
Cada 13 de febrero se celebra el Día Internacional de la Radio, una fecha ideal para hablar de un proyecto que recupera el espíritu original de esta: descubrir música sin prisas.
Se trata de Radiooooo, una aplicación pensada para el disfrute lento y contemplativo, inspirada en la experiencia misma de la radio.
Radiooooo, con cinco “o” una por cada continente, es una plataforma que recopila música de distintas épocas y países alrededor del mundo. En pocas palabras, funciona como una máquina del tiempo musical.
El proyecto nació en 2013 con la intención de construir una biblioteca universal, pero distinta a lo que ofrecen Spotify, Apple Music o YouTube.
“Todo empezó en 2013, la idea era hacer una especie de biblioteca universal, pero única. Algo que no necesariamente encuentras en Spotify, Apple o YouTube. Se basa en el principio de que esta radio sea como cuando le mandas a tu mejor amigo una canción que amas y le dices: ‘Esto no lo conoces, tienes que descubrirlo’”.
De acuerdo con Matthieu Gazier, SEO del proyecto, uno de los objetivos principales es compartir y contemplar la música:
“Algo que quieres compartir con tus amigos, con tu hermana menor, con alguien que es DJ: ‘Escucha esta, escucha esta otra…’”.
En la semana del Arte de la CDMX, el proyecto se materializó con la llegada de Le Jukebox, una rocola retro que contiene a la app en sí.
El mecanismo es simple:
Solo debes registrarte en App.radiooooo.com, seleccionar un país, y la década de la que quieres escuchar la música.
Puedes explorar desde los años 1900 hasta 2070. Para esta última década, el equipo creó una colección especial: 30 canciones que imaginan cómo podría sonar la música del futuro. La idea surgió como una respuesta creativa al auge de la Inteligencia Artificial, reuniendo visiones de artistas de distintas partes del mundo.
Después de elegir región y época, hay un paso adicional: seleccionar entre tres categorías:
Todas las canciones que llegan a la aplicación lo hacen mediante un proceso colaborativo, aunque con filtro editorial:
“Es un proceso colaborativo que también tiene un filtro, ¿no? Nosotros somos el filtro. Somos un equipo de cinco personas. Recibimos entre 200 y 300 canciones cada día, escuchamos todo y nos quedamos solo con lo mejor”, explica Gazier.
Si la canción es seleccionada, aparece tu nombre como la persona que la compartió primero.
Aunque actualmente la rocola física del proyecto es un objeto de colección y solo se fabricarán ocho en el mundo, la experiencia puede disfrutarse tanto en la aplicación como en el sitio web.

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Radiooooo propone descubrir sin buscar.
“Es música que nunca imaginaste. Son tesoros musicales. Lo genial es que, cuando tienes una barra de búsqueda, ya sabes lo que buscas. Aquí no. Descubres música a través de culturas. Si no sabes nada de Etiopía, puedes descubrir que tiene una enorme escena musical desde los años 60, cosas increíbles. Es un enfoque cultural de la música.”
La comunidad es parte fundamental del proyecto:
“La gente se reúne en la app, puede seguirse, descubrir las canciones favoritas de otros. Tenemos colaboradores que amamos: una chica llamada Inva en Polonia, un chico llamado Kobe en Singapur que nos mandan joyas cada semana. Eso es comunidad.”
“La gente se reúne en la app, puede seguirse, descubrir las canciones favoritas de otros. Tenemos colaboradores que amamos: una chica llamada Inva en Polonia, un chico llamado Kobe en Singapur que nos mandan joyas cada semana. Eso es comunidad.”
Radioooo ya ha tendio un gran recibimiento: “Si nos gusta, la categorizamos, verificamos la información y la subimos. Y aparece tu nombre como la persona que la compartió primero”
En una época donde la inmediatez domina, la conversación también giró en torno a cómo ha cambiado la forma en que escuchamos música.
“Estamos todo el tiempo en el teléfono. Pero cuando realmente te gusta la música, como el arte, necesitas tiempo para escuchar bien. Para disfrutar la propuesta musical.”
“Es muy raro ahora poner un álbum completo y dejar que crezca. Pero así se hacía la música. Muchos grandes discos de los 50 y 60 nacieron en el formato álbum, el LP. Un álbum siempre es una propuesta artística. Necesitas sentarte y relajarte. Si intentas escuchar Dark Side of the Moon en el metro en 10 minutos, no funciona.”
Para Gazier, existe una fatiga digital evidente. De ahí el regreso de los tocadiscos, las bocinas en lugar de audífonos y la escucha compartida. Frente a las burbujas individuales, la música vuelve a ser un punto de encuentro.
“La música, el arte y el diseño: es hermoso hacer cosas con pasión y crear cosas bellas. Suena ingenuo, pero en un mundo donde todo se hace rápido, tomarse el tiempo para crear buenos discos, buenos objetos, deja legado. Como productor musical, sé que cuando algo se hace con corazón, 30 años después sigue siendo valioso: la portada, el sonido, la producción. Es un testimonio para las futuras generaciones.”

Como madre, Ellie Leonard sintió que no había misión más importante que encontrar justicia para las víctimas de Jeffrey Epstein.
Mientras los archivos del caso Epstein acaparan titulares en todo el mundo, no son solo los principales medios de comunicación los que examinan los millones de documentos: también han despertado un amplio interés del público en línea.
Entre los periodistas ciudadanos independientes que se han unido al esfuerzo de examinar los archivos está la escritora estadounidense Ellie Leonard, quien trabaja con otros para revisar el último lote de documentos publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
“Tengo que hacerme a la idea de que no puedo revisar las 3,5 millones de páginas”, dijo Leonard a la BBC.
Leonard asegura que al principio no sabía nada sobre Jeffrey Epstein, pero comenzó por investigar sus vínculos con Donald Trump, inspirada por su interés en la justicia social y su oposición a las políticas económicas y de inmigración del presidente.
La última entrega de material publicada el 30 de enero incluye tres millones de páginas, 180.000 imágenes, 2.000 videos y varios nombres conocidos como Richard Branson, Bill Gates y Elon Musk.
Nada indica que aparecer en los documentos implique algún delito. Muchas personas que han aparecido en publicaciones anteriores han negado cualquier ilícito en relación con Epstein.
Leonard dice que renunció a su trabajo en la escuela de su hijo a finales de diciembre de 2025 para dedicarse a la tarea de examinar los documentos, pero con las entregas de archivos más grandes pronto se dio cuenta de que necesitaría ayuda.
La última publicación llegó semanas después de la fecha límite establecida por la Ley de Transparencia de Archivos de Epstein, que el presidente estadounidense Donald Trump firmó en noviembre. Esta exigía la publicación completa de todos los documentos relacionados con Epstein.
Leonard invitó a personas de todo el mundo a ayudarle a examinar los archivos y, como ella dice, “la gente respondió a mi llamado”.
Estima que más de 1.000 periodistas ciudadanos de países que van desde Corea del Sur hasta Noruega se han unido a su proyecto en la plataforma en línea Substack. Tienen intereses y especializaciones tan diversas como el psicoanálisis, las métricas de datos y el derecho.
Leonard tiene experiencia en simplificar documentos políticos complejos para ayudar a los votantes a estar más informados, y sintió que podía ayudar de manera similar con los archivos de Epstein.
Sin embargo, su motivación radica principalmente en obtener justicia para las víctimas cuyos relatos a menudo no han recibido credibilidad.
“Cuando las mujeres se presentan o las sobrevivientes se presentan y cuentan su historia, voy a creerles. Voy a darles el beneficio de la duda”, dice.
“Luego voy a comenzar a buscar las cosas que dicen e ir a encontrar estas cosas. Creo que es realmente importante validar sus historias de esa manera”.
Una clave es que el enfoque del grupo difiere del de muchas organizaciones de medios más grandes.
En lugar de comenzar por el principio de cada nuevo lote de documentos publicados, donde generalmente se encuentran los clips, capturas de pantalla y citas más ampliamente difundidos y comentados, ella aconseja a su grupo comenzar en otro lugar.
“Cuando sale un nuevo lote de archivos, hay muchos momentos destacados de los que la gente hablará una y otra vez… y tienden a venir del principio de los archivos”, explica.
“Así que siempre recomiendo que las personas se distribuyan y comiencen en el medio, comiencen cerca del final, trabajen hacia atrás, porque todo está desordenado”.
Al dividir los documentos de esta manera, dice que el grupo puede comparar notas más fácilmente, identificar vacíos y evitar duplicar el trabajo de los demás.
“Todos buscan con su propia habilidad en su propia sección de los archivos, y todos aunamos nuestras mentes”, dice.
Leonard argumenta que la conversación pública a menudo gravita hacia las figuras más reconocibles mencionadas en los documentos, las “grandes personalidades” que dominan los titulares cuando se publica nuevo material.
Pero ella dice que ese enfoque puede oscurecer otras partes de los archivos que son igualmente significativas.
“Creo que hay cosas más pequeñas que contienen más detalles en este caso”, dice Leonard.
Los intercambios de correos electrónicos, las comunicaciones internas y los pequeños fragmentos de evidencia, dice, “actúan como recibos para las historias de los sobrevivientes”.
Señala el ejemplo de una mujer que dio el nombre de Epstein a las autoridades en una etapa temprana del caso.
“Maria Farmer habló con el FBI en 1996. Bueno, ahora podemos ver realmente su informe del FBI. Y prueba que lo que ella decía era verdad, corrobora lo que ha dicho durante décadas”.
Farmer, una artista que trabajó para Epstein, había dicho al FBI que Epstein había robado fotos personales que ella tomó de sus hermanas de 12 y 16 años.
Denunció que creía que Epstein vendió las fotos a posibles compradores, y dijo que la amenazó con quemar su casa si le contaba a alguien lo sucedido.
Farmer también afirmó que Epstein le había pedido que tomara fotos para él de niñas en piscinas.
Tras la publicación de los archivos, Farmer dijo que se sentía “reivindicada” después de casi 30 años.
Leonard dice que es el efecto acumulativo de los indicios lo que encuentra más sorprendente, la forma en que llenan los vacíos y confirman las líneas de tiempo.
“Puedo ver qué pensaba la gente, con quién hablaban, quiénes eran sus amigos, dónde bajaron la guardia, y luego qué información nos daban en esas conversaciones”.
“Realmente creo que la sustancia de este caso vendrá de esas conversaciones, porque nunca pensaron que serían públicas”.
Leonard dice que aborda los documentos sin la experiencia y el enfoque de un reportero de noticias tradicional, pero con las habilidades analíticas que moldeó durante sus estudios unviersitarios de Historia Clásica.
“El periodismo tradicional se trata de tener estándares, tener guardianes”, dice.
“Creo que yo realmente me enfoco en las citas y la búsqueda de hechos”.
Aún así, aún consulta a periodistas capacitados que conoce y comparte borradores antes de publicar.
“Recibo mucho ánimo de ellos. Y creo que eso me permite avanzar y saber que he contado la historia con el mejor de mis conocimientos”.
Como madre, Leonard dice que para ella este trabajo es una cuestión de “responsabilidad”.
“Soy madre, y haré lo que sea necesario para hacer del mundo un lugar mejor para mis hijos y un lugar más seguro”.
Espera que su trabajo de investigación llegue a una conclusión.
“Necesita tener un final para estas sobrevivientes, y necesitan encontrar justicia”, dice.
“Creo que el objetivo, la razón por la que todos trabajamos tan duro, es encontrarla”.
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