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¿Dónde estamos y hacia dónde vamos? Balance de la salud pública y desafíos para 2026

2025 fue un año de consolidación administrativa y de un importante despliegue de programas, más que de mejoras sustantivas y homogéneas en los resultados de la política de salud.
06 de enero, 2026
Por: Evelyn Guzmán Rojas

Este 2025 la política del gobierno mexicano se caracterizó por centralizar sus decisiones en la continuidad y expansión administrativa de programas sociales, acompañada de una narrativa de derechos y universalidad que contrastó con limitaciones operativas y presupuestarias persistentes. En el caso de la política de salud, las acciones implementadas por el gobierno muestran avances en términos institucionales, pero no se traducen en una ampliación efectiva de cobertura, además de enfrentar serias restricciones estructurales y financieras que condicionan su impacto.

Destaca, en primer lugar, la expansión del IMSS-Bienestar como principal proveedor de servicios públicos de salud para la población sin seguridad social: hasta diciembre de 2025, 23 entidades federativas se habían incorporado al IMSS-Bienestar. Se formalizaron decretos y anuncios de incorporación de hospitales rurales y unidades médicas en varias entidades, con la promesa de mantener atención gratuita para poblaciones marginadas.

En segundo lugar, se llevaron a cabo acciones masivas de prevención y atención primaria que incluyeron campañas de vacunación, educación en salud y acciones comunitarias. Destaca la “Semana Nacional de Salud Pública 2025”, en la que se reportó un alcance amplio (26.2 millones de personas atendidas en todo el país), lo que mostró capacidad operativa –como resultado de la coordinación interinstitucional y multisectorial– para acercar servicios preventivos a la población.

Por último, la estrategia de unificar las compras y adquisiciones de medicamentos e insumos para su distribución en las instituciones públicas de salud, a través de las “Rutas de la Salud” y recientemente las “Farmacias del Bienestar”. A principios de diciembre del año pasado se anunció por parte del gobierno la puesta en marcha de las “Farmacias del Bienestar” como el esquema de distribución gratuita de medicamentos, que en primera instancia beneficiaría a adultos mayores y personas con discapacidad, quienes tienen que acudir a las “Tiendas del Bienestar” para surtir sus recetas que previamente fueron emitidas por personal del programa “Salud Casa por Casa”. De acuerdo con la presidenta Claudia Sheinbaum, se prevé que para marzo de 2026 se cuente con este esquema en todas las entidades del país.

Si bien estas acciones reflejan una orientación hacia la atención primaria y el acceso universal a la salud, su implementación se ha dado en un contexto de restricciones presupuestarias, persistentes problemas de desabasto de medicamentos e insumos y déficit de personal de salud, lo que afecta considerablemente su continuidad y calidad de los servicios.

En suma, se puede aseverar que el 2025 fue un año de consolidación administrativa y de un importante despliegue de programas, más que de mejoras sustantivas y homogéneas en los resultados de la política de salud, dejando retos clave abiertos para su sostenibilidad y efectividad en 2026.

A partir de este balance es posible advertir los siguientes desafíos en materia de salud para este 2026:

  1. Financiamiento sostenido y rigidez presupuestaria, lo que implica hacer más con menos en un contexto de restricciones fiscales. Sin mayor financiamiento, la universalización de servicios seguirá siendo nominal. El desafío es consolidar un sistema que promete gratuidad, en este sentido, es fundamental destinar más recursos en infraestructura, capital humano, equipamiento y medicamentos.
  2. Consolidación real del IMSS-Bienestar. En 2026, el IMSS-Bienestar enfrentará su prueba más importante: pasar de la expansión territorial a la operación efectiva. Para ello será necesario fortalecer su capacidad operativa lo que implica homologar modelos de atención entre estados con realidades muy diversas; integrar sistemas de información clínica y administrativa; y, garantizar continuidad en la atención al absorber hospitales estatales con rezagos históricos.
  3. Abasto de medicamentos. El abasto seguirá siendo un reto central en 2026, por lo que debe implementarse una estrategia que considere los siguientes aspectos fundamentales:
    • Contar con una planeación eficiente basada en la demanda real;
    • Diseñar e implementar una logística robusta de distribución de medicamentos;
    • Contar con un sistema de transparencia que permita verificar la trazabilidad y el cumplimiento del surtimiento efectivo de medicamentos al paciente.
  1. Fortalecimiento del capital humano en primer y segundo nivel. Un sistema de salud será funcional con personal suficiente y bien distribuido, para ello es esencial que médicos especialistas y enfermeras cuenten con condiciones laborales adecuadas y contratos estables, además de asegurar una alta rotación de personal en zonas rurales y marginadas.
  2. Gobernanza, transparencia y rendición de cuentas. Este desafío es clave, ya que en conjunto hacen posible una política de salud más justa, eficiente y centrada en las personas, asegurando que los recursos públicos se utilicen correctamente y que el derecho a la salud se ejerza de manera efectiva, especialmente para las poblaciones más vulnerables.

* Evelyn Guzmán Rojas es coordinadora de la causa de Cero Desabasto.

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Imagen BBC
Dioses, emperadores y números que no coinciden: cuál es el origen del nombre de los 12 meses del año
6 minutos de lectura

La antigua civilización romana creó un calendario que sirvió de base para identificar los meses del año que tenemos hoy. Aunque a lo largo de miles de años, hubo varios cambios.

01 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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La llegada del nuevo año es una de las celebraciones que comparte todo el mundo… o al menos lo hacen los países que siguen el calendario gregoriano, vigente desde hace siglos.

Pero que sea enero el primer mes del año no es algo que siempre fue así. De hecho hubo un tiempo en el que marzo era el mes que marcaba el cambio de año.

Y es que el calendario que usamos hoy en día ha tenido varias reformas y ajustes a a lo largo de miles de años, desde su origen en la antigua civilización romana.

Desde su primera creación, atribuida a Rómulo, el mítico fundador de Roma junto a su hermano Remo, los romanos le dieron el nombre a cada uno de los 10 meses de su primer calendario. Y luego le añadieron dos meses más, enero y febrero.

Como en otras culturas, la sincronización con el año solar era el objetivo. Y aunque luego hubo que ajustar el desfase de los días, los nombres de los meses quedaron fijados así hasta nuestros días.

Aunque si miramos al pasado, su orden ha perdido su lógica inicial.

Enero

Siguiendo el calendario primitivo, bajo el mando del rey romano Numa Pompilio (753-674 a. C.) fueron añadidos los meses de enero y febrero al final del calendario de 10 meses, con el objetivo de ajustar el conteo del tiempo al año solar.

Así que este mes originalmente era el penúltimo hasta el cambio de posición bajo el calendario juliano, impuesto por Julio César.

En latín era llamado Ianuarius y su nombre procedía de Jano, el dios romano de los inicios o las puertas. Esta deidad era también considerado un dios de los finales, por lo que era representado con dos caras, mirando al pasado y al futuro, respectivamente.

Una ilustración del dios romano Jano
Getty Images
El dios Jano era representada con dos caras, una mirando al pasado y otra al futuro.

Febrero

A diferencia de enero, Februarius no recibió el nombre de un dios, sino que hacía referencia a la festividad romana de la Februa.

Esta fiesta se celebraba como ritual de purificación o expiación, ya que februare en latín significa “purificar”. Se realizaba al final del año romano, por lo que este mes era también el último.

Marzo

En el calendario primigenio romano, marzo era el inicio del año y fue llamado Martius, en honor a Marte, el dios de la guerra.

Para los romanos, el inicio del año no era a mitad del invierno boreal, como en la actualidad, sino en la época de primavera.

Era el momento adecuado de reactivar la agricultura y las campañas militares.

De hecho, iniciar el año con la primavera es algo que se usó durante mucho tiempo en diversas culturas. Reino Unido, por ejemplo, celebraba este mes el año nuevo hasta la adopción del calendario gregoriano en 1752.

Una pintura de Venus, Cupido y Marte, de la mitología romana
Getty Images
En la mitología romana, Marte era el dios de la guerra y pareja de Venus, con quien concibió a Cupido.

Abril

Sobre abril, hay distintas teorías sobre el origen de su nombre.

Una se refiere a un verbo del latín, aperire, o abrir, posiblemente para señalar el florecimiento en la agricultura.

Pero otra hipótesis lo relaciona con Afrodita, la diosa griega del amor.

Mayo

Este mes era Maius, dedicado a la diosa de la fertilidad y la primavera, Maia. Esta divinidad también era la madre del dios Mercurio.

Algunos, sin embargo, señalan que el nombre pudo originarse como referencia a los maiores, es decir, los ancianos en la cultura romana.

Junio

El origen de junio, o Iunius en el calendario romano, era la evocación a Juno, la reina de los dioses romanos y esposa de Júpiter.

Como tal, esta diosa también era considerada protectora de la maternidad y el matrimonio.

Pero el origen del nombre también está sujeto a debate, pues también pudo haberse dedicado a los iuniores, es decir, los jóvenes, algo que tendría concordancia con Maius.

La pintura
Getty Images
Junio también fue nombrado en referencia a una deidad romana: Juno.

Julio

Este mes no era originalmente llamado Iulius, la palabra en latín del nombre Julio, sino que se llamaba Quintilis por ser el quinto mes del año en el calendario romano original (Quintus significa quinto)

En este mes había nacido el líder Julio César, así que a la muerte de éste en el año 44 a.C., los romanos cambiaron el nombre a Iulius en su honor.

Bajo su dominio fue que se había instaurado la primera gran reforma del calendario de 365 días, que colocó a enero como inicio de año (y febrero como segundo).

Durante siglos, el calendario juliano fue el que regía en los dominios de esta civilización conquistadora.

Agosto

De manera similar a julio, el mes de Augustus, o agosto, originalmente era el sextus (sexto) mes del año y por ello era conocido como Sextilis.

Fue renombrado en 8 a.C. en honor a César Augusto, el primer emperador de Roma (27 a.C.-14 d.C.).

Septiembre

Siguiendo el orden numérico que tenían los meses en el calendario original, September, o septiembre, era nombrado por su posición.

Era el séptimo mes y los romanos lo nombraron por la palabra en latín septem, o siete.

Un busto de Julio César
Getty Images
Bajo su dominio, Julio César instauró el calendario de 365 días, el que hasta entonces se ajustaba más al año solar.

Octubre

El nombre de octubre, en latín October, venía de la palabra octo, que significa ocho.

Como el anterior, no estaba dedicado a un dios o un emperador, sino simplemente al octavo lugar que ocupaba en el año.

Noviembre

La historia del mes de noviembre, o November, no es diferente: también tuvo su origen en la palabra novem, o nueve, por su lugar en el calendario romano original.

Diciembre

Finalmente estaba diciembre, el décimo mes del año para los romanos, que ellos conocían como December por la palabra en latín decem, que significa diez.

Cuando llegó la reforma del papa Gregorio XIII, en 1582, no se renombró los meses ni se cambió su orden, sino que simplemente se ajustó la duración para incluir los días bisiestos que corrigieran el desfase con el año solar.

Y desde entonces el calendario gregoriano rige en buena parte del mundo.

BBC

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