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“Lo recuerdo como un amigo”: un altar en Iztapalapa guarda la memoria de las víctimas de la explosión
“Lo recuerdo como un amigo”: un altar en Iztapalapa guarda la memoria de las víctimas de la explosión
Foto: Israel Fuguemann
4 minutos de lectura

“Lo recuerdo como un amigo”: un altar en Iztapalapa guarda la memoria de las víctimas de la explosión

El Puente de la Concordia es parte de una obra millonaria inaugurada en 2007, durante los gobiernos del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, y el exjefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, la megaobra no cuenta con las señaléticas necesarias que adviertan a los conductores sobre la estrechez de las curvas o de los entronques.
13 de septiembre, 2025
Por: Israel Fuguemann

El olor a hierba quemada todavía se percibe en el aire y se cuela por las fosas nasales. Los restos de la explosión del 10 de septiembre siguen presentes, no sólo en las casas, los árboles o el pavimento, sino también en la atmósfera del lugar: citadina, impersonal y periférica. La avenida, normalmente concurrida, permanece en silencio.

En medio de estos puentes y estructuras de concreto que se alzan colosalmente a más de cuarenta metros de altura, entre algunas de las zonas pobres del Valle de México, se ha montado espontáneamente la imagen de la Virgen de Guadalupe y, a sus pies, un pequeño altar en honor a las más de cien personas afectadas por el volcamiento y explosión de una pipa de gas perteneciente a la empresa Silza.

Hasta ese lugar ha llegado Julio César, un hombre joven que no esconde su dolor; en sus manos porta una veladora. Mientras la enciende, cierra los ojos y susurra algunas palabras para sí. El fuego que acompaña la comida, los mensajes y las fotografías del altar tiene una dedicatoria especial: está dirigido a la memoria de Eduardo Noé García, antiguo profesor de matemáticas de secundaria, fallecido en el accidente ocurrido apenas dos días antes.

“Lo recuerdo como un amigo”: un altar en Iztapalapa guarda la memoria de víctimas de la explosión
Foto: Israel Fuguemann

—Más que como un profesor lo recuerdo como un amigo. Yo no era un buen estudiante, pero el profe me ayudó mucho cuando iba en la secundaria. Gracias a sus consejos y enseñanzas pude seguir estudiando. Por esa razón estoy aquí.

Puente de la Concordia es insegura para peatones 

Al igual que Julio César, otras personas se van acercando a cuentagotas. Llegar hasta el altar, a escasos metros de donde fue el accidente, no es sencillo, porque la zona no es transitable para los peatones: no existen puentes ni cruces seguros. Para lograrlo hay que librar las avenidas y los autos que no paran de circular. Varias de ellas no conocían a ninguna de las personas que resultaron heridas, pero la empatía no responde solamente a los lazos afectivos.

Gabriel Vargas vive a cuatro calles del lugar, en la colonia Lomas de Zaragoza, justo delante de la zona siniestrada. Él no conoce directamente a ninguno de los heridos, pero estaba muy cerca cuando todo ocurrió. Recuerda el estruendo de la explosión, el caos y el miedo que desató en su barrio. Él, como otros tantos vecinos, intentó poner su “granito de arena”, llevando agua, cubetas, cobijas, todo aquello que ayudara a sofocar el fuego.

“Lo recuerdo como un amigo”: un altar en Iztapalapa guarda la memoria de víctimas de la explosión
Foto: Israel Fuguemann

—Ayudamos como pudimos y desde donde pudimos; cuando algo así ocurre, hay que solidarizarse. Somos mexicanos, somos humanos.

El Puente de la Concordia es parte de una obra millonaria inaugurada en 2007, durante los gobiernos del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, y el exjefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard. El inmenso distribuidor automovilístico, de más de tres kilómetros de largo, se construyó pensando en aliviar la inmensa carga vial que esta frontera entre ambas demarcaciones desahoga a diario.

“Lo recuerdo como un amigo”: un altar en Iztapalapa guarda la memoria de víctimas de la explosión
Foto: Israel Fuguemann

A pesar del alto flujo, la megaobra no cuenta con las señaléticas necesarias que adviertan a los conductores sobre la estrechez de las curvas o de los entronques por los que circulan. En el caso de la avenida donde la pipa se volcó, solo 5.90 metros en su punto más angosto separan los muros de contención, según las mediciones del personal de Ingeniería de Tránsito de la Ciudad de México, que aún trabaja en el lugar junto a algunas de las aseguradoras de la gasera implicada.

Vecinos intentan regresar a la normalidad

Aunque una aparente calma envuelve la zona del siniestro, muchos de los vecinos que presenciaron la explosión siguen procesando el impacto de ser testigos de un suceso así. El miedo y la constante sensación de alerta son apenas el inicio de un largo camino por el que deben atravesar las personas que presentan síntomas de estrés postraumático.

Alberto Gómez, que prepara tacos a tan solo 300 metros de la zona cero, no puede sacar de su mente muchas de las imágenes que presenció el miércoles pasado: en esos recuerdos aún hay gente que corre pidiendo auxilio y una inmensa nube de gas que se avecinaba al puesto donde trabaja.

“Lo recuerdo como un amigo”: un altar en Iztapalapa guarda la memoria de víctimas de la explosión
Foto: Israel Fuguemann

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—Fue horrible. Mis compañeros y yo pudimos salir del lugar, aunque la onda expansiva de calor nos alcanzó, no sufrimos ninguna quemadura. Ayer no vine a trabajar, pero hoy que volví miro hacia el lugar del accidente y veo la gran nube de gas viniendo hacia mí. Llevo dos noches sin poder dormir, pero tampoco puedo dejar de trabajar; por eso estoy aquí, no queda de otra.

Aunque las autoridades han iniciado peritajes y han hecho promesas de reparación, algunos vecinos insisten en que las deficiencias estructurales y la falta de señalización siguen siendo un riesgo latente en esta y otras zonas aledañas. La herida que dejó la tragedia no solo se mide en las pérdidas humanas y materiales, sino también en la desconfianza con la que ahora las personas deben volver a retomar sus vidas poco a poco.

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Foto: Israel Fuguemann
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Imagen BBC
“Sentí que había muerto”: sobrevivientes relatan lo que vivieron durante el bombardeo de EU al Bloque 12 en Venezuela
6 minutos de lectura

Sobrevivientes al ataque de EU en Venezuela que condujo a la captura de Nicolás Maduro cuentan sus testimonios. Rosa González murió por el impacto de un misil estadounidense en su casa.

10 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Eran las 2:00 de la mañana cuando un proyectil cayó en su departamento. “La onda explosiva me tiró contra la pared”, recuerda Wilman González.

Tirado en el suelo, abrió los brazos mirando al cielo y se despidió: “Dios, perdona todos mis pecados”.

En ese instante, recuerda, “sentí que había muerto”. Momentos después se dio cuenta que tenía enterrada en su cara una astilla de madera que se había desprendido de la puerta.

“Como pude me la saqué y fui a atender a mis hermanos que estaban aturdidos por el impacto”, cuenta a BBC Mundo el electricista de 54 años.

Aún con el pómulo derecho morado, apenas puede creer lo que le pasó a él y su familia este 3 de enero, cuando las fuerzas militares estadounidenses atacaron Venezuela y capturaron al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.

Wilman vivía en el Bloque 12, un antiguo edificio ubicado muy cerca de una importante base militar de Venezuela, la Academia de la Armada Bolivariana, en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera de Caracas.

Habitado principalmente por personas de edad avanzada en un barrio popular, el Bloque 12, o lo que queda de él, es ahora un símbolo de uno de los mayores acontecimientos ocurridos en la historia reciente de Venezuela: el bombardeo de Estados Unidos ordenado por el presidente Donald Trump.

Y es uno de los edificios civiles afectados en un ataque que principalmente tuvo como objetivo instalaciones militares y de comunicaciones.

Mientras Maduro permanece detenido en una cárcel de Nueva York acusado por cargos relacionados con narcoterrorismo, la presidenta interina del país, Delcy Rodríguez, es quien asumió esta semana las riendas del país bajo la tutela de EU.

Según el ministro del Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, la operación causó la muerte de unas 100 personas, incluyendo civiles y militares.

Bloque 12, edificio parcialmente destruído por un misil estadounidense en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera desde Caracas.
BBC
Bloque 12, el edificio donde murió Rosa González por el impacto de un misil estadounidense.

Wilman es uno de los sobrevivientes, pero su tía Rosa, de 79 años, que dormía en la habitación del lado, no tuvo la misma suerte.

“Ella empezó a gritar: ‘Ay, me duele, me duele el brazo’ (…). Había una lavadora encima de ella. Una lavadora que con el impacto voló y le cayó encima”, cuenta su sobrino que, con dificultad, logró sacarla y sentarla en una silla.

Fue en ese momento cuando la mujer le dijo que no podía respirar.

Desesperados, los familiares llevaron a Rosa González a un hospital donde recibió atención médica de urgencia. Pero pese a todos los esfuerzos, fue demasiado tarde.

Wilman González frente a su departamento destruido.
BBC
“Mira cómo quedó… no es justo”, reclama Wilman González frente a los escombros de su departamento.

Con el ataúd semi abierto para decirle adiós, dos días después del bombardeo, familiares y amigos velaron a Rosa en una pequeña capilla de paredes blancas frente a una estatua de Jesucristo en la cruz.

Wilman, que por ahora está viviendo en la casa de un cuñado, se para frente al que alguna vez fue su hogar y mira los escombros sin explicarse lo que pasó. “Mira cómo quedó… No es justo, no es justa esta vaina”, dice profundamente molesto, mientras señala los restos del Bloque 12.

“La parte más grande del proyectil quedó en el cuarto de mi tía”.

Los restos del misil estadounidense, cuenta, se los llevó el gobierno. Pero el trauma de la experiencia se queda. “Estamos asustados, nosotros nunca hemos estado en una guerra”, cuenta desconsolado.

“Señores, ¡no a la guerra, no a la guerra!. La guerra no hace falta, lo que hace falta es comer, vivir”, grita con rabia frente al edificio. Lo único que hay frente a sus ojos son paredes demolidas, vidrios quebrados, trozos de objetos personales, y los restos de una vida que nunca volverá a ser como antes.

Velatorio de Rosa González.
AFP via Getty Images
Rosa González murió por el impacto de un misil estadounidense en su casa.

Su vecino, Jorge Cardona, de 70 años, estaba en la sala de su departamento cuando cayó el misil.

De repente, sintió un ruido y luego vino el impacto. “Escuché la explosión y la llamarada de candela y todo voló”.

Quedó tirado en un pasillo. “La pared del vecino se vino para mi casa y se llevó muebles, se llevó todo”. Cuando logró reaccionar, comenzó a sacudirse el polvo y los escombros que habían caído sobre su cuerpo. Rápidamente se puso un pantalón y unos zapatos, y fue a hablar con los vecinos.

“Yo pensé que nos estaban atacando, pero nunca pensé que me iban a atacar a mí”. El proyectil, cuenta, “pegó en la platabanda (techo) de arriba, en el pasillo, y pasó por la ventana del baño de los vecinos”.

“Estamos vivos de milagro”, le dice a BBC Mundo. “Fue algo que se vive una sola vez en la vida y se ve nada más en las películas de Hollywood, donde el muchacho se salva”.

¡Al suelo, tírate al suelo!

Jesús Linares, de 48 años, estaba durmiendo cuando un zumbido fuerte lo despertó. Lo primero que se le vino a la cabeza es que podía tratarse de un fuego artificial de las celebraciones de fin de año.

Jesús Linares.
BBC
“La onda expansiva me arroja al piso y siento que algo me golpea la cabeza”, recuerda Jesús Linares.

Pero cuando llega el impacto, su hija de 16 años, que estaba durmiendo en la misma habitación, le preguntó: “¿Papá qué pasa?”. Él le contestó: “Hija, nos están invadiendo”.

En ese momento la sacó de la cama y mientras iba camino al cuarto de su madre, sintió un nuevo zumbido. Era el misil que impactó el edificio, destruyendo la entrada principal de su casa.

“La onda expansiva me arrojó al piso y sentí que algo me golpeaba la cabeza. Cuando me levanté le grité a mi hija: ‘¡Al suelo, tírate al suelo!'”.

Descalzo, pasó por encima de unos vidrios para buscar zapatos y alcanzó a empacar alguna ropa para él, su hija, y su madre, de 85 años. Luego entró al departamento de su vecina y la encontró tirada en el suelo, totalmente desorientada y con heridas en el cuerpo.

Coronel de bomberos, con 28 años de servicio en la institución, Jesús se dio cuenta que la mujer requería ayuda inmediata. Con una sábana improvisó un vendaje en la cabeza y otro en la pierna para detener la hemorragia.

Su madre y su hija, afortunadamente, solo quedaron con traumatismos leves.

Recordando lo que pasó esa noche, llega a la conclusión de que automáticamente había aplicado el protocolo que se utiliza en caso de un terremoto. Eso le permitió rescatar con vida a su vecina y ponerse a resguardo junto a sus parientes.

Bloque 12, ubicado muy cerca de una importante base militar de Venezuela, la Academia de la Armada Bolivariana, en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera desde Caracas.
BBC
Al menos ocho departamentos quedaron destruidos por el misil.

Ahora está colaborando en las tareas de reconstrucción del Bloque 12 y permanece alojado en la casa de un familiar junto a su hija y su madre, con la expectativa de volver a su hogar.

Y aunque Jesús está acostumbrado a lidiar con situaciones difíciles, la caída del misil en su edificio le ha dejado algunas secuelas.

Desde el ataque, Jesús se levanta todos los días a eso de las 2:00 de madrugada, la hora en que el proyectil impactó en su vivienda.

A esa hora, “retrocede la película”, y recuerda lo que vivió el día en que Estados Unidos atacó Venezuela e impactó al Bloque 12.

Bloque 12, ubicado muy cerca de una importante base militar de Venezuela, la Academia de la Armada Bolivariana, en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera desde Caracas.
BBC
Los habitantes afectados esperan regresar a sus departamentos tras las tareas de reconstrucción.
BBC

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