
Me senté a escribir este texto con hechos y narrativas colisionando en mi cabeza, tratando de ordenar las ideas para comenzar a tejer un artículo. ¿Realmente qué pasó la noche del 26 de septiembre? Y tras todas las versiones y especulaciones existentes, el pensamiento en el que me estaciono involuntariamente es “no es posible que a 11 años sigamos sin respuestas concretas”.
La mañana del 27 de septiembre de 2014, unas semanas después del regreso a clases de la mayoría de estudiantes en México, las noticias se inundaron con la historia de la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas. No pasó mucho tiempo antes de que otras comunidades estudiantiles comenzaran a exigir respuestas, a formar ríos de mantas, carteles y gritos de exigencia por las calles de nuestro país. La trágica ironía de que estos estudiantes hayan desaparecido mientras se dirigían a la conmemoración de otra matanza masiva estudiantil a manos del Estado en 1968 se convirtió rápidamente en rabia e indignación.
A inicios de septiembre de este año, padres de los normalistas desaparecidos se reunieron con la presidenta Claudia Sheinbaum en búsqueda de información y actualizaciones sobre la investigación que sigue llevándose a cabo para descubrir realmente qué pasó con los 43 estudiantes. El grupo de padres y madres se quedó con la misma frustrante respuesta de siempre: “estamos en trámites”. A más de una década de irregularidades y versiones contradictorias, las familias de estos estudiantes y el país entero seguimos esperando justicia, cada vez con más cansancio.
Una de las primeras versiones de estos sucesos afirmaban que el grupo no estatal, Guerreros Unidos, había sido el responsable de estas desapariciones, pero la implicación y participación de las autoridades federales se volvió inevitablemente visible. En México, la guerra contra el narco sigue siendo una perfecta narrativa de encubrimiento, la cual permite generar un enemigo público al que hay que temerle, digno de nuestra rabia y responsable de todos los males del país; pero las fronteras entre ellos y el Estado son cada vez más difusas.
Hace algunos meses, la bióloga Becky Bios creó un “Kit Forense” pensado en funcionar como herramienta en caso de una desaparición. Ella comenta que este kit debe resguardarse en un lugar donde otros miembros familiares puedan encontrarlo, con elementos que apoyen un proceso de búsqueda tras una desaparición forzada. Algunos ejemplos para elaborar el kit incluyen una prenda que hayas usado todo el día y que huela a ti, uñas o pelo que contienen tu ADN , fotografías actualizadas de tu rostro, tatuajes en caso de tenerlos, señas particulares, entre otras cosas.
Planear un kit para que nos encuentren en caso de desaparecer es innovador y al mismo tiempo desgarrador. ¿Qué pasa en Latinoamérica para que la desaparición forzada sea una realidad tan cercana, al punto de que tengamos que prepararnos para ella? ¿Cómo es posible que las autoridades cooperen tan poco que han sido las madres buscadoras quienes toman liderazgo y encuentran más personas desaparecidas que el Estado, como fue el caso de los restos y pertenencias de más de 200 personas encontradas en el Rancho Izaguirre, en marzo de este año?
Las desapariciones forzadas no son casualidad, son control social. El temor latente a desaparecer en México (sobretodo si se vive como mujer, disidencia, o en vulnerabilidad) nos sigue como una sombra helada, nos recuerda el mensaje de los territorios de impunidad que habitamos, de la desidia del gobierno, de la militarización como otra pieza perfecta para la violencia.
El discurso de las autoridades prevalece a través del tiempo. “Estamos trabajando en ello”, “no hay respuestas aún”, “faltan trámites”, enjuague y repita. ¿Qué se hace cuando la impotencia puede más que la esperanza? ¿Cómo enfrentamos vivir en un país donde al menos 40 personas son desaparecidas cada día?
Un minuto de silencio no es suficiente. Nos queda seguir gritando cada uno de los 43 nombres de estos estudiantes, ¡vivos los queremos! Continuar caminando por las calles con sus rostros en mantas, jamás dejar que se nos olviden. Resistir y abogar para que la justicia se haga efectiva, cuestionar los roles de las autoridades y Fuerzas Armadas, construir visiones críticas e informadas sobre el contexto político de nuestro país.
Hasta que la represión estudiantil deje de ser una norma en Latinoamérica, que dejemos de vivir con miedo de no volver a casa, que la militarización deje de ser un modo más para abusar del poder. Nuestra rabia sigue presente.
* Pol Rodríguez es diseñadora multidisciplinaria por el INBA y maestra en Prácticas de Desarrollo de Regis University. Le apasiona compartir información sobre políticas de drogas y modelos de reducción de riesgos y daños por uso de sustancias, así como dignificar a las personas usuarias en sus distintas interseccionalidades. Actualmente es encargada de Comunicación y Redes Sociales en Instituto RIA.

Unos 30 estados de EE.UU. enfrentarán condiciones meteorológicas severas por las nevadas y heladas que se pronostican para buena parte del país
Unos 160 millones de personas en Estados Unidos se preparan para ser golpeadas por “una tormenta invernal inusualmente grande y severa” que provocará un clima “potencialmente catastrófico” donde la nieve, lluvia helada y temperaturas polares afectarán a casi 30 estados del país.
El Servicio Meteorológico Nacional (NWS, por sus siglas en inglés) prevé que un “aire potencialmente mortal” se desplace lentamente desde las altas llanuras y las Montañas Rocosas hacia la costa este a partir del viernes y hasta principios de la próxima semana.
Los efectos del fenómeno, que según el NWS ya se están provocando fuertes nevadas en una zona de los Grandes Lagos que se extiende a lo largo de la frontera con Canadá, se harán sentir desde Nuevo México hasta Nueva York.
Algunos expertos afirman que tiene el potencial de ser la “tormenta que defina todo el invierno” y que podría “ser recordada por décadas”.
Los funcionarios de transporte estadounidenses, incluidas las autoridades aeroportuarias de varias ciudades importantes, han advertido a los viajeros que se preparen para retrasos por culpa de la tormenta.
En el invierno boreal es común que se produzcan tormentas. Sin embargo, la que se aproxima a EE.UU. es distinta, alertan desde el NWS y otros organismos similares.
“El hecho de que tengamos aproximadamente 2.900 kilómetros ininterrumpidos de alertas climáticas desde Arizona hasta la costa este demuestra la magnitud de esta tormenta”, afirmó Matthew Cappucci, meteorólogo de MyRadar a la PBS, la televisión pública estadounidense.
¿Pero cuáles son los factores que han provocado este inusual fenómeno? Geoff Coulson, meteorólogo del Departamento para el Medioambiente y el Cambio Climático de Canadá, apuntó a tres razones.
“Hay un río atmosférico que se desplaza desde la costa del Pacífico, cargado de precipitaciones. Ese sistema colisionará con el aire cálido y húmedo del Golfo de México y un vórtice polar que empuja el aire ártico desde Canadá hacia el sur profundo”, indicó a la estación CBC de Canadá.
“Esto le está dando a este sistema mucho con qué jugar”, alertó.
Los más probable es que la tormenta acarree todos los peligros climáticos invernales posibles: nieve intensa, hielo, lluvia y frío. No obstante, los expertos precisan que esto dependerá de la zona de EE.UU.
De entrada, el NWS pronosticó un “aire peligrosamente frío para más de la mitad de la población estadounidense”.
El organismo vaticina que la sensación térmica más fría podría estar por debajo de los -46 °C en las llanuras del norte, y que una zona mucho más amplia del sureste de EE.UU. también experimentará temperaturas bajo cero.
“Estas temperaturas bajo cero supondrán un riesgo mortal de hipotermia y congelación para la piel expuesta”, alertaron desde el organismo meteorológico.
El peligro no se limita a quienes permanezcan en el exterior, sino que podría alcanzar, incluso, a los que están dentro de las edificaciones, especialmente si la tormenta provoca cortes de electricidad generalizados que dejen a los hogares sin calefacción.
Los científicos también prevén que la tormenta arroje principalmente nieve -más de 30 cm en muchos casos- en una amplia franja del país, desde las llanuras del sur, pasando por el valle de Ohio, hasta la región del Atlántico Medio y el noreste.
De cumplir estos vaticinios, el transporte público terrestre y aéreo se verá severamente afectado.
En estados como Nuevo México, Texas o Arkansas las posibilidades de nieve son menores, pero allí enfrentarán otro riesgo: la lluvia helada y aguanieve.
“La combinación de importantes acumulaciones de nieve y hielo con el frío extremo podría provocar cortes de electricidad y carreteras congeladas que se prolonguen más de lo habitual después de una típica tormenta invernal”, alertaron desde el NWS.
Los científicos esperan que la tormenta tome fuerza a medida que se adentre en Texas y Nuevo México antes de desplazarse hacia el este, cubriendo de nieve ciudades como Memphis, Nashville, Washington D. C., Baltimore, Filadelfia y Nueva York.
Sin embargo, hasta el jueves en la noche los expertos no habían logrado determinar la trayectoria exacta de la tormenta y advertían que existía la posibilidad de que se desviara un poco más al norte o al sur.
Este detalle es importante porque aún no estaba claro dónde se situaría la línea divisoria entre la nieve y la lluvia helada, precisó Richard Bann, del Centro de Predicciones de College Park (Maryland), al diario The New York Times.
La tormenta llega a solo semanas del quinto aniversario de la que golpeó a Texas, en 2021, y que provocó el colapso de la red eléctrica dejando a millones de residentes sin suministro durante varios días. También el suministro de agua quedó afectado.
Aquel fenómeno se saldó con 250 fallecidos, según las cifras oficiales.
Seis años antes, otra tormenta invernal arrasó partes de Georgia y Carolina del Sur y dejó algunas zonas sin electricidad durante días.
Ahora las autoridades advierten de que las bajas temperaturas podrían volver a provocar interrupciones en los servicios de electricidad, agua y gas.
Las carreteras también podrían quedar bloqueadas durante días, especialmente en los estados del sur, que cuentan con equipos de descongelación limitados.
Se prevé que las bajas temperaturas persistan hasta la próxima semana.
Desde el NSW han instado a los ciudadanos a asegurarse de tener a mano provisiones comida, agua, medicamentos y otros artículos básicos para varios días para que puedan sobrellevar la tormenta.
Por su parte, el gobernador de Carolina del Norte, Josh Stein, declaró el estado de emergencia y animó a todos los habitantes del estado “a quedarse en casa y evitar circular por las carreteras este fin de semana, a menos que sea absolutamente necesario”.
*con información de Max Matza y James FitzGerald
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