
Durante los últimos años el tema de una reforma electoral ha estado en el aire y aunque hasta ahora no se ha logrado hacer realidad, nuevamente se abre el debate. Hace unas semanas se creó mediante decreto la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, con la intención de buscar la validación popular de un nuevo proyecto de reforma electoral (aquí puedes consultar nuestro análisis del decreto). La Comisión encabezada por Pablo Gómez tiene como objetivo elaborar la propuesta de reforma a partir de foros, debates y encuestas, aunque pareciera que buscarán hacer un ejercicio plural, el propio titular de la Comisión ha señalado que “el gobierno utilizará su fuerza política para aprobar la próxima reforma en la materia”.
La pregunta que surge ante este nuevo intento de reforma es: ¿qué se incluirá en la propuesta? Y ¿qué tan de fondo será la reforma? ¿Los cambios van a ser sustantivos o solo superficiales? Y, sobre todo, ¿buscarán fortalecer el sistema electoral o solo al partido en el gobierno?
Es difícil contestar las preguntas anteriores a partir de la información disponible, aunque lo que sí podemos hacer es revisar las propuestas que ya se han hecho para buscar darnos una idea de por dónde puede venir este nuevo intento de reforma.
El llamado Plan A, presentado en noviembre de 2022, y redactado por Horacio Duarte y Pablo Gómez, tenía como propósito la reducción de los costos de las elecciones y de la posibilidad de fraude electoral. Para ello se planteó la creación del Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC); reducción de 11 a 7 consejerías –elegidas por voto popular–; reducción del periodo del cargo de 9 a 6 años, así como la desaparición de los Organismos Públicos Locales (OPL); revocación de mandato con el 33 % de participación; reducción de legisladores/as a 300 diputaciones y 96 senadurías (3 por entidad), todas electas mediante representación proporcional; eliminación del financiamiento público de partidos para actividades ordinarias; gastos de campaña calculados multiplicando la lista nominal por el 65 % del valor diario de la UMA para elecciones intermedias y por el 100 % para elecciones presidenciales; disminución de tiempos en radio y televisión; reducción de diputaciones locales y regidurías.
El plan B buscaba solo modificar las leyes secundarias, y en este se planteó la reducción de la estructura del INE, reducción del 80 % del personal del Servicio Profesional Electoral Nacional; reducción de órganos distritales de 300 a 264; convertir los OPL en organismos supeditados al INE; la creación del Procedimiento Único de Queja en Materia Electoral; eliminación de la franquicia telegráfica de los partidos; modalidad electrónica solamente para voto en el extranjero; unificación del PREP con cómputo y transmisión en tiempo real al finalizar la jornada electoral; separación del cargo a legisladores/as en caso de reelección; desaparición de fideicomisos del INE, entre otros. Esta reforma fue declarada inconstitucional por la Suprema Corte.
El plan C, presentado en febrero de 2024, retomaba las propuestas del plan A, por lo que requería de una mayoría calificada para modificar la Constitución y ello dependía de los resultados de la elección de ese año. Se proponía, nuevamente, la creación del INEC con consejerías elegidas popularmente; reducción de consejerías en cantidad y duración del periodo del cargo; desaparición de los OPL; reducción al 30 % de participación de la lista nominal para validar consultas populares y revocación de mandato; un Congreso de la Unión integrado por 300 diputaciones y 64 senadurías electas por mayoría relativa (desaparición de plurinominales); reducción del 50 % al financiamiento público de partidos para actividades ordinarias, regulando las aportaciones privadas y fijando el monto anual multiplicando la lista nominal por el 33 % del valor diario de la UMA; aprovechamiento de las Tecnologías de la Información y Comunicación para mecanismos de participación ciudadana; reducción de diputaciones locales y regidurías, según el número de habitantes, y la posibilidad de crear partidos políticos cada 3 años (para conocer más sobre el plan A, B y C en el Laboratorio Electoral realizamos un análisis comparativo).
Derivado de algunas declaraciones emitidas por la Presidenta y el propio Pablo Gómez, así como de los antecedentes de propuestas de reforma que han sido descritas, advertimos que al menos son 5 los aspectos que muy posiblemente considerarán en la propuesta de reforma electoral son:
Modificar las reglas de acceso al poder requiere de un amplio consenso político, así como de una búsqueda de evolución positiva. La implementación de una reforma debe basarse en un diagnóstico exhaustivo que contemple tiempos, plazos y costos. Por ello consideramos imprescindible que esta nueva reforma no se limite a reciclar las propuestas que fueron rechazadas en 2022 y 2024, sino que se genere una propuesta genuina que busque el fortalecimiento de las libertades políticas y elecciones bajo principios de integridad.

La estimulación cerebral se ha utilizado durante mucho tiempo para tratar enfermedades como el párkinson y ahora se está probando para otras afecciones como la pérdida de memoria.
¿Tienes una larga lista de la compra que necesitas recordar? ¿O los nombres de los invitados a una reunión importante?
Existen trucos de memoria que se usan para entrenar el cerebro y que funcione mejor: el llamado método “software” para mejorar la capacidad mental.
Pero ¿podríamos también usar hardware, es decir, dispositivos que le dan un impulso eléctrico al cerebro?
Hasta ahora, esta tecnología se ha desarrollado para ayudar a restaurar la función cerebral en ciertas afecciones neurológicas.
La estimulación cerebral profunda (ECP) es un ejemplo: una técnica compleja que se ha utilizado durante muchos años para tratar a personas con trastornos del movimiento como la enfermedad de Parkinson.
La profesora Francesca Morgante, de la Universidad City St George’s de Londres, ha observado el impacto de la estimulación cerebral profunda (ECP) en sus pacientes.
“[La ECP] se considera para aquellas personas cuya medicación no logra controlar los síntomas”, le dijo al programa CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
En la enfermedad de Parkinson, las células que producen dopamina, el mensajero químico, se mueren.
La dopamina es necesaria para la señalización en las partes del cerebro que controlan los movimientos corporales. Sin suficiente dopamina, quienes padecen Parkinson pueden experimentar síntomas como temblores, rigidez y lentitud en los movimientos.
La enfermedad empeora con el tiempo y actualmente no tiene cura.
La ECP consiste en implantar quirúrgicamente un generador de pulsos bajo la piel, por lo general justo debajo de la clavícula. Este se conecta a cables o electrodos que se insertan en las áreas cerebrales afectadas para estimularlas con una pequeña corriente eléctrica.
El dispositivo actúa como un marcapasos cerebral, explica Morgante, ayudando a restablecer la señalización cerebral normal.
Si bien la estimulación cerebral profunda puede ayudar a aliviar algunos de los síntomas del párkinson, no siempre es eficaz.
Las formas en que la vasta red de neuronas se envían señales eléctricas entre sí son complejas y, hasta el momento, no se comprenden del todo.
“Hay muchos más síntomas que solo temblores y problemas de movilidad”, afirma la Dra. Lucia Ricciard, también de la Universidad City St George de Londres. “Incluyen síntomas como depresión, ansiedad, falta de motivación, problemas de memoria y dificultades para dormir”.
Y añade que los estudios sugieren que la estimulación cerebral profunda también puede ayudar a aliviar algunos de estos síntomas, como la depresión y la ansiedad, pero se necesita más investigación.
Además, existen consideraciones individuales. Cada cerebro es altamente complejo y único, por lo que no existe un enfoque que sirva para todos.
Los cables implantados que se utilizan en la ECP constan de múltiples segmentos independientes que se conectan a diferentes neuronas.
Los expertos deben determinar qué segmentos estimular para lograr el mayor impacto en los síntomas del paciente.
“La decisión de cuál activar y con qué parámetro en términos de frecuencia, amplitud y pulso: hay muchos aspectos que debemos considerar”, afirma Ricciard.
Este proceso de calibración personalizado, tradicionalmente realizado mediante ensayo y error, está mejorando constantemente, especialmente ahora que la IA puede sugerir qué combinaciones son las mejores para cada cerebro.
No está muy claro aún si la estimulación cerebral sirve para mejorar otras funciones como la memoria. Sin embargo, eso es actualmente objeto de investigación.
La memoria humana se centra en una región cerebral llamada hipocampo.
Este recibe información de otras partes del cerebro, como el olor, el sonido y la imagen de una experiencia, y la convierte en un código que se almacena a corto o largo plazo, según explicó el Dr. Robert Hampson, experto en memoria de la Universidad Wake Forest, en Estados Unidos.
Hace varios años, su equipo realizó experimentos con pequeños roedores, a los que les dio una tarea que requería el uso de la memoria, y observó la aparición de patrones eléctricos específicos antes de que el animal decidiera qué hacer.
“Si la rata de laboratorio va a girar a la izquierda, obtengo un patrón que llamo ‘izquierda’, y si va a girar a la derecha, obtengo un patrón que llamo ‘derecha'”, explicó Hampson.
“Descubrimos que existen patrones asociados con el correcto funcionamiento de la memoria y con su posible fallo”, afirmó.
Hampson empezó a preguntarse si sería posible influir en estos patrones y “reparar la memoria cuando falla”.
Su equipo fue pionero en las primeras pruebas en humanos de un dispositivo llamado prótesis neural hipocampal, aunque Hampson lo describió como “más como una muleta o un yeso” que como una prótesis.
Similar a la ECP, implica la implantación quirúrgica de numerosos electrodos, esta vez dirigidos al hipocampo.
La tecnología aún no está completamente desarrollada. Por lo tanto, en lugar de un marcapasos, los electrodos están conectados a una gran computadora externa que puede enviar y recibir señales del cerebro.
“Intentamos restaurar la función cuando esta se debilita o se pierde”, afirmó.
Los primeros indicios son prometedores al probarse en personas con epilepsia.
“Observamos una mejora del 25% al 35% en la capacidad de retener información durante este tiempo, de aproximadamente una hora a 24 horas”, comentó Hampson. “Esto se observó en los sujetos que presentaban mayores problemas de memoria al inicio de la prueba”.
Esta tecnología podría algún día ayudar a quienes padecen problemas de memoria como el alzheimer, según Hampson.
Pero, ¿se podría mejorar el cerebro de cualquier persona, no solo de quienes padecen enfermedades degenerativas?
Hampson cree que aún tenemos mucho que aprender sobre por qué la memoria de algunas personas funciona mejor que la de otras.
“No necesariamente tenemos suficiente información para decir: ‘¿Podemos mejorar (el cerebro) más allá de lo normal?'”, afirmó.
Y, por supuesto, existen obstáculos éticos que considerar, además de los riesgos de la propia cirugía cerebral.
“La memoria es la esencia que nos define, y lo único que no queremos es cambiarla”, comentó Dr. Hampson.
*Este artículo está basado en un episodio de CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
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