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A la construcción de la narrativa del poder ciudadano
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A la construcción de la narrativa del poder ciudadano

Para partidos, candidatos y candidatas, las campañas suelen ser vistas como meros trámites previos a las elecciones, sin una explicación clara de cómo cumplirán las promesas ni una invitación a los ciudadanos a colaborar en la creación de futuras políticas públicas.
10 de abril, 2024
Por: Elio Villaseñor Gómez

Nadie ama a su Patria porque sea grande, la más rica o avanzada, sino porque es suya”.

Lucio Anneo Séneca, Filósofo latino (Epístolas, 66, 26)

 

México se encuentra en el umbral de unas elecciones que han sido calificadas de históricas por el número de cargos en disputa: 20 mil 708 cargos tanto a nivel federal como local, incluida la presidencia de la república. Como antaño, en el imaginario de los ciudadanos prende nuevamente la expectativa de que, como cada seis años, con los comicios -que tendrán lugar el 2 de junio próximo- y con el nuevo gobierno los problemas inmediatos del país se resolverán, merced a la promesa de quienes hoy candidatos, mañana conducirán el destino del país.

Lo cierto es que durante sus campañas los candidatos han presentado sus promesas a la ciudadanía, con un marcado enfoque en el marketing emocional y la creación de espectáculos para atraer votos. Rara vez se observa una estrategia sólida para debatir y convencer a los ciudadanos con propuestas concretas o con una plataforma de expresión para la ciudadanía que prometen representar.

En los hechos, los candidatos ofrecen soluciones como si fueran los únicos participantes en el espacio público, relegando a los ciudadanos a un papel de espectadores. Con ello se confirma que la interlocución que los partidos debieran de fungir entre la ciudadanía y el gobierno ha sido sustituida por el interés puramente político, relegando las demandas de la población a las que se comprometieron considerar en la toma de decisiones gubernamentales.

Para los partidos y sus candidatos, las campañas suelen ser vistas como meros trámites previos a las elecciones, sin una explicación clara de cómo cumplirán las promesas ni una invitación a los ciudadanos a colaborar en la creación de futuras políticas públicas.

Esta visión de la política ignora el hecho de que los ciudadanos participamos activamente en la vida pública todos los días. Impulsamos con nuestra inteligencia y habilidades nuevas formas de abordar los asuntos públicos, convirtiéndonos en actores clave en la agenda local y comunitaria, sin necesidad de pedir permiso.

Cabe mencionar que han sido múltiples las expresiones ciudadanas que ratifican la conquista de decenios de luchas democráticas, de diversos movimientos sociales y culturales cuya tenacidad, resistencia e inteligencia, han dado cuenta de cómo la ciudadanía expresa su voluntad para la conducción política del país.

Ha sido una gran constelación democrática en la que la ciudadana ha alzado la voz en diversos momentos para apelar a la conciencia y valores cívicos como un requisito necesario para la conciliación nacional, la defensa de las libertades y la democracia.

Ejemplo de lo anterior es la “Marcha por Nuestra Democracia”, del 17 de febrero de 2024, que se erigió en un triunfo de las organizaciones convocantes, como también lo fueron en su momento la marcha del 13 de noviembre de 2023 en defensa de las instituciones electorales ante la iniciativa presidencial para anular la autonomía e independencia del Instituto Nacional Electoral (INE) o la del 22 de octubre de ese año por la dignidad de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y por la salvaguarda de la autonomía e independencia del Poder Judicial de la Federación.

Los objetivos de esas marchas ciudadanas se lograron. Permeó en la conciencia ciudadana la importancia de ejercer el derecho a manifestarse de manera libre, lo que implicó una reflexión colectiva de continuidad o cambio. Pero, sobre todo, que su participación gesta la conciencia cívica y demuestra que es posible arrebatarle a la clase política no sólo las plazas, sino el espacio público.

En ese contexto, la narrativa de estas elecciones debe impulsar la fuerza ciudadana que no solo saldrá a votar, sino que también disputará un espacio público para seguir siendo un actor en el diseño, implementación y vigilancia de las políticas públicas. La calidad ciudadana implica por definición seguir participando en la defensa de nuestros derechos humanos y exigir rendición de cuentas.

Para la ciudadanía organizada es claro que los avances se registran en materia de participación política, que hay avances a golpe de presión social, y que no se trata de un asunto de concesiones de parte de la clase política y de los gobernantes a los que lamentablemente les ha faltado, hasta ahora, generosidad y altura de miras para ponderar el peso de los ciudadanos para remontar el inacabado proceso de transición democrática.

Finalmente, el mensaje del poder ciudadano es claro: no queremos “pan y circo” en las campañas que no van más allá de una retórica plagada de lugares comunes que terminan por ser repetitivos, cansinos e intrascendentes, sino que luchamos para que los candidatos, junto con los ciudadanos, entablemos el diálogo y la colaboración para pasar de las promesas al compromiso real y abordar los temas urgentes con una perspectiva de largo plazo en la agenda pública en la que todos somos protagonistas con pluralidad y visión crítica para decidir el rumbo del país y así garantizar el balance de las libertades y los derechos cívicos, políticos, económicos y sociales de las personas.

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Imagen BBC
Crisis humanitaria en el Parque Nacional de Bogotá: el pueblo indígena de los Embera lucha por sobrevivir
9 minutos de lectura

En pleno centro de Bogotá, el emblemático Parque Nacional es desde hace tres años el hogar de cientos de indígenas embera, la mayoría desplazados por el conflicto armado.

09 de julio, 2024
Por: BBC News Mundo
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Los 10°C de una madrugada en Bogotá en julio calan el doble en el Parque Nacional Enrique Olaya Herrera.

Desde los cerros orientales de la capital colombiana desciende un aire gélido que convierte a este emblemático y céntrico remanso natural en una micronevera.

Lo normal es que a estas horas la mayoría de capitalinos duerman cobijados en sus casas y no se expongan a estas condiciones, pero aquí hace tiempo que todo dejó de ser normal.

El Parque Nacional es hoy el escenario de un enorme y precario campamento donde se calcula que viven más de 500 indígenas embera.

La mayoría son desplazados de zonas en conflicto en los departamentos del Chocó o Risaralda que piden garantías para regresar a sus resguardos o reubicaciones con derechos territoriales y protección del Estado.

La imagen es desoladora.

“Emergencia humanitaria”

En el campamento hay una cantidad abrumadora de niños, con muchos caminando descalzos y a veces semivestidos.

Leñas ardientes calientan tiendas cubiertas con lonas de plástico donde llegan a dormir decenas de personas de una o varias familias.

Los alimentos escasean. La higiene está comprometida.

“Es una emergencia humanitaria”, le dice a BBC Mundo Isabel Mercado, de la Consejería de Paz de Bogotá, una de las varias instituciones colombianas que intentan destrabar lo que ahora mismo parece tener difícil solución.

Mientras, las enfermedades respiratorias lastran la salud de los indígenas, sobre todo de los niños.

Funcionarios de la Secretaría de Salud atienden a una madre y su bebé enfermo.
José Carlos Cueto / BBC News Mundo
Funcionarios de la Secretaría de Salud acuden cada ocho días a ofrecer asistencia en el parque, especialmente a niños.

Hace unas semanas murió una bebé de tres meses sin que todavía se conozcan causas claras de la tragedia.

“La situación de los niños y niñas es dramática. Te encuentras a bebés que cuidan de bebés”, le dice a BBC Mundo una fuente de la Secretaría de Cultura de Bogotá.

También se suceden denuncias de presuntas explotación y abuso infantil así como violencia de género contra miembros de la comunidad.

Por momentos, los capitalinos parecen haberse acostumbrado a convivir con esta crisis, pero en la primera semana de julio una jueza admitió una demanda contra la Alcaldía de Bogotá por “la acumulación de derechos vulnerados a plena vista de funcionarios del distrito y la nación”, le explica el demandante Reginaldo Aduen Bray a BBC Mundo.

De acuerdo con la Alcaldía, en los últimos meses se adelantaron diálogos con líderes, entidades distritales y nacionales para buscar soluciones al estatus de la población embera en Bogotá, aunque voces como las de Aduen denotan el hartazgo ante un problema que se dilata y agrava por día.

Crisis a vista de todos

Para el residente en Bogotá es casi imposible ignorar lo que sucede en el parque.

Se encuentra en plena carrera Séptima, la más emblemática y vital de la capital que en domingos y festivos es un paso peatonal gigante que disfrutan sus habitantes.

A la altura de la calle 39, caminando desde el norte, el parque rompe con la estética de cemento y ladrillo que domina la mayoría de la Séptima.

Entonces llega el olor a leña humeante, las voces de niños jugando, la vista de tiendas que se reproducen por decenas y parecen no tener fin.

Una de las tiendas del campamento embera en el Parque Nacional.
José Carlos Cueto / BBC News Mundo
Una tienda habitual dentro del campamento, con espacio para una cocina y un dormitorio precarios.

Dentro de una de estas tiendas vive la embera chamí Elisa Arce.

Hace siete meses que es su hogar: consiste en un espacio para la cocina y otro para dormir con sábanas sobre el suelo donde pernocta junto a seis familiares.

“Vengo de Risaralda, donde nos afecta el conflicto armado”, le dice a BBC Mundo con ayuda de una traductora.

“Pedimos tierras donde vivir, trabajar, cultivar. Todos aquí pedimos reubicación. Sufrimos frío, falta de alimentos suficientes”, añade.

Elisa Arce, en su cocina de su tienda en el campamento de emberas en el Parque Nacional.
José Carlos Cueto / BBC News Mundo
Elisa Arce, en su cocina de su tienda en el campamento de emberas en el Parque Nacional.

Según autoridades, hay alrededor de 2.200 indígenas embera residiendo en la ciudad.

Más de 500 viven en el Parque Nacional, según la Consejería de Víctimas, aunque otros registros apuntan a más de 700.

El resto habitan, sobre todo, en dos unidades de protección oficial: La Rioja y La Florida, y el albergue Buen Samaritano, distribuidos en distintos puntos de la capital.

Desde que existe la crisis de desplazados embera hacia Bogotá, frecuentes reportes institucionales y en prensa describen condiciones de hacinamiento, enfermedades y hambre en estos recintos.

La embera Ángela Zapata en su cocina.
José Carlos Cueto / BBC News Mundo
La leña sirve para cocinar y calentar las tiendas en los días más fríos.

Años sin soluciones

Isabel Mercado, Alta Consejera de la Consejería de Paz en Bogotá, dice que la situación se remonta a 2018.

“La inseguridad empeoró en sus territorios por enfrentamientos entre distintos grupos armados en departamentos como Risaralda y Chocó. De ahí se generó una práctica en que la comunidad embera se desplaza a Bogotá y exige al gobierno mejoras en seguridad y subsistencia en sus resguardos”, explica.

Mercado dice que varios acuerdos entre el gobierno y las comunidades han derivado en retornos hacia sus territorios, pero que desafortunadamente muchos acaban regresando a Bogotá por incumplimiento de los mismos y el conflicto, que no cesa.

“En un principio, Bogotá dispuso de tres lugares para que se albergaran, pero disputas interétnicas entre algunos líderes hizo que se desplazaran algunas familias a ocupar el Parque Nacional. Es la razón por la que hoy tenemos más cientos de personas allí desde fines de 2021”, añade la consejera.

Albergue temporal para miembros de la comunidad embera.
Getty Images
Los embera han protestado en varias ocasiones por las condiciones de los albergues temporales en que se refugian.

Años sin soluciones empiezan a hartar e indignar a muchos bogotanos, especialmente a aquellos que viven o trabajan cerca.

Un comerciante local del Parque lo resume así: “ya han pasado varias alcaldías; trabajan las secretarías de Salud, Víctimas, Educación, Bienestar Familiar…y nadie da con la solución. Los embera ya parecen hasta haberse adaptado a vivir aquí”.

A lo que Mercado responde que, “desde que llegó el actual alcalde, Carlos Fernando Galán, tenemos un momento de mayores certezas respecto a la ruta de acción para la comunidad embera, articulando entidades y buscando mecanismos para integrar a quienes quieran quedarse en Bogotá, retornar con garantías a los que piden volver y hacer énfasis en temas controvertidos como derechos de niños, niñas, adolescentes y mujeres”.

La Consejería de Paz calcula que, entre los casi 2.200 emberas en Bogotá, unos 1.130 quieren retornar a sus territorios, 438 pretenden reubicarse en otros lugares de Colombia y 415 desean quedarse en la capital.

“Los que se queden deben trabajar y generar ingresos, pagar sus arriendos. Bogotá tiene 380.000 víctimas de las cuales 415 son embera. Debemos ser capaces de ayudar a todos sin distinción”, dice Mercado.

Tensión

Pero en la práctica esto está demostrando ser un desafío mayúsculo, entre otras cosas por la tensión que mantienen los líderes del Parque con las autoridades, las cuales denuncian que muchas veces “no las dejan entrar al campamento y cumplir sus funciones”.

La visita de BBC Mundo se produce pocos días después de la muerte de la bebé de tres meses que conmocionó a Bogotá.

Son días ajetreados, con más presencia de guardias y constantes visitas de la Secretaría de Salud y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar investigando las causas del deceso.

Una versión repetida, contada a BBC Mundo por emberas, es que la menor, ya enferma, pasó varias horas sola mientras su madre ingería alcohol en otro punto del Parque.

Es algo que este medio no pudo comprobar de forma independiente, aunque varias fuentes denuncian los problemas de consumo de alcohol y sustancias psicoactivas que se producen en el campamento.

Durante la visita, BBC Mundo presenció una acalorada discusión entre líderes embera y miembros de la secretaría de salud.

Los líderes recriminan no recibir suficiente atención. Los funcionarios responden que son ellos quienes no permiten que entre suficiente ayuda.

“Aunque sea mi gente, es cierto que a veces no se dejan ayudar y ponen más obstáculos que facilidades”, comenta una embera vinculada a la Secretaría de Educación.

Cocina de una de las tiendas en el Parque.
José Carlos Cueto / BBC News Mundo
Cocina de una de las tiendas en el Parque.

“Hay dificultades con algunos líderes que no aceptan las propuestas de las instituciones, pero necesitamos más presencia de la Secretaría de Salud, con médicos permanentes en el Parque”, le dice a BBC Mundo el líder embera Arnoldo.

“Se nos dice que no hacemos nada, pero aquí estamos cada ocho días ofreciendo asistencia”, defiende una funcionaria de la Secretaría de Salud.

La tensión en el Parque ha llegado a un punto en que cuesta encontrar fuentes en terreno dispuestas a revelar sus nombres.

Denuncian miedo y represalias por parte de algunos de los líderes.

Ángela Zapata, una embera de 17 años, dice que dentro del Parque hay divisiones entre la misma comunidad sobre qué pedir a las autoridades.

“Además de quienes piden retorno o integración, también se han generado malas prácticas en que algunos líderes, que ya rompieron relaciones con autoridades indígenas en sus resguardos, exigen contrataciones directas en ciertas secretarías o soluciones habitacionales y amenazan con traer a más familias engrosando esta dinámica”, denuncia Mercado.

“Hay líderes asentados en el Parque que han convertido esto en una lógica transaccional”, resume, mientras líderes rechazan dicha afirmación.

Denuncias

La emergencia humanitaria de los embera se manifiesta por otras zonas de Bogotá.

Es común ver a decenas de niños mendigando por las esquinas a varias horas del día.

Y las autoridades también reciben denuncias de presuntos abusos sexuales y explotación a niños, niñas, adolescentes y mujeres.

“Se están vulnerando muchos derechos”, dice Aduen Bray, el ciudadano que interpuso la demanda contra la Alcaldía.

“Por un lado de los emberas, víctimas de violencia y revictimización en Bogotá por la xenofobia, y por otro de los habitantes de la ciudad, privados de utilizar nuestro derecho al espacio público”, añade.

A este estudiante de Derecho le preocupan especialmente “las condiciones indignas en que viven los indígenas, con menores de edad muriendo, y las entidades públicas gastando recursos sin cesar”.

Ropas colgadas en una tienda del Parque Nacional.
José Carlos Cueto / BBC News Mundo
Vecinos han denunciado la quema de leña y el arrojo de residuos como prueba del impacto medioambiental de los embera en el Parque.

Vecinos también denuncian el impacto medioambiental del asentamiento en el Parque.

Mercado dice que, más allá de los esfuerzos por solventar la situación de los embera, “hay reglas de juego claras, y a los que no decidan cumplir con ellas se les aplicará la ley como al resto de la ciudad”.

“No toleramos el uso de niños en situaciones de mendicidad, no se aceptará el uso de sustancias psicoactivas ni violencias contra la mujer. Cualquier oferta nuestra está condicionada a esto”, asevera.

Otro reto, de acuerdo a varias instituciones, es garantizar las condiciones de vida digna también atendiendo la cosmovisión y preservación de usos y costumbres de esta comunidad, especialmente a aquellos que elijan quedarse en Bogotá.

Para muchos, solucionar el estatus de los embera es ya una carrera contra el tiempo.

La misma que libran los más desprotegidos cada madrugada, cuando las temperaturas frías del Parque ponen a prueba a sus precarias defensas.

Línea gris.
BBC

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