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La canción y la fosa
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La canción y la fosa

La fractura del imaginario no consiste solo en que el líder pueda morir. Consiste en que el símbolo luminoso convive con una maquinaria que borra vidas sin reflectores. Y cuando ese símbolo cae —si cae— no desaparece el sistema que produjo tanto la canción como la fosa.
24 de febrero, 2026
Por: Rossana Reguillo

El teléfono empezó a brincar como a las 9:30 de la mañana, con la pereza de un domingo que apenas asoma. No era el timbre insistente de una llamada, sino esa vibración breve, intermitente, que anuncia que algo se está moviendo en otra parte. Cinco chats de WhatsApp —familia, colegas, amistades cercanas— prefiguraban una jornada complicada.

“¿Es cierto?”.

“Dicen que lo agarraron…”.

“Bloqueos en la carretera”.

“Guadalajara está raro, ¿Cómo está Chapala?”.

El nombre circulaba sin necesidad de escribirse completo. Bastaba el apodo.

La supuesta neutralización del líder no llegó como noticia confirmada, sino como oleada. Primero el rumor, luego los videos y fotos del incendios en avenidas conocidas, en las entradas a la ciudad. Carros quemados, los Oxxos que son parte sustantiva de nuestra economía. El domingo ya se había desacomodado.

A la hora en que esto escribo —el día después, como lo bautizó Sal Camarena— no existe aún un informe pericial oficial que confirme, con dictamen forense público y cerrado, la muerte del líder. Tampoco sabemos con certeza qué ocurrió con su equipo táctico de confianza. No hay imágenes difundidas por las fuerzas de seguridad que documenten el cerco final ni registros visuales que identifiquen de manera inequívoca a los abatidos. Lo que hemos visto son helicópteros sobrevolando la zona, columnas de humo en carreteras conocidas, bloqueos simultáneos en distintos puntos del estado y a un general secretario al borde de las lágrimas.

Tapalpa: un pueblo mágico en las montañas de Jalisco convertido, de pronto, en epicentro de una operación militar de alto impacto.

Y es que así suelen suceder los grandes operativos. La información se dosifica. El relato precede al peritaje. La versión circula antes que la prueba.

La ausencia de confirmación plena no es un detalle técnico; es una variable política y estratégica. Porque mientras el Estado afirma, las estructuras criminales evalúan. Y en ese margen —entre el anuncio y la certeza— se juegan las primeras reconfiguraciones.

Si el liderazgo realmente ha sido neutralizado, el riesgo inmediato no es el vacío absoluto, sino la disputa por llenarlo.

Primero: la fragmentación. Cuando una organización de esta magnitud pierde a su figura central, las lealtades internas se tensionan. Las células regionales prueban su autonomía. Los mandos intermedios miden fuerzas. La violencia puede volverse hacia dentro antes de proyectarse hacia fuera.

Segundo: la presión de grupos rivales. En el mundo criminal no existen territorios en pausa. Si hay percepción de debilitamiento, otros actores intentarán avanzar sobre rutas, plazas y mercados. No necesitan confirmación forense; les basta la señal de vulnerabilidad.

Y tercero —quizá el más complejo—: la dificultad de estabilizar y consolidar un nuevo liderazgo en un contexto donde las organizaciones ya no funcionan como pirámides rígidas, sino como redes con autonomía táctica y economías propias. Consolidar mando implica disciplinar, redistribuir rentas, contener ambiciones y sostener una narrativa de autoridad. Eso no ocurre por decreto.

Por eso el teléfono vibraba desde temprano. No era solo la noticia. Era la intuición de que algo se estaba moviendo bajo la superficie. Pero la fractura no ocurre solo en la estructura criminal. Ocurre también en el imaginario.

El 29 de marzo de 2025, en el Auditorio Telmex de Zapopan, la agrupación Los Alegres del Barranco interpretó el corrido El del palenque. En las pantallas del escenario apareció la imagen del líder. Miles de personas grabaron con sus teléfonos. La escena no transcurría en un escondite ni en un territorio clandestino: era un recinto formal, un concierto, luces, sonido profesional, boletos vendidos con normalidad. No fue un rumor. Fue una proyección.

La polémica posterior fue inmediata: investigación por apología del delito, cancelación de visas, disculpas públicas. Pero lo verdaderamente relevante no es la sanción, sino lo que esa escena reveló.

La figura del jefe criminal no operaba únicamente en la sierra ni en los comunicados armados. Operaba también en el escenario, en la cultura popular, en la economía del espectáculo. Su imagen había cruzado del territorio del miedo al territorio del consumo simbólico. Ese cruce importa.

Porque cuando un nombre se canta, se proyecta y se corea, deja de ser únicamente un actor delictivo para convertirse en signo. En promesa torcida de movilidad, en metáfora de ascenso rápido, en encarnación de poder en un país donde la precariedad cierra rutas y la desigualdad define horizontes.

La supuesta muerte —o la noticia de esa muerte— no solo mueve estructuras armadas. Mueve relatos. Se fractura el mito de invulnerabilidad. Se tambalea la figura casi espectral que parecía omnipresente. Se abre una enorme fisura en la narrativa del poder absoluto.

Pero esa misma figura que en un concierto se proyecta con luces y sonido tiene otra densidad en el territorio. La organización que produce corridos y símbolos también administra crueldad. En otras geografías, lejos del escenario, hay reclutamiento forzado, control de rutas, economías de extorsión. Hay desapariciones. Ahí el imaginario ya no es espectáculo; es ausencia.

Mientras en una pantalla se proyecta un rostro, en la tierra se buscan cuerpos. Mientras una multitud corea un nombre, otras voces pronuncian listas de personas que no regresaron.

La fractura del imaginario no consiste solo en que el líder pueda morir. Consiste en que el símbolo luminoso convive con una maquinaria que borra vidas sin reflectores. Y cuando ese símbolo cae —si cae— no desaparece el sistema que produjo tanto la canción como la fosa.

Pero lejos del escenario y de las pantallas, hay otra escena. La de Beatriz. La conocí con una varilla en la mano. No es metáfora. Es una varilla de construcción, doblada apenas en la punta, que ella sostiene con una mezcla de técnica aprendida y fe obstinada. Las madres buscadoras las llaman “varillas videntes”. Camina despacio sobre la tierra, deja que el metal roce el suelo, escucha. Cuando la varilla vibra, se detiene. Marca el punto.

No hay luces, no hay pantallas gigantes, no hay sonido amplificado. Solo tierra removida, silencio tenso y una pregunta que no se formula en voz alta: ¿estará aquí?

Mientras en un concierto se corea “soy el dueño del palenque”, Beatriz recorre predios abandonados buscando huesos pequeños, fragmentos, ropa deshecha. No busca símbolos. Busca restos.

La organización que en la canción enumera brazos armados y celebra lealtades, también administra desapariciones. No es una abstracción. Son cuerpos que no regresaron.

La fractura del imaginario no es solo que el líder pueda morir. Es que la épica del mando convive con la práctica sistemática de borrar personas.

La varilla de Beatriz vibra cuando la tierra guarda algo que no debería estar ahí. Y eso es lo que está en juego cuando se habla de neutralizaciones, de operativos exitosos, de reacomodos internos. No solo quién manda, sino quién aparece y quién no.

Cuando a las 11 de la mañana un amigo periodista me escribió: “Confirmado: El Mencho fue abatido en Tapalpa. Se viene la tracatera”, intenté hacer lo que hacemos quienes hemos visto repetirse la historia: imaginar, calcular, proyectar. No en horas. En días. En semanas. En años.

Pensé en lo que a este país le iba a costar remover no solo la tierra —esa que Beatriz tantea con su varilla vidente—, sino también los relatos, los mitos, las promesas torcidas.

Pensé en la violencia que suele acompañar las transiciones criminales. En la disputa por el mando. En los territorios que no admiten vacío.

Y pensé, sobre todo, en los jóvenes que aprendieron primero qué eran “las cuatro letras” antes que Ayotzinapa. Antes que una lección de historia reciente. Para muchos, el referente de poder no fue una institución. Fue un apodo. Eso también es parte del saldo.

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Imagen BBC
Cómo el Cartel Jalisco Nueva Generación se convirtió en el más poderoso de México y qué puede ocurrir ahora sin “El Mencho”
8 minutos de lectura

El cartel que lideraba “El Mencho” tuvo un meteórico crecimiento debido a su extrema violencia y la diversificación de sus operaciones. La muerte de su líder deja incógnitas sobre el futuro del grupo.

23 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

Es el cartel más poderoso de México, y una de las organizaciones criminales más violentas del mundo.

Muerto su máximo y único líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, este domingo en una operación del ejército mexicano, el cartel que más dinero, armas, hombres y droga controla en el país, se enfrenta ahora a un periodo de reacomodo que aventura una peligrosa ola de violencia.

El Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) logró convertirse en menos de una década en una poderosa maquinaria cuyos nexos criminales se extienden por toda América, desplazando a otras organizaciones históricamente dominantes como el Cartel de Sinaloa.

Su principal negocio se ha centrado en el mercado ilegal de heroína, cocaína, metanfetamina y fentanilo hacia Estados Unidos, según Washington. También se le acusa de comerciar anfetaminas en Europa y se han detectado vínculos con el comercio de drogas en Asia.

El CJNG no solo es el más potente en términos militares y en presencia territorial en México, donde seguía en expansión, sino que es, “sumamente poderoso también en términos de mercados criminales que operaba: no sólo de producción y tráfico de drogas, sino de mercados de extorsión en las regiones de agricultura y minería de México”, según explicó a BBC Mundo David Mora, analista sénior en México del International Crisis Group e investigador sobre crimen organizado.

Cómo nació el CJNG

El CJNG tiene su origen en un brazo armado local del poderoso cartel de Sinaloa, del que se tiene conocimiento por primera vez en 2007, y que tenía como cometido cuidar sus zonas de influencia en Jalisco.

El grupo había sido creado por Ignacio Coronel, “El Nacho”, uno de los principales operadores financieros del cartel de Sinaloa y socio de Joaquín “El Chapo” Guzmán, que también había acogido bajo su brazo en la región a otro grupo conocido como “Cartel del Milenio”.

Nemesio Oseguera Cervantes
Departamento de Estado de EE.UU.
Nemesio Oseguera Cervantes era uno de los fundadores del Cartel Jalisco Nueva Generación.

Los Zetas eran, en aquel momento, sus principales rivales en la región, un violento grupo (que también surgió como brazo armado de otro cartel, el del Golfo) que pugnaba por asentarse en Jalisco.

Pero se toparon con este brazo armado creado por “El Nacho”, que se ganó el nombre de los “Matazetas” a base de sangre.

Su revelación pública ocurrió en septiembre de 2011, cuando aparecieron 35 cadáveres en la avenida principal de la localidad turística de Boca del Río, en Veracruz. El grupo se atribuyó la matanza en un video difundido por redes sociales.

Para entonces, en realidad, el grupo ya había roto con sus aliados de Sinaloa.

“El Nacho” había muerto un año antes en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad, momento que “El Mencho”, que hasta entonces había formado parte del Cartel del Milenio, aprovechó para llenar ese vacío de poder y enfrentarse a su antiguo aliado en la región montañosa de Sinaloa.

Cómo se hizo “El Mencho” con el control

“El Mencho” logró escalar hasta la cima del narcotráfico en México desde uno de los escalafones más bajos.

En sus inicios, formaba parte del círculo de protección del narcotraficante Armando Valencia Cornelio, “El Maradona”, un jefe del Cartel del Milenio, también conocido como Cartel de los Valencia. Más tarde, asentó su posición en el grupo al casarse con una de las hermanas del jefe del clan.

Antes, Oseguera Cervantes, nacido en la zona conocida como Tierra Caliente de Michoacán, había sido policía de un municipio de Jalisco.

Su ingreso en las fuerzas de seguridad se produjo después de ser deportado por Estados Unidos -adonde había migrado con su familia en la década de 1980- por involucrarse en la venta de droga.

El Chapo Guzmán capturado.
Susana Gonzalez/Bloomberg via Getty Images
CJNG se enfrentó al cartel de Sinaloa, cuyo líder, el “Chapo” Guzmán, fue capturado por las fuerzas de seguridad mexicanas y extraditado a Estados Unidos.

Cuando el líder del Cartel del Milenio fue detenido, el grupo se dividió en dos ramas enfrentadas entre ellas. “El Mencho” lideró una, la conocida como “Los Matazetas”, que logró imponerse y que años después pasó a llamarse Cartel Jalisco Nueva Generación.

El CJNG pasó de ser una banda local de los estados de Jalisco y Colima a una organización con presencia en más de la mitad del territorio mexicano.

Lo que más sorprendió a los expertos es cómo logró encumbrarse en relativamente poco tiempo. En sólo cinco años desplazó al poderoso cartel de Los Caballeros Templarios en el control del sur de Michoacán.

Desalojó al cartel de Los Zetas del norte de Jalisco y de una parte de su territorio en el vecino estado de Zacatecas.

Fue el principio. Los siguientes años amplió su presencia al resto del país y, lo más importante según especialistas, logró disputar el mercado de drogas sintéticas a grupos más grandes y antiguos, como el cartel de Sinaloa.

Esta organización padeció una disputa interna tras la tercera captura y extradición a Estados Unidos de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”.

El proceso fue aprovechado por el CJNG para disputar el mercado a sus adversarios, e incluso el grupo secuestró en Puerto Vallarta a dos de los hijos de “El Chapo”, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, que fueron liberados en pocas horas.

A partir de ese momento nació el CJNG. Y la carrera delincuencial de “El Mencho” se aceleró.

Cómo creció el CJNG

Detrás del explosivo crecimiento del grupo hay varias razones.

Una de ellas es la captura de muchos de los principales líderes de carteles rivales, lo que hizo que se dividieran en algunos casos o que algunos se extinguieran, como Los Templarios en el estado de Michoacán. El CJNG llenó los huecos en el mercado que dejaron los rivales.

Otra de las claves es que el CJNG reclutó a expertos en finanzas y químicos que diseñan nuevas mezclas para fabricar drogas sintéticas.

La violencia del cartel ha sido otra clave.

Las autoridades habían señalado en la última década a “El Mencho” como un personaje muy peligroso, con una gran capacidad de fuego. Algunos especialistas en el tema aseguraban que Oseguera Cervantes creció precisamente a costa de “triturar” a sus grupos rivales.

Los intereses del CJNG y su líder no se limitaron al narcotráfico.

Aprovechó el auge económico en la ganadería, agricultura y construcción de Jalisco para crear negocios en esos rubros y tener en ellos vías para lavar el dinero producto del narcotráfico.

Agentes inspeccionan un vehículo quemado en México.
EPA
La muerte de “El Mencho” ha desatado una ola de violencia en México.

El CJNG también se ha destacado por su poder corruptor de autoridades locales y de aduanas. Esto le ha facilitado el ingreso de precursores o sustancias iniciales para elaborar drogas sintéticas en los puertos de Manzanillo, en Colima, y Lázaro Cárdenas, en Michoacán, ambos en la costa oeste de México, según los expertos en narcotráfico.

Otra de sus fuentes de ingresos ha sido la extorsión a negocios pequeños y medianos en el oeste de México.

El grupo ha logrado expandirse no solo por la mayor parte de los estados mexicanos, donde tiene presencia propia o alianzas, sino por muchos países.

Según la Administración de Control de Drogas de EE.UU. (DEA, por sus siglas en inglés), Nueva Generación tiene presencia en más de 40 países.

El grupo mantiene, además, según la DEA, una vasta operación de lavado de dinero a través de su rama financiera, “Los Cuinis”, liderada por su cuñado Abigael Sánchez Valencia.

Este grupo se dedicaría a supervisar “la diversa red de operaciones de lavado de dinero del cartel para repatriar a México las ganancias ilícitas obtenidas con las drogas a nivel mundial”, según el organismo estadounidense, que asegura que para ello utilizan “redes chinas de lavado de dinero, intercambios de criptomonedas, contrabando de efectivo a granel, lavado de dinero basado en el comercio y otros métodos para lavar las ganancias ilícitas relacionadas con las drogas”.

Qué puede suceder ahora sin “El Mencho”

La desaparición del máximo y único líder del grupo abre ahora numerosos interrogantes sobre quién podría sucederlo o si otros grupos aprovecharán el vacío de poder para intentar ocupar su lugar.

“La gran pregunta es, de aquí a unas semanas y meses, cómo se va a reacomodar el cartel en sí mismo y en las batallas que tiene contra grupos locales más pequeños en diferentes estados. Los ciclos de violencia en Guanajuato, Michoacán y demás se explican por esos conflictos”, reconoce el investigador David Mora.

Desde 2022 surgieron rumores sobre la condición de salud de Oseguera Cervantes, e incluso se llegó a reportar en un par de ocasiones que había muerto. Algunos expertos creen que probablemente “El Mencho” ya no estaba directamente al frente de las operaciones del CJNG cuando fue abatido este domingo.

Pero tampoco tenía claros sucesores.

Uno de sus hijos, Rubén Oseguera González, considerado segundo en importancia al mando del grupo y conocido como “El Menchito”, fue extraditado en 2020 de México a EE.UU. en lo que se calificó como uno de los golpes más duros contra la organización hasta la muerte de su padre.

Otros lugartenientes que tenía están presos o fueron asesinados en distintos enfrentamientos.

“El Mencho” nunca permitió que, de las múltiples alianzas y células criminales con las que operaba Jalisco, alguna fuera lo suficientemente fuerte para retar su poder central, explica David Mora.

“Entonces no hay una claridad absoluta, ni sanguínea, ni familiar, ni por vínculos que nos permita ver quién sigue. Ese reacomodo de Jalisco es una gran incógnita. Y estos procesos suelen venir aparejados no sólo de tensión, sino de violencia”, señala el experto de International Crisis Group.

Mientras que la oleada de violencia que se está viendo estos días en las calles de México podría “pasar rápido”, en opinión del experto, es posible que en los próximos dos meses veamos cómo las organizaciones rivales reaccionan al proceso de Jalisco y cómo la propia organización reacomoda la desaparición de “El Mencho”, que podría desatar una lucha intestina.

“Y si la historia es indicativa de algo, simplemente el descabezamiento de un cartel no significa la extinción de la organización”, advierte David Mora.

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BBC

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