
México cuenta con 23 millones 361 mil dosis de vacunas contra el sarampión disponibles para su aplicación, proteger a la población, y así interrumpir la cadena de transmisión ante el aumento de casos.
La Secretaría de Salud informó que el gobierno de Claudia Sheinbaum compró este año 27.3 millones de vacunas; de ese total, hay más de 23 millones disponibles para su aplicación.
Las dosis podrían aumentar ya que, de acuerdo con la dependencia, se continuará con la adquisición de vacunas suficientes para proteger a la población.
A través de un comunicado, las autoridades de Salud informaron que, del 1 de enero de 2025 al 6 de febrero de 2026, se han aplicado a nivel nacional 14 millones 297 mil 330 dosis del biológico.
La estrategia del gobierno federal contempla aplicar las vacunas de manera prioritaria a las niñas y niños de 12 meses de edad para la primera dosis de sarampión, rubéola y parotiditis (SRP). Para quienes tienen 18 meses la segunda dosis del mismo biológico y a los de seis años se aplica el refuerzo.
También está prevista la aplicación del inmunógeno a bebés de seis a 12 meses de edad si viven en zonas con brotes activos de sarampión, a quienes se les aplica una dosis denominada “0” (cero).
En tanto, las personas menores de 49 años que no cuenten con esquema completo o no recuerden haber sido vacunadas, deben aplicarse la vacuna.
Asimismo, están entre los grupos prioritarios los jornaleros agrícolas, personas migrantes y población de alta movilidad, especialmente en las entidades con mayor incidencia de la enfermedad.

El motivo por el que no se incluye a las personas mayores de 50 años en la convocatoria es porque está comprobado científicamente que cuentan con una alta inmunidad contra la enfermedad. Las mujeres embarazadas no se pueden vacunar, según autoridades de salud.
Los biológicos contra el sarampión se pueden encontrar de manera gratuita en cualquier unidad del IMSS, ISSSTE, en los centros de salud y en el caso de la Ciudad de México hasta en estaciones del Metro.
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“En este esfuerzo participa todo el Sector Salud bajo la conducción de la Secretaría de Salud, integrado por Defensa, Marina, IMSS, ISSSTE, IMSS Bienestar y Pemex, así como en coordinación permanente con las 32 entidades federativas”, destacó la Secretaría de Salud.
A ellos se suma el despliegue de Equipos de Respuesta Rápida, la realización de Semanas Nacionales de Vacunación, una campaña nacional de comunicación y el trabajo coordinado con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y otros organismos internacionales.
En lo que va del año se han confirmado 8 mil 889 casos y se han notificado 22 mil 425 casos probables, de acuerdo con el reporte del 9 de febrero de la Dirección General de Epidemiología.
La cifra oficial, hasta el momento, es de 28 muertes. Luego de que la Ciudad de México reportó por primera vez una muerte ocurrida el año pasado, el total de fallecimientos de 2025 pasó de 25 a 26, a los que se agregan dos defunciones registradas en 2026 —una en Michoacán y otra en Tlaxcala— para un acumulado de 28 muertes desde el comienzo del brote, que inició el 1 de febrero de 2025.
El pasado 8 de febrero, con el objetivo de interrumpir la cadena de transmisión del sarampión tras la alerta epidemiológica emitida por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), ante la persistencia y el aumento sostenido de casos, el gobierno de la Ciudad de México habilitó puntos de vacunación que operan en distintos horarios y que se ubican en zonas de alta afluencia.
De acuerdo con la OPS, el sarampión puede evitarse casi por completo cuando los países mantienen coberturas de vacunación cercanas al 95 %; sin embargo, los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud muestran que México no alcanzó ese nivel en los últimos años.

Entre 2022 y 2024, la aplicación de la primera dosis se mantuvo por debajo del umbral recomendado: 85.79 % en 2022, 76.35 % en 2023 y 79.86 % en 2024. La situación fue aún menos favorable con la segunda dosis, cuyas coberturas descendieron de 82.5 % en 2022 a 73.69 % en 2023 y 68.96 % en 2024.
Durante la conferencia matutina del 20 de enero encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, el secretario de Salud, David Kershenobich, indicó que el impacto del brote sigue estrechamente vinculado a los rezagos de vacunación acumulados en años previos.
La brecha en la inmunización —que de acuerdo con datos oficiales comenzó antes de la pandemia y se agravó durante ella— dejó a millones de niñas y niños sin la protección necesaria para frenar la transmisión.
Ahora, el mensaje es claro, dijo en esa conferencia Kershenobich: “Vacunarse, no hay otra manera de controlarlo”.

Los expertos en salud temen un futuro en el que los brotes de sarampión sigan afectando a ciudades con bajas tasas de vacunación.
Antes del año pasado, el pediatra Stuart Simko solo había visto casos históricos de sarampión. Casos de antes de que se inventara una vacuna.
Pero en los últimos dos meses, por primera vez en su carrera ha visto seis pacientes con ella en persona, con su característica erupción roja con manchas.
Los niños que atendió estaban “muy enfermos”, dijo el médico de Carolina del Sur, con fiebre alta difícil de bajar.
“Es una enfermedad terrible, terrible, que puede ser mortal, y no lo decimos para asustar a la gente, pero es necesario que conozcan los riesgos”, dijo Simko, quien trabaja para Prisma Health. “Es difícil ver a un niño enfermo sabiendo que se puede prevenir”.
Los seis pacientes de Simko se encuentran entre las 847 personas infectadas en Carolina del Sur en los últimos meses, la gran mayoría niños no vacunados. Este es el mayor brote de sarampión desde que Estados Unidos declaró la erradicación de la enfermedad en el año 2000.
El país, con brotes en varios estados, está ahora al borde de perder esa condición, siguiendo los pasos del Reino Unido y Canadá. Dos niños en edad escolar murieron en un brote en Texas el año pasado.
A los expertos en salud pública les preocupa que la disrupción causada por el sarampión y otras enfermedades peligrosas y prevenibles pueda convertirse en la nueva normalidad para muchas localidades estadounidenses con tasas de vacunación en descenso.
En esta ocasión, la enfermedad se ha extendido al noroeste de Carolina del Sur, en el condado de Spartanburg, compuesto por varios antiguos pueblos industriales vecinos y con una población de unos 370.000 habitantes.
Kate Martin dice que le recuerda a la pandemia. En la escuela de sus hijos, que sí están vacunados, aparecieron varios casos.
“Es muy parecido a la COVID-19, donde cada día hay casos en otra escuela”, afirmó. Decenas de estudiantes no vacunados de la escuela de sus hijod terminaron teniendo que hacer cuarentena durante 21 días.
La tasa de vacunación contra el sarampión para niños en edad escolar es de aproximadamente el 90% en el condado de Spartanburg, aunque algunas escuelas tienen tasas mucho más bajas debido a exenciones religiosas.
Estados Unidos recomienda dos dosis de la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR) a los niños de entre uno y seis años. Esa dosis tiene una eficacia del 97% de protección contra la enfermedad.
Para lograr la inmunidad de grupo, que limita su propagación y protege a los no vacunados, alrededor del 95% de la población debe vacunarse.
En supermercados y restaurantes locales, los miembros de la comunidad de Spartanburg reconocieron que cientos de niños de la ciudad se habían infectado con el sarampión. La mayoría conocía a alguien que lo había padecido, pero muchos dijeron que nadie quería hablar del tema o no parecía importarle.
A diferencia del brote de sarampión en Texas, donde las vallas publicitarias advertían sobre la enfermedad a lo largo de las carreteras y la gente hacía cola para hacerse las pruebas, la única advertencia sobre el sarampión en el condado era un cartel en una oficina de atención de urgencias que pedía a las personas con síntomas que esperaran en sus carros.
“La situación es realmente grave aquí”, dijo Martin. “Pero la persona promedio simplemente no cree que sea gran cosa”.
Durante semanas, el senador estatal Josh Kimbrell evitó intervenir en el debate público sobre el brote de sarampión. Republicano crítico con la gestión de la pandemia por parte del gobierno estadounidense, incluyendo la vacunación obligatoria contra la COVID-19, Kimbrell afirmó que esperaba que la situación se “corrigiera sola”.
Pero en diciembre, recibió la llamada de un hombre cuya esposa estaba hospitalizada con sarampión. Una maestra de primaria de unos 50 años que fue vacunada de niña pero se contagió de un estudiante, lo que la envió a la unidad de cuidados intensivos durante dos semanas, según Kimbrell.
“Pensé que estaba muy cerca de ser nuestra primera muerte”, dijo Kimbrell. “Es algo realmente lamentable para las personas que decidieron vacunarse y que ahora se enfrentan una grave amenaza para la salud pública”.
Kimbrell recurrió a las redes sociales con una declaración que esperaba lograr un “equilibrio”, apoyando la “decisión personal” y enfatizando que el brote ahora requería medidas de salud pública, incluyendo, según declaró a la BBC, limitar los lugares a los que pueden acudir las personas no vacunadas.
Recibió elogios, pero también críticas de padres reticentes a las vacunas, que lo acusaban de violar sus derechos. Pero Kimbrell sintió que no tenía otra opción.
“Las cifras son tan altas que tendré que asistir al funeral de un profesor o de un niño, y eso es algo evitable”, dijo. “Si pasa, me voy a molestar mucho”.
Funcionarios locales y médicos afirman que el reciente brote ha afectado principalmente a inmigrantes rusos y ucranianos en Carolina del Sur, aunque también se han infectado otros.
El estado ha reasentado a cientos de refugiados ucranianos, mientras que miles de inmigrantes eslavos se han mudado a la zona en los últimos años, según estimaciones de población.
Las iglesias eslavas han tenido varias exposiciones al sarampión, y Kimbrell añadió que algunas mantienen una visión ligada a la religión que va en contra de las vacunas. Algunas escuelas de la comunidad tienen tasas de vacunación tan bajas como el 20%.
Kimbrell afirmó que se difundió información errónea sobre que la vacuna triple vírica contiene células fetales, una teoría conspirativa común que intentó combatir reiterando la seguridad y los mecanismos de la vacuna triple vírica.
Inna, miembro de la comunidad inmigrante ucraniana de Spartanburg, quien se negó a compartir su apellido por motivos de privacidad, no ha vacunado a sus hijos contra el sarampión.
Hasta ahora, la familia ha evitado la enfermedad, pero conoce a muchos que no.
Al preguntarle si le preocupa que sus hijos se infecten, Inna se encogió de hombros.
“Nos preocupa más el contenido de la vacuna”, dijo, y añadió que había oído que estaba relacionada con el autismo, un punto que ha sido desmentido.
“Tuvieron varicela y se recuperaron”, dijo sobre sus hijos. El sarampión conlleva un riesgo mucho mayor de complicaciones potencialmente mortales que la varicela.
Algunos padres están más preocupados por los riesgos de una vacuna que por el riesgo, antes bajo, de contraer sarampión, recalcó Jennifer Grier, profesora asociada de inmunología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Sur en Greenville.
“Desafortunadamente, ahora contraer sarampión ya no es un riesgo bajo”, afirmó.
A kilómetros de distancia del lugar, otro brote de sarampión que se extiende ha enfermado a cientos de personas a lo largo de la frontera entre Utah y Arizona.
Lorna White, de 23 años y madre de cuatro hijos, residente del pequeño pueblo de Kanebed, Arizona, decidió no vacunar a sus hijos contra el sarampión, ya que le preocupaba que fuera “mucho para un cuerpo tan pequeño”.
“Si fuera a vacunar a mis hijos con la triple vírica y tuvieran un efecto secundario adverso, les causaría eso”, explicó.
Ella y sus hijos contrajeron sarampión en Navidad.
“O todos tuvimos suerte con los casos leves o el sarampión no es tan grave como dicen”, declaró en enero.
Pero algunos podrían no notar los efectos hasta años después. El sarampión puede provocar complicaciones a largo plazo, como encefalitis y amnesia inmunitaria, que reprograma el sistema inmunitario, dejándolo con una capacidad limitada para responder a nuevas infecciones.
Estos son los tipos de riesgos que Simko menciona cuando habla con pacientes que dudan en vacunarse. También intenta reconocer que existen riesgos pequeños y poco frecuentes con las vacunas, pero que estos riesgos son insignificantes en comparación con la amenaza del sarampión.
“Algunos seguirán optando por no vacunarse”, añadió. “No es lo ideal, pero no puedo obligar a nadie”.
El Departamento de Salud Pública de Carolina del Sur (DHS) ha logrado algunos pequeños avances, como la vacunación de 62 personas en clínicas móviles, 42 adultos y 20 niños, desde octubre.
Sin embargo, los expertos en salud pública afirman que el gobierno federal, y en particular la reestructuración de la política de vacunación estadounidense impulsada por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., ha obstaculizado los esfuerzos.
Bajo el liderazgo de Kennedy, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. redujeron drásticamente la cantidad de vacunas infantiles recomendadas, aunque no la vacuna triple vírica (MMR).
Kennedy ha expresado opiniones encontradas sobre la vacuna triple vírica, afirmando en ocasiones que es la mejor manera de protegerse contra la enfermedad, mientras que en otras ocasiones ha puesto en duda su seguridad.
Sus palabras y su escepticismo tienen peso en Spartanburg, según comentaron los residentes.
“Es muy respetado aquí”, dijo Martin. “Creo que eso definitivamente tiene algo que ver con [la reticencia a las vacunas]”.
En las últimas semanas, Kennedy, quien desde hace mucho tiempo se muestra escéptico respecto a las vacunas, ha guardado silencio sobre el brote en Carolina del Sur.
En una declaración a la BBC, el Departamento de Salud y Servicios Humanos afirmó que la vacunación es “la forma más eficaz de prevenir el sarampión, y el Secretario ha sido claro y coherente al respecto”.
Algunos aliados de Kennedy han restado importancia a la preocupación por los casos. Al preguntársele la semana pasada si la inminente pérdida del estatus de país que ha erradicado el sarampión era significativa, Ralph Abraham, subdirector de los CDC, respondió: “En realidad, no”.
Esa misma semana, Kirk Milhoan, elegido por Kennedy para dirigir un panel asesor independiente sobre vacunas, afirmó que las vacunas contra la polio y el sarampión deberían ser opcionales.
Sugirió que esto permitiría una mejor recopilación de datos sobre los peligros del sarampión.
“Lo que vamos a tener es una experiencia real de cuándo las personas no vacunadas contraen sarampión: ¿cuál es la nueva incidencia de hospitalizaciones? ¿Cuál es la incidencia de muertes?”, declaró en el podcast “¿Por qué deberíamos confiar en ellas?”.
Para los expertos médicos, no es un misterio.
La enfermedad se propagará por comunidades con bajas tasas de vacunación, infectando a muchos, antes de pasar al siguiente grupo grande de personas no vacunadas, afirmó Chris Lombardozzi, director médico de los hospitales de cuidados intensivos del Sistema Regional de Salud de Spartanburg.
“En última instancia, me preocupan todas las enfermedades contra las que vacunamos que solían ser comunes”, dijo, citando la polio, las paperas y la rubéola.
Tal experimento, y la pérdida del estatus de país que ha erradicado el sarampión, probablemente tendrá consecuencias mortales para los niños estadounidenses, advirtieron los expertos médicos.
“Sería una especie de fracaso de la salud pública en nuestra nación”, declaró Grier. “Tenemos los medios para detener las infecciones, conocemos el riesgo de las mismas, y aun así la enfermedad ha regresado a nuestra comunidad”.
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