
La reciente liberación de más documentos del caso Epstein, específicamente las miles de páginas de correos que involucran a una larga lista de políticos, empresarios, cineastas y poderosos del mundo, nos tienen entre la consternación, la indignación y la impotencia. ¿Habrá consecuencias? Esa es la gran pregunta. ¿Finalmente se tomarán acciones contra los crímenes cometidos, algunos de ellos imposibles siquiera de nombrar? ¿O terminará siendo un escándalo que simplemente pase de moda, mostrando la impunidad de quienes sádica y despóticamente controlan y destruyen el mundo?
Entre los atroces actos que los archivos revelan, que van desde la trata de personas y violaciones, hasta la pedofilia y el tráfico de sustancias, dos crímenes escandalizan por su crueldad: el asesinato, o mejor dicho, el sacrificio humano y el canibalismo. Estos dos últimos comúnmente relacionados a ámbitos religiosos. No pude dejar de preguntarme, ¿será que detrás de toda esta mierda hay un macabro telón religioso de fondo?
Cuando leía notas o escuchaba comentarios en torno a dichos actos, entre el horror y el coraje, se me venía a la mente el libro Para una teología política del crimen organizado, de Claudio Lomnitz, publicado en el 2024. Sin afán de “explicar” el fenómeno Epstein, del cual todavía falta mucho por desvelar, me pareció que traer a colación los análisis de Lomnitz en torno al “nuevo canibalismo” y su papel en el narcotráfico mexicano puede, si no brindar luz a la cuestión, sí empujarnos a hacernos preguntas pertinentes. Si mis especulaciones tienen algo de sentido (y no pretendo que lo tengan, puesto que no soy experto en ninguno de los temas que aquí abordo), esta podría ser una clave tanto para comprobar una vena religiosa en estos actos de lesa humanidad, como para entender un poco mejor qué es lo que está operando.
En su estudio de ciertos rituales del narcotráfico mexicano, Lomnitz se atreve a anunciar la reaparición del canibalismo, pero con características muy diferentes a sus manifestaciones precristianas. En un mundo occidentalizado, el sacrificio humano y el canibalismo se convirtieron en un tabú, un pecado, una auténtica abominación. Van en contra de los dos grandes pactos que, independientemente de si se cree o no, están en la base ontológica de toda teología política moderna: el pacto de Dios con Abraham al perdonar la vida de Isaac, prohibiendo así el sacrificio humano, y el nuevo pacto de Dios en Cristo, víctima que se entrega, desmantelando así, según Renée Girard, la invisibilidad del sacrificio mimético del chivo expiatorio. Después del acontecimiento Cristo, todo sufrimiento del inocente es un escándalo que no puede ser justificado, por más que se intente. Sobre esto está construido todo el andamiaje del Derecho moderno.
Hoy, sin embargo, el canibalismo ha vuelto a aparecer. No como renacimiento de su antigua forma, sino “como un atropello a la ley y a la moral que sirve para sellar un pacto secreto”. Este secretismo es fundamental. En el contexto que estudia Lomnitz, el del narco mexicano, el secreto es un mecanismo para crear complicidad y fidelidad. A través de rituales que involucran el sacrificio de víctimas para posteriormente ser ingeridas, se inicia a los novicios del grupo a través del consumo de la carne del enemigo para así adquirir sus poderes, pero también se genera en automático un secreto compartido que, si se traiciona al grupo, el traidor termina por condenarse a sí mismo, puesto que denunciar a los otros es una forma de auto implicarse en actos de canibalismo, totalmente repudiados por la sociedad. Estos rituales suceden también entre líderes, que al compartir el ritual, crean un secreto que nadie quiere revelar.
Y es que el dinero no funcionaba más como garantía de lealtad. Se podría comprar la fidelidad y la traición, por lo que era necesario suplirlas con el terror o con la construcción de complicidades que pudieran proteger los secretos del grupo. Nadie quiere ser reconocido como caníbal, porque, de nuevo, es de lo más penado, junto con el incesto, en nuestra sociedad cristiana-occidental. Y el narco, especialmente las élites, se mueven en dos mundos, en dos economías: la ilícita para producir y la lícita para gastar, la teología satánica para atentar contra la ley y la teología cristiana para estudiar en buenos colegios, vivir en buenos barrios, comprar buenos carros, etc. En palabras del autor: “Es ésta, finalmente, la naturaleza del nuevo canibalismo: un acto que sella un pacto de complicidad y silencio, en una sociedad que se ahoga en un mar de sospechas”.
Según Lomnitz, el nuevo canibalismo en México ha ido evolucionando: del canibalismo como ritual de reclutamiento pasó al canibalismo como símbolo de complicidad tácita, hasta convertirse en la máxima expresión de una nueva economía de castas. Vale la pena leer directamente al autor: “El nuevo sacrificio humano pone las bases rituales para el establecimiento de un nuevo sistema de castas, en que hay algunos ‘animalitos’ (nombre que utilizó un narcosatánico) (…) que pueden ser usados para alcanzar los fines propios de una casta superior, al grado incluso de que se les puede matar y hasta comer”. Se crean así “zonas de silencio” o de sacrificio, en donde grupos armados salen de cacería de migrantes para posteriormente comerlos. Hay vidas que no valen nada, las vidas de las castas sacrificables, catalogables como tales tanto por el narco como por el Estado y el Mercado.
En esta arquitectura del horror, la desaparición de personas es una condición necesaria para el nuevo sacrificio humano. Es, podemos decir, el rostro visible del crimen invisibilizado. Tratado como desaparición de lo que probablemente devino en hacerse de una vida sacrificable en estos nuevos rituales.
Así, nace una nueva moralidad fantasma que opera bajo las sombras y en las mismas personas que por otro lado viven dentro de la moralidad establecida cuando son figuras públicas, pero detrás tienen otra vida. “La última variante del nuevo canibalismo sirve entonces para sellar la unión entre los miembros de la sociedad secreta”. Sociedades secretas más o menos organizadas que operan en los intersticios de la economía legal, pues no existen de forma independiente de esta, sino que incluso son su otra cara. “Para producir, los empresarios de la economía ilícita deben crear organizaciones que se apartan tajantemente de la moral, pero para gastar el dinero que acumulan necesitan volver a la sociedad que han violentado”.
¿En qué sentido resuena lo anterior con el caso Epstein y todos los involucrados? Por un lado se trata de ámbitos distintos, y al mismo tiempo no, ya que miembros de cárteles mexicanos también aparecen en los archivos Epstein. Si bien sería erróneo calcar los análisis de Lomnitz sobre el crimen organizado mexicano a los magnates caníbales, sí podemos encontrar escalofriantes paralelismos que nos llevan a sugerir que quizás nos encontramos ante dos rostros diferentes del mismo fenómeno: el nuevo canibalismo y la teología política de la muerte.
Epstein, Diddy o el narco mexicano, todos parecen crear rituales que implican actos que comprometen a sus participantes, forjando una red de secretismo que por otro lado también es de complicidades, iniciaciones para formar parte de grupos selectos, apertura a negocios, tráfico y consumo de todo tipo sin importar el nivel de ilegalidad o inmoralidad, y el nepotismo. ¿Dónde está lo religioso en estos fenómenos? En la misma ritualidad. El mito no existe por sí mismo. Es el rito el que crea y mantiene el mito. Una vez que el rito desaparece, el mito se desmantela. La danza de la lluvia no se sostiene porque después de danzar llueve, sino por el hecho de que la danza se sigue repitiendo una y otra vez. El gran error del pensamiento moderno radica en considerarse más allá del mito, y por lo tanto independiente de la religión. Por el contrario, la modernidad es igual de religiosa que cualquier otro constructo mitológico humano, al estar lleno de rituales de diversos tipos.
La creación de castas es otro mecanismo religioso por excelencia. Presente, ya vimos cómo, en el entramado de la teología política del crimen organizado, pero claramente también en Epstein. Es evidente que para los involucrados hay niveles de seres humanos, incluso algunos que ni siquiera merecen tal nombre. De otro modo, ¿cómo justificar las redes de trata de personas, el sacrificio humano y el canibalismo si no es a través de la repetición de rituales que crean un mito que estipula que hay vidas que valen y otras que no, vidas sacrificables en aras de su divertimento? Dividen la humanidad entre depredadores y presas, en algunos casos sexuales o esclavas, pero en otras la literalidad se vuelve gore.
Lo que en estos días estamos atestiguando con los archivos Epstein no es otra cosa sino el desvelamiento de aquel pequeño grupo de ricos y poderosos que se creen más allá de cualquier otro humano. Quizás se consideran dioses olímpicos, merecedores y bien habientes de la vida de todas y todos los demás, para consumirlos y usarlos a su gusto, viviendo una doble vida entre lo legal y lo ilegal, utilizando estos ámbitos como corbatas o vestidos según la fiesta de disfraces a la que toca ir.
Estamos frente a un ritualismo religioso terriblemente perverso. Un nivel de idolatría que ningún profeta se pudo haber imaginado. Un símbolo tan claro como el hecho de que Epstein tenía una cuenta bancaria con el nombre de Baal, divinidad babilónica que en la Biblia se le relaciona con los sacrificios humanos, raya ya en lo grotesco por su ridícula obviedad.
En la medida en que estos ritos se continúan perpetuando, los mitos que reproducen se fortalecen: que la vida humana es sacrificable, que unos valen y otros no, que el dinero y la fama todo lo pueden, que en este mundo hay quienes nacieron para ser amos y señores del resto, y que no hay justicia más la que el dinero puede comprar.
Bienvenidas y bienvenidos al nuevo canibalismo.
* Elías González (IG @amanecerblogmistica) es Filósofo y escritor. Reflexiona en torno a la mística, el diálogo interreligioso y la reexistencia antisistémica.

El mandatario ucraniano afirma que en las negociaciones persisten problemas difíciles, mientras Rusia sigue llevando a cabo nuevos ataques contra instalaciones energéticas del país invadido.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, afirmó que Estados Unidos desea que la guerra con Rusia termine en junio, y añadió que ambas partes fueron invitadas a ese país para conversar la próxima semana.
“EE.UU. propuso por primera vez que los dos equipos negociadores, Ucrania y Rusia, se reunieran en EE.UU., probablemente en Miami, dentro de una semana. Confirmamos nuestra participación”, declaró el mandatario.
No hubo comentarios inmediatos de Washington ni de Moscú, pero el presidente estadounidense, Donald Trump, ha estado presionando para que se ponga fin al conflicto desde que asumió el cargo hace más de un año.
Mientras tanto, Rusia ha continuado sus ataques contra la infraestructura energética de Ucrania, provocando nuevos apagones generalizados durante el gélido invierno.
En declaraciones publicadas el sábado, Zelensky informó a la prensa sobre lo ocurrido durante la segunda ronda de conversaciones de paz mediadas por EE.UU. en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), que finalizaron el viernes sin ningún avance.
Zelensky afirmó que “los asuntos difíciles siguen siendo complejos”, incluyendo las concesiones territoriales con las que se presiona a Ucrania para que las haga.
El mandatario dijo que las partes discutieron, por primera vez, la posibilidad de una reunión trilateral entre líderes, no solo representantes, pero advirtió que “se necesitan elementos preparatorios para ello”.
Al preguntársele si se había fijado un plazo para un acuerdo, el líder ucraniano respondió: “Los estadounidenses dicen que quieren tener todo listo para junio”.
“¿Por qué antes de este verano? Entendemos que sus problemas internos tendrán un impacto”, agregó Zelenski sin dar más detalles sobre cuáles son esos problemas.
Mientras las gestiones diplomáticas siguen, también continúan los ataques rusos contra la infraestructura energética de Ucrania.
“Criminales rusos llevaron a cabo otro ataque masivo contra las instalaciones energéticas”, escribió el ministro ucraniano Energía, Denys Shmyhal, en Telegram.
Las subestaciones, que controlan el flujo eléctrico, y las líneas eléctricas aéreas que “forman la columna vertebral de la red eléctrica de Ucrania” fueron atacadas, afirmó Shmyhal.
También fueron atacadas centrales eléctricas, aseguró el funcionario.
El operador estatal de energía de Ucrania, Ukrenergo, declaró que “el déficit energético aumentó significativamente” como resultado de los últimos ataques.
Shmyhal afirmó que se había solicitado a la vecina Polonia suministros eléctricos de emergencia.
Por su parte, Zelensky escribió en redes sociales que el ataque del viernes por la noche involucró a más de 400 drones y 40 misiles. Los sistemas de defensa aérea interceptaron la mayoría, pero no todos, admitió el ejército ucraniano.
“Los principales objetivos fueron la red eléctrica, las instalaciones de generación y las subestaciones de distribución”, declaró, añadiendo que se habían reportado daños en al menos cuatro regiones.
En la región occidental de Lviv, la central eléctrica de Dobrotvir fue atacada, dejando a miles de personas sin electricidad, según el jefe regional, Maksym Kozytskyi.
Al menos 6.000 personas se quedaron sin electricidad debido a los cortes de luz programados cada hora, añadió.
La central eléctrica de Burshtyn también fue atacada en la cercana región de Ivano-Frankivsk.
DTEK, que gestiona las centrales de Dobrotvir y Burshtyn, declaró que se trataba del décimo “ataque masivo” contra sus centrales eléctricas desde octubre de 2025.
“En total, las centrales térmicas de DTEK han sido atacadas por el enemigo más de 220 veces desde el comienzo de la invasión a gran escala”, añadió la compañía en Telegram. Rusia lanzó su operación hace casi cuatro años.
Se reportó la muerte de una persona en la región de Rivne y varias heridas en Zaporizhia. El presidente de Rivne, Oleksandr Koval, afirmó que también hubo daños en viviendas e infraestructuras críticas.
En Kyiv, los residentes volvieron a refugiarse en estaciones de metro.
“Nos obligan a vivir en condiciones inhumanas. Sin calefacción, sin electricidad”, declaró a Reuters, Oksana Kykhtenko, una de las refugiadas en el subterráneo.
Un ataque con drones en la ciudad de Yahotyn, a unos 10 kilómetros de distancia de la capital, provocó un incendio en un complejo de almacenes, según informaron los servicios de emergencia ucranianos.
Ucrania también ha atacado a Rusia, en específico una fábrica de componentes de combustible para misiles en la región occidental de Tver, según informes de prensa que citan a funcionarios de seguridad ucranianos.
Más al sur, en la región de Saratov, un depósito de petróleo también fue atacado, según Ucrania.
Rusia no ha hecho comentarios sobre ninguno de los últimos ataques.
Moscú reanudó sus ataques contra la infraestructura energética de Ucrania el lunes, tras una pausa de una semana que el presidente estadounidense, Donald Trump, había pedido a Vladimir Putin ante el intenso frío en Ucrania.
DTEK afirmó que los ataques combinados con misiles y drones causaron “el golpe más contundente” a la infraestructura en lo que va de año.
“Moscú debe ser privada de la capacidad de usar el frío como palanca contra Ucrania”, escribió Zelenski en la red social X el sábado, en respuesta a los últimos ataques.
Rusia también ha acusado a Kyiv de no tomarse en serio la búsqueda de una paz duradera. El ministro rusos de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, culpó el viernes a Ucrania del tiroteo contra un general de alto rango del ejército ruso, afirmando que su objetivo era “interrumpir el proceso de negociación”.
Aún se desconoce quién estuvo detrás del tiroteo.
Unos 55.000 soldados ucranianos han muerto desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala en febrero de 2022, declaró Zelensky a principios de esta semana.
Por su parte, la BBC ha confirmado los nombres de casi 160.000 personas que han muerto combatiendo del lado ruso.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.