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América Latina frente a la ruptura del orden internacional
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Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a la fotografía y... Continuar Leyendo
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América Latina frente a la ruptura del orden internacional

En un mundo que dejó de operar bajo reglas previsibles, América Latina se encuentra ante la necesidad de responder una pregunta obligada: ¿cómo posicionarse cuando el multilateralismo clásico se debilita, las grandes potencias compiten sin restricciones y la neutralidad deja de ser una opción posible?
03 de febrero, 2026
Por: Claudia Calvin

El Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, organizado por CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe la última semana de enero en Panamá, ocurrió en el momento más oportuno. Fue el primer espacio regional de esta magnitud después de la sacudida geopolítica con la que arrancó el año: la intervención en Venezuela, la redefinición unilateral del papel de Estados Unidos en el sistema multilateral, el reacomodo internacional evidenciado en Davos y el regreso explícito de una lógica de poder duro sin pretensiones normativas.

Aunque el foro se presentó como económico, fue profundamente político. No por lo que se dijo de manera explícita, sino por lo que quedó claro en los márgenes, en las ausencias y en las tensiones que atraviesan hoy a la región. En un mundo que dejó de operar bajo reglas previsibles, América Latina se encuentra ante la necesidad de responder una pregunta obligada: ¿cómo posicionarse cuando el multilateralismo clásico se debilita, las grandes potencias compiten sin restricciones y la neutralidad deja de ser una opción posible?

El foro se celebró cuando ya es evidente que el orden internacional no está en transición, sino en franca ruptura y realineamiento. La idea de un sistema basado en reglas compartidas, árbitros multilaterales y mecanismos de contención ha dejado de funcionar como referente operativo. La economía, la seguridad y la tecnología han entrado al debate político.

En este contexto, América Latina aparece atrapada entre narrativas que no terminan de responder a la nueva realidad. Por un lado, persiste el discurso de la unidad latinoamericana como solución automática y nostálgica. Por otro, está la tentación de replegarse, negociar caso por caso o apostar a la irrelevancia estratégica. El foro dejó claro que ninguna de estas rutas es una buena alternativa en este momento.

No existe una América Latina homogénea ni un proyecto común automático. De hecho, nunca lo ha habido. Pretender replicar modelos de integración como el europeo ignora las profundas asimetrías políticas, económicas e institucionales de la región. Por otro lado, la fragmentación tampoco es una estrategia. La región necesita identificar nuevos puntos de convergencia funcionales, no ideológicos.

Asistieron al foro varios presidentes y expresidentes de la región y también de Europa. Las intervenciones presidenciales pusieron en evidencia contrastes relevantes. Luiz Inácio Lula da Silva volvió a posicionarse como uno de los pocos líderes regionales capaces de articular desarrollo, democracia y cohesión social en un mismo marco. Lo logró no solo por su peso político, sino por integrar temas que suelen relegarse a agendas simbólicas, como la violencia contra las mujeres, en el centro del debate sobre gobernanza y desarrollo.

Otros liderazgos insistieron en discursos conocidos, anclados en la denuncia externa o en el antagonismo retórico, sin traducirlos en propuestas estratégicas claras. En contraste, algunas voces emergentes -como la del presidente de Bolivia, Rodrigo Paz- ofrecieron una narrativa menos victimista y más pragmática, centrada en inserción internacional, estabilidad, replanteamiento de problemas tradicionales, búsqueda de nuevas soluciones  y toma de decisiones difíciles.

El foro mostró así una región menos alineada discursivamente, pero quizá más consciente de que el margen de maniobra se ha reducido y que las decisiones -o la falta de ellas- tendrán costos reales.

Uno de los ejes recurrentes fue el desarrollo sustentable y el papel de los recursos naturales. El riesgo es evidente: que América Latina vuelva a ocupar el lugar de siempre, el de proveedora de materias primas en un mundo que compite por energía, minerales críticos y tierras raras.

En el contexto de la competencia entre Estados Unidos y China por la inteligencia artificial y las tecnologías del siglo XXI, este rol no es neutro. Es profundamente geopolítico. Exportar recursos sin construir capacidades tecnológicas, industriales y regulatorias propias equivale a ceder soberanía estratégica a largo plazo.

El foro planteó la pregunta, pero no siempre encontró respuestas claras: ¿cómo insertarse en las cadenas de valor del nuevo capitalismo tecnológico sin reproducir esquemas de dependencia?

Hay que hablar de las ausencias en el foro. Si hubo una ausencia que se sintió con fuerza fue la de México. Ausente en Davos. Ausente en el foro Latinaomericano y del Caribe de CAF. Una ausencia particularmente grave en un momento en el que México debería ser un actor central en las conversaciones sobre comercio, nearshoring, cadenas de suministro, energía, tecnología y seguridad regional.

Más allá de la presencia física, lo que también preocupa es la ausencia de una narrativa estratégica. México aparece replegado, mal representado y desconectado de los espacios donde se está discutiendo el rediseño del orden internacional. En un entorno donde el silencio también comunica, la ausencia mexicana envía un mensaje autoimpuesto de irrelevancia total.

Por otro lado, aunque no estuvo en la agenda formal, el crimen organizado fue un tema constante en las conversaciones. Mientras los Estados dudan, negocian o se paralizan, las organizaciones criminales operan con una lógica clara: transnacional, flexible, desideologizada, profundamente económica, activa y eficiente.

Hoy, el único actor que verdaderamente construye mercados integrados en la región es el crimen organizado. Ignorar este hecho equivale a diseñar políticas de desarrollo y gobernanza sobre una ficción. Ninguna estrategia regional es viable sin enfrentar este poder paralelo. Hubo un consenso tácito en las diversas mesas, participaciones y conversaciones en reconocer su presencia, impacto y la necesidad de enfrentarlo.

Dos temas estratégicos quedaron fuera de la agenda formal. El primero es el envejecimiento acelerado de la región, con profundas implicaciones fiscales, laborales y políticas. América Latina envejece más rápido que cualquier otra región del mundo y sigue discutiendo el desarrollo como si su pirámide demográfica no estuviera cambiando de forma dramática.

El segundo es la violencia contra las mujeres. América Latina es la región más violenta del mundo para ser mujer. Tratar los feminicidios y la violencia de género como agendas paralelas y no como parte central de la gobernanza democrática y el desarrollo, es una omisión grave. Que solo un jefe de Estado, Lula, lo haya puesto sobre la mesa revela una ceguera estructural.

Uno de los espacios más relevantes del foro fue una reunión privada de think tanks. En un contexto donde líderes autoritarios buscan deslegitimar o desaparecer el pensamiento crítico, estos espacios se vuelven en componentes centrales y necesarios de la salvaguarda democrática. No solo producen análisis, sostienen conversación, memoria institucional y capacidad de anticipación.

Quedan, sin embargo, preguntas abiertas. Estados Unidos avanza hacia una versión explícita de una Doctrina Monroe 2.0. La gran pregunta es qué hará América Latina frente a ello. ¿Qué quiere? ¿Qué puede? ¿Qué está dispuesta a negociar, defender o transformar?

El foro no ofreció respuestas definitivas, pero dejó claro algo esencial: la región necesita, por primera vez en mucho tiempo, una conversación política de fondo. No para construir una unidad ficticia, sino para identificar intereses comunes mínimos en un mundo que ya no ofrece garantías.

En ese debate, la ausencia de México no es solo lamentable. Es estratégica y, en el contexto actual, las ausencias se pagan caro.

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Imagen BBC
Al menos 28 muertos en Gaza en la mayor ola de ataques israelíes desde el inicio de la segunda fase de alto al fuego con Hamás
4 minutos de lectura

El ejército israelí confirmó los ataques, que se producen durante un alto el fuego que Israel y Hamás se acusan mutuamente de haber roto. La agresión alcanzó apartamentos residenciales, tiendas de campaña, refugios y una comisaría de policía.

31 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Al menos 28 personas han muerto en una oleada de ataques aéreos israelíes en la Franja de Gaza el sábado, según las autoridades locales.

La agencia de defensa civil, gestionada por Hamás, afirma que entre los fallecidos hay niños y mujeres. Añadió que, en uno de los ataques, helicópteros artillados alcanzaron una tienda de campaña que albergaba a personas desplazadas en la ciudad meridional de Jan Yunis.

Los palestinos han calificado estos ataques como los más intensos desde que entró en vigor a principios de este mes la segunda fase del alto el fuego, negociado por el presidente estadounidense Donald Trump en octubre.

El ejército israelí confirmó que se llevaron a cabo varios ataques en respuesta a lo que, según afirmó, fue una violación del acuerdo por parte de Hamás el viernes.

Tanto Israel como Hamás se han acusado mutuamente de violar la tregua desde que entró en vigor el año pasado.

En un comunicado, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) afirmaron que “se identificó a ocho terroristas saliendo de la infraestructura terrorista subterránea en el este de Rafah”, una zona de Gaza donde las fuerzas israelíes están desplegadas en virtud del acuerdo de octubre.

Las FDI afirmaron que, junto con la Agencia de Seguridad de Israel (ISA, por sus siglas en inglés), habían atacado objetivos en varios lugares, entre ellos “cuatro comandantes y otros terroristas”, así como un almacén de armas, una fábrica de armas y “dos bases de lanzamiento pertenecientes a Hamás en el centro de la Franja de Gaza”.

Un hombre llora y abraza dos mortajas.
EPA
El padre de las tres chicas de la familia Al Atbash llora desconsolado su muerte.

Hamás ha condenado los ataques y ha instado a Estados Unidos a tomar medidas inmediatas, añadiendo que “estas continuas violaciones” confirman que el Gobierno israelí “continúa su brutal guerra de genocidio contra la Franja”.

Afirmó que siete de las víctimas pertenecían a una familia desplazada de Jan Yunis, y un portavoz de la defensa civil añadió que los ataques alcanzaron apartamentos residenciales, tiendas de campaña, refugios y una comisaría de policía.

Funcionarios del hospital Shifa de la ciudad de Gaza dijeron que un ataque aéreo sobre la ciudad alcanzó un edificio de apartamentos, matando a tres niños y dos mujeres.

“Encontramos a mis tres sobrinas pequeñas en la calle. Dicen ‘alto el fuego’ y todo eso. ¿Qué hicieron esos niños? ¿Qué hicimos nosotros?”, dijo Samer Al Atbash, tío de las tres niñas fallecidas, según la agencia de noticias Reuters.

Las imágenes de video y fotografías tomadas a lo largo de Gaza muestran varios cadáveres siendo sacados de entre los escombros y numerosos edificios destruidos.

Los ataques se producen cuando el paso fronterizo de Rafah, en la frontera de Gaza con Egipto, está previsto que reabra el domingo, después de que las Fuerzas de Defensa de Israel recuperaran el cadáver del último rehén israelí a principios de esta semana.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Egipto condenó los ataques en un comunicado al que ha tenido acceso la agencia de noticias AFP, e instó a todas las partes a “actuar con la máxima moderación”.

La guerra entre Israel y Hamás comenzó tras el ataque liderado por Hamás contra el sur de Israel el 7 de octubre de 2023, en el que murieron unas 1.200 personas y 251 fueron tomadas como rehenes.

Israel respondió lanzando una campaña militar en Gaza, durante la cual han muerto más de 71.660 personas, según el Ministerio de Sanidad de la Franja.

El ministerio afirma que al menos 509 palestinos han muerto desde que comenzó el alto al fuego el 10 de octubre de 2025. También han muerto cuatro soldados israelíes.

Aunque Israel ha cuestionado anteriormente las cifras del Ministerio de Sanidad de Hamás, los medios de comunicación locales informaron de que una fuente de alto rango de seguridad afirmó que el ejército acepta que más de 70.000 palestinos han muerto durante la guerra en Gaza.

Las cifras del Ministerio de Sanidad son consideradas fiables por la ONU y otros grupos de derechos humanos, y han sido ampliamente citadas por los medios de comunicación internacionales.

Israel no permite que las organizaciones de noticias, incluida la BBC, entren en Gaza para informar de forma independiente.

Línea gris.
BBC

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