
Nacido en Florencia, Italia, pero establecido en México, Pedro fue y es considerado uno de los artistas más importantes de la escena mexicana. Y como todo artista tiene obras Pedro también humo obras que lo consolidaron, entre ellas la silla-mano. Te contamos más sobre este y otros de los icónicos trabajos del artista, arquitecto y diseñador.
La obra de Pedro que comenzó en 1959 tuvo tan buena recepción que fue incluida en la Exposición Retrospectiva de la Pintura Mexicana organizada por el Museo de la Ciudad Universitaria.
“Estamos HARTOS de elitismo, de que el arte sea sólo para unos pocos privilegiados. Queremos que el arte sea devuelto al público, a las calles”, decía parte del manifiesto del hartismo.
Entre los datos curiosos, Friedeberg formó parte del movimiento artístico conocido como los “Los Hartos”, un grupo que rechazaba el arte demasiado serio o político de su época y defendía la imaginación, el absurdo y la libertad creativa, de ahí que su trabajo siempre estuvo cargado de simbolismo y surrealismo.
Aunque este movimiento nació en Galicia, tuvo gran acogida en México donde en noviembre de 1961 la Galería Antonio Souza que en ese momento era uno de los espacios importantes de exhibición artística llegó con la exposición colectiva llamada así: “Los Hartos”
“Estábamos hartos del arte practicado en aquel tiempo, que ya era bastante pobre, pero tanto como el de hoy […] Ya no estamos hartos del arte porque ya lo hay. Estamos hartos del no arte, de la pobreza del concepto, de la falta de cultura” dijo en algún momento Pedro.
La famosa Hand Chair tiene una historia curiosa ya que su creación es casi que accidental. En los años 60, Friedeberg dibujaba constantemente manos dentro de sus diseños decorativos. Un día imaginó que una mano podía convertirse en un objeto funcional: una silla.
Así surgió la idea de transformar una mano humana abierta en silla. Aquí la palma funciona como asiento, los dedos son el respaldo y el pulgar el soporte lateral.
En 1962 diseñó la primera versión y posteriormente fue producida por la galería de Mathias Goeritz, quien reconoció inmediatamente el potencial de la pieza y no se equivocó, pues se convirtió en una referencia del arte y el diseño por ser visualmente memorable, representar la obra de Friedeberg y también que se convirtió en símbolo del arte mexicano pop-surrealista.
Con el tiempo se volvió una pieza de colección y aparece en museos, galerías y casas de diseño en todo el mundo o hasta en la calle, para la prueba date una vuelta por Veracruz número 40, en la colonia Condesa.
Aunque la Mano-Silla es su obra más famosa, el trabajo de Friedeberg es mucho más amplio. Su producción incluye pintura, escultura, diseño y grabado, y está llena de patrones geométricos, arquitecturas imaginarias y símbolos.
Gran parte de sus pinturas muestran palacios, escaleras infinitas, templos y ciudades imaginarias llenas de detalles minúsculos. Estas obras recuerdan un poco al trabajo de cc, pero con un toque barroco y ornamental. La obra de Pedro tenía características como:

Un aspecto interesante de su trayectoria es que su obra también dialogó con la cultura popular a través de colaboraciones con marcas y proyectos más contemporáneos.
Un ejemplo es su colaboración con la marca mexicana Corona, donde su estética visual fue incorporada con la identidad de la marca. De esta colaboración salió el recordado mural que vemos en Lago Alberto 135, el lugar donde nació la primera cerveza.
Asimismo, su obra ha tenido encuentros con la música y la cultura alternativa. Una de las colaboraciones más comentadas fue con la banda mexicana Zoé, donde su imaginario artístico se vinculó con el universo visual del grupo.
Este tipo de colaboraciones son solo una referencia para entender como el trabajo de Pedro permeó en generaciones más allá de la suya y no se limitó únicamente a galerías o museos.
La capacidad del artista para para combinar lo surrealista, lo decorativo y lo irónico le permitió mantener una presencia constante en diferentes ámbitos del arte, el diseño y la cultura popular, que aunque hoy tras el anuncio de su partida, seguramente seguirá latente en la cultura mexicana.
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BBC Mundo conversó con dos latinoamericanos que viven en Medio Oriente. Tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre del sábado, cuando empezaron a caer los misiles.
Una ruidosa alarma en su teléfono celular sobresaltó a la periodista venezolana Ibis León Malave en la tarde del sábado, mientras estaba descansando en su casa en una zona residencial en el centro de Qatar.
“De inmediato es angustiante porque suena como un alarma de incendios”, le contó Ibis a BBC Mundo. “Llega a todos los celulares con indicaciones e información oficial de las autoridades”.
La alarma se lanzó en repuesta al operativo militar conjunto que Estados Unidos e Israel lanzaron este fin de semana contra Irán, en el que murió el líder supremo del país, Alí Jamenei.
Los países del Golfo Pérsico activan sus alarmas para prevenir muertes civiles en sus territorios, ya que su cercanía diplomática con EE.UU. los ha convertido en objetivos de los ataques del ejército de Irán.
Ese mismo sistema se activó también el sábado, a casi 600 km de distancia, en Emiratos Árabes Unidos. Pero cuando el guatemalteco José Basilea la recibió, ya sabía lo que estaba pasando.
“Me di cuenta cuando los misiles entran al cielo emiratí y el ejército lo intercepta”, le dijo a BBC Mundo desde Abu Dhabi, donde vive hace poco más de 5 años. “Ese golpe, ese sonido es lo que se escucha como una explosión”.
“Entonces el sábado, eso es lo que se empezó a escuchar (…) y a través de videos me di cuenta de que, en efecto, hubo una explosión y que sí que hubo unos escombros que sí cayeron cerca de donde yo vivo, en la isla de Yaz”.
Ibis y José le contaron a BBC Mundo sus experiencias viviendo un momento histórico, en países que están en alerta por los ataques de Irán.
A pesar de la distancia que los separa, tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre tuvo lugar el sábado, cuando empezaron a caer los misiles.
“Después de recibir la alerta, como a los cinco minutos, empezamos a escuchar explosiones y sentimos la onda expansiva en la estructura del edificio”, le dijo Ibis a BBC Mundo.
“Muy leve porque, aunque la percepción y la sensación es que está cerca, no está ocurriendo tan cerca, pero todo sí tiembla: las puertas, las ventanas, sientes como la estructura del edificio se resiente un poco con estas explosiones”.
“De día solo se ve como una nube en el cielo, en el lugar donde interceptaron el misil”.
Ibis llegó con su esposo a Qatar buscando una nueva vida, lejos de la crisis política y económica de su país.
“Las personas me han parecido amables”, dijo, “y apenas llegué pude también contactar con una comunidad de hispanohablantes, lo que te permite no sentirte solo o tener la posibilidad de hablar también en tu idioma”
“Pero, por supuesto, con todo este conflicto, pues ahora nos queda simplemente esperar. Hay demasiada incertidumbre. Miedo también, por supuesto.”
José, por su parte, ha hecho una carrera en los países del Golfo, trabajando con el servicio diplomático de Guatemala, tanto en Dubái como en Abu Dhabi, gracias a lo cual, ya lleva 5 años viviendo en la región.
José recuerda que el sábado, las autoridades empezaron a usar los mensajes de emergencia para pedirle a la gente que se escondiera en los sótanos de los edificios.
Este tipo de experiencias son excepcionales en un país que está enfocado en convertirse en un hub internacional para el turismo y los negocios.
“Específicamente Abu Dhabi es una ciudad exageradamente tranquila, donde no pasa mucho,” explica José.
Eso es algo que hace mucho más alarmante los sonidos que atravesaron los cielos el sábado: “Son sonidos como hipersónicos o algo por el estilo donde se escucha un primer bombazo, pasa un tiempo y luego se escucha como como la ola”.
José recuerda que Emiratos Árabes Unidos no cuenta con un sistema de defensa antiaérea como el famoso Domo de Hierro de Israel -aunque las bases estadounidenses en los territorios del Golfo sí cuentan con sistemas similares-, algo que aumenta el riesgo.
Pero siente que la gente igual confía en las capacidades de las fuerzas armadas del país para defenderlos.
“Miedo, personalmente, yo no lo tengo”, cuenta José. “Sí hay preocupación, pero tanto Dubái como Abu Dhabi, como Emiratos Árabes Unidos en general, está teniendo una vida muy normal dentro de lo que cabe con la situación en la que estamos”.
Ibis ve lo mismo en los cataríes: “La sensación en general es que la gente tiene buen ánimo, confía en el sistema de defensa de Qatar y cree que va a ser algo temporal. Tienen la esperanza de que es algo que se puede resolver a corto plazo. Tratan de mantener la calma”.
Ambos concuerdan en que el sistema de alertas tempranas de ambos gobiernos ha funcionado de manera eficiente, y que los servicios, por lo menos en las zonas donde ellos están, se han mantenido activos.
“Por una parte, con las alarmas, hay como una sensación de alivio porque las autoridades están allí indicándote qué hacer,” explica Ibis. “Pero, por otro lado, es ver cómo me protejo realmente, porque estar dentro de mi casa es la única garantía de seguridad”.
Algo le queda claro a José, luego de contar su experiencia del sábado a BBC Mundo: “Si tú me preguntas dónde está mi casa, para mí es Emiratos Árabes Unidos”.
“Entonces, uno no tiene que estar con un país que le ha dado tanto solo en las buenas y en los momentos de alegrías y de fiestas y de comidas y demás, sino en los momentos donde el país necesita que exista esa estabilidad”.
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