
La abogada Mónica Huerta denunció que el Tribunal Colegiado del Vigésimo Segundo Circuito en Querétaro “desacató” lo ordenado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y volvió a emitir una resolución que favorece al responsable del envenenamiento de los perros rescatistas Athos y Tango, ocurrido en 2021.
En entrevista con Animal Político, la defensora explicó que, pese a la instrucción de la Corte de dictar una nueva sentencia acorde con sus lineamientos, el Tribunal emitió un fallo que “reproduce los mismos errores y vuelve a pretender la reducción de la pena impuesta al sentenciado”.

Huerta afirmó que la sentencia del colegiado determina que “los cuatro años se sustituyen por los 10 mil pesos, para que no entre a prisión”, cuando en 2022, el sentenciado fue condenado a 10 años y seis meses de prisión y al pago de 2.4 millones de pesos como reparación del daño.
La defensora denunció que la nueva sentencia fue acordada el 30 de octubre, pero “notificaron hasta el 14 de noviembre de 2025 por listas, ni siquiera notificaron la resolución”.
Después, la Sala Penal notificó el cumplimiento el 1 de diciembre, primero a través del juzgado de primera instancia y luego de forma personal.
Huerta informó que este martes presentó un recurso de revisión en el que solicita que la Corte vuelva a atraer el caso “en virtud de la discriminación y animadversión del Colegiado por atender este caso”.
Anunció además que se convocará a protesta pacífica el 10 de diciembre a las 10:00 de la mañana afuera de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En un comunicado difundido este viernes, Huerta recordó que Athos y Tango eran “dos perros de la Cruz Roja de Querétaro que en 2021 fueron envenenados por Vicente N, quien ya fue declarado culpable por el delito contra los animales agravado por crueldad animal”.
Señaló que el Tribunal Colegiado del Vigésimo Segundo Circuito amparó a Vicente N en 2024 buscando reducir su condena de 10 años. Esa decisión fue impugnada y revisada por la SCJN, que el 30 de octubre de 2024 emitió la primera jurisprudencia histórica sobre delitos contra animales, determinó que no existía doble enjuiciamiento y ordenó aplicar la agravante por crueldad.
La Corte devolvió el asunto al Tribunal para que emitiera una nueva resolución ajustada a estos criterios.
En la entrevista, Huerta señaló que el Tribunal “tardaron más de un año en dar cumplimiento a pesar de las repetidas peticiones de que cumplieran y de que la ley de amparo contempla el cumplimiento inmediato”.
Afirmó que, cuando finalmente resolvieron, la sentencia fue “un copy-paste de la primera, pero revuelven el fundamento del doble enjuiciamiento con otro artículo”, dejando la resolución “igual y desacatando lo resuelto por la Corte”.
El comunicado también advierte que los magistrados Elsa Aguilera Araiza, Aloys Rütter Castro y Leslie Jhosemin Gómez González “simularon dar cumplimiento y volvieron a amparar al asesino de Athos y Tango, con una nueva resolución que no atiende a lo resuelto por la Corte con argumentos que no tienen lógica ni sustento jurídico”.
Según Huerta, tras el nuevo fallo, “pidieron el cumplimiento inmediato a la Sala Penal en Querétaro, en donde se emitió una sentencia en la que se pretende reducir la pena a cuatro años, conmutables por 10 mil pesos”. Indicó que esto implica imponer “una pena mínima, cuando el grado de reproche que se determinó en el juicio fue el más alto, sin justificación alguna ni sustento jurídico”.
La abogada destacó que los magistrados ignoran que “hay un concurso de delitos, es decir, son tres delitos y no atienden a sancionar cada uno de ellos, además de no atender a los lineamientos de la corte sobre las agravantes”.
Subrayó que “los cuatro años se sustituyen por los 10 mil pesos. Para que no entre a prisión”.
Huerta señaló que la resolución también hace “un pronunciamiento sin fundamento jurídico sobre la reparación del daño, en el que solo dicen que no se justifica, pero no tienen los conocimientos ni fundamento jurídico para justificar”.
Indicó que, aunque la reparación está sustentada en dictámenes de “dos especialistas y una perito certificada por el Consejo de la Judicatura Federal”, los magistrados declinaron competencia y dejaron el rubro al tribunal de ejecución.
Athos y Tango fueron envenenados en junio de 2021 con salchichas contaminadas con alcaloide arrojadas al domicilio de su entrenador, Édgar Martínez. En el ataque también resultó lesionado un tercer perro, Balam.
El caso culminó en el primer juicio con sentencia en México por maltrato animal. En 2022, Vicente N fue condenado a 10 años y seis meses de prisión y al pago de 2.4 millones de pesos como reparación del daño.
No obstante, en febrero de 2024 obtuvo un amparo del mismo Tribunal Colegiado del Vigésimo Segundo Circuito que consideró que la agravante por métodos crueles implicaba una doble sanción. Este criterio fue posteriormente rechazado por la SCJN.
La Corte estableció que la agravante sanciona métodos que “desvalorizan en mayor medida el bienestar animal”, por lo que no constituye doble enjuiciamiento y puede justificar penas mayores.

La antigua civilización romana creó un calendario que sirvió de base para identificar los meses del año que tenemos hoy. Aunque a lo largo de miles de años, hubo varios cambios.
La llegada del nuevo año es una de las celebraciones que comparte todo el mundo… o al menos lo hacen los países que siguen el calendario gregoriano, vigente desde hace siglos.
Pero que sea enero el primer mes del año no es algo que siempre fue así. De hecho hubo un tiempo en el que marzo era el mes que marcaba el cambio de año.
Y es que el calendario que usamos hoy en día ha tenido varias reformas y ajustes a a lo largo de miles de años, desde su origen en la antigua civilización romana.
Desde su primera creación, atribuida a Rómulo, el mítico fundador de Roma junto a su hermano Remo, los romanos le dieron el nombre a cada uno de los 10 meses de su primer calendario. Y luego le añadieron dos meses más, enero y febrero.
Como en otras culturas, la sincronización con el año solar era el objetivo. Y aunque luego hubo que ajustar el desfase de los días, los nombres de los meses quedaron fijados así hasta nuestros días.
Aunque si miramos al pasado, su orden ha perdido su lógica inicial.
Siguiendo el calendario primitivo, bajo el mando del rey romano Numa Pompilio (753-674 a. C.) fueron añadidos los meses de enero y febrero al final del calendario de 10 meses, con el objetivo de ajustar el conteo del tiempo al año solar.
Así que este mes originalmente era el penúltimo hasta el cambio de posición bajo el calendario juliano, impuesto por Julio César.
En latín era llamado Ianuarius y su nombre procedía de Jano, el dios romano de los inicios o las puertas. Esta deidad era también considerado un dios de los finales, por lo que era representado con dos caras, mirando al pasado y al futuro, respectivamente.
A diferencia de enero, Februarius no recibió el nombre de un dios, sino que hacía referencia a la festividad romana de la Februa.
Esta fiesta se celebraba como ritual de purificación o expiación, ya que februare en latín significa “purificar”. Se realizaba al final del año romano, por lo que este mes era también el último.
En el calendario primigenio romano, marzo era el inicio del año y fue llamado Martius, en honor a Marte, el dios de la guerra.
Para los romanos, el inicio del año no era a mitad del invierno boreal, como en la actualidad, sino en la época de primavera.
Era el momento adecuado de reactivar la agricultura y las campañas militares.
De hecho, iniciar el año con la primavera es algo que se usó durante mucho tiempo en diversas culturas. Reino Unido, por ejemplo, celebraba este mes el año nuevo hasta la adopción del calendario gregoriano en 1752.
Sobre abril, hay distintas teorías sobre el origen de su nombre.
Una se refiere a un verbo del latín, aperire, o abrir, posiblemente para señalar el florecimiento en la agricultura.
Pero otra hipótesis lo relaciona con Afrodita, la diosa griega del amor.
Este mes era Maius, dedicado a la diosa de la fertilidad y la primavera, Maia. Esta divinidad también era la madre del dios Mercurio.
Algunos, sin embargo, señalan que el nombre pudo originarse como referencia a los maiores, es decir, los ancianos en la cultura romana.
El origen de junio, o Iunius en el calendario romano, era la evocación a Juno, la reina de los dioses romanos y esposa de Júpiter.
Como tal, esta diosa también era considerada protectora de la maternidad y el matrimonio.
Pero el origen del nombre también está sujeto a debate, pues también pudo haberse dedicado a los iuniores, es decir, los jóvenes, algo que tendría concordancia con Maius.
Este mes no era originalmente llamado Iulius, la palabra en latín del nombre Julio, sino que se llamaba Quintilis por ser el quinto mes del año en el calendario romano original (Quintus significa quinto)
En este mes había nacido el líder Julio César, así que a la muerte de éste en el año 44 a.C., los romanos cambiaron el nombre a Iulius en su honor.
Bajo su dominio fue que se había instaurado la primera gran reforma del calendario de 365 días, que colocó a enero como inicio de año (y febrero como segundo).
Durante siglos, el calendario juliano fue el que regía en los dominios de esta civilización conquistadora.
De manera similar a julio, el mes de Augustus, o agosto, originalmente era el sextus (sexto) mes del año y por ello era conocido como Sextilis.
Fue renombrado en 8 a.C. en honor a César Augusto, el primer emperador de Roma (27 a.C.-14 d.C.).
Siguiendo el orden numérico que tenían los meses en el calendario original, September, o septiembre, era nombrado por su posición.
Era el séptimo mes y los romanos lo nombraron por la palabra en latín septem, o siete.
El nombre de octubre, en latín October, venía de la palabra octo, que significa ocho.
Como el anterior, no estaba dedicado a un dios o un emperador, sino simplemente al octavo lugar que ocupaba en el año.
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La historia del mes de noviembre, o November, no es diferente: también tuvo su origen en la palabra novem, o nueve, por su lugar en el calendario romano original.
Finalmente estaba diciembre, el décimo mes del año para los romanos, que ellos conocían como December por la palabra en latín decem, que significa diez.
Cuando llegó la reforma del papa Gregorio XIII, en 1582, no se renombró los meses ni se cambió su orden, sino que simplemente se ajustó la duración para incluir los días bisiestos que corrigieran el desfase con el año solar.
Y desde entonces el calendario gregoriano rige en buena parte del mundo.
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