
Arnulfo Cerón Soriano nació el 18 de julio de 1972 en la comunidad náhuatl de Coyahualco, municipio de Huamuxtitlán, Guerrero. Eran tiempos aciagos donde el revoloteo de los zopilotes anunciaba sólo tragedia y hambre. Las familias indígenas sobrevivían de “puro milagro” porque no había maíz. Arnulfo desde niño acompañaba a su papá a Tlapa para comercializar el poco producto que cosechaba del campo, quedaba sentado por unas horas en el atrio de la iglesia. Cuando el sol quería calentar la tierra seguían el camino a su comunidad. Un día su papá y su hermano fueron a comprar un marrano en la comunidad de Cualac, pero al regreso la desgracia cayó de repente cuando hombres armados los asesinaron en la Barranca de Coyahualco. Su mamá Rosalía tuvo que trabajar en el campo para sembrar un poco de maíz y frijol para no morir de hambre.
La muerte de su papá marcó la vida de Arnulfo. En sus recuerdos aún estaban esos viajes a Tlapa porque su papá le compraba una nieve y lo sentaba en el atrio de la iglesia. “Aquí me esperas hasta que yo vuelva”, le decía. Tuvo que estudiar para “salir de pobre”. Fue a la primaria y la secundaria en la cabecera municipal porque en su comunidad no había escuelas. En temporadas de lluvia tenía que pasar el río crecido para llegar a las aulas. En las tardes ayudaba a su mamá en la limpia de la milpa.
En los atardeceres sólo el canto de los grillos aliviaba su dolor por la muerte de su papá. Nadie pudo darle continuidad al comercio de cerdos. Doña Rosalía iba a trabajar a las casas para sortear los gastos de la escuela de sus hijos e hijas. Arnulfo creció en medio de la pobreza. Trabajó muy duro al lado de su mamá para poder salir adelante. Nunca dejó de estudiar. Terminó la preparatoria en Huamuxtitlán y entró a la escuela de derecho en Chilpancingo. Con muchas dificultades económicas pudo terminar sus estudios.

Al concluir sus estudios se integró como asesor jurídico de su cuñado, quien era presidente municipal del ayuntamiento de Metlatónoc en ese tiempo. Asesoró y acompañó a la población na savi de la región de la Montaña. Siempre permaneció con una postura de izquierda ante los problemas sociales que había en la región y en el estado de Guerrero. Tenía la esperanza de que el PRD pudiera constituir una alternativa para los pueblos indígenas.
Prestó servicio en el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. Aquí forjó su temple de defensor. En el 2010 y 2011 destacó en la lucha popular, en la organización independiente y autogestiva, aunque siempre mantuvo la tendencia de la lucha parlamentaria. En el 2018 contendió por un partido independiente para la presidencia municipal de Tlapa, creía que ayudaría a conformar un movimiento que luchara por los derechos humanos en la región.
En 2013 Arnulfo participa en el movimiento que emerge contra la reforma educativa del presidente Enrique Peña Nieto. En el país las maestras y los maestros se levantaban en protestas; Guerrero, Oaxaca y Chiapas serían los estados emblemáticos de la resistencia. La demanda del magisterio caló hondo contra la reforma energética, la de telecomunicaciones y la educativa.
En Guerrero la lucha magisterial logró conectar con muchos sectores populares en Guerrero y se detonaron manifestaciones enormes de 200 mil personas en varias ocasiones. La Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación (CETEG) aglutinó a varias organizaciones y creó un referente que se denominó Movimiento Popular Guerrerense (MPG). Así se conformó el Movimiento Popular Guerrerense de la Montaña y uno de los dirigentes fue Arnulfo Cerón y Antonio Vivar.
En 2014 se vuelve a cimbrar Guerrero con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. En esta eclosión en el estado que sacuden las estructuras del poder, Arnulfo renuncia radicalmente a los partidos políticos. Se suma a las movilizaciones sociales de gran trascendencia en la Montaña. La plataforma del MPG ya establecido en varios municipios presionó para exigir la presentación con vida de los jóvenes. En junio del 2015, el MPG y la Asamblea Nacional Popular (ANP) que dirigen los padres de los 43 llamaron a boicotear las elecciones porque la mayoría de los candidatos que participaban a puestos de elección popular tenían nexos con la delincuencia organizada. Suspender las elecciones era una forma de protesta por la desaparición forzada. La ola represiva del Estado llegó el 1 y 5 de junio, y su clímax fue el 7 de junio con la ejecución extrajudicial de Antonio Vivar a manos de la policía federal.

La organización se fragmenta y fue hasta 2016 que Ubaldo, Juan Sánchez y Arnulfo Cerón decidieron re-articular el movimiento en la Montaña y forman el Frente Popular de la Montaña (FPM). Arnulfo era el que conciliaba, el que tenía más visión política de largo alcance, más simpatía y carisma. Sus planteamientos políticos sociales eran claros. Aquí Arnulfo había madurado política e ideológicamente, muy sabio en su pensamiento. Sus convicciones eran muy profundas; esa formación no nada más fue en términos políticos-ideológicos teóricos, sino que hubo una apropiación de la ideología de izquierda. Su compromiso social tocaba la raíz de los pueblos indígenas. Prefería la praxis del pensamiento de los pueblos indígenas. Arnulfo ya no tenía esa bravura que caracteriza a algunos líderes sociales, sino firmeza, sobre todo; un defensor de derechos humanos íntegro. Arnulfo se convirtió en el más visible dirigente del FPM y del Movimiento por la Liberación de los Presos Políticos del estado de Guerrero (MOLPEG) que surge en 2018. Arnulfo era la bisagra que unía el movimiento social.
En el 2019 continuó la lucha con proyectos productivos, fertilizantes y con los comerciantes de Tlapa. Sin embargo, había un ambiente adverso en la Montaña porque las autoridades locales y caciques que tienen el poder económico y político estaban brindando protección y establecieron una convivencia con un grupo delictivo que tenía el negocio de la droga y empezó a actuar de manera muy violenta. Tlapa empezó a ser foco rojo no sólo por la pobreza extrema, sino por la violencia. Se sabía que la policía municipal y otros funcionarios municipales tenían vínculos, o por lo menos toleraban y permitían que este grupo actuara en total impunidad. Todo mundo sabía, pero todo mundo callaba.
Se conjugó este contexto de violencia que despliegan los grupos de la delincuencia organizada en connivencia con actores económicos y políticos locales con el cambio de gobierno. Había ganado Morena en 2018 en Tlapa. El FPM empezó a exigir transparencia a este gobierno del ejercicio de los recursos económicos, particularmente reclamaban un excedente de recursos destinados a obras públicas de las comunidades de la administración pasada. Ahí empezó la agresión contra Arnulfo.

El presidente municipal, Dionicio Merced Pichardo, y el jefe de gabinete -una figura que crearon de facto, pero que no existe en la ley orgánica- Marco Antonio García Morales, desplegaron una campaña muy fuerte de descalificación contra los compañeros dirigentes del Frente, tachándolos de “lucradores”, de “vendidos”, de “corruptos”, de “vividores” y sacaron en los medios locales figuras de rata comparando a Arnulfo y sus compañeros.
En septiembre de 2019 el FPM tuvo que movilizarse en tres ocasiones por fertilizante, por obras públicas y en la última movilización relacionada con el tema de los comerciantes que reivindicaban el derecho al empleo y espacios adecuados para vender sus productos fueron desalojados.
En un intento desesperado el Frente Popular de la Montaña, donde Arnulfo no fue, los comerciantes por su propia voluntad bloquearon la tienda de Marco Antonio García. Las tensiones fueron muy fuertes. Ese mismo día Arnulfo recibió amenazas de muerte de manera directa del grupo de la delincuencia organizada que estaba operando en Tlapa. Después vendrían otras amenazas hasta que el día 11 de octubre del 2019 fue desaparecido, no se supo más de él hasta el 20 de noviembre cuando fue encontrado en una fosa clandestina en el lugar conocido como Los Tres Postes.


Dentro de las investigaciones se detectó que hubo seis llamadas de un mismo número que Arnulfo recibió la noche de su desaparición. En el análisis telefónico resulta que la dueña de ese teléfono era una mujer, quien sacó a Arnulfo de su casa y lo llevó a un lugar a las orillas de Tlapa. Ahí llegó el grupo delictivo para llevárselo a una casa de seguridad donde fue asesinado. Después, su cuerpo lo fueron a tirar a una fosa clandestina. El dueño de la máquina era un tío del jefe de la banda delictiva y tenía nexos con el ayuntamiento para hacer fosas y enterrar personas. Fueron detenidas seis personas acusadas como autores materiales y una persona que era el jefe de gabinete como autor intelectual. Es decir, hay 7 detenciones al día de hoy. El 3 de julio empezaron las audiencias de juicio oral contra el autor intelectual y se reanudan este 8 de agosto, pero hay una preocupación porque cuenta con poder económico y político para torcer la ley y comprar la justicia.

¿Cuál es la situación de la economía de Cuba? ¿Cómo le impactarán los cambios en Venezuela? ¿Puede realmente colapsar como dice Trump? Lo analizamos.
La captura del expresidente Nicolás Maduro ha abierto una etapa de incertidumbre no solo en Venezuela, sino también en el país que hasta ahora ha sido su principal aliado.
“Cuba está lista para caer”, declaró el presidente Donald Trump un solo día después de que el sábado 3 de enero fuerzas estadounidenses atacaran Caracas de madrugada y se llevaran a Maduro y su esposa, Cilia Flores, para juzgarlos en Nueva York.
Trump ha reiterado en los pasados días que el régimen cubano se sostiene por el suministro de petróleo de Venezuela y, si este se corta, quedará sin ingresos y colapsará por sí solo sin necesidad de una intervención militar.
Desde La Habana, las autoridades condenaron reiteradamente la operación estadounidense en Caracas y prometieron defenderse en caso de ataque, pero en ningún momento han refutado el pronunciamiento de Trump sobre la situación límite de la economía cubana.
En este contexto, surgen varias preguntas: ¿cómo está hoy Cuba? ¿Cómo le impactarán los cambios en Venezuela? ¿Puede realmente colapsar como dice Trump?
La economía cubana atraviesa una situación crítica, algo que ni siquiera el gobierno trata ya de ocultar.
El presidente, Miguel Díaz-Canel, reconoció que “no se trata de una crisis más”, sino de “la acumulación de distorsiones, adversidades, dificultades y errores propios, exacerbados por un cerco externo extremadamente agresivo”.
El país lleva años atrapado en la recesión, incapaz de pagar sus múltiples deudas u obtener financiación externa, con una producción en retroceso y sin lograr garantizar el suministro de alimentos y productos básicos a la población, golpeada a diario por cortes de electricidad de varias horas.
El producto interior bruto (PIB) se contrajo más de un 4% hasta el tercer trimestre de 2025, según el último dato oficial, y el cierre del año apuntaba a un resultado incluso peor por el agravamiento de la crisis energética y el impacto del huracán Melissa.
El gran problema es que la debacle afecta a todos los sectores, comenzando por el productivo.
La producción industrial en 2024 fue la más baja en 40 años, según los datos más recientes del gobierno, y todo apunta a que en 2025 se habría reducido aún más.
La agricultura está bajo mínimos por el ineficiente sistema de gestión estatal, la falta de fertilizantes y combustible; el turismo internacional —una fuente clave de divisas— cerró 2025 con cifras estimadas por debajo de los dos millones de visitantes, las peores en más de 20 años con excepción de la pandemia.
A esto se suma una grave escasez de medicamentos en un contexto de brotes simultáneos de dengue, zika y chikungunya, y la reducción al mínimo de la cartilla de racionamiento, que desde hace años no garantiza la supervivencia de las familias.
Los cubanos también sufren la inflación: el peso cubano ha caído en picado frente al dólar en los últimos años y el último dato de junio de 2025 refleja una subida interanual del 14,75% en los precios al consumidor.
Por si fuera poco, el embargo financiero y comercial que EE.UU. impone a Cuba desde 1960, endurecido por Trump en sus dos mandatos, aporta una losa extra a la pesada carga que ya soporta una economía derrotada, sin apenas margen de maniobra y aislada de los mercados internacionales.
Lo más delicado de la crisis cubana, en todo caso, es la situación límite en la que se encuentra su sistema energético.
“En muchas partes del país los cortes eléctricos no bajan de 20 horas al día. Quiere decir que solamente tienen luz cuatro horas, y eso es una situación difícil”, indica a BBC Mundo el economista Omar Everleny, exdirector del centro de estudios de la economía cubana de la Universidad de la Habana.
Al margen del precario estado de las centrales eléctricas en la isla, los apagones responden sobre todo a la escasez del petróleo que las abastece; una escasez cuyo impacto se extiende al transporte, la producción y la vida cotidiana.
Cuba necesita unos 110.000 barriles diarios para funcionar con normalidad y produce por su cuenta aproximadamente 40.000, por lo que depende en gran parte del crudo que recibe del exterior.
Más en concreto, de dos proveedores casi exclusivos: Venezuela y México.
La relación económica entre Cuba y Venezuela se ha reducido en los últimos años a un intercambio muy específico.
“Cuba aporta servicios médicos, educacionales, entrenadores deportivos y ahora se confirmó -aunque ya lo sabíamos- que también de seguridad y militares a cambio de petróleo venezolano”, indica a BBC Mundo el economista Ricardo Torres, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la American University en Washington DC.
Esto se debe, señala, a que Venezuela apenas exporta otros bienes, Cuba carece de divisas para pagar sus compras de crudo y tampoco existen ya inversiones bilaterales relevantes desde la retirada de PDVSA de la isla en 2017.
Durante años, el petróleo de Venezuela fue el principal sostén del sistema energético cubano, con el envío de unos 100.000 barriles diarios en la cumbre de la alianza entre Hugo Chávez y Fidel Castro a inicios de este siglo.
El flujo, sin embargo, se ha ido reduciendo de forma sostenida según diferentes estimaciones, a falta de datos oficiales fiables.
Omar Everleny explica que de aquellos niveles iniciales se pasó a promedios “de 58.000 barriles diarios, luego a 38.000 y finalmente, en 2025, nunca se sobrepasaron los 30.000 y en algunos meses llegaron a caer hasta los 18.000”.
“Cuba ya estaba adaptándose a esa disminución sistemática del flujo desde Venezuela”, puntualiza.
La agencia Reuters estima que Venezuela envió a Cuba un promedio de 27.000 barriles diarios, según datos de seguimiento de tanqueros y documentos de PDVSA, lo que estaría cubriendo, hasta ahora, casi la mitad del déficit energético que arrastra la isla.
En el caso de México, la petrolera estatal Pemex confirmó en diciembre, en un informe presentado ante autoridades bursátiles de Estados Unidos, que su filial Gasolinas Bienestar había enviado a Cuba unos 17.200 barriles diarios de crudo y 2.000 barriles diarios de derivados entre enero y septiembre de 2025, con un valor aproximado de US$400 millones.
El portal de noticias mexicano Proceso recoge que en los diez primeros meses de 2025 los envíos de petróleo mexicano a Cuba crecieron un 121% en comparación con el mismo período del año anterior.
Ante esto, surge una pregunta: Si Cuba está en bancarrota, ¿cómo hace frente a los pagos del petróleo mexicano?
Ni la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ni Pemex ni su subsidiaria han ofrecido una respuesta clara.
Preguntada por un periodista local, Sheinbaum afirmó en una rueda de prensa que los envíos de petróleo mexicano a Cuba van por dos vías: “contratos” y “ayuda humanitaria”.
Pese a los datos antes mencionados, la presidenta aseguró que “no se está enviando más petróleo del que se había enviado históricamente, no hay un envío particular”.
Cuba despliega personal médico en México (se otorgaron 3.650 visados a doctores en los últimos 7 años, según el último dato oficial de la cancillería mexicana el pasado octubre) pero se desconoce si este servicio se remunera en parte con petróleo.
“Supongo que Cuba no está pagando por ese petróleo porque, si Cuba pudiera comprar petróleo cuando lo necesita, lo compraría en cualquier lugar. El problema es que no tiene dinero y le debe a todo el mundo”, sentencia el economista Ricardo Torres.
En todo caso, la falta de claridad sobre su naturaleza y los mecanismos de pago ha puesto los envíos de crudo mexicano a Cuba en el foco de debate.
Lo que hasta ahora era un intercambio discreto ha pasado a adquirir una dimensión geopolítica, ya que determina en gran medida la supervivencia energética de Cuba, especialmente si se corta el flujo del suministro venezolano.
Esto no ha pasado desapercibido en Estados Unidos: altos funcionarios y congresistas han comenzado a prestar atención a los envíos de petróleo mexicano a Cuba, según indican fuentes de Washington a medios como Reuters y Financial Times, si bien por ahora no se han emitido amenazas o sugerido posibles sanciones al gobierno de Sheinbaum.
Entonces, ¿qué espera a Cuba en 2026? ¿Se quedará sin combustible? ¿Puede colapsar como dice Trump?
Cualquier respuesta a estas preguntas sería especulativa, por lo que solo es posible analizar el escenario actual en busca de pistas.
El gobierno cubano ha prometido que 2026 será un año de recuperación económica, con un crecimiento del 1% del PIB si se recuperan el turismo, las exportaciones, la producción, los servicios y la financiación.
Sin embargo, ni los más optimistas dentro y fuera de la isla creen que esto sea posible.
La posible reducción del suministro de petróleo podría dejar casi a oscuras un país que ya sufre cortes eléctricos de varias horas al día, dificultar aún más la producción y el transporte de bienes básicos y disuadir a posibles visitantes extranjeros.
A esto se suma que unos 2,7 millones de cubanos han huido de la isla desde la pandemia en un éxodo migratorio masivo, según datos del demógrafo cubano Juan Carlos Albizu Campos.
Con ellos Cuba no solo ha perdido más de una cuarta parte de su población -de más de 11 millones a entre 8 y 9 millones según diferentes cálculos- sino también a una parte importante de los jóvenes cualificados que podrían ayudar a sacar adelante su economía.
Un corte total del petróleo venezolano, cerca de un tercio de la demanda energética de Cuba, representaría un golpe devastador.
“Si esto pasa, y creo que va a pasar, pondría al país en una situación límite, porque ¿cuánto más puedes quitarle la electricidad a la gente? Ya sería quitársela completamente”, indica el economista Ricardo Torres.
Torres opina que, aun manteniendo el suministro mexicano, el sistema eléctrico y el transporte de la isla estarían en riesgo de paralización casi completa.
El economista recuerda, además, que Trump todavía tiene cartas bajo la manga para dañar aún más a Cuba, como suspender los vuelos, eliminar o reducir los envíos de dinero, o cortar completamente las exportaciones de algunos productos exentos del embargo estadounidense.
Los expertos no creen, en todo caso, que una asfixia económica total de la economía cubana fuerce necesariamente un cambio político.
El reciente éxodo se llevó a las pocas figuras que quedaban de la oposición dentro de la isla gobernada por el Partido Comunista (único legal) y el régimen de Díaz-Canel ha intensificado su represión sobre la disidencia hasta prácticamente desactivarla desde las históricas protestas del 11 de julio de 2021.
“Aunque nos devuelvan a la época de las cavernas, esto no va a cambiar”, declaró un cubano desde el anonimato a BBC Mundo, en una frase que encarna el ambiente de pesimismo y resignación que impera dentro de la isla.
Por otra parte, las opciones de ayuda externa a corto plazo son limitadas: los aportes de aliados lejanos como Rusia o China han sido hasta ahora marginales en comparación con el petróleo venezolano.
Cuba acumula además importantes deudas con ellos, por lo que no se espera que redoblen sus inversiones o amplíen su financiación, y tampoco se vislumbran otras fuentes de financiación externa para un país excluido de los circuitos internacionales de crédito y en situación de morosidad con sus acreedores, entre ellos el Club de París.
Así, más que un colapso inmediato e inminente, lo que la mayoría de los expertos vaticinan para Cuba es una profundización de la crisis hacia un punto límite difícil de sostener.
“Ya la gente en Cuba está sobreviviendo. Si tú tienes apagones, falta de medicamentos, comida y transporte, estás en un nivel mínimo de sobrevivencia. Entonces, pasar del piso no sé si se pueda, pero estamos muy cerca del último lugar a donde se puede bajar”, apunta el economista Omar Everleny.
Sin un solo indicio de salida a la crisis, las consecuencias en términos políticos, sociales y humanitarios de llegar a ese escenario extremo es, por el momento, una incógnita.
BBC Mundo solicitó a autoridades cubanas una entrevista para este artículo, pero no obtuvo respuesta.
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