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La importancia del CAOS
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La importancia del CAOS

¿Qué aportan los jóvenes a la sociedad? ¿Qué opinan? ¿Qué les preocupa? ¿Son realmente apáticos? ¿Cómo se relacionan con su entorno? ¿Qué ideas tienen? ¿Cuánto trabajan? ¿Qué imaginan para su futuro?
02 de enero, 2026
Por: María Salgado, Sebastián Lerdo de Tejada y Santiago Bolio

“Los jóvenes hoy son apáticos”. “Quieren ganar dinero sin esfuerzo”. “Son la generación de cristal”. “No se involucran”. “Esperan que todo les llegue hecho”. “No se preocupan por su entorno”. “Pierden el tiempo en redes sociales”. “No saben lo que quieren”.

Es común escuchar afirmaciones como estas. Y sí, es innegable que muchas personas de generaciones anteriores miran a las juventudes con escepticismo. Pero vale la pena preguntarnos: ¿son reales estos juicios? ¿O responden, más bien, a prejuicios profundamente arraigados?

Para responder, y para desmontar los mitos que pesan sobre los jóvenes en México, necesitamos información clara sobre preguntas fundamentales: ¿Qué aportan los jóvenes a la sociedad? ¿Qué opinan? ¿Qué les preocupa? ¿Son realmente apáticos? ¿Cómo se relacionan con su entorno? ¿Qué ideas tienen? ¿Cuánto trabajan? ¿Qué imaginan para su futuro?

Hoy no existe en México un espacio donde estas preguntas se respondan; un lugar donde las voces jóvenes tengan presencia, dialoguen, se expresen y se compartan; donde sus ideas circulen, sus preocupaciones se visibilicen y su creatividad encuentre eco. Ese espacio es urgente, porque ¿qué podría pasar si, en lugar de juzgar, quienes nos preceden escucharan, comprendieran y abrieran puertas para construir, juntos, el México que queremos ver en el futuro?

Panorama de la juventud en México

Para entender la importancia de visibilizar las voces de los jóvenes, partamos de enfatizar su importancia en la sociedad. Los jóvenes en México son social y demográficamente relevantes. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informa que al primer trimestre de 2025, un total de 30.4 millones de personas tenían entre 15 y 29 años. Lo anterior representa el 23.3 % del total de la población mexicana, una proporción no menor, cuyas acciones, decisiones y valores tienen ya un impacto significativo en el entorno económico y social del país. Los jóvenes representan, por ejemplo, más del 26 % de la Población Económicamente Activa.

El sector joven no solo es importante por su dimensión y características demográficas, sino porque reúne una serie de características únicas: ímpetu de mejora, tiempo y una visión fresca de lo que puede ser un México mejor. Decir juventud es sinónimo de futuro, creatividad, innovación y despertar colectivo.

Según un estudio realizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Generación Z se siente más parte de su comunidad, cree que tiene una responsabilidad mayor hacia su país y quiere tener un papel en el futuro del mundo, superando las estadísticas de otras generaciones alrededor del mundo. Esto se pudo ver en México recientemente con las marchas de la reforma al Poder Judicial o de la Generación Z, además de las marchas feministas, por ejemplo, las cuales han sido lideradas en su mayoría por mujeres jóvenes.

Los retos que enfrentan

Así que sí, los jóvenes son importantes en la sociedad. Sin embargo, desgraciadamente, hoy encaran un entramado de retos que limitan su bienestar, su desarrollo y su participación en la vida pública. A pesar de que, como mencionamos, son una generación más educada que sus padres y sus abuelos, los jóvenes hoy se enfrentan a un mercado laboral complicado, marcado por la inestabilidad, la informalidad, jornadas largas y, en ocasiones, empleos mal remunerados.

El 34 % de la población no económicamente activa es joven, el salario promedio de un mexicano de entre 20 y 29 años es de $10,098, y 60 % de la población de este grupo de edad está en la informalidad. Lo anterior desemboca en que prácticamente 70 % de los mexicanos de entre 18 y 29 años, es decir, alrededor de 16.1 millones de jóvenes, vive bajo estrés financiero, según la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI). Esto afecta la autonomía de los jóvenes, pues, por ejemplo, se suma a unos precios de vivienda que suben de manera acelerada.

Lo anterior es importante porque se relaciona con otros problemas que los jóvenes enfrentan hoy, como la inseguridad. La situación de precariedad y falta de oportunidades los pone en una situación de vulnerabilidad para ser blanco de reclutamiento del crimen organizado. Los jóvenes, además, son estadísticamente una parte significativa de las víctimas de homicidios y otros delitos violentos. De acuerdo con las cifras de homicidios del INEGI, de las 33,241 personas víctimas de homicidio doloso en 2024, 11,308 fueron jóvenes de entre 15 y 29 años.

Todo lo anterior genera, naturalmente, un amplio descontento de los jóvenes con la situación del país: sólo 2 de cada 10 se sienten satisfechos en este sentido, además de un amplio sentimiento de falta de representación política. La situación provoca, también, desconfianza en las instituciones y deseo de dejar el país: el 40 % de los jóvenes reportan querer irse de México.

Los jóvenes necesitan tener voz

A pesar de su importancia demográfica y social, la voz de los jóvenes hoy no se escucha lo suficiente. Como mencionamos al inicio de este texto, hoy no existe un espacio que le otorgue a los jóvenes acceso a la discusión pública, a los procesos donde realmente se traza la ruta que seguirá el país; un espacio en donde pueda plasmarse lo que realmente piensan y aportan las generaciones jóvenes. En ese sentido, resulta esencial sensibilizar al resto de la sociedad sobre la falta de acceso a la expresión con impacto que tienen los jóvenes, y comenzar a construir un diálogo intergeneracional que permita transformar a México.

Falta tomar en cuenta que quienes vivirán las consecuencias de las decisiones tomadas en Palacio Nacional o en alguna sala de juntas serán –para bien o mal– los jóvenes. Tomar en cuenta a las juventudes involucra aceptar que las consecuencias del actuar de las generaciones anteriores los afectará inevitablemente. Implica aceptar que, en unos años, esos jóvenes serán quienes lleven las riendas del país.

Un punto que debemos reconocer quienes formamos parte de las generaciones jóvenes es que, si queremos que nuestras ideas tengan peso real y transformen el entorno en el que vivimos, necesitamos organizarnos, participar y ejercer nuestro derecho a expresarnos. La exigencia no es a ser escuchados sólo por pertenecer a un grupo o tener cierta edad, sino por la importancia de lo que aportamos, por la complejidad de los problemas que enfrentamos, y porque seremos a quiénes afectarán las decisiones que hoy se tomen. En ese sentido va nuestra demanda: ser escuchados para construir en conjunto un futuro mejor.

Por eso surge CAOS

Para ello nace CAOS, una plataforma que busca facilitar la participación, ser un punto de encuentro y crear el ecosistema apto para generar mejores respuestas a los problemas de nuestra generación. CAOS es el espacio donde se gestarán las soluciones a los problemas actuales, una comunidad de arte, cultura y debate, en la cual se puedan expresar nuevas voces, con talento, calidad y autenticidad. Somos el punto de partida para quienes deseen descubrir lo que verdaderamente piensan las juventudes, dónde están y lo que hacen, exponer su capacidad creativa y propositiva, cuestionando no para derruir, sino para proponer enfoques novedosos.

¿Cómo vamos a funcionar? CAOS funciona y se alimenta de todas las voces jóvenes en México. Nuestro trabajo es buscarlas, reunirlas y empoderarlas para que tengan mayor visibilidad. Publicaremos las creaciones que los jóvenes nos hagan llegar en nuestras plataformas en redes sociales (Instagram, Tik-tok, Youtube, Substack). Desde los cruces fronterizos hasta los aeropuertos, en las universidades y en el campo, queremos que cualquier joven mexicano que tenga algo que contar, sepa que en CAOS tiene un espacio. Invitamos a cualquier artista, escritor, cineasta, comerciante o estudiante a participar, compartiendo su trabajo, sus preocupaciones, sus opiniones, sus ideas.

Este proyecto sólo funciona si todos somos parte: jóvenes que se atreven a expresarse y personas, organizaciones, instituciones, empresas, que quieren darle alcance a estas voces y, sobre todo, escuchar.

Contamos con ustedes. Generemos juntos algo nuevo. En favor de nuestro país. Y de nosotros mismos.

* María Salgado, Sebastián Lerdo de Tejada y Santiago Bolio son integrantes fundadores de CAOS, la plataforma que amplifica y empodera las voces jóvenes en México.

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Imagen BBC
Dioses, emperadores y números que no coinciden: cuál es el origen del nombre de los 12 meses del año
6 minutos de lectura

La antigua civilización romana creó un calendario que sirvió de base para identificar los meses del año que tenemos hoy. Aunque a lo largo de miles de años, hubo varios cambios.

01 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

La llegada del nuevo año es una de las celebraciones que comparte todo el mundo… o al menos lo hacen los países que siguen el calendario gregoriano, vigente desde hace siglos.

Pero que sea enero el primer mes del año no es algo que siempre fue así. De hecho hubo un tiempo en el que marzo era el mes que marcaba el cambio de año.

Y es que el calendario que usamos hoy en día ha tenido varias reformas y ajustes a a lo largo de miles de años, desde su origen en la antigua civilización romana.

Desde su primera creación, atribuida a Rómulo, el mítico fundador de Roma junto a su hermano Remo, los romanos le dieron el nombre a cada uno de los 10 meses de su primer calendario. Y luego le añadieron dos meses más, enero y febrero.

Como en otras culturas, la sincronización con el año solar era el objetivo. Y aunque luego hubo que ajustar el desfase de los días, los nombres de los meses quedaron fijados así hasta nuestros días.

Aunque si miramos al pasado, su orden ha perdido su lógica inicial.

Enero

Siguiendo el calendario primitivo, bajo el mando del rey romano Numa Pompilio (753-674 a. C.) fueron añadidos los meses de enero y febrero al final del calendario de 10 meses, con el objetivo de ajustar el conteo del tiempo al año solar.

Así que este mes originalmente era el penúltimo hasta el cambio de posición bajo el calendario juliano, impuesto por Julio César.

En latín era llamado Ianuarius y su nombre procedía de Jano, el dios romano de los inicios o las puertas. Esta deidad era también considerado un dios de los finales, por lo que era representado con dos caras, mirando al pasado y al futuro, respectivamente.

Una ilustración del dios romano Jano
Getty Images
El dios Jano era representada con dos caras, una mirando al pasado y otra al futuro.

Febrero

A diferencia de enero, Februarius no recibió el nombre de un dios, sino que hacía referencia a la festividad romana de la Februa.

Esta fiesta se celebraba como ritual de purificación o expiación, ya que februare en latín significa “purificar”. Se realizaba al final del año romano, por lo que este mes era también el último.

Marzo

En el calendario primigenio romano, marzo era el inicio del año y fue llamado Martius, en honor a Marte, el dios de la guerra.

Para los romanos, el inicio del año no era a mitad del invierno boreal, como en la actualidad, sino en la época de primavera.

Era el momento adecuado de reactivar la agricultura y las campañas militares.

De hecho, iniciar el año con la primavera es algo que se usó durante mucho tiempo en diversas culturas. Reino Unido, por ejemplo, celebraba este mes el año nuevo hasta la adopción del calendario gregoriano en 1752.

Una pintura de Venus, Cupido y Marte, de la mitología romana
Getty Images
En la mitología romana, Marte era el dios de la guerra y pareja de Venus, con quien concibió a Cupido.

Abril

Sobre abril, hay distintas teorías sobre el origen de su nombre.

Una se refiere a un verbo del latín, aperire, o abrir, posiblemente para señalar el florecimiento en la agricultura.

Pero otra hipótesis lo relaciona con Afrodita, la diosa griega del amor.

Mayo

Este mes era Maius, dedicado a la diosa de la fertilidad y la primavera, Maia. Esta divinidad también era la madre del dios Mercurio.

Algunos, sin embargo, señalan que el nombre pudo originarse como referencia a los maiores, es decir, los ancianos en la cultura romana.

Junio

El origen de junio, o Iunius en el calendario romano, era la evocación a Juno, la reina de los dioses romanos y esposa de Júpiter.

Como tal, esta diosa también era considerada protectora de la maternidad y el matrimonio.

Pero el origen del nombre también está sujeto a debate, pues también pudo haberse dedicado a los iuniores, es decir, los jóvenes, algo que tendría concordancia con Maius.

La pintura
Getty Images
Junio también fue nombrado en referencia a una deidad romana: Juno.

Julio

Este mes no era originalmente llamado Iulius, la palabra en latín del nombre Julio, sino que se llamaba Quintilis por ser el quinto mes del año en el calendario romano original (Quintus significa quinto)

En este mes había nacido el líder Julio César, así que a la muerte de éste en el año 44 a.C., los romanos cambiaron el nombre a Iulius en su honor.

Bajo su dominio fue que se había instaurado la primera gran reforma del calendario de 365 días, que colocó a enero como inicio de año (y febrero como segundo).

Durante siglos, el calendario juliano fue el que regía en los dominios de esta civilización conquistadora.

Agosto

De manera similar a julio, el mes de Augustus, o agosto, originalmente era el sextus (sexto) mes del año y por ello era conocido como Sextilis.

Fue renombrado en 8 a.C. en honor a César Augusto, el primer emperador de Roma (27 a.C.-14 d.C.).

Septiembre

Siguiendo el orden numérico que tenían los meses en el calendario original, September, o septiembre, era nombrado por su posición.

Era el séptimo mes y los romanos lo nombraron por la palabra en latín septem, o siete.

Un busto de Julio César
Getty Images
Bajo su dominio, Julio César instauró el calendario de 365 días, el que hasta entonces se ajustaba más al año solar.

Octubre

El nombre de octubre, en latín October, venía de la palabra octo, que significa ocho.

Como el anterior, no estaba dedicado a un dios o un emperador, sino simplemente al octavo lugar que ocupaba en el año.

Noviembre

La historia del mes de noviembre, o November, no es diferente: también tuvo su origen en la palabra novem, o nueve, por su lugar en el calendario romano original.

Diciembre

Finalmente estaba diciembre, el décimo mes del año para los romanos, que ellos conocían como December por la palabra en latín decem, que significa diez.

Cuando llegó la reforma del papa Gregorio XIII, en 1582, no se renombró los meses ni se cambió su orden, sino que simplemente se ajustó la duración para incluir los días bisiestos que corrigieran el desfase con el año solar.

Y desde entonces el calendario gregoriano rige en buena parte del mundo.

BBC

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