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¿Se puede ser demasiado viejo para el servicio público?
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¿Se puede ser demasiado viejo para el servicio público?
Hay que juzgar a los candidatos no por su edad, sino por su capacidad para hacer el trabajo y los resultados que han tenido en el desempeño del mismo. Con la edad se desarrolla juicio, experiencia y madurez que quizás un servidor público más joven pueda echar en falta.
13 de febrero, 2024
Por: Saul Vazquez Torres
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En el debate público norteamericano es una pregunta que se ha venido haciendo con fuerza en los últimos años: ¿se puede ser demasiado viejo para el servicio público? Durante la elección de 2020, el presidente Trump llegaba con 74 años y los tres precandidatos demócratas más fuertes a sucederlo eran el empresario Mike Bloomberg, de 78; el exvicepresidente Joe Biden, de 78, y el senador Bernie Sanders, de 79. Para esta elección se empieza a configurar una repetición de la contienda y los participantes no se han hecho más jóvenes. Esto, sin comentar el evidente problema de género en los perfiles. De ganar Trump o Biden ya serían mucho mayores al presidente más viejo que ha tenido Estados Unidos, Ronald Reagan, que terminó su encargo a los 77 años y 349 días.

Curiosamente, Reagan dejaría para la historia su respuesta en uno de los debates de su reelección al ser cuestionado por el tema de su edad: “No voy a hacer uso del tema de la edad en esta campaña. No quiero explotar con fines políticos la juventud y la inexperiencia de mi oponente”. La edad, en más de un sentido, puede ser una fortaleza que demuestra la preparación y experiencia de los servidores públicos electos. Mas el debate sobre este tema está más vivo que nunca en Estados Unidos, no sólo con lo que respecta a los virtuales candidatos presidenciales. En fechas recientes, la muerte en funciones de la senadora Diane Feinstein, que fuera criticada por su papel en las audiencias de confirmación de la jueza de la Suprema Corte, Amy Coney Barret, y de la que trascendieran artículos sobre su memoria que comenzaba a verse perjudicada por la edad, así como la muerte de la jueza progresista Ruth Bader Ginsburg, quien abrió la puerta a que Trump pudiera nombrar a una jueza conservadora en su lugar, tras su negativa a retirarse a pesar de las presiones.

Esta semana ha sido particularmente álgida en el debate de la edad de Biden, después de que un reporte del fiscal especial Robert K. Hur, al exculparlo por la retención de documentos clasificados de su época como vicepresidente, lo describió como un “hombre de edad avanzada bien intencionado, pero con mala memoria”, y dijera que Biden tuvo problemas para recordar incluso cuándo murió su hijo Beau. Inicialmente el presidente respondió con furia en una conferencia de prensa diciendo: “no necesito que me recuerden cuándo murió”, mas un día después bromeó sobre el tema de su edad en un evento con la asociación nacional de condados: “Tal vez no lo parezca, pero he estado un rato (en la política) y y eso lo puedo recordar”.

En México no ha sido un debate tan relevante, sin embargo en las páginas de Milenio apareció un texto de Viridiana Ríos elogiando la juventud del candidato a la presidencia de Movimiento Ciudadano, acompañado de una propuesta de forzar el retiro “obligatorio” de los servidores públicos electos mayores de 65 años. Tanto en el debate en Estados Unidos, como en México, esta es una idea peligrosa, discriminatoria, pero además perniciosa para la calidad de la democracia y los servidores públicos.

Vaya que yo he vivido de primera mano lo difícil que es abrirse paso en un partido político. He visto a coetáneos talentosos abandonar la ruta política ante la falta de oportunidades y desarrollarse ahora exitosamente en la sociedad civil o la academia. En mi partido, el PRD, durante años antes del reciente acuerdo que abriera la puerta para acciones afirmativas para la comunidad afroamericana, indígena, diversidad sexual, migrantes y pueblos originarios, ya contábamos con esta figura en nuestro estatuto, incluyendo un 20 % de candidaturas para personas, entonces, menores de 30 años, ahora menores de 35. No voy a hacer un recuento de las personas que llegaron al Congreso gracias a esta afirmativa, pero no siempre fueron los mejores perfiles. La verdad es que tenemos que reconocer que la juventud no es sinónimo de calidad, y trágicamente, tampoco de novedad. Muchos jóvenes no solo no defienden los intereses de sus coetáneos, sino que son capaces de reproducir los viejos vicios y prácticas de la política que tanto han hecho daño en nuestro país. Esto no es un argumento en contra de las acciones afirmativas, sino que -como lo decía la filósofa Hannah Arendt- pretender que una persona pertenece a un movimiento político solo por tener cierta identidad rompe la libertad de la política, es confundir quién es una persona con qué es una persona. ii

Como lo dijo Adriana Cristina Pineda, la posición en contra del ejercicio público de personas mayores de 65 es discriminatoria, contraria a la constitución y la ley federal del trabajo. Pero no sólo es descalificable desde posturas morales y legales por la participación igualitaria en la política de todas las personas, sino que también es problemática porque no garantiza mejores servidores públicos, va en contra de la profesionalización de los perfiles en las cámaras y poderes ejecutivos.

Así mismo se pronunció en el New York Times el neurólogo Charan Raganath respecto al caso concreto de Biden y Trump: hay que juzgar a los candidatos no por su edad, sino por su capacidad para hacer el trabajo y los resultados que han tenido en el desempeño del mismo. Raganath, un experto en el desarrollo de la memoria, advierte que esta empieza a deteriorarse desde los 30 años. ¿Deberíamos ser entonces gobernados por personas entre los 18 y los 30? Con la edad se desarrolla juicio, experiencia y madurez que quizás un servidor público más joven pueda echar en falta.

Por supuesto que hay casos como el de la ya mencionada senadora Feinstein, en que las condiciones particulares de salud de un servidor público ya le impiden llevar a cabo sus funciones, pero esto puede desarrollarse más allá de la edad que tenga. También coincido en que es necesario poner un freno a élites que se eternizan en el poder, mas no es un tema de edad, sino de tiempo en el cargo, para lo cual -a diferencia de Estados Unidos- en México tenemos límites a la reelección tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados y nuestros magistrados de la Suprema Corte no son vitalicios como en Estados Unidos. Juzguemos a nuestros políticos no por quienes son, sino por qué son, cómo trabajan y la agenda que defienden.

* Saul Vazquez Torres (@Sawie) es Internacionalista por el ITESM, asociado de COMEXI, miembro de la Red de Norteamericanistas del CISAN-UNAM y militante del PRD.

 

ii Hill, S. R. (2021). Hannah Arendt. Reaktion Books. P. 187

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Por qué siguen los despidos masivos en las grandes empresas tecnológicas (pese a sus beneficios récord)
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Por qué siguen los despidos masivos en las grandes empresas tecnológicas (pese a sus beneficios récord)
Hay que juzgar a los candidatos no por su edad, sino por su capacidad para hacer el trabajo y los resultados que han tenido en el desempeño del mismo. Con la edad se desarrolla juicio, experiencia y madurez que quizás un servidor público más joven pueda echar en falta.
13 de febrero, 2024
Por: BBC News Mundo
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Marcan el paso en las bolsas de Estados Unidos y son las mimadas de Wall Street.

Las empresas tecnológicas conocidas como “las 7 magníficas” no paran de crecer en ventas, en beneficios y en valor.

Según los analistas, entre todas venderán un 12% más este año y otro 12% en 2025. Muy por encima de sus pares en otras industrias.

Alphabet –la matriz de Google–, Apple, Amazon, Meta y Microsoft ganaron en conjunto cerca de US$327.000 millones, un 25,6% más que el año anterior. Una cifra cercana, por ejemplo, al PIB total de Colombia o Chile.

Y aun así este exclusivo grupo, al que también pertenecen Tesla y Nvidia, atraviesa una fase de despidos que en algunos casos se consideran incluso masivos y que vienen a sumarse a los realizados el año pasado.

Microsoft recortó su plantilla en julio de 2023 y vuelve a hacerlo este 2024 despidiendo a mil 900 personas, tras cerrar un acuerdo de compra de Activision Blizzard por US$69.000 millones.

Lo mismo sucede con Amazon que se deshará del 35% de la plantilla de su plataforma Twitch y otro centenar de Amazon Prime, siguiendo la estela de los 9 mil recortes del año pasado.

Un candidato a una firma tecnológica se rasca la cabeza confundido
Las empresas tecnológicas contrataron a muchos empleados durante la pandemia. Foto: Getty Images

Por si fuera poco, a este exclusivo grupo se han sumado muchas otras compañías de menor tamaño. En total, casi 32 mil trabajadores han sido despedidos de 122 empresas tecnológicas desde principios de año, según el sitio web Despidos.fyi citado por Reuters. Y quedan 11 meses por delante.

Paypal contará este año con 2 mil 500 efectivos menos, Spotify con mil 500, eBay despedirá a mil y Snapchat recortará su plantilla en 500 personas, por poner ejemplos de conocidas firmas de la industria tecnológica.

Todo esto ha llevado a muchos a comparar lo que está pasando con principios de la década de 2000, cuando el auge de internet condujo a la burbuja tecnológica de las puntocom.

Para Mathieu Racheter, analista jefe de Julius Baer, esta analogía es débil porque la cotización de las acciones tecnológicas de megacapitalización no alcanza aún la burbuja de las líderes de la década de 2000.

Baer añade que “las 7 magníficas” son altamente generadoras de efectivo, lo que ayudaría ante eventuales problemas.

¿Qué hay entonces detrás de esta segunda oleada de recortes masivos?

Logo de ChatGPT
El boom de la inteligencia artificial ha revolucionado el mercado laboral. Foto: Getty Images

1. Inteligencia artificial y cambios estratégicos

“La historia del sector tecnológico incluye el auge y la caída de grandes empresas que acaban afectadas por la disrupción y siendo sustituidas por otras más innovadoras de la siguiente generación”, recuerda Brice Prunas, gestor de inteligencia artificial en ODDO BHF AM.

Así pasó en la burbuja de las puntocom y en esta década, el boom de los modelos de inteligencia artificial (IA) supone una revolución.

“Tomemos como ejemplo la empresa para aprender idiomas Duolingo. Parte de su personal despedido (o “desvinculados” para usar el torpe término de la empresa) son escritores y traductores, que serán reemplazados por algoritmos”, explica el sitio web Quarck.

La IA es rápida. Lo que un redactor humano tarda entre 60 y 90 minutos en escribir, la IA puede hacerlo en 10 minutos o menos.

A principios de este año, un informe de Goldman Sachs decía que posiblemente la IA podría reemplazar al equivalente a 300 millones de puestos de trabajo a tiempo completo.

“Ya lo vimos en la burbuja tecnológica de la década del 2000, las disrupciones siempre llevan a las compañías a una reasignación dentro de su estructura”, afirma Javier Molina, analista senior de mercados para eToro.

“De un lado vemos cambios estratégicos y cierre de divisiones y por otro una reorientación hacia inteligencia artificial. Esto lleva a eliminar ciertos puestos de trabajo en muchos procesos que son automáticos”, dice Molina.

Es la forma de aumentar su productividad.

Una mujer consulta un web de empleo en el computador.
Las tasas de interés son muy altas y esto ejerce presión sobre las empresas de tecnología porque les dificulta atraer inversores. Foto: Getty Images

2. El recuerdo de 2022 y el cierre de proyectos

El sector tecnológico eliminó 168.032 puestos de trabajo en 2023 y representó el mayor número de despidos en todas las industrias, según un informe de la consultora Challenger, Gray & Christmas, Inc.

En medio de la ola de euforia por el éxito que alcanzaron durante la pandemia, muchas compañías de Silicon Valley aumentaron las contrataciones y expandieron sus planes de crecimiento con la idea de que el viento seguiría corriendo a su favor.

Pero no fue así, y cuando la música dejó de sonar, empezaron los despidos masivos en 2022 y gran parte del 2023.

Otra de las razones que conspiró contra los nuevos proyectos fue la subida de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos en respuesta a la inflación descontrolada.

Tomar dinero prestado es ahora más costoso y muchas empresas tecnológicas requieren mucho capital, sobre todo en las fases iniciales de desarrollo.

“Las recientes subidas de tipos han acentuado la situación límite de muchos proyectos, que en otros tiempos podían invertir, aspirando a crecer y alcanzar beneficios en una fase posterior”, dice Andrés Allende, gestor del fondo DIP Value Catalyst de A&G fondos.

“Sin embargo, ahora el efecto dominó de la financiación más cara, ha secado las inversiones. Esto finalmente provoca el cierre de más y más proyectos tecnológicos”, añade.

Con los recortes las empresas buscan estar lo más saneadas posible en un momento de incertidumbre económica.

Coincide en esta idea Prunas, de ODDO. “Por debajo de las ‘mega-caps’ (empresas de megacapitalización), muchas compañías más pequeñas están atravesando momentos muy difíciles, lo cual explica las reducciones en sus plantillas”, dice el experto.

Un teléfono con varias de las aplicaciones más populares.
No todas las firmas tecnológicas han pasado por las mismas penurias. Foto: Getty Images.

3. Un ciclo brutal

Incluso las mega-caps han recurrido a los recortes de costes para saciar los pedidos de mayores beneficios que reclaman sus inversores.

Pero es que “los ciclos en tecnología suelen ser así, bruscos… pero también más rápidos y flexibles. En breve muchas de estas compañías y proyectos se adaptarán y volverán a innovar. Los que sobrevivan pueden volver a ser oportunidades muy prometedoras”, explica Allende.

“Hasta que el nuevo ciclo cobre vida -ya empezamos a ver algunas señales- las dificultades del sector tecnológico podrían impactar de manera relevante el consumo y la inversión en otros sectores, ya que a menudo los empleos en tech se encuadran en niveles de renta muy superiores a la media”, añade el experto de A&G.

Los analistas coinciden en que hay que diferenciar lo que pasa en las pequeñas empresas, que es un tema de supervivencia, de lo que sucede con las grandes tecnológicas, que tiene más margen y grandes cantidades de capital para afrontar turbulencias.

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