
Cada 3 de diciembre, el mundo conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una fecha destinada no solo a visibilizar a este sector de la población, sino también a reflexionar sobre los retos que aún persisten para lograr una sociedad verdaderamente inclusiva. A nivel global, las personas con discapacidad representan aproximadamente el 16 % de la población, lo que significa que este día es relevante para mil 300 millones de personas que continúan enfrentando desigualdades estructurales.
La importancia del día radica en recordar que la discapacidad no es un atributo individual, sino el resultado de la interacción entre las características de una persona y las barreras del entorno. Hoy, estas barreras siguen presentes en múltiples dimensiones: desde la infraestructura pública hasta los sistemas educativos, desde los entornos laborales hasta los procesos de salud y participación social. Para muchas personas con discapacidad en el mundo, la exclusión no se manifiesta únicamente en la falta de accesibilidad física, sino también en actitudes, prejuicios y prácticas sociales que impiden una vida plena.
Este día invita a gobiernos, instituciones, empresas y comunidades a replantear la manera en que diseñan políticas y espacios. Impulsa la conversación sobre accesibilidad universal, ajustes razonables, igualdad de oportunidades y derecho a la participación. También es un recordatorio de que la inclusión no debería ser un discurso anual, sino un compromiso permanente.
En México, las personas con discapacidad continúan enfrentando retos que limitan su acceso a derechos básicos. Las barreras se encuentran desde el inicio del ciclo de vida: niñas, niños y jóvenes con discapacidad suelen encontrarse con sistemas educativos que carecen de accesibilidad, apoyos adecuados, materiales inclusivos o personal capacitado. Como resultado, la permanencia y el acceso a niveles educativos superiores siguen siendo desafíos constantes.
En el ámbito laboral, las oportunidades siguen siendo limitadas. Muchas empresas carecen de procesos de selección inclusivos, entornos accesibles o políticas que reconozcan el valor del talento con discapacidad. Esto provoca que miles de personas no puedan desarrollar su autonomía económica ni construir trayectorias profesionales estables.
El transporte también representa un obstáculo diario. La falta de infraestructura accesible, unidades adaptadas, señalización adecuada y capacitación al personal del transporte público hace que desplazarse continúe siendo, para muchos, un reto que afecta directamente su acceso al trabajo, la educación y la vida comunitaria.
La accesibilidad física y digital, aunque avanza lentamente, sigue siendo insuficiente. Sitios web, edificios públicos, centros de salud, espacios culturales o de recreación suelen no contemplar ajustes razonables. A ello se suma un desafío adicional: el desconocimiento o falta de respeto a los derechos de las personas con discapacidad, lo que se traduce en discriminación, exclusión y vulneraciones cotidianas.
Pero estas barreras no afectan por igual a todas las personas. Es crucial reconocer la interseccionalidad que vive la comunidad con discapacidad: género, edad, origen étnico, orientación sexual, condición socioeconómica y tipo de discapacidad marcan diferencias significativas en el acceso a derechos. Una mujer con discapacidad puede enfrentar doble o triple discriminación; una persona indígena con discapacidad puede encontrar mayores obstáculos en salud y educación; una persona con discapacidad psicosocial puede experimentar estigma en múltiples entornos. Por ello, exigir igualdad no puede limitarse a una sola dimensión, sino que debe reconocer todas las capas que atraviesan las experiencias de vida.
En este Día Internacional, millones de personas con discapacidad en México y el mundo exigen que sus derechos sean respetados y garantizados de manera plena. No se trata de pedir concesiones, sino de reclamar condiciones equitativas para vivir, participar, trabajar y decidir. La inclusión no es un favor ni un gesto de buena voluntad: es una obligación ética, social y legal.
Avanzar hacia un país más accesible, más justo y más consciente del valor de la diversidad requiere el compromiso colectivo de instituciones, empresas y sociedad civil.
Porque la discapacidad forma parte de la diversidad humana y reconocerla dignifica, transforma y construye un país donde todas las personas puedan vivir con libertad, respeto y oportunidades reales.
* Martha García es fundadora y coordinadora general del Movimiento de Personas con Discapacidad e integrante de la Asamblea Consultiva del Copred.

Pretti, enfermero de 37 años, murió el sábado en Mineápolis tras recibir varios disparos de un agente federal de migración de Estados Unidos.
Alex Jeffrey Pretti, de 37 años, murió el sábado en Mineápolis tras recibir varios disparos de un agente federal de migración de Estados Unidos.
El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) afirmó que Pretti fue abatido tras acercarse a agentes de la Patrulla Fronteriza portando una pistola semiautomática de 9 milímetros, sin especificar si la blandió.
Videos grabados por testigos y difundidos poco después muestran a Pretti con un teléfono en la mano mientras varios agentes tratan de reducirlo hasta que uno de ellos comienza a disparar contra él.
En las imágenes, que dejan muchas interrogantes sobre lo sucedido en los menos de 30 segundos que duró el forcejeo, no se aprecia que el manifestante agarrara un arma.
El DHS compartió una fotografía de la pistola que supuestamente portaba la víctima.
Familiares de Alex Pretti confirmaron que poseía un arma de fuego y que tenía el permiso correspondiente para portar un arma oculta en Minesota, aunque aseguraron que nunca lo habían visto llevarla consigo.
En un comunicado difundido horas después de la muerte de Pretti, su familia calificó de “mentiras repugnantes” las explicaciones de las autoridades.
El tiroteo ocurrió en un contexto de creciente tensión en la ciudad por la intensa campaña de redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), que ha provocado fuertes protestas de un sector de la ciudadanía.
Estas se intensificaron después de que el pasado 7 de enero un agente del ICE matara a tiros a la ciudadana estadounidense Renée Nicole Good en Mineápolis.
Alex Pretti, también ciudadano estadounidense, es la segunda persona que muere a manos de agentes de migración en Mineápolis.
La familia supo de su muerte por una llamada de un periodista de Associated Press (AP), según reportó la agencia estadounidense.
Esta indicó que, tras ver los videos del tiroteo que comenzaron a propagarse en redes sociales, los parientes de Pretti intentaron obtener información de las autoridades sin éxito, hasta que el médico forense del condado de Hennepin les confirmó que había un cuerpo que coincidía con el nombre y la descripción de su hijo.
Pretti trabajaba como enfermero de cuidados intensivos en un hospital del Departamento de Asuntos de Veteranos.
En declaraciones a The New York Times, un compañero del hospital lo definió como un amigo de buen corazón con sentido del humor y apasionado de su trabajo.
Alex Pretti nació en Illinois y creció en Green Bay, Wisconsin, donde practicó fútbol americano, béisbol y atletismo en la escuela secundaria Preble High School, según indicaron sus familiares a AP.
Durante su adolescencia en Wisconsin fue boy scout y cantó en el coro Green Bay Boy.
Estudió en la Universidad de Minnesota, donde se graduó en 2011 con una licenciatura en biología, sociedad y medio ambiente.
Comenzó a trabajar como científico investigador antes de volver a la universidad para formarse como enfermero titulado.
Pretti vivía solo en un condominio de cuatro apartamentos situado a unos 3,2 kilómetros del lugar donde fue abatido.
Sus vecinos lo describieron como tranquilo y solidario.
“Es una persona maravillosa. Tiene un gran corazón”, indicó a AP una vecina que vive en la misma urbanización.
Como enfermero trabajaba largas jornadas y en su tiempo libre le gustaba disfrutar de la naturaleza, además de practicar ciclismo.
Estaba muy unido a su perro Joule, que murió hace un año.
Días antes de este sábado, contó a sus padres que le dio una propina de US$100 a un trabajador latino que reparó la puerta de su garaje, según relata AP.
“Amaba este país, pero odiaba lo que cierta gente le estaba haciendo”, declaró su madre, Susan Pretti, a la agencia.
Según los testimonios de sus allegados, Pretti se sentía indignado con las políticas migratorias del gobierno de Trump, así como con las operaciones del ICE en Mineápolis y en todo el país, por lo que se implicó en las protestas tras la muerte de Renée Good.
Su padre, Michael Pretti, afirmó que su hijo “se preocupaba mucho por la gente y estaba muy molesto con lo que estaba pasando en Mineápolis y en todo Estados Unidos con ICE, como millones de personas más”.
“Pensaba que era terrible, ya sabes, secuestrar niños, simplemente agarrar a la gente de la calle. Se preocupaba por esas personas y sabía que estaba mal, así que participó en protestas”, agregó.
Michael Pretti aseguró que él y su esposa habían hablado con su hijo semanas antes sobre los riesgos de manifestarse.
“Le dijimos que protestara, pero que no se involucrara, que no hiciera nada estúpido. Y él dijo que lo sabía”, lamentó..
Pretti tenía armas de fuego y ocasionalmente llevaba un rifle a un campo de tiro, según relataron a AP sus vecinos, a quienes les sorprendía la idea de que portara una pistola por la calle.
“Nunca me pareció el tipo de persona que llevara un arma”, declaró una vecina.
La agencia también citó a su exesposa, Rachel N. Canoun, quien aseguró que no le sorprendía que Pretti participara en protestas.
Ella lo describió como alguien que sentía profundamente las injusticias, aunque nunca lo conoció como alguien que confrontara físicamente a otras personas.
Su exesposa confirmó que la víctima había obtenido su permiso para portar un arma oculta unos tres años antes.
Horas después de la muerte de Pretti, la familia emitió un comunicado. Lo reproducimos de forma íntegra:
Estamos desconsolados, pero también muy enojados.
Alex era una persona de buen corazón que quería mucho a su familia y amigos, y también a los veteranos estadounidenses a quienes cuidaba como enfermero de la UCI en el hospital de veteranos de Mineápolis. Alex quería marcar la diferencia en este mundo. Lamentablemente, no estará con nosotros para ver el impacto que tuvo. No uso la palabra “héroe” a la ligera. Sin embargo, su último pensamiento y acto fue proteger a una mujer.
Las mentiras repugnantes que la administración ha dicho sobre nuestro hijo son reprobables y asquerosas. Alex claramente no tenía un arma cuando fue atacado por los matones cobardes y asesinos de ICE de Trump. Tenía su teléfono en la mano derecha y la mano izquierda vacía levantada por encima de la cabeza, intentando proteger a la mujer que ICE acababa de empujar al suelo, mientras le rociaban gas pimienta.
Por favor, difundan la verdad sobre nuestro hijo. Era un buen hombre. Gracias.
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