
Por primera vez desde 2016, México se encuentra bajo evaluación internacional por riesgo de restablecimiento de la transmisión endémica del sarampión, luego de un incremento significativo de casos durante 2025, que derivaron en 25 defunciones, según cifras oficiales, y la persistencia de contagios en las primeras semanas de 2026.
En lo que va de 2026 ya se ha confirmado una defunción, y la advertencia emitida por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) coloca al país ante el riesgo real de perder su estatus de nación libre de sarampión.
En un comunicado publicado el 16 de enero, la OPS anunció que México y Estados Unidos fueron citados a una reunión virtual el próximo 13 de abril para evaluar su situación tras los brotes iniciados el 20 de enero de 2025 en Estados Unidos y el 1 de febrero de 2025 en México.
Durante ese encuentro, la Comisión Regional para el Monitoreo y la Reverificación de la Eliminación del Sarampión revisará si en alguno de los dos países persiste una transmisión ininterrumpida, durante al menos 12 meses, de un mismo genotipo y linaje del virus dentro de su territorio. De confirmarse, la resolución podría implicar la pérdida del estatus que México mantiene desde 2016.
Ambas naciones tenían como plazo original el 20 de enero para demostrar que habían interrumpido la transmisión sostenida, pero solicitaron a la OPS una prórroga de dos meses.
La revocación del estatus funciona como una señal de alerta: indica que el sarampión puede reinstalarse de manera sostenida en el país y, con ello, aumentar el riesgo de casos graves y fallecimientos.

Hace dos meses la OPS informó que las Américas, como región, habían perdido su estatus de eliminación, que había recuperado apenas en 2024 luego de que se detuvo un brote en Brasil. En su comunicado del 10 de noviembre pasado, la Organización señaló que la transmisión prolongada en Canadá provocó la reclasificación continental.
El sarampión puede evitarse casi por completo cuando los países mantienen coberturas de vacunación cercanas al 95%; sin embargo, los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud muestran que México no alcanzó ese nivel en los últimos años.
Entre 2022 y 2024, la aplicación de la primera dosis se mantuvo por debajo del umbral recomendado: 85.79% en 2022, 76.35% en 2023 y 79.86% en 2024. La situación fue aún menos favorable con la segunda dosis, cuyas coberturas descendieron de 82.5% en 2022 a 73.69% en 2023 y 68.96% en 2024.
El Informe Diario del Brote de Sarampión en México, con corte al 23 de enero de este año de la Dirección General de Epidemiología, confirma que 2025 fue un año de repunte significativo.
Las cifras muestran un total de 15 mil 749 casos probables y 6 mil 424 casos confirmados asociados al brote.
El brote inició en la semana epidemiológica 5 de 2025 y se propagó rápidamente en el país, con mayor impacto en entidades con rezagos en la cobertura de vacunación. Los mayores registros de contagios y defunciones se concentraron en Jalisco, con 663 casos confirmados y dos muertes; Chiapas, con 247 casos; Michoacán, con 246; Guerrero, con 243; y Chihuahua, que fue el punto de origen del brote y acumuló 4 mil 493 casos confirmados y 21 defunciones.
Al cierre de 2025, México registró un total de 25 defunciones asociadas al sarampión, una cifra inédita en años recientes y que pesará en la evaluación internacional prevista para abril.
El informe epidemiológico indica que, en lo que va de 2026, se ha registrado una defunción por sarampión —ocurrida en Michoacán— y que la transmisión del virus sigue activa. Jalisco concentra ahora la mayor cantidad de casos confirmados, con 521, mientras que en Chihuahua —donde comenzó el brote— las cifras oficiales apuntan a que la propagación fue controlada, con solo siete casos reportados en lo que va del año.
Otros estados con una carga relevante de contagios son Chiapas, con 200 casos confirmados; Sinaloa, con 65; la Ciudad de México, con 51; y Colima, con 34.
La gráfica epidemiológica incluida en el informe muestra que, hasta la fecha de corte, en 2026 se han acumulado 2 mil 448 casos probables y 987 casos confirmados de sarampión.
La distribución por edad continúa mostrando una mayor afectación en niñas y niños menores de cinco años.
Durante la conferencia matutina del pasado 20 de enero encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, el secretario de Salud, David Kershenobich, reconoció que México se encuentra en riesgo de perder su estatus. El funcionario detalló que el país solicitó alinearse a la prórroga de dos meses pedida por Estados Unidos a la OPS para reforzar sus estrategias de control.
“Canadá ya perdió su estado libre de sarampión; Estados Unidos también está, y solicitó una ampliación de dos meses; y nosotros también nos hemos apuntado precisamente en esos dos meses para tratar de controlar el brote”, afirmó.
Explicó que México está en contacto permanente con la OPS y que una reunión clave está programada para la primera semana de abril, en la que los países presentarán sus informes completos. “El mensaje muy importante es vacunarse, no hay otra manera de controlarlo más que, de vacunarse”, subrayó.
Recalcó que, más allá de la certificación, la meta es alcanzar 95% de cobertura nacional, porque “esa es la única manera de controlar el sarampión”.
El funcionario atribuyó el repunte de casos de sarampión a los rezagos en la vacunación provocados por la pandemia de Covid-19. “Tiene que ver con lo que surgió en Covid, en donde no se aplicaron las vacunas a todos los niños”, explicó, al señalar que esta interrupción dejó a amplios sectores de la población sin protección y facilitó la reaparición del virus.
Kershenobich presentó los inventarios y avances de la campaña de vacunación. Informó que México cuenta con 23 millones 529 mil vacunas contra sarampión disponibles.
Detalló que durante 2025 se distribuyeron 13 millones 872 mil vacunas y que en las primeras semanas de 2026 se han distribuido 3 millones 836 mil. También señaló que en 2025 se adquirieron 10 millones 800 mil dosis y en 2026 se han adquirido 27 millones 365 mil más, suficientes —dijo— para los próximos dos años.
Hasta el momento, el país ha aplicado 11 millones 853 mil 684 dosis. El funcionario explicó que la campaña se basa en tres momentos: vacunación a recién nacidos, aplicación de la segunda dosis en la infancia y una dosis de recuperación para personas rezagadas.

Añadió que los grupos que necesitan vacunarse son niñas y niños de un año y 18 meses, población rezagada de 2 a 9 años, personal de salud, personal educativo y jornaleros agrícolas, este último un grupo especialmente relevante en la dinámica del brote.
Explicó también que, debido a la circulación activa del virus, se adoptó la estrategia de aplicar una “dosis cero” para niñas y niños de 6 a 11 meses, con el fin de no esperar hasta el año de edad. “Fuera del brote, la primera vacuna se pone a los 12 meses, pero en medio del brote hemos adelantado una ‘dosis cero’”, precisó.
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El secretario presentó mapas que muestran los avances en cobertura estatal. En Jalisco, el estado más afectado, la cobertura de la primera dosis pasó de 65 a 85%, la de segunda dosis de 64 a 89% y la de tercera dosis de 61 a 84%. Aunque la tendencia es ascendente, ninguna ha alcanzado aún el 95% requerido.
De acuerdo con la OPS, el sarampión es una infección viral muy contagiosa que se transmite por las gotículas que expulsan las personas infectadas. Sus primeros síntomas —fiebre alta, escurrimiento nasal, ojos irritados y manchas blancas dentro de la boca— aparecen alrededor de una o dos semanas después del contagio.
Poco después surge un exantema que inicia en la cara y se extiende al resto del cuerpo. Aunque no existe un tratamiento específico, la OPS señala que el sarampión puede causar complicaciones serias, como neumonía, diarrea grave y encefalitis, especialmente en población infantil o inmunodeprimida. La vacunación es la forma más eficaz de prevenirlo.

Mientras Cuba se prepara para un temido escenario de “cero combustible” por las presiones de Trump, los cubanos tiran de solidaridad, inventiva y previsión.
Elizabeth Contreras* remueve el carbón en la cocina que improvisó sobre bloques de cemento en el patio de su casa.
En la parrilla hay unas piezas de pollo que alimentarán a tres familias del barrio en un municipio periférico del suroeste de La Habana.
“Mucha gente lleva días cocinando así porque la olla eléctrica apenas puede usarse sin corriente y queda poco gas”, le cuenta a BBC Mundo.
“Nos ayudamos entre vecinos en esta incertidumbre”, añade esta pensionista de 68 años.
Cuba sufre una crisis energética y de escasez de combustible que se agravó desde mediados de 2024 y que en este 2026 se acerca a un abismo impredecible.
“Vamos a vivir tiempos difíciles”, aseguró el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en una alocución el pasado 5 de febrero que precedió al anuncio de un plan extraordinario de ahorro energético.
Tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, el gobierno de Donald Trump en EE.UU. desplegó varias medidas que dificultan el acceso a combustible de la isla, como la amenaza de imposición de aranceles a los países que envíen petróleo.
Washington se ha asegurado de que Cuba no reciba petróleo de Venezuela, que durante dos décadas ha sido el principal aliado de La Habana, y ha incrementado la presión para reducir el crudo que llega desde México.
Esto se une a problemas crónicos para generar electricidad por deficiencias productivas, plantas termoeléctricas obsoletas y falta de divisas para acceder a combustibles en el mercado internacional.
Son situaciones que el gobierno de La Habana atribuye al embargo económico estadounidense impuesto sobre Cuba desde los años 60, cuando triunfó la revolución socialista de Fidel Castro y se nacionalizaron industrias y negocios estadounidenses.
Lo que se vive en Cuba estos días trae recuerdos del pasado a algunos de los habitantes de la isla.
En los 90, Cuba dependía mayoritariamente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), su principal aliado político y comercial.
Tras derrumbarse la URSS, los cubanos sufrieron una grave crisis conocida como el Periodo Especial que para muchos, incluida Contreras, nunca llegó a superarse del todo, sino que se pasó “por mejores y peores momentos”.
“Pero lo de ahora me parece más grave”, opina.
Con el colapso del comercio entre Moscú y La Habana a comienzos de los 90, los cubanos se vieron forzados a un racionamiento extremo de recursos y alimentos.
Como ahora, cocinaron con carbón, sufrieron problemas de transporte y convivieron con largas horas de apagones.
Contreras recuerda que, “parecido a hace tres décadas, hemos sufrido cortes de electricidad de hasta 18 horas en más de una ocasión en las últimas semanas”.
El plan anunciado por el gobierno cubano para ahorrar incluye racionar la venta de combustible, utilizándolo para actividades económicas imprescindibles y servicios esenciales, además de priorizar el teletrabajo e implementar clases semipresenciales en universidades.
Díaz-Canel rescató en su discurso el concepto de “opción cero”, un plan de supervivencia planteado en los 90 ante un escenario de “cero petróleo”.
Michael Bustamante, profesor asociado de estudios cubano-estadounidenses de la Universidad de Miami, aclara que, en términos comparativos, el PIB de Cuba hoy es menos débil que en los 90.
“Entre el 91 y el 94, el PIB se desplomó más de un tercio. Desde la pandemia para acá, el deterioro se calcula en un 11%. No existe la misma magnitud”, dice el académico.
Sin embargo, Bustamante comprende que muchos crean que la crisis actual es más grave.
“La economía cubana nunca se recuperó del todo tras el Periodo Especial y, aunque el colapso de ahora es menor en porcentaje, se siente peor para muchos porque se parte de una situación ya de por sí delicada”, añade el experto.
Bustamante observó en su último viaje a Cuba en 2023 que los cubanos sienten que en los 90 la crisis fue igual para todos, pero que hoy se notan disparidades.
“Tras la aparición de tiendas privadas, bien surtidas, quienes tienen dinero pueden conseguir cosas. Uno pensaría que eso aliviaría la crisis para algunos, pero tengo la sensación de que hay una desigualdad rampante que poco tiene que ver con lo vivido en los 90”, argumenta.
Dos testimonios obtenidos por BBC Mundo relatan que, en medio de la crisis, todavía notan cierta normalidad en las calles.
“Veo Cuba como hace unas semanas. No hay fogatas en cada calle y vimos bastante gente fuera, haciendo fila en cajeros y mucho tráfico. Todavía no he visto ‘la época de las cavernas’ que pintan muchos”, cuentan dos mujeres en mensajes de voz.
Lo cierto es que, ya sea por costumbre o inventiva, a muchos esta situación les agarra prevenidos.
Una usuaria cubana en TikTok, @darlinmedina93, ha explicado en su cuenta cómo cocinar con leña o lavar ropa en ríos.
“Sé que me vas a decir que la cocina en leña es muy rica (…) pero no es fácil, mi amor, que tengas que batirte todos los días a cocinar con carbón, leña, que tu casa se te llene de tizne y que te ahogues del humo”, narra la usuaria en uno de sus videos.
Jennifer Pedraza*, trabajadora y estudiante de 34 años, reúne “bombillos, ventiladores y lámparas recargables, además de cargadores portátiles”.
“También acumulo agua, que está fallando”, le dice a BBC Mundo.
Pedraza y Contreras sí notan una disminución del tráfico en los últimos días.
Imágenes de agencias de noticias mostraron importantes avenidas vacías este domingo, como la del Malecón habanero, que habitualmente es una de las más transitadas de la capital.
“Solo rezo por no enfermarme porque me da pavor pensar cómo podré moverme”, dice Contreras.
Es algo que no le afecta tanto a Pedraza porque vive cerca de su trabajo, pero recientemente “dejó de hacer un examen en la universidad” porque estudia lejos y “no había cómo llegar”.
Su principal preocupación es su hijo de 9 años: “En la escuela casi nunca hay corriente y, cuando sale, debe hacer repasos y tareas a oscuras porque cuando llega a casa tampoco hay electricidad”.
“Tampoco puede ver dibujos animados o películas, ni usar mucho el teléfono cuando no hay luz o internet. Es complicado para un niño estar todo el tiempo a oscuras”, cuenta.
La situación, si bien grave, no es crítica para todos los ciudadanos con los que contactó BBC Mundo. Varios de ellos cuentan con familiares en el exterior que envían remesas, alimentos y recursos, o tienen un empleo por cuenta propia.
Pero quienes no tienen estas vías se apañan con un salario medio de 6.830 pesos cubanos al mes (US$14 al cambio en el mercado informal), según cifras de noviembre de la Oficina Nacional de Estadística e Información de la República de Cuba.
Una botella de aceite cuesta alrededor de US$2,5 y una caja con 30 huevos casi US$6, según Pedraza. Ahí se va más de la mitad del ingreso oficial.
Tras la captura de Maduro, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, quien es de origen cubano, comenzaron a presionar al gobierno de la isla.
No está claro si, como en Venezuela, buscan forzar un cambio de liderazgo tras más de 60 años de un sistema sociocomunista de partido único.
Antes de las presiones petroleras, ya Trump había incluido de nuevo a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo y revertido muchas de las medidas aperturistas tomadas por Washington en 2015, a fines de la segunda presidencia de Barack Obama.
Díaz-Canel aseguró en su discurso del 5 de febrero que “Cuba está dispuesta a un diálogo con EE.UU. sobre cualquier tema”, aunque “sin presiones”.
La historia dice que las medidas de EE.UU. contra la isla han servido poco para acercar posturas.
“La asfixia económica de EE.UU. hacia Cuba nunca ha funcionado. Empobrece a la población y la afecta mucho más que al gobierno. No ha servido para que se negocie la gestión económica y política de la sociedad cubana”, recuerda Bustamante.
El profesor cree posible que esa historia de presión que no llega a ninguna parte se repita, aunque piensa que EE.UU. tiene hoy más cartas sobre la mesa.
“La pregunta es si Washington forzará una crisis humanitaria que provoque un estallido social y justifique una intervención militar o si el gobierno cubano cederá o apostará a aguantar hasta las elecciones de medio término y que Trump pierda capital político”, analiza Bustamante.
Son teorías que resuenan en la población cubana.
“Hay quien comenta si aquí puede suceder lo de Venezuela, aunque a nadie le gusta escuchar sobre balas y bombas”, comenta Contreras.
La sensación de que “algo va a pasar” es compartida entre cubanos de dentro y fuera de la isla, pero es difícil de predecir que será ese “algo” tras décadas de impasse político entre Washington y La Habana.
*Los nombres reales de los testimonios fueron omitidos por protección de fuentes.