
La reasunción de Trump a la Casa Blanca ha implicado el regreso de una política exterior agresiva y unilateral. Se caracteriza por una intensificación del intervencionismo y retrocesos en la agenda global de derechos humanos. Emplea la retórica de la “guerra contra las drogas” como un arma geopolítica selectiva, tanto en sus relaciones exteriores como dentro de su propio país. Esta vez, llevando esta supuesta persecución regional a un nuevo nivel, de violaciones explícitas al derecho internacional.
América Latina conoce de sobra el historial imperialista de Estados Unidos. Sin embargo, el reciente bombardeo para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro —por ilegítimo que fuera su gobierno— marca un punto de ruptura histórico, al anular por completo el principio de inmunidad soberana e inviolabilidad de las jefaturas de Estado. El objetivo no declarado de las intervenciones es el control geoestratégico de recursos y ello reactiva el fantasma del colonialismo más crudo en la psique colectiva latinoamericana.
El modus operandi fue clásico: formalizar la criminalización de un mandatario para justificar la injerencia en su país. Aunque ahora estas ofensivas se lanzan sin consultar al Congreso ni al pueblo estadounidense. Avanzan unilateralmente, por decreto, atacando tanto a la soberanía de otras naciones como a los derechos de su propia ciudadanía en el interior. Dentro de Estados Unidos dan lugar a redadas masivas, persecuciones y deportaciones en masa de personas migrantes sin documentación a prisiones extranjeras. En el exterior, establecen un precedente peligroso que erosiona las certezas de soberanía, exacerban las crisis humanitarias, designan a grupos como terroristas y emplean armas de destrucción masiva.
La administración de Trump anunció un giro drástico a la manera en que Estados Unidos enfrenta a los grupos involucrados en la producción y distribución de sustancias ilegalizadas, aunque lejos de reducir su influencia estas medidas debilitan la capacidad de acción de los gobiernos sobre el crimen organizado. Para Trump no existe el interés de reducir el poder delictivo en la región, pues a pesar de intervenir el mandato de Nicolás Maduro por sus presuntos vínculos con el narcotráfico, sus acciones internas destacan por exonerar a responsables identificados y socavar la lucha contra estos grupos.
Con el flujo masivo de armas desde Estados Unidos que impide el control de la violencia en México –y representa el 74 % del armamento ilegal dentro del país–, la administración estadounidense ha influido considerablemente en las políticas antidrogas mexicanas. En su expresión más reciente, responsabilizó a México por su crisis actual del fentanilo aunque, al mismo tiempo, realizó recortes significativos a su presupuesto de salud, con consecuencias directas sobre su población usuaria, y llegó a un acuerdo económico con Purdue Pharma, la compañía que impulsó la actual crisis de opioides en Estados Unidos por comercializar agresivamente el OxyContin como un medicamento analgésico no adictivo.
La farmacéutica de la familia Sackler, de una fortuna estimada en $13,000 millones, se declaró culpable de cargos criminales y se benefició de un acuerdo notablemente laxo: una multa de $8,300 millones de dólares, de los cuales solo tuvo que pagar $225 millones en sanciones civiles sin admitir responsabilidad alguna. La familia resultó prácticamente impune luego de provocar una catástrofe de salud pública, logró conservar gran parte de su fortuna y fue absuelta de futuras demandas.
Siguiendo esta misma tendencia, en diciembre de 2025 Trump indultó oficialmente al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, uno de los pocos jefes de Estado enjuiciados por narcotráfico, que había sido condenado a 45 años de prisión por traficar cientos de toneladas de cocaína. Ignoró pruebas contundentes y debilitó un caso histórico, anunciando simultáneamente que dejaría de aplicar leyes contra la corrupción transnacional y el lavado de dinero.
Su administración también eliminó la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que financiaba programas para debilitar al crimen organizado y ofrecer alternativas a las nuevas generaciones; abandonó al gobierno de Haití, el país que más asistencia recibía, dejándolo a merced de bandas que hoy usurpan el poder estatal, y suspendió numerosos programas del Departamento de Estado que fortalecían instituciones anticrimen en la región.
El verdadero sentido de las estrategias de Trump no es erradicar el narcotráfico, sino instrumentalizarlo. Las acciones estadounidenses burlan flagrantemente los acuerdos de la ONU y el derecho internacional, exponiendo la falta de mecanismos reales de sanción y la actual incapacidad de la comunidad internacional para frenar a una potencia hegemónica. Pero sientan un precedente claro que no debe pasar desapercibido: el uso de la “guerra contra las drogas” para justificar, ante los ojos del mundo, el intervencionismo militar.
Corresponde al pueblo venezolano, y solo a él, decidir el futuro de su país. Sin embargo, lo que está en juego trasciende las fronteras de Venezuela. Se trata del futuro de América Latina. De manera que hacemos un llamado a superar la instrumentalización del uso de sustancias como un pretexto para incurrir en violaciones a la soberanía. Anticipamos que enfrentar los deseos de injerencia estadounidense continuará siendo un reto para la actual administración en México. Pero como una organización que promueve políticas de drogas sostenibles, respetuosas de los derechos humanos y centradas en la salud pública, sostenemos con firmeza que la violencia nunca solucionará los desafíos relacionados con las sustancias y su consumo. La paz no se decreta, sino que se construye con evidencia y justicia.
* Julia Anguiano Rosas es investigadora y analista de políticas públicas. Es licenciada por el Centro de Investigación y Docencias Económicas (CIDE) y responsable de investigación en el Instituto RIA. Lidera proyectos de investigación sobre usos de sustancias psicoactivas y políticas de drogas. Está interesada en impulsar políticas públicas sobre drogas centradas en la salud pública y en la producción de información local sobre su consumo.

Después de la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos en una operación militar que lo trasladó a Nueva York, el presidente Donald Trump ha intensificado su discurso y lanzó advertencias directas a varios países y territorios
El segundo mandato del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está siendo moldeado por sus ambiciones en política exterior.
Trump cumplió con sus amenazas contra Venezuela, capturando a su presidente y a su esposa, en la residencia de ambos fuertemente fortificada en Caracas, en una dramática redada nocturna en la madrugada del sábado.
Al describir la operación, Trump desempolvó la Doctrina Monroe de 1823 y su promesa de supremacía estadounidense en el Hemisferio Occidental, rebautizándola como la “Doctrina Donroe”.
Estas son algunas de las advertencias que ha lanzado en los últimos días contra otros países que están en la órbita de Washington.
Estados Unidos ya cuenta con una base militar en Groenlandia, la Base Espacial Pituffik, pero Trump quiere la isla entera.
“Necesitamos Groenlandia por motivos de seguridad nacional”, sostuvo el presidente ante los periodistas, asegurando que la región estaba “plagada de barcos rusos y chinos por todas partes”.
Esta vasta isla ártica, que forma parte del Reino de Dinamarca, se encuentra a unos 3.200 kilómetros al noreste de Estados Unidos.
Es rica en minerales de tierras raras, que son cruciales para la producción de teléfonos inteligentes, vehículos eléctricos y equipos militares. Actualmente, la producción de tierras raras de China supera con creces la de Estados Unidos.
Groenlandia también ocupa una posición estratégica clave en el Atlántico Norte, lo que le da acceso al cada vez más importante Círculo Polar Ártico. Por eso, se prevé que, a medida que los hielos polares se derritan en los próximos años, se abran nuevas rutas marítimas.
El primer ministro de Groenlandia, Jens Frederik Nielsen, respondió a Trump calificando la idea del control estadounidense sobre la isla de “fantasía”.
“No más presiones. No más insinuaciones. No más fantasías de anexión. Estamos abiertos al diálogo. Estamos abiertos a las conversaciones. Pero esto debe hacerse a través de los canales adecuados y con respeto al derecho internacional”, declaró Nielsen.
Horas después de la operación militar en Venezuela, Trump le advirtió al presidente colombiano Gustavo Petro que “cuide su trasero”.
Colombia, país vecino de Venezuela al oeste, cuenta con importantes reservas de petróleo y es un importante productor de oro, plata, esmeraldas, platino y carbón.
También es un centro clave para el narcotráfico en la región, especialmente de cocaína.
Desde que Estados Unidos comenzó a atacar embarcaciones en el Caribe y el Pacífico en septiembre, alegando sin pruebas que transportaban drogas, Trump se ha visto envuelto en una creciente disputa con el presidente de izquierda del país.
Estados Unidos impuso sanciones a Petro en octubre, alegando que estaba permitiendo que los cárteles “prosperaran”.
Hablando a bordo del Air Force One el domingo, Trump dijo que Colombia estaba siendo “gobernada por un hombre enfermo al que le gusta producir cocaína y venderla a Estados Unidos”.
“No va a seguir haciéndolo por mucho tiempo”, añadió. Cuando se le preguntó si Estados Unidos llevaría a cabo una operación contra Colombia, Trump respondió: “Me parece una buena idea”.
Históricamente, Colombia ha sido un aliado cercano de Washington en la guerra contra las drogas, recibiendo cientos de millones de dólares anualmente en asistencia militar para combatir a los cárteles.
Irán se enfrenta en este momento a protestas masivas contra el gobierno y Trump advirtió anoche que las autoridades iraníes que serán “duramente castigadas” si pierden la vida más manifestantes.
“Lo estamos observando muy de cerca. Si empiezan a matar gente como lo han hecho en el pasado, creo que Estados Unidos los castigará con dureza”, declaró Trump a los periodistas a bordo del Air Force One.
Aunque Irán queda en teoría fuera del alcance definido por la “Doctrina Donroe”, Trump, no obstante, ya había amenazado al régimen iraní con nuevas acciones tras atacar sus instalaciones nucleares el año pasado.
Esos ataques se produjeron después de que Israel lanzara una operación a gran escala con el objetivo de neutralizar la capacidad de Irán para desarrollar un arma nuclear, lo que culminó en el conflicto entre Israel e Irán de 12 días.
En una reunión, celebrada la semana pasada en Mar-a-Lago, en Florida, entre Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se informó que Irán fue el tema principal de la agenda. Los medios estadounidenses informaron que Netanyahu planteó la posibilidad de nuevos ataques contra Irán en 2026.
El ascenso de Trump al poder en 2016 estuvo marcado por sus promesas de “construir el muro” a lo largo de la frontera sur con México.
En su primer día de regreso en el cargo en 2025, firmó una orden ejecutiva para renombrar el Golfo de México como “Golfo de América”.
Ha afirmado con frecuencia que las autoridades mexicanas no están haciendo lo suficiente para detener el flujo de drogas o inmigrantes indocumentados hacia Estados Unidos.
En declaraciones el domingo, Trump dijo que las drogas estaban “entrando a raudales” a través de México y que “tendremos que hacer algo”, añadiendo que los cárteles allí eran “muy poderosos”.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha rechazado públicamente cualquier acción militar estadounidense en territorio mexicano.
Cuba, ubicada a solo 145 kilómetros al sur de Florida, ha estado bajo sanciones estadounidenses desde principios de la década de 1960 y mantenía estrechas relaciones con la Venezuela de Nicolás Maduro.
Trump sugirió el domingo que no era necesaria una intervención militar estadounidense, porque Cuba está “a punto de colapsar”.
“No creo que necesitemos ninguna acción”, dijo. “Parece que se está desmoronando”.
“No sé si van a resistir, pero Cuba ahora no tiene ingresos”, añadió. “Todos sus ingresos venían de Venezuela, del petróleo venezolano”.
Según algunos informes, Venezuela suministra aproximadamente el 30% del petróleo de Cuba, lo que deja a La Habana en una situación vulnerable si el suministro cae tras la salida de Maduro.
El senador estadounidense Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, ha pedido durante mucho tiempo un cambio de régimen en Cuba, y dijo ante un grupo de periodistas este sábado: “Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado, al menos un poco”.
“Cuando el presidente (Trump) habla, hay que tomarlo en serio”, agregó.
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