajas.

El régimen, aunque debilitado e impopular entre gran parte de su población, solo tiene que sobrevivir para proclamarse vencedor a largo plazo de este conflicto.

La República Islámica, con su culto al martirio, puede soportar mucho más sufrimiento que Estados Unidos, y cuanto más se prolongue este conflicto, más ansioso estará el presidente Trump por encontrar una salida.

¿Volverán Estados Unidos e Irán a las conversaciones?

Si el régimen iraní colapsa, no será necesario.

Pero si el régimen sobrevive, y eso bien podría suceder, las tres exigencias de Washington a Teherán volverán a cobrar protagonismo: la limitación del sospechoso programa nuclear iraní, incluyendo la reanudación de las inspecciones; el fin del programa de misiles balísticos iraní; y el fin del apoyo iraní a las milicias subsidiarias en la región, como Hezbolá, Hamás y los hutíes.

Omán afirma que se lograron avances reales en las conversaciones celebradas en Ginebra el mes pasado sobre el expediente nuclear.

Sin embargo, Irán descartó discutir los otros dos temas, lo que llevó a Donald Trump a declarar su “descontento con el desarrollo de las conversaciones”.

Es posible que los contactos extraoficiales conduzcan a un alto el fuego, seguido de la reanudación de las conversaciones.

Pero si las posiciones negociadoras de ambas partes no cambian, es probable que se reanuden las acciones militares.

Por lo tanto, este conflicto aún no ha llegado a su fin.

line
BBC

Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.

Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.

También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro nuevo canal de WhatsApp, donde encontrarás noticias de última hora y nuestro mejor contenido.

Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.

Iniciar sesión

Registrate
Suscribete para comentar...