
Las bodas son eventos únicos en los que la “perfección” debe cumplirse al pie de la letra ¿Qué pasaría si tu nombre como weeding planner está de por medio? Eso es Bodas S.A., la nueva serie de ViX que es protagonizada por Consuelo Duval y Giselle Kuri en el que juegan el papel de madre e hija.
Silvia Curiel ha logrado que su nombre sea relacionado con el prestigio, pues tiene una de las agencia de bodas más importantes de México. Por su parte Fannie Curiel es la hija problemática, la que ha estudiado diversas carreras y cuyo futuro aún no define.
Para las actrices el encarnar estos papeles implica un reto y una evolución en sus vidas.
“Yo creo que si tuviera 40 años tal vez no hubiera tenido la capacidad de interpretar a Silvia Curiel como lo hice. La vida te llena de experiencias y de situaciones en las que conoces emociones y me sentí muy identificada con ella para interpretarla y ser su voz, porque es una mujer llena de verdad de muchos matices, que necesita mucho aparentar, que tiene la soberbia elevadísima y entonces la vida se va a encargar de darle un golpecito por ahí para que no se ande creyendo mucho.”, declaró Consuelo Duval a Animal MX.
“Fannie es una persona que está perdida en la vida, pero sí sabe y no sabe lo que quiere porque está en este camino de ver qué pasa. Me identifico con eso un poquito al grado que la gocé, fue muy divertido y como dice Consuelo, creo que los personajes te eligen y te escogen”, complementó Giselle Kuri.
Uno de los puntos centrales de esta comedia es el abandono y la ausencia, en este caso maternal. Aunque se habla sobre los traumas que Fannie, la realidad es que estos temas no están alejados de lo que se vive hoy en día y con personas de su generación.
“Con la comedia siempre hay que reírnos. Hay que reírnos de la vida un poquito para suavizarla, para hacerla también más divertida y no tomarte la vida tan en serio porque qué sufrir.
“Muchas personas ahorita están yendo a terapia y se están dando cuenta que sí, que estamos traumaditos porque ya viene de default; si vas a tener hijos, pues los vas a traumar aunque no quieras y aunque no sea esa tu intención. Ejemplo de ello es Fannie, muchos tenemos estas heridas en la infancia, pero me parece muy importante hablarlo porque cuando lo ves reflejado pues te puedes identificar y te sientes más en paz”, reflexionó Kuri.
Por su parte, Consuelo Duval comparte su experiencia como madre en el que admite haber cometido errores pero pide que los hijos no hagan 100% responsables a sus padres.
“Que los chavos de ahora hagan total y absolutamente responsables a sus papás de sus traumas me parece un poco injusto. Te lo digo yo como mamá, que de repente no es necesario que ellos me repitan en qué la cagué, porque ya lo sé y lamento mucho haberlo hecho, pero no tenía otro recurso, ni otra sabiduría, ni la vida y la experiencia que tengo ahorita. O sea, si me voy a la mamá de hace 30 años, me dan ganas de decirle: ‘No, pendeja, no le digas eso a tu hijo porque lo vas a traumar’, pero pues ya se lo dije, ya qué puede uno hacer”, complementó.
Finalmente, ambas protagonistas invitan al público a ver Bodas S.A. y dan sus reflexiones finales sobre lo que se puede ver a lo largo de los 8 capítulos ya disponibles.
“Yo me quedo con su estructura, con su pulcritud, con estas ganas de poner a la mujer en un lugar importante”, destacó Duval.
“A veces soy como medio miedosita en la vida. Ella me regaló esto de: ‘Aviéntate, hazla, no sobrepienses tanto, sigues siendo curiosa’ y eso me lo llevo cerquita en el corazón”, concluyó Giselle.

Un equipo de buzos especializados tiene la peligrosa y lenta tarea de desminar las zonas del mar Negro que todavía siguen bajo control de Ucrania.
El mar Negro está plagado de armas mortales. Pero nadie sabe cuántas hay ni dónde están.
“Cuando nos acercamos a una, debemos guardar silencio, debemos ser lentos y debemos ser muy exactos”, cuenta Vitalii, moviendo su mano como una serpiente, a medida que describe cómo nada entre las aguas oscuras hacia los dispositivos explosivos que yacen en el suelo del mar.
El buzo ucraniano de 31 años, alto y de voz suave, es parte de un equipo de 20 personas con la tarea de desminar partes del mar Negro que aún están bajo control de Ucrania.
Las minas son uno de los legados más traicioneros y duraderos de la guerra. Continúan activas y mortales durante décadas; las que están en el mar presentan riesgos adicionales, ya que pueden dejarse llevar por las corrientes y las tormentas.
Las minas submarinas colocadas por Moscú al inicio de su invasión a gran escala, cuando los barcos rusos se acercaban a Odesa, no son diferentes. Y el peligro no es hipotético: el verano pasado tres nadadores murieron por la explosión de minas frente a la costa de Odesa.
El comandante del grupo de defensa contra las minas de la marina, un joven irónico de mirada aguda que se identifica como Fox (zorro), estima que el número de minas en el mar asciende a miles.
Pero no son los únicos peligros que acecha en las profundidades. Misiles, proyectiles de artillería, bombas y minas terrestres fueron arrastradas río abajo hasta el mar cuando la presa Kakhova fue volada en 2022. Estos artefactos también podrían explotar en cualquier momento.
“Si hablamos en general de artillería no detonada -misiles, proyectiles de artillería, bombas aéreas- el número total será mucho más alto” que varios miles, indica Fox.
El trabajo de su equipo es tan peligroso como vital.
A pesar de la magnitud de la contaminación, el tráfico marítimo no ha parado, y un número significativo de barcos mercantes todavía opera en el único corredor de exportación marítima que parte de Ucrania.
Para Ucrania, el esfuerzo por despejar el suelo del mar es parte de un intento más amplio de mantener los puertos en el mar Negro activos, particularmente por barcos comerciales que generan un flujo muy necesitado de ingresos.
Apoyados por un ejército enorme, Moscú logra mantener más o menos el control del frente de guerra; pero en el mar, Ucrania ha logrado emparejar las condiciones en el terreno de juego.
Desde un café que da al golfo de Odesa, el portavoz de la marina, Dmytro Pletenchuk, señala el mar que se extiende más allá de la ventana.
“Hay paridad en el dominio marítimo en este momento”, afirma.
“Encontramos maneras de golpearlos; ellos buscan maneras de contraatacarnos. Lo que funciona hoy no funcionará mañana, para ambos lados. Ellos adoptan nuestra experiencia, nosotros la de ellos”.
Los barcos ucranianos no pueden desplazarse más allá del área que rodea a Odesa porque Rusia controla gran parte de la costa.
Y Moscú también parece haber llegado a la conclusión de que sacar muchos barcos de sus bases navales en el mar Negro supone un gran riesgo, ya que estarían al alcance de los ataques aéreos ucranianos.
En 2024, Rusia retiró su último barco de patrullaje de la península ocupada de Crimea.
“Aunque Rusia tenga una ventaja en tierra y en el aire, no lo tiene en el mar”, añade.
“Aquí, la principal táctica rusa, la masa, no funciona”.
“La guerra naval es tecnológica. No puedes dominar una zona con ‘carne'”, asegura Pletenchuk, usando el término para referirse al gran número de soldados con los que cuenta Rusia.
El empate en el mar ha permitido que las exportaciones por mar de Ucrania continúen y se mantenga abierto el llamado “corredor del cereal”.
Lo que sale por mar representa más de dos tercios de las exportaciones agrícolas de Ucrania que, según unos informes, suman un total de US$9.000 millones. Es una fuente de ingresos esencial para Ucrania.
Aunque los ataques aéreos siguen siendo una realidad cotidiana, las embarcaciones continúan navegando en la zona.
“A juzgar por el hecho de que el tráfico naviero no ha decaído, (las empresas comerciales) están dispuestas a tomar estos riesgos”, indica Pletenchuk, señalando dos buques grandes que se desplazan en el horizonte.
Ahora, mantener viables las rutas marítimas también depende de que se despeje la amenaza bajo la superficie.
Las minas y artillería sin explotar siguen siendo una herramienta pasiva que Rusia puede utilizar para afectar el tráfico marítimo, aún sin tener el propio control del mar Negro.
Ahí es donde aparecen los buzos como Vitalii.
“Nos movemos con cuidado y muy lentamente para que la mina no detone”, explica Vitalii, describiendo el arduo y lento proceso de desminado. “Te mueves un segundo, luego te quedas quieto un tiempo, y repites eso hasta llegar al objeto”.
“Generalmente, hay hasta 20 metros antes de llegar hasta el objeto, así que te puedes imaginar todo el tiempo que se tarda en acercarse a él”.
Pero antes de que la misión submarina para desminar pueda siquiera comenzar, el grupo de Vitalii debe identificar el objeto, ya que hay misiles y un sinfín de bombas de la Segunda Guerra Mundial sin explotar que yacen en el lecho del mar al lado de las minas rusas.
El comandante Fox explica que las minas generalmente se clasifican en dos categorías: minas de contacto, que detonan al golpearse, y minas de influencia, que explotan cuando sus sensores detectan cambios de sonido, presión o magnetismo.
“Normalmente, el sensor acústico es el que está activado”, indica. “Si escucha un sonido, puede activar otro sensor”.
Los grandes barcos comerciales son particularmente vulnerables a las minas magnéticas, que responden a los cambios del campo magnético.
“La mina yace en el fondo y explota cuando una embarcación grande se acerca”, cuenta Fox, imitando el chasquido de dos imanes que se juntan de golpe. “Hasta ese momento, simplemente espera”.
Los dos buzos se acercan a cada dispositivo en silencio absoluto, utilizando respiradores de circuito cerrado que no emiten burbujas. Una vez identifican una mina, la detonación misma suele tomar lugar al día siguiente.
Vitalii explica que los sensores se desactivan inicialmente por medio de una serie de explosiones controladas, con la primera a unos 10 metros de distancia. Solo entonces se pueden acercar los buzos al dispositivo en sí. La decisión final -de mover la mina o destruirla en el sitio- la toman en el cuartel general.
Esta operación quirúrgica requiere dos días, varias embarcaciones y el trabajo de 20 personas, todos operando bajo la constante amenaza de misiles y drones rusos, tanto aéreos como marinos, que fácilmente podrían hacer detonar las minas.
Durante los ataques aéreos, las señales de GPS se codifican, lo que hace imprecisas las lecturas del sonar.
Desminar el mar no es imposible, pero hacerlo en medio del combate activo incrementa el riesgo considerablemente. “Todo puede salir mal”, señala Fox.
Vitalii asiente. Una vez, recuerda, cuando se acercaba a una mina usando el sonar, otro objeto apareció en su pantalla, desplazándose lentamente en la oscuridad.
Al principio pensó que podría ser un dron submarino ruso, y que la mina detonaría. Después, dio la vuelta y vio cuatro o cinco delfines que pasaban a su lado nadando.
“Hermoso, sí”, reconoce, abriendo los ojos. “Pero no en ese momento”.
Según Pletenchuk, el grupo de desminado neutralizó más de 50 minas en 2025, sólo una fracción del total.
En 2023, la Marina Británica donó a Ucrania dos embarcaciones buscaminas que podían acelerar la labor, pero debido a que los barcos grandes en el mar Negro son un objetivo fácil, continúan atracadas en Reino Unido y no serán desplegadas hasta que se acuerde un cese el fuego. Dos años después de que las dos embarcaciones fueran entregadas, esa posibilidad sigue siendo remota.
En las actuales condiciones, dice Vitalii, el despeje del lecho marino tomará decenas de años.
A pesar de los riesgos, los ingresos generados por las exportaciones marítimas serán cada vez más esenciales para Ucrania cuanto más se prolongue la guerra. Así que los buzos como Vitalii continuarán regresando al agua, alternando entre el movimiento y la quietud a medida que nadan hacia el peligro.
Con reportería adicional de Liubov Sholudko.
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