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Gran Calzada, una comunidad bajo la presión del Gas
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“Huele a Gas” es un esfuerzo articulado de varias organizaciones y comunidades que buscan elevar... Continuar Leyendo
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Gran Calzada, una comunidad bajo la presión del Gas

Atrapados entre administraciones que evaden responsabilidades y priorizan el capital extranjero, los habitantes de Umán y la zona metropolitana de Mérida se perfilan como víctimas de una expansión inmobiliaria carente de ética moral y ambiental.
28 de enero, 2026
Por: Victor Balam Villanueva y Abner Gerardo de Jesús Aragón Torres

En Yucatán, alcanzar el sueño de una casa propia es una completa odisea. Las cifras oficiales del Gobierno de México son contundentes: durante el segundo trimestre del 2025, el valor de la vivienda en el Estado se disparó un 10.4 %, superando notablemente la media nacional del 8.45 %. Por consiguiente, obtener un patrimonio debería ser motivo de celebración; sin embargo, en el Fraccionamiento Gran Calzada, Umán, esa alegría se ha transformado en angustia y vigilia constante al descubrir que los hogares colindan con una bomba de tiempo.

El desarrollo inmobiliario de Osroca y Grupo Casitas prometía hogares con vida digna, pero lo que se recibió fue una cotidianeidad marcada por el miedo. A menos de 3 metros de las habitaciones donde las familias duermen, la Empresa Francesa Engie, bajo la filial Energía Mayakan, construye una Estación de Compresión (Booster) de Gas Natural (que es un combustible fósil, como el petróleo y el carbón); un proyecto estratégico para la “soberanía energética” que se rige sobre los cimientos de la tranquilidad de las personas: imponiendo vibraciones, polvo, olores nauseabundos y ruido constante que invaden la intimidad.

El proyecto busca abastecer de gas fósil a las nuevas plantas de ciclo combinado —Mérida IV y Riviera Maya (Valladolid)— actualmente en construcción. La rápida proliferación de este tipo de obras de alto riesgo se explica, a su vez, por la expansión de la importación de gas hacia la península de Yucatán, mediante megaproyectos como el gasoducto Mayakán, que suministrará gas proveniente de Estados Unidos y extraído mediante fracking. Todo ello busca satisfacer una demanda energética creciente, impulsada por la acelerada expansión urbana y por el avance de megaproyectos como el Tren Maya, los corredores turísticos y las granjas porcícolas, entre otros. En síntesis, estos proyectos y su enorme apetito energético forman parte de una reconfiguración territorial —tanto nacional como peninsular— orientada a los intereses del gran capital.

Se observa la estación de compresión de gas natural (o Booster) de Energía Mayakán/ENGIE. En dos de sus cuatro lados se puede observar casas habitacionales de interés social, el lado izquierdo de la fotografía pertenece a la etapa 4 de gran calzada donde viven los vecinos afectados y del lado de abajo las casas en construcción. Grupo casitas siguió vendiendo dichos predios, hoy 26 de enero del 2026 está detenida la construcción pero no hay sellos de clausura. Crédito Patricio Eleisegui. Tomada 8/09/25
Estación de compresión de gas natural (o Booster) de Energía Mayakán/ENGIE. En dos de sus cuatro lados se puede observar casas habitacionales de interés social; el lado izquierdo de la fotografía pertenece a la etapa 4 de Gran Calzada, donde viven los vecinos afectados, y del lado de abajo las casas en construcción. Grupo Casitas siguió vendiendo dichos predios; hoy 26 de enero del 2026 está detenida la construcción, pero no hay sellos de clausura. Foto: Patricio Eleisegui. Tomada el 8/09/25.

 

La inquietud latente entre los vecinos se materializó el 13 de octubre de 2025, fecha en que iniciaron las pruebas de la estación. Desde entonces, el entorno se ha visto sometido a un infierno acústico: vivir en Gran Calzada se volvió  comparable a habitar entre el motor de un auto y una olla de presión a punto de estallar. Esta atmósfera ha detonado una indignación colectiva que transita entre el miedo y la rabia ante la falta de claridad.

El temor e incertidumbre llevaron a las primeras manifestaciones públicas, primeramente a través de la plataforma TikTok, por uno de los autores (Abner Torres), vecino afectado, quien desde el coraje y el dolor decidió compartir su testimonio, esperando el apoyo de la sociedad en general y del Gobierno tanto a nivel estatal como federal. Sin embargo, la respuesta institucional ha oscilado entre el silencio administrativo y un desdén burocrático. Consecuencia de esto, se realizaron 8 manifestaciones por parte de la comunidad de Gran Calzada, en lugares como las oficinas de la inmobiliaria “Grupo Casitas”, el Palacio del Gobierno del Estado de Yucatán, e incluso arriesgando su vida cerrando las vías del Periférico de Mérida, la autopista principal en esta ciudad.

El espaldarazo institucional

Todo esto llevó a una reunión entre la Empresa Engie, el Gobierno del Estado de Yucatán y una comitiva de vecinos del Fraccionamiento. Lastimosamente esta se vio permeada por el paternalismo insultante de la empresa francesa sobre la condescendencia de los funcionarios estatales, priorizando los intereses económicos sobre los derechos humanos. El mensaje fue claro: la vida de las familias vale menos que un gasoducto. Es la repetición de un abuso sistémico que los yucatecos vivimos en la colonia San Damián, en Mérida.

El “Renacimiento Maya” promete cercanía al pueblo, tal como lo aseguran todos aquellos gobiernos que comulgan con la Cuarta Transformación, pero en el territorio ha sido completamente distinto. El Ayuntamiento de Umán admitió, vía transparencia, que NO EXISTEN los permisos de uso de suelo para la operación del Booster y la construcción del Fraccionamiento Gran Calzada. A pesar de la gravedad de la situación la alcaldesa Kenia Waldina Sauri prefirió lavarse las manos y revictimizar a los vecinos por no “fijarse” donde adquieren sus viviendas. Por otro lado, el Gobierno del Estado, a cargo de Joaquín Díaz Mena, propone una “reubicación” de los habitantes como solución, sin previa consulta a los afectados y relegada a un acuerdo entre particulares, dejando el destino de al menos 160 familias que habitan la cuarta etapa de Gran Calzada en manos de las mismas entidades que propiciaron el conflicto: Engie y Grupo Casitas.

También se ha emprendido una batalla legal mediante un recurso de amparo para reubicar el Booster, logrando una suspensión provisional que fue retirada en menos de 12 horas por la magistrada Julia Ramírez Alvarado y el magistrado José Alejandro de Guadalupe Moguel Espejo, derivado de una queja presentada por Engie, dejando en claro lo rápido que actúa el Poder Judicial bajo intereses económicos, ya que posteriormente fue negada la suspensión permanente.

Mientras las batallas institucionales siguen sin encontrar soluciones, la salud de la comunidad cobra factura: se ha presentado un incremento en la frecuencia de dolores de cabeza e irritación de nariz y garganta, así como cuadros de ansiedad e insomnio entre los vecinos. Pero lo más alarmante es la normalización del peligro en la niñez, que crece jugando a la sombra de la torre del “quemador de gas”, integrando el riesgo industrial a su paisaje cotidiano. El miedo de ser parte de las cifras de accidentes que ha presentado esta empresa es latente entre todos los habitantes.

El Gobierno de México mantiene su silencio. Quizás porque “del total de las importaciones de gas metano que realiza México, el 99 % provienen de Estados Unidos y, en específico, de los campos al sur de ese país, en Texas”. Como bien señaló Marcelo Ebrard, somos el principal comprador de gas de Texas y existen “socios influyentes” cercanos a Trump a quienes no se puede incomodar. Tal parece que nuestro país se ha convertido en un gran conducto para las empresas fósiles, donde el metano importado dicta la política interior y el bienestar es moneda de cambio.

Atrapados entre administraciones que evaden responsabilidades y priorizan el capital extranjero, los habitantes de Umán y la zona metropolitana de Mérida se perfilan como víctimas de una expansión inmobiliaria carente de ética moral y ambiental. No obstante, lejos de la resignación, la comunidad mantiene su resistencia y comunicación por un bien común. La organización vecinal, los amparos y la vigilancia del territorio continúan siendo las herramientas frente a un sistema que parece haber decidido que las vidas son prescindibles. Esta lucha no solo busca una solución a un problema de “unas cuantas casas”, sino sentar un precedente de dignidad y defensa del territorio frente a la voracidad corporativa y los falsos espejismos gubernamentales. Solo la comunidad organizada puede salvar a la misma comunidad de quienes han puesto precio a nuestras vidas.

* Victor Balam Villanueva, contacto: [email protected]. Abner Gerardo de Jesús Aragón Torres (IG @abneraragont), contacto: [email protected]. Redes vecinales (IG @yucatanconenergiasegura / Facebook Colectivo X un Yucatán con Energía Segura).

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Imagen BBC
Qué es la Junta de Paz de Trump y quién se ha sumado a este organismo que algunos creen que quiere reemplazar a la ONU
6 minutos de lectura

Donald Trump dijo que el organismo será “una de las organizaciones más relevantes jamás creadas”. Pero hasta el momento no se sabe con certeza cómo o dónde funcionará.

22 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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“El Estatuto ha entrado en vigor y la Junta de Paz ya es una organización internacional oficial”.

Así se anunció la creación del organismo establecido por Donald Trump que, según él mismo, será “una de las organizaciones más relevantes jamás creadas” y de la cual se siente “honrado” de ser su presidente.

“Está funcionando maravillosamente… casi todos los países quieren ser parte de ella”, declaró Trump en la ceremonia de firmas organizada por el presidente estadounidense en Davos, Suiza, durante el Foro Económico Mundial.

Durante la ceremonia, en la que estaban presentes los “miembros fundadores”, incluidos el presidente argentino Javier Millei, el primer ministro húngaro, Viktor Orban, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, o el presidente de Paraguay, Santiago Peña, Trump elogió sus propias acciones en el frente internacional afirmando que las amenazas a Europa, Estados Unidos y Medio Oriente “realmente se están calmando”.

“Están sucediendo muchas cosas buenas”, señaló. “Hace apenas un año, el mundo estaba en llamas; mucha gente no lo sabía”.

Y agregó que con la Junta de la Paz, “podremos hacer prácticamente lo que queramos”.

El presidente argentino Javier Milei dando la mano a Donald Trump durante la ceremonia de firmas de la Junta de Paz en Davos, Suiza.
Getty Images
El presidente argentino Javier Milei es uno de los “miembros fundadores” de la Junta de Paz que fue creada por Donald Trump.

Qué es la Junta de Paz

La Junta de Paz de Trump se concibió inicialmente para ayudar a poner fin a la guerra de dos años entre Israel y Hamás en Gaza y supervisar la reconstrucción de la Franja.

Sin embargo, una propuesta de estatuto filtró a los medios no mencionaba el territorio palestino y sugería que la organización podría estar diseñada para reemplazar las funciones de las Naciones Unidas.

Pero durante la ceremonia de firmas Trump señaló que la Junta “trabajará en colaboración con las Naciones Unidas”.

A pesar de sus reiteradas críticas al organismo internacional, el presidente dijo que la ONU tiene un “enorme potencial” y afirmó que la combinación de los esfuerzos de la Junta de la Paz y la ONU es “algo único en el mundo” y “el primer paso hacia un futuro mejor para Medio Oriente”.

Dentro del marco de la Junta de Paz se incluye una “Junta Ejecutiva de Gaza”, que será responsable de supervisar todo el trabajo sobre el terreno de un grupo administrativo de Gaza, según la Casa Blanca.

Arabia Saudita indicó previamente que un grupo de países de mayoría musulmana -Arabia Saudita, Turquía, Egipto, Jordania, Indonesia, Pakistán y Qatar- respaldaba el objetivo de consolidar un alto el fuego permanente en Gaza, apoyar la reconstrucción y avanzar en lo que describieron como una “paz justa y duradera”.

Durante la ceremonia en Davos el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, presentó la Junta de Paz como una “Junta de Acción”.

Afirmó que, si bien la atención se centra actualmente en Gaza, la junta “servirá como ejemplo de lo que es posible en otras partes del mundo”.

También en la ceremonia, Jared Kushner, el yerno del presidente Trump, subió al escenario para presentar el proyecto para una “reurbanización” de Gaza, y mostró diapositivas de cómo podría ser la “Nueva Gaza” bajo los planes estadounidenses.

Las diapositivas mostraban imágenes de rascacielos futuristas junto al mar en la actual Franja de Gaza, con promesas de un “turismo costero” en el futuro.

Una diapositiva de cómo podría ser la
Reuters
El proyecto para una “reurbanización” de Gaza fue mostrado con diapositivas de cómo podría ser la “Nueva Gaza” bajo los planes estadounidenses.

Lo que se sabe hasta ahora sobre la Junta de Paz

Durante la ceremonia de firma no se dieron más datos sobre cómo o dónde funcionará el organismo creado por Trump.

Pero en el documento filtrado se dice que la Junta es una organización internacional con el mandato de llevar a cabo funciones de consolidación de la paz según el derecho internacional.

Y también establece que una persona -su presidente- tiene el poder de vetar decisiones, aprobar la agenda, invitar a los miembros, disolver la junta por completo y designar a su propio sucesor.

El estatuto filtrado establece que el organismo entrará en vigor una vez que tres Estados acuerden formalmente su adhesión.

Los Estados miembros tendrían mandatos renovables de tres años y se otorgarían puestos permanentes a quienes contribuyeran con US$1.000 millones, según el documento.

Donald Trump es nombrado presidente —y, por separado, representante de EE.UU.— y tiene autoridad para nombrar a los miembros de la junta ejecutiva y crear o disolver órganos subsidiarios.

La Casa Blanca nombró hace unos días a siete miembros del Comité Ejecutivo fundador de la Junta, entre ellos el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio; el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga; el enviado a Medio Oriente, Steve Witkoff; el yerno de Trump, Jared Kushner, y el exprimer ministro británico Tony Blair.

Los
Getty Images
Los “miembros fundadores” de la Junta de Paz aplauden a Donald Trump durante la ceremonia de firmas de la Junta de Paz en Davos.

Quiénes forman parte de la Junta de Paz

En la ceremonia de firmas de la Junta estuvieron presentes los líderes y representantes de 19 países, incluidos Argentina, Paraguay, Indonesia, Jordania, Kazajstán, Marruecos, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Turquía.

Un país estuvo notablemente ausente de la ceremonia: Israel, a pesar de que anunció su adhesión al organismo.

El presidente israelí Isaac Herzog se encuentra en Davos, pero un portavoz confirmó que no participaría en la ceremonia, sin dar más detalles.

No está claro cuántos países han sido invitados a unirse al nuevo organismo de Trump. Reino Unido fue invitado pero la ministra de Relaciones Exteriores Yvette Cooper indicó que aún no ha decidido firmar debido a preocupaciones por la participación del presidente ruso, Vladimir Putin.

Otros de los aliados tradicionales de Estados Unidos, como Francia y otras naciones europeas, no han aceptado hasta ahora unirse a la Junta.

Trump afirmó antes de la ceremonia de Davos que Vladimir Putin “había aceptado” una invitación para formar parte del organismo.

El jueves, la agencia estatal de noticias rusa TASS, informó que Putin está dispuesto a transferir los US$1.000 millones en activos rusos a la Junta.

Previamente se había informado que los fondos para la participación de Putin en la Junta podrían provenir de activos rusos congelados en EE.UU.

China, por su parte, confirmó que había sido invitada a unirse, pero aún no ha manifestado su disposición a participar y se dijo que había expresado serias dudas sobre el organismo, en particular por el papel de la ONU.

“China siempre ha practicado el verdadero multilateralismo. Independientemente de cómo cambie la situación internacional, China defiende firmemente el sistema internacional centrado en la ONU”, declaró el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, a la prensa en Pekín esta semana.

Los medios estatales chinos fueron un poco más críticos y cuestionaron si la Junta estaba “realmente a favor de la paz”, a la vez que plantearon la preocupación de que el presidente estadounidense estuviera creando un “club privado o una junta directiva corporativa con un costo de mil millones de dólares”.

Línea gris.
BBC

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