
Como te habrás dado cuenta, en los últimos meses el término “migajera” se ha viralizado en redes sociales como TikTok, Instagram y demás plataformas, y entre memes, bromas y frases repetidas, algunas mujeres empezaron a autodenominarse de esta manera.
Pero más allá del humor, este fenómeno invita a cuestionarnos: ¿qué revela esta palabra sobre cómo vivimos y entendemos los vínculos afectivos? ¿Qué nos dice sobre la dinámica del amor, la atención y la necesidad en tiempos digitales?
Aunque no se trata de decir que estas experiencias solo pasan a un segmento de la población, resulta curioso que el término se popularice en femenino, usado casi exclusivamente para nombrar a mujeres.
Para profundizar en este tema, hablamos con Valeria Rocha, tallerista y articulista en Enterate Mujer, una asociación civil dedicada a difundir información por y para mujeres con perspectiva feminista.
“Nos cuestionábamos, ‘¿por qué en femenino?’ —comenta Valeria—, porque todo el tiempo escuchamos a las amigas decir ‘mi amiga la migajera’, ‘estoy de migajera’. Y empezamos a entender que se refiere a mujeres que se conforman con poco, que aceptan lo que sea con tal de recibir atención o cariño”.
Esta definición popular puede parecer simple, incluso divertida, pero nuestra entrevistada alerta que: “el término no es casual ni inocente. Es la nueva manera, o sí, la nueva forma de autonombrarse desde un lugar patriarcal misógino.”

“Es el mismo patrón que hubo con la frase ‘eres una malcogida’ o ‘amiga date cuenta’. De nuevo, la responsabilidad se coloca sobre la víctima. ‘¿Por qué tú lo aceptas? ¿Por qué no sales de esa relación violenta?’ Esa exigencia es exclusiva hacia nosotras, mientras que nunca se señala a quienes dan esas migajas de afecto, esas sobras emocionales que son intermitentes, condicionales, y al final es violencia emocional”, explica Victoria.
Para la terapeuta, esa intermitencia y afecto condicionado nos habla de violencia. El hecho de que haya tanta intermitencia en un vínculo, que las cosas no estén claras, que el afecto sea condicionado genera mucha inseguridad y dependencia. Tanto en hombres como en mujeres.
Sobre el papel de las redes sociales en la popularización y reproducción del término, explica:
“Tenemos esta tendencia a creer y adoptar todo lo que vemos sin cuestionarlo. Muchas mujeres llegan a consulta diciendo: ‘creo que soy migajera porque vi un TikTok que decía eso’. Lo que vemos en memes o trends se transforma en realidad, y viceversa”.
Este círculo vicioso hace que etiquetas que deberían ser objeto de análisis y reflexión terminen por normalizar la violencia emocional y relaciones disfuncionales.
Te puede interesar: ‘Libros Before Tipos’, conoce el club de lectura que difunde textos de autoras
“Históricamente, la parte emocional ha sido mal vista. Se nos juzga por ser ‘sensibles’, ‘dramáticas’ o ‘locas’. Entonces, cuando una mujer pide respeto, cariño o atención se le invalida o se la etiqueta de ‘tóxica’ o ‘exagerada'”, argumenta Valeria.
El rechazo a expresar nuestras necesidades afectivas o emocionales limita la posibilidad de establecer vínculos claros y saludables.

Ante la posibilidad de que muchas personas (especialmente mujeres) se autoidentifiquen con el término por costumbre o humor, la terapeuta sugiere prestar atención al diálogo interno:
“¿Cómo te hablas a ti misma? ¿Desde el amor o desde el juicio? Pregúntate, ¿a quién le beneficia que me llame migajera? A las personas que dan migajas, no a ti.”
Recomienda también construir círculos de apoyo donde se cuestione el lenguaje y las dinámicas que perpetúan estas etiquetas y validar las señales internas:
“Escuchar ese ruido que nos mueve cuando algo no nos suena bien. Eso es información valiosa.”
Finalmente aunque es cierto que situaciones como estas no las atraviesan únicamente las mujeres, nos parece importante cuestionar por qué el término “migajera” se replica y se viraliza casi exclusivamente en femenino. ¿Por qué seguimos responsabilizando a quienes reciben las migajas y no a quienes las reparten?
Al final, más allá del meme o el trend, este fenómeno debería ser una invitación a hablarnos con más autocompasión si estamos atravesando por algo así, a reconocer que pedir afecto no nos hace débiles, que tener necesidades emocionales no es vergonzoso y que merecemos relaciones claras, amorosas y recíprocas.
Si quieres conocer más sobre Entérate Mujer, no te olvides de seguirlas en sus redes sociales, donde encontrarás información en la que se desmenuza y cuestionan problemáticas actuales con esta perspectiva, que consideran fundamental para entender cualquier tema que afecte a las mujeres.

Los ataques de Irán a los Estados árabes del Golfo sugieren que la República Islámica no sólo tiene como objetivo al ejército estadounidense sino también la infraestructura civil.
En el cielo azul y despejado de Abu Dhabi, en Emiratos Árabes Unidos (EAU), se ven estelas blancas sobre las villas color arena y los jardines bien regados.
No se trata de Dreamliners ni Airbus transportando el siguiente contingente de turistas y trabajadores temporales. Son misiles balísticos lanzados por el gigante vecino de los Emiratos al otro lado del Golfo: Irán.
El domingo por la tarde, el Ministerio de Defensa de EAU afirmó que hasta ese momento había “lidiado” con 165 misiles balísticos, dos misiles de crucero y 541 drones iraníes.
En Baréin, un amigo me alertó el domingo por la mañana de que el aeropuerto estaba siendo atacado.
“Me despertaron fuertes explosiones y sirenas”, escribió. “Creo que unas 20 explosiones. Al menos dos impactos”.
Estas escenas no son habituales en esta región, pero desde que comenzó el conflicto el sábado por la mañana, Irán parece haber ampliado sus objetivos, pasando de solo objetivos militares, como el cuartel general de la Quinta Flota de la Armada estadounidense en Baréin, a aeropuertos y otras instalaciones civiles.
Ahora, hoteles de lujo, centros comerciales, rascacielos y terminales de salidas en aeropuertos de última generación son objeto de ataques esporádicos mientras aparecen brechas en las defensas aéreas de los Estados árabes en el Golfo.
Estos lugares nunca se construyeron con la perspectiva de que algún día fueran atacados por drones y misiles balísticos.
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Aragchi, negó haber atacado a los vecinos de su país. “No estamos atacando a nuestros vecinos en los países del Golfo Pérsico, sino a la presencia de Estados Unidos en estos países. Los vecinos deberían dirigir sus quejas a quienes toman las decisiones en esta guerra”, le dijo a la cadena Al Jazeera.
Parte de los daños a la infraestructura civil en los países del Golfo es accidental, resultado de la caída de escombros de misiles interceptados.
Pero no todos.
El número de ataques a aeropuertos en Baréin y Emiratos Árabes Unidos apunta a algo más que una coincidencia.
Irán siempre dejó en claro de antemano que, si era atacado, tomaría represalias contra cualquier país que considerara cómplice del ataque.
Los países del Golfo se esforzaron para demostrar a Irán que, a su juicio, no eran parte de este ataque estadounidense-israelí.
Sin embargo, en esencia, están siendo castigados por ser socios militares de Washington desde hace mucho tiempo.
Antes de la Revolución Islámica, en la época del sha, Irán era conocido como “el policía del Golfo”.
Desde la revolución, siempre intentó convencer a sus vecinos que debería retomar ese papel, “haciéndose cargo de la seguridad” de lo que llama Khaleej-e-Fars, el Golfo Pérsico (los árabes lo llaman Golfo Arábigo).
Los líderes iraníes han intentado, sin éxito, persuadir a los Estados árabes del Golfo para que expulsen a la Armada estadounidense y los acepten como sus guardianes.
Pero para los gobernantes de los Estados del Golfo —monarquías conservadoras y dinásticas para quienes el fervor revolucionario de la República Islámica es un anatema— aquí se ha cruzado una línea.
Es difícil imaginar cómo podrán volver a tener relaciones que se acerquen a la normalidad con el actual liderazgo iraní, es decir, si este sobrevive a esta guerra.
Arabia Saudita y Omán, dos países que desde hace tiempo han acogido a fuerzas militares estadounidenses y occidentales, salieron mucho más airosos que los otros cuatro Estados del Golfo Pérsico.
Omán, que mantiene buenas relaciones con la República Islámica y mediaba en las conversaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán, sufrió un ataque con drones en su puerto comercial de Duqm, en la costa del mar Arábigo.
La capital saudita, Riad, parece haber sido atacada el sábado, lo que provocó un enérgico comunicado de su gobierno.
“El Reino de Arabia Saudita expresa su rechazo y condena en los términos más enérgicos a los flagrantes y cobardes ataques iraníes contra la región de Riad y la Provincia Oriental, que fueron interceptados con éxito. Estos ataques no pueden justificarse bajo ningún pretexto”, afirma el comunicado.
Esta no es la primera vez que Irán ataca a sus vecinos árabes del Golfo, ya sea directa o indirectamente, pero nunca a esta escala.
En 2019, una milicia iraquí respaldada por Irán lanzó una lluvia de drones contra las instalaciones petroquímicas de Saudi Aramco en Abqaiq y Khurais, bloqueando temporalmente la mitad de su capacidad de exportación diaria.
En junio pasado, Irán disparó misiles balísticos contra la base aérea de al-Udaid en Qatar, pero esto se interpretó como una respuesta performativa al ataque aéreo estadounidense “Operación Martillo de Medianoche”, que destruyó las instalaciones nucleares iraníes en Isfahán, Natanz y Fordo, y Teherán avisó discretamente con antelación.
Baréin, que tiene una numerosa y a veces inquieta población chiita, lleva tiempo acusando a Irán de financiar, entrenar y armar a insurgentes en su país.
Sin embargo, todo esto palidece en comparación con la situación que viven actualmente los países árabes del Golfo.
Para el presidente Trump, para Israel, para muchos gobiernos de Medio Oriente y, por supuesto, para muchos iraníes, el mejor resultado ahora sería un rápido fin del régimen de la República Islámica, seguido de una transición fluida hacia la democracia y un mundo donde Irán pueda disfrutar de relaciones normales con el resto del mundo.
Sin embargo, no es nada seguro que esto ocurra.
Estados Unidos e Israel están librando una carrera para tratar de destruir la capacidad de Irán de seguir lanzando estos misiles y drones antes de que pueda dispararlos.
Para los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), el dilema es si intensificar un ataque contra un objetivo importante, como un buque de guerra estadounidense, con la esperanza de superar sus defensas, o retener gran parte de su arsenal oculto con la esperanza de superar la paciencia del presidente Trump.
Irán también sabe que, si bien cuenta con un número finito de misiles y drones, sus adversarios también están limitados por el número de defensas aéreas que les quedan.
Si estos se agotan antes de que Irán se quede sin misiles, drones o lanzadores, la vida para quienes están en el terreno en el Golfo podría volverse aún más alarmante.
El equilibrio de poder favorece claramente a Estados Unidos e Israel.
Se trata de dos de los ejércitos más poderosos y tecnológicamente avanzados del mundo.
Hay dos grupos de ataque de portaaviones estadounidenses en la región con más de 200 aviones de combate, mientras que Irán, sometido a amplias sanciones durante años, carece de fuerza aérea.
Tanto Israel como Estados Unidos gozan de una superioridad aérea absoluta.
Pero Teherán aún tiene algunas ventajas.
El régimen, aunque debilitado e impopular entre gran parte de su población, solo tiene que sobrevivir para proclamarse vencedor a largo plazo de este conflicto.
La República Islámica, con su culto al martirio, puede soportar mucho más sufrimiento que Estados Unidos, y cuanto más se prolongue este conflicto, más ansioso estará el presidente Trump por encontrar una salida.
¿Volverán Estados Unidos e Irán a las conversaciones?
Si el régimen iraní colapsa, no será necesario.
Pero si el régimen sobrevive, y eso bien podría suceder, las tres exigencias de Washington a Teherán volverán a cobrar protagonismo: la limitación del sospechoso programa nuclear iraní, incluyendo la reanudación de las inspecciones; el fin del programa de misiles balísticos iraní; y el fin del apoyo iraní a las milicias subsidiarias en la región, como Hezbolá, Hamás y los hutíes.
Omán afirma que se lograron avances reales en las conversaciones celebradas en Ginebra el mes pasado sobre el expediente nuclear.
Sin embargo, Irán descartó discutir los otros dos temas, lo que llevó a Donald Trump a declarar su “descontento con el desarrollo de las conversaciones”.
Es posible que los contactos extraoficiales conduzcan a un alto el fuego, seguido de la reanudación de las conversaciones.
Pero si las posiciones negociadoras de ambas partes no cambian, es probable que se reanuden las acciones militares.
Por lo tanto, este conflicto aún no ha llegado a su fin.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro nuevo canal de WhatsApp, donde encontrarás noticias de última hora y nuestro mejor contenido.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.