
El panorama digital actual se encuentra en un punto de inflexión crítico, donde el avance acelerado de la inteligencia artificial y la persistente vulnerabilidad de grupos específicos —especialmente mujeres, infancias y adolescencias— exigen mayores medidas.
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La brecha digital no solo persiste, sino que amenaza con ampliarse debido a la desigualdad en el uso y desarrollo de la IA, donde la falta de representación femenina en la fuerza laboral tecnológica (solo el 22% a nivel global, de acuerdo a la organización interface) deriva en sistemas con sesgos de género inherentes.
Es por eso que en este Día del Internet Seguro 2026 nos enfocaremos en algunas medidas para el uso seguro y responsable de la IA, un tema que nos interesa a todes.
Y es que la inteligencia artificial está cambiando nuestra forma de trabajar, aprender, acceder a servicios y hasta en cómo conectamos entre personas.
¿Por qué nos estamos enfocando en medidas para infancias y mujeres? Porque la tecnología no es neutra; es un reflejo de las jerarquías de poder de sus creadores.
Los datos de ONU Mujeres y AUDRI (Alianza por los Derechos Digitales Universales creada en 2022 por Equality Now y Women Leading in AI) son devastadores al respecto: la IA está siendo usada como arma contra las mujeres a una escala sistémica.
Debemos ser precisos con la anatomía de este abuso, pues el 95% del contenido deepfake en línea consiste en material pornográfico no consensuado, y un escalofriante 99% de ese subconjunto tiene como objetivo exclusivo a mujeres y niñas; esto de acuerdo a datos de ONU Mujeres.
Basta recordar lo que recientemente pasó con Grok, la IA de X creada por Elon Musk a la que millones de usuarios de todo el mundo solicitaron “quitarle la ropa” a fotografías de mujeres, infancias y adolescencias.
La IA facilita nuestras vidas, pero también facilita las violencias. Grok es el ejemplo perfecto de cómo cualquier individuo, sin conocimientos de programación, pueda transformar una fotografía cotidiana en un desnudo sin consentimiento.
UNICEF reporta que al menos 1.2 millones de niños en 11 países sufrieron la manipulación de sus imágenes en deepfakes sexualmente explícitos en el último año.
La “brecha digital” no solo se mide en acceso, sino en el uso estratégico de la tecnología. Un estudio de Harvard y UC Berkeley revela una paradoja preocupante: las mujeres tienen un 25% menos de probabilidades que los hombres de adoptar herramientas de IA generativa. Esta resistencia no es azarosa; nace de una desconfianza ética legítima y una menor alfabetización digital fomentada por sesgos educativos.
Esta exclusión está marcada en el ADN de la industria: solo el 22% de la fuerza laboral global de IA es femenina, una cifra que cae al 12% en investigación y al 14% en puestos de alta dirección. Diseñamos el futuro con una visión que ignora a más de la mitad de la humanidad.
No importa si hablamos de la internet “normal” o si usamos inteligencia artificial para todo. Para navegar con cautela en este entorno de “brecha digital” y riesgos automatizados, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) de México propone diez pilares de autodefensa:
Aunque las herramientas de IA pueden ser una forma divertida de experimentar con la creatividad digital, expertos recomiendan adoptar hábitos más prudentes al participar en este tipo de tendencias. Para reducir riesgos, los expertos de Kaspersky recomiendan:
La seguridad digital no es un destino al que se llega instalando un software; es una estructura social que debemos exigir y construir. Como menciona AUDRi, red internacional para promover un futuro digital justo, ético y libre de discriminación de género, esto son solo los primeros pasos para un internet seguro. Pues esto es algo que compete solo a usuarias, pero también falta tener conversaciones sobre la regulación de las tecnologías emergentes.
¿Qué están implementando las empresas, especialmente las de IA, para proteger a las usuarias? ¿Qué pasa con los derechos digitales de las personas? ¿Estos no cuentan cuando se tratan de alimentar una IA?
El desafío es asegurar que la tecnología esté al servicio del ser humano y no al revés, garantizando que sus beneficios no fluyan solo hacia una mitad de la población mientras la otra carga con los riesgos.

Un equipo de buzos especializados tiene la peligrosa y lenta tarea de desminar las zonas del mar Negro que todavía siguen bajo control de Ucrania.
El mar Negro está plagado de armas mortales. Pero nadie sabe cuántas hay ni dónde están.
“Cuando nos acercamos a una, debemos guardar silencio, debemos ser lentos y debemos ser muy exactos”, cuenta Vitalii, moviendo su mano como una serpiente, a medida que describe cómo nada entre las aguas oscuras hacia los dispositivos explosivos que yacen en el suelo del mar.
El buzo ucraniano de 31 años, alto y de voz suave, es parte de un equipo de 20 personas con la tarea de desminar partes del mar Negro que aún están bajo control de Ucrania.
Las minas son uno de los legados más traicioneros y duraderos de la guerra. Continúan activas y mortales durante décadas; las que están en el mar presentan riesgos adicionales, ya que pueden dejarse llevar por las corrientes y las tormentas.
Las minas submarinas colocadas por Moscú al inicio de su invasión a gran escala, cuando los barcos rusos se acercaban a Odesa, no son diferentes. Y el peligro no es hipotético: el verano pasado tres nadadores murieron por la explosión de minas frente a la costa de Odesa.
El comandante del grupo de defensa contra las minas de la marina, un joven irónico de mirada aguda que se identifica como Fox (zorro), estima que el número de minas en el mar asciende a miles.
Pero no son los únicos peligros que acecha en las profundidades. Misiles, proyectiles de artillería, bombas y minas terrestres fueron arrastradas río abajo hasta el mar cuando la presa Kakhova fue volada en 2022. Estos artefactos también podrían explotar en cualquier momento.
“Si hablamos en general de artillería no detonada -misiles, proyectiles de artillería, bombas aéreas- el número total será mucho más alto” que varios miles, indica Fox.
El trabajo de su equipo es tan peligroso como vital.
A pesar de la magnitud de la contaminación, el tráfico marítimo no ha parado, y un número significativo de barcos mercantes todavía opera en el único corredor de exportación marítima que parte de Ucrania.
Para Ucrania, el esfuerzo por despejar el suelo del mar es parte de un intento más amplio de mantener los puertos en el mar Negro activos, particularmente por barcos comerciales que generan un flujo muy necesitado de ingresos.
Apoyados por un ejército enorme, Moscú logra mantener más o menos el control del frente de guerra; pero en el mar, Ucrania ha logrado emparejar las condiciones en el terreno de juego.
Desde un café que da al golfo de Odesa, el portavoz de la marina, Dmytro Pletenchuk, señala el mar que se extiende más allá de la ventana.
“Hay paridad en el dominio marítimo en este momento”, afirma.
“Encontramos maneras de golpearlos; ellos buscan maneras de contraatacarnos. Lo que funciona hoy no funcionará mañana, para ambos lados. Ellos adoptan nuestra experiencia, nosotros la de ellos”.
Los barcos ucranianos no pueden desplazarse más allá del área que rodea a Odesa porque Rusia controla gran parte de la costa.
Y Moscú también parece haber llegado a la conclusión de que sacar muchos barcos de sus bases navales en el mar Negro supone un gran riesgo, ya que estarían al alcance de los ataques aéreos ucranianos.
En 2024, Rusia retiró su último barco de patrullaje de la península ocupada de Crimea.
“Aunque Rusia tenga una ventaja en tierra y en el aire, no lo tiene en el mar”, añade.
“Aquí, la principal táctica rusa, la masa, no funciona”.
“La guerra naval es tecnológica. No puedes dominar una zona con ‘carne'”, asegura Pletenchuk, usando el término para referirse al gran número de soldados con los que cuenta Rusia.
El empate en el mar ha permitido que las exportaciones por mar de Ucrania continúen y se mantenga abierto el llamado “corredor del cereal”.
Lo que sale por mar representa más de dos tercios de las exportaciones agrícolas de Ucrania que, según unos informes, suman un total de US$9.000 millones. Es una fuente de ingresos esencial para Ucrania.
Aunque los ataques aéreos siguen siendo una realidad cotidiana, las embarcaciones continúan navegando en la zona.
“A juzgar por el hecho de que el tráfico naviero no ha decaído, (las empresas comerciales) están dispuestas a tomar estos riesgos”, indica Pletenchuk, señalando dos buques grandes que se desplazan en el horizonte.
Ahora, mantener viables las rutas marítimas también depende de que se despeje la amenaza bajo la superficie.
Las minas y artillería sin explotar siguen siendo una herramienta pasiva que Rusia puede utilizar para afectar el tráfico marítimo, aún sin tener el propio control del mar Negro.
Ahí es donde aparecen los buzos como Vitalii.
“Nos movemos con cuidado y muy lentamente para que la mina no detone”, explica Vitalii, describiendo el arduo y lento proceso de desminado. “Te mueves un segundo, luego te quedas quieto un tiempo, y repites eso hasta llegar al objeto”.
“Generalmente, hay hasta 20 metros antes de llegar hasta el objeto, así que te puedes imaginar todo el tiempo que se tarda en acercarse a él”.
Pero antes de que la misión submarina para desminar pueda siquiera comenzar, el grupo de Vitalii debe identificar el objeto, ya que hay misiles y un sinfín de bombas de la Segunda Guerra Mundial sin explotar que yacen en el lecho del mar al lado de las minas rusas.
El comandante Fox explica que las minas generalmente se clasifican en dos categorías: minas de contacto, que detonan al golpearse, y minas de influencia, que explotan cuando sus sensores detectan cambios de sonido, presión o magnetismo.
“Normalmente, el sensor acústico es el que está activado”, indica. “Si escucha un sonido, puede activar otro sensor”.
Los grandes barcos comerciales son particularmente vulnerables a las minas magnéticas, que responden a los cambios del campo magnético.
“La mina yace en el fondo y explota cuando una embarcación grande se acerca”, cuenta Fox, imitando el chasquido de dos imanes que se juntan de golpe. “Hasta ese momento, simplemente espera”.
Los dos buzos se acercan a cada dispositivo en silencio absoluto, utilizando respiradores de circuito cerrado que no emiten burbujas. Una vez identifican una mina, la detonación misma suele tomar lugar al día siguiente.
Vitalii explica que los sensores se desactivan inicialmente por medio de una serie de explosiones controladas, con la primera a unos 10 metros de distancia. Solo entonces se pueden acercar los buzos al dispositivo en sí. La decisión final -de mover la mina o destruirla en el sitio- la toman en el cuartel general.
Esta operación quirúrgica requiere dos días, varias embarcaciones y el trabajo de 20 personas, todos operando bajo la constante amenaza de misiles y drones rusos, tanto aéreos como marinos, que fácilmente podrían hacer detonar las minas.
Durante los ataques aéreos, las señales de GPS se codifican, lo que hace imprecisas las lecturas del sonar.
Desminar el mar no es imposible, pero hacerlo en medio del combate activo incrementa el riesgo considerablemente. “Todo puede salir mal”, señala Fox.
Vitalii asiente. Una vez, recuerda, cuando se acercaba a una mina usando el sonar, otro objeto apareció en su pantalla, desplazándose lentamente en la oscuridad.
Al principio pensó que podría ser un dron submarino ruso, y que la mina detonaría. Después, dio la vuelta y vio cuatro o cinco delfines que pasaban a su lado nadando.
“Hermoso, sí”, reconoce, abriendo los ojos. “Pero no en ese momento”.
Según Pletenchuk, el grupo de desminado neutralizó más de 50 minas en 2025, sólo una fracción del total.
En 2023, la Marina Británica donó a Ucrania dos embarcaciones buscaminas que podían acelerar la labor, pero debido a que los barcos grandes en el mar Negro son un objetivo fácil, continúan atracadas en Reino Unido y no serán desplegadas hasta que se acuerde un cese el fuego. Dos años después de que las dos embarcaciones fueran entregadas, esa posibilidad sigue siendo remota.
En las actuales condiciones, dice Vitalii, el despeje del lecho marino tomará decenas de años.
A pesar de los riesgos, los ingresos generados por las exportaciones marítimas serán cada vez más esenciales para Ucrania cuanto más se prolongue la guerra. Así que los buzos como Vitalii continuarán regresando al agua, alternando entre el movimiento y la quietud a medida que nadan hacia el peligro.
Con reportería adicional de Liubov Sholudko.
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