
“El poder produce verdad”.
Michel Foucault, Microfísica del poder
Vivimos una época en la que el poder no solo gobierna, sino que también define lo que debemos entender como realidad. Ya no se limita a administrar recursos o aplicar leyes: produce discursos, fija significados y delimita aquello que puede decirse, pensarse o debatirse.
Más que explicar los hechos, se impone una versión única de ellos. No se nos invita a comprender, sino a repetir; no se nos convoca a observar, sino a aceptar lo que se dice desde arriba. La realidad deja de ser el resultado del debate y se convierte en un relato oficial que exige obediencia.
En México, esta lógica se ha manifestado de forma creciente mediante el uso de la ley como herramienta de control narrativo. Lejos de funcionar como un marco común que garantice derechos, el sistema legal es utilizado de manera selectiva para castigar la disidencia y proteger al poder.
La organización Artículo 19 ha documentado cómo este mecanismo se despliega contra periodistas y medios críticos. En su informe anual “Barreras informativas: desafíos para la libertad de expresión y el acceso a la información en México” se exponen los principales obstáculos que enfrentan la libertad de expresión y el acceso a la información en el país, desde agresiones directas contra la prensa hasta la falta de transparencia institucional.
Según este y otros reportes de la organización, entre enero y julio de 2025 se registraron 51 casos de acoso judicial contra periodistas y medios, lo que equivale a la apertura de un nuevo proceso legal cada cuatro días, impulsado con frecuencia por funcionarios públicos. Estas acciones no buscan necesariamente impartir justicia, sino intimidar, desgastar y generar autocensura. El mensaje es claro: cuestionar puede tener un costo.
El efecto inmediato es que la discusión pública deja de centrarse en los hechos y se desplaza hacia la obediencia al relato oficial. Cuando preguntar implica riesgos legales, la autocensura se convierte en una forma de supervivencia. Así, lo que el poder niega deja de existir en el debate público, aunque sea evidente para todos.
Los escándalos que involucran a algunos funcionarios públicos revelan con claridad este mecanismo de construcción selectiva de la verdad.
Ante denuncias graves, el discurso oficial suele prometer investigaciones que no avanzan o presentar resultados parciales donde aparecen chivos expiatorios, mientras las responsabilidades de los altos cargos permanecen intactas.
No se trata de esclarecer los hechos, sino de administrar el daño: proteger, ceder y conceder lo necesario para que la corrupción y la impunidad no alcancen a quienes están vinculados al poder.
En muchos casos, la estrategia se completa con la distracción mediática. Una nueva polémica sustituye a la anterior y el escándalo se diluye en la memoria pública. Así, más que rendir cuentas, el poder reafirma un mensaje implícito, pero contundente: hay quienes están por encima de la ley y cuya verdad no puede ser cuestionada.
En este contexto, la ley deja de ser un marco común y se convierte en un instrumento político. Ya no importa tanto lo que está escrito, sino quién interpreta, quién acusa y quién decide qué es verdad y qué es falso. La justicia se subordina al relato, y el relato al poder.
Como advirtió Hannah Arendt, el mayor triunfo del poder no es imponer una mentira, sino “destruir la capacidad de distinguir la verdad de la falsedad”. Cuando esa frontera se borra, la ciudadanía pierde no solo información, sino criterio. Y sin criterio, no hay deliberación democrática posible.
Esta combinación de control legal, mediático y discursivo configura un escenario en el que la libertad de pensamiento se transforma en un acto de resistencia. Pensar críticamente, cuestionar la versión oficial y exigir explicaciones se vuelven prácticas incómodas, cuando no directamente castigadas. Frente a ello, el papel de la ciudadanía es crucial.
No basta con informarse: es necesario defender el derecho a cuestionar, exigir pluralidad y resistir la imposición de una verdad única. La realidad no debería ser aquello que el poder dicta, sino aquello que se construye colectivamente desde la observación, la crítica y la memoria.
* Elio Villaseñor Gómez es director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción del Diálogo A. C. (@Iniciativa_pcd).
Referencias citadas en el texto:

El mandatario ucraniano afirma que en las negociaciones persisten problemas difíciles, mientras Rusia sigue llevando a cabo nuevos ataques contra instalaciones energéticas del país invadido.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, afirmó que Estados Unidos desea que la guerra con Rusia termine en junio, y añadió que ambas partes fueron invitadas a ese país para conversar la próxima semana.
“EE.UU. propuso por primera vez que los dos equipos negociadores, Ucrania y Rusia, se reunieran en EE.UU., probablemente en Miami, dentro de una semana. Confirmamos nuestra participación”, declaró el mandatario.
No hubo comentarios inmediatos de Washington ni de Moscú, pero el presidente estadounidense, Donald Trump, ha estado presionando para que se ponga fin al conflicto desde que asumió el cargo hace más de un año.
Mientras tanto, Rusia ha continuado sus ataques contra la infraestructura energética de Ucrania, provocando nuevos apagones generalizados durante el gélido invierno.
En declaraciones publicadas el sábado, Zelensky informó a la prensa sobre lo ocurrido durante la segunda ronda de conversaciones de paz mediadas por EE.UU. en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), que finalizaron el viernes sin ningún avance.
Zelensky afirmó que “los asuntos difíciles siguen siendo complejos”, incluyendo las concesiones territoriales con las que se presiona a Ucrania para que las haga.
El mandatario dijo que las partes discutieron, por primera vez, la posibilidad de una reunión trilateral entre líderes, no solo representantes, pero advirtió que “se necesitan elementos preparatorios para ello”.
Al preguntársele si se había fijado un plazo para un acuerdo, el líder ucraniano respondió: “Los estadounidenses dicen que quieren tener todo listo para junio”.
“¿Por qué antes de este verano? Entendemos que sus problemas internos tendrán un impacto”, agregó Zelenski sin dar más detalles sobre cuáles son esos problemas.
Mientras las gestiones diplomáticas siguen, también continúan los ataques rusos contra la infraestructura energética de Ucrania.
“Criminales rusos llevaron a cabo otro ataque masivo contra las instalaciones energéticas”, escribió el ministro ucraniano Energía, Denys Shmyhal, en Telegram.
Las subestaciones, que controlan el flujo eléctrico, y las líneas eléctricas aéreas que “forman la columna vertebral de la red eléctrica de Ucrania” fueron atacadas, afirmó Shmyhal.
También fueron atacadas centrales eléctricas, aseguró el funcionario.
El operador estatal de energía de Ucrania, Ukrenergo, declaró que “el déficit energético aumentó significativamente” como resultado de los últimos ataques.
Shmyhal afirmó que se había solicitado a la vecina Polonia suministros eléctricos de emergencia.
Por su parte, Zelensky escribió en redes sociales que el ataque del viernes por la noche involucró a más de 400 drones y 40 misiles. Los sistemas de defensa aérea interceptaron la mayoría, pero no todos, admitió el ejército ucraniano.
“Los principales objetivos fueron la red eléctrica, las instalaciones de generación y las subestaciones de distribución”, declaró, añadiendo que se habían reportado daños en al menos cuatro regiones.
En la región occidental de Lviv, la central eléctrica de Dobrotvir fue atacada, dejando a miles de personas sin electricidad, según el jefe regional, Maksym Kozytskyi.
Al menos 6.000 personas se quedaron sin electricidad debido a los cortes de luz programados cada hora, añadió.
La central eléctrica de Burshtyn también fue atacada en la cercana región de Ivano-Frankivsk.
DTEK, que gestiona las centrales de Dobrotvir y Burshtyn, declaró que se trataba del décimo “ataque masivo” contra sus centrales eléctricas desde octubre de 2025.
“En total, las centrales térmicas de DTEK han sido atacadas por el enemigo más de 220 veces desde el comienzo de la invasión a gran escala”, añadió la compañía en Telegram. Rusia lanzó su operación hace casi cuatro años.
Se reportó la muerte de una persona en la región de Rivne y varias heridas en Zaporizhia. El presidente de Rivne, Oleksandr Koval, afirmó que también hubo daños en viviendas e infraestructuras críticas.
En Kyiv, los residentes volvieron a refugiarse en estaciones de metro.
“Nos obligan a vivir en condiciones inhumanas. Sin calefacción, sin electricidad”, declaró a Reuters, Oksana Kykhtenko, una de las refugiadas en el subterráneo.
Un ataque con drones en la ciudad de Yahotyn, a unos 10 kilómetros de distancia de la capital, provocó un incendio en un complejo de almacenes, según informaron los servicios de emergencia ucranianos.
Ucrania también ha atacado a Rusia, en específico una fábrica de componentes de combustible para misiles en la región occidental de Tver, según informes de prensa que citan a funcionarios de seguridad ucranianos.
Más al sur, en la región de Saratov, un depósito de petróleo también fue atacado, según Ucrania.
Rusia no ha hecho comentarios sobre ninguno de los últimos ataques.
Moscú reanudó sus ataques contra la infraestructura energética de Ucrania el lunes, tras una pausa de una semana que el presidente estadounidense, Donald Trump, había pedido a Vladimir Putin ante el intenso frío en Ucrania.
DTEK afirmó que los ataques combinados con misiles y drones causaron “el golpe más contundente” a la infraestructura en lo que va de año.
“Moscú debe ser privada de la capacidad de usar el frío como palanca contra Ucrania”, escribió Zelenski en la red social X el sábado, en respuesta a los últimos ataques.
Rusia también ha acusado a Kyiv de no tomarse en serio la búsqueda de una paz duradera. El ministro rusos de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, culpó el viernes a Ucrania del tiroteo contra un general de alto rango del ejército ruso, afirmando que su objetivo era “interrumpir el proceso de negociación”.
Aún se desconoce quién estuvo detrás del tiroteo.
Unos 55.000 soldados ucranianos han muerto desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala en febrero de 2022, declaró Zelensky a principios de esta semana.
Por su parte, la BBC ha confirmado los nombres de casi 160.000 personas que han muerto combatiendo del lado ruso.
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