
En diciembre pasado, la Secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, anunció que a través del programa “Sí al desarme, sí a la paz”, implementado por el gobierno de Claudia Sheinbaum, se habían recolectado 8,700 armas de fuego en todo el país a través de entregas voluntarias de la ciudadanía, cuyos participantes recibían recompensas a cambio de las armas.
Casi 9 mil armas menos en las calles parecen un buen resultado para una estrategia gubernamental; sin embargo, para determinar si la misma ha sido efectiva es importante hacer un comparativo en dos dimensiones. La primera de ella es temporal, es decir, ¿se han recolectado más o menos armas que en los gobiernos que antecedieron al actual? Y la segunda dimensión es respecto al tamaño del problema que se busca resolver, ya que el objetivo de un programa de canje de armas es disminuir la violencia reduciendo la cantidad total de armas que hay en las calles. Por tanto, se debe responder a la pregunta: ¿se está recolectando una cantidad mayor de armas a la que entra cada año al país de contrabando y en qué medida se está reduciendo la cifra total de armas?
Respecto a la primera pregunta, se cuenta ya con información precisa de las armas que fueron recolectadas en los sexenios de Felipe Calderón Hinojosa, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, lo cual permite una comparación de los totales entre ellos, datos que fueron obtenidos mediante las solicitudes de información con folios 33006425001177, 330026424000740 y 33006425001177, dirigidas a la SEDENA. Sin embargo, el gobierno de Claudia Sheinbaum apenas va en su segundo año de mandato, por lo que se tienen cifras parciales hasta el 11 de diciembre de 2025.
De forma que para poder realizar una comparación que incluya la gestión de Claudia Sheinbaum y de sus tres antecesores se debe construir un indicador de armas promedio recolectadas al día a través del canje de armas, de modo que se divida la cantidad de armas entre el total de los días que duró cada mandato en los casos de Calderón, Peña y Obrador, así como la cantidad armas entre los días comprendidos entre el 1 de octubre de 2024 y el 11 de diciembre de 2025 en el caso de Claudia Sheinbaum, lo cual permite una comparación justa entre los cuatro.
El cálculo de dicho indicador nos muestra que en promedio, en lo que va del gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, se han recolectado 19.90 1 armas diarias en todo el país, cifra que es mayor al promedio que tuvo Andrés Manuel López Obrador a lo largo de su sexenio, que apenas llegó a las 10.78 armas. Es decir que en este momento se están recibiendo casi el doble de armas, lo cual indica que el programa “Sí al desarme, sí a la paz” está teniendo efectos positivos.
Sin embargo, las armas recolectadas diariamente por el gobierno de Claudia Sheinbaum aún están muy lejos de los promedios de los gobiernos de Calderón y de Peña, ya que en el caso de Felipe Calderón se entregaban en promedio diariamente 28.84 armas y con Enrique Peña se elevó hasta 43.65 armas, es decir más del doble de las obtenidas por Claudia Sheinbaum, tal como lo muestra la siguiente gráfica.

A partir de estos datos se puede dar respuesta puntual a la primera pregunta, en el sentido de que el actual gobierno de Claudia Sheinbaum ha logrado mejores resultados que López Obrador, pero aún se encuentra lejos de la cantidad de armas recuperadas en las gestiones de Calderón y Peña.
Esto se debe principalmente a tres factores: primero, la concentración de la estrategia en las entidades del centro del país, como la Ciudad de México, Estado de México y Puebla; segundo, la falta de módulos permanentes de entrega de armas, y tercero, la falta de promoción de los días y lugares en los que se pueden entregar las armas, para que la población objetivo se entere.
La respuesta a la segunda interrogante es más compleja, porque no se tiene un número certero respecto a la cantidad de armas que cada año entran de forma ilegal al país ni sobre las que ya se encuentran dentro. Al respecto el trabajo más serio de estimación sobre armas traficadas a México cada año lo encontramos en el texto Mexican drug cartels use hundreds of thousands of guns bought from licensed US gun shops – fueling violence in Mexico, drugs in the US and migration at the border de Sean Campbell y Thoper McDougal, que se ubicaría en promedio en 135 mil armas al año, con un mínimo de 72 mil y un máximo de 258 mil, mientras que para el total de armas que ya se encuentran en México, Juventina Bahena ha estimado dicho total entre los 15 y los 24 millones de armas.
Aun tomando los datos más bajos, el escenario es preocupante: al menos 15 millones de armas a las cuales cada año se le suman 72 mil más, producto del contrabando ilegal.
Frente a dicho escenario, las 8,700 armas que recuperó el gobierno de Claudia Sheinbaum en poco más de un año son claramente insuficientes, porque representan apenas el 12 % de las 72,000 que entran por contrabando en el escenario más conservador, lo que implica que -a este ritmo- en lugar de reducirse la cantidad de armas se aumenta al menos en 63,300 por año, por lo cual se puede afirmar que las estrategias de canje de armas, no solo del gobierno de Sheinbaum, sino de sus tres antecesores, no lograron el objetivo de contribuir a que haya menos armas de fuego en las calles mexicanas.
A pesar de que la evidencia que tenemos nos indica que los resultados del programa “Sí al desarme, sí a la paz” implementando por la administración de Claudia Sheinbaum no son suficientes, lo cierto es que aún queda mucho tiempo en la gestión, lo cual permite fortalecer y ampliar el programa para recolectar una cantidad mayor en el futuro, para lo cual se proponen al menos las siguientes estrategias para el fortalecimiento del mismo:
I. Apostar por una amplia campaña de difusión local, pero focalizada por territorio, de manera que se realice en los medios que llegan a los municipios en donde habrá módulos de recolección, para usar de la forma más eficiente los recursos destinados a tal efecto.
II. Implementar una campaña de corte nacional que busque la sensibilización social de los peligros de las armas. Se trata de llegar a los hogares y convencerlos de los riesgos que corren al tener armas.
III. Focalizar los módulos de recolección en las áreas de mayor violencia, ya que hay muchas entidades que han enfrentado situaciones de inseguridad, en las que apenas se han recolectado armas en los últimos 20 años, como Guerrero, Zacatecas, San Luis Potosí, Morelos, Colima, Tabasco y Veracruz.
IV. Involucrar a los gobiernos locales y a más actores en estos programas, ya que de lo que se trata es que no sólo sea labor del Gobierno Federal, sino de la mayor cantidad posible de componentes de la sociedad.
V. Se debe contar con módulos permanentes y la forma en la que esto no sea oneroso es colocarlos en las entradas de todos los cuarteles militares del país, ya que mucha gente no entrega sus armas, porque no sabe en dónde hacerlo.
VI. Incrementar las recompensas de acuerdo con el calibre de las armas, debido a que la mayor parte de las armas que se han entregado en el pasado son cortas o en mal estado y lo que se debe buscar es sacar de circulación aquellas armas automáticas que pueden generar más daño.
Para mayor detalle respecto a los datos y hallazgos, pueden consultar mi artículo Resultados de los programas de canje de armas en México, publicado en la Revista Mexicana de Análisis Político y Administración Pública en diciembre pasado, que sirvió como base para el presente texto.
* Víctor Manuel Sánchez Valdés (@victorsanval) es profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad pública y doctor en políticas públicas por el CIDE. Correo de contacto: [email protected].
1 Este valor se obtuvo al dividir las 8,700 armas reportadas entre 347 días, comprendidos entre el 1 de octubre de 2024 al 11 de diciembre de 2025. Para el caso de Felipe Calderón se dividieron las 63,225 armas recibidas en todo su sexenio, entre los 2,192 días que estuvo al frente de la presidencia; con Enrique Peña Nieto se recibieron 95,641 armas en el sexenio y esa cantidad se dividió entre los 2,191 días de su mandato, y para el caso de Andrés Manuel López Obrador, las 22,280 armas recolectadas en su sexenio se dividieron entre los 2,131 días que duró su gestión, resultando las cifras que se muestran en el gráfico que contiene este artículo.

La antigua civilización romana creó un calendario que sirvió de base para identificar los meses del año que tenemos hoy. Aunque a lo largo de miles de años, hubo varios cambios.
La llegada del nuevo año es una de las celebraciones que comparte todo el mundo… o al menos lo hacen los países que siguen el calendario gregoriano, vigente desde hace siglos.
Pero que sea enero el primer mes del año no es algo que siempre fue así. De hecho hubo un tiempo en el que marzo era el mes que marcaba el cambio de año.
Y es que el calendario que usamos hoy en día ha tenido varias reformas y ajustes a a lo largo de miles de años, desde su origen en la antigua civilización romana.
Desde su primera creación, atribuida a Rómulo, el mítico fundador de Roma junto a su hermano Remo, los romanos le dieron el nombre a cada uno de los 10 meses de su primer calendario. Y luego le añadieron dos meses más, enero y febrero.
Como en otras culturas, la sincronización con el año solar era el objetivo. Y aunque luego hubo que ajustar el desfase de los días, los nombres de los meses quedaron fijados así hasta nuestros días.
Aunque si miramos al pasado, su orden ha perdido su lógica inicial.
Siguiendo el calendario primitivo, bajo el mando del rey romano Numa Pompilio (753-674 a. C.) fueron añadidos los meses de enero y febrero al final del calendario de 10 meses, con el objetivo de ajustar el conteo del tiempo al año solar.
Así que este mes originalmente era el penúltimo hasta el cambio de posición bajo el calendario juliano, impuesto por Julio César.
En latín era llamado Ianuarius y su nombre procedía de Jano, el dios romano de los inicios o las puertas. Esta deidad era también considerado un dios de los finales, por lo que era representado con dos caras, mirando al pasado y al futuro, respectivamente.
A diferencia de enero, Februarius no recibió el nombre de un dios, sino que hacía referencia a la festividad romana de la Februa.
Esta fiesta se celebraba como ritual de purificación o expiación, ya que februare en latín significa “purificar”. Se realizaba al final del año romano, por lo que este mes era también el último.
En el calendario primigenio romano, marzo era el inicio del año y fue llamado Martius, en honor a Marte, el dios de la guerra.
Para los romanos, el inicio del año no era a mitad del invierno boreal, como en la actualidad, sino en la época de primavera.
Era el momento adecuado de reactivar la agricultura y las campañas militares.
De hecho, iniciar el año con la primavera es algo que se usó durante mucho tiempo en diversas culturas. Reino Unido, por ejemplo, celebraba este mes el año nuevo hasta la adopción del calendario gregoriano en 1752.
Sobre abril, hay distintas teorías sobre el origen de su nombre.
Una se refiere a un verbo del latín, aperire, o abrir, posiblemente para señalar el florecimiento en la agricultura.
Pero otra hipótesis lo relaciona con Afrodita, la diosa griega del amor.
Este mes era Maius, dedicado a la diosa de la fertilidad y la primavera, Maia. Esta divinidad también era la madre del dios Mercurio.
Algunos, sin embargo, señalan que el nombre pudo originarse como referencia a los maiores, es decir, los ancianos en la cultura romana.
El origen de junio, o Iunius en el calendario romano, era la evocación a Juno, la reina de los dioses romanos y esposa de Júpiter.
Como tal, esta diosa también era considerada protectora de la maternidad y el matrimonio.
Pero el origen del nombre también está sujeto a debate, pues también pudo haberse dedicado a los iuniores, es decir, los jóvenes, algo que tendría concordancia con Maius.
Este mes no era originalmente llamado Iulius, la palabra en latín del nombre Julio, sino que se llamaba Quintilis por ser el quinto mes del año en el calendario romano original (Quintus significa quinto)
En este mes había nacido el líder Julio César, así que a la muerte de éste en el año 44 a.C., los romanos cambiaron el nombre a Iulius en su honor.
Bajo su dominio fue que se había instaurado la primera gran reforma del calendario de 365 días, que colocó a enero como inicio de año (y febrero como segundo).
Durante siglos, el calendario juliano fue el que regía en los dominios de esta civilización conquistadora.
De manera similar a julio, el mes de Augustus, o agosto, originalmente era el sextus (sexto) mes del año y por ello era conocido como Sextilis.
Fue renombrado en 8 a.C. en honor a César Augusto, el primer emperador de Roma (27 a.C.-14 d.C.).
Siguiendo el orden numérico que tenían los meses en el calendario original, September, o septiembre, era nombrado por su posición.
Era el séptimo mes y los romanos lo nombraron por la palabra en latín septem, o siete.
El nombre de octubre, en latín October, venía de la palabra octo, que significa ocho.
Como el anterior, no estaba dedicado a un dios o un emperador, sino simplemente al octavo lugar que ocupaba en el año.
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La historia del mes de noviembre, o November, no es diferente: también tuvo su origen en la palabra novem, o nueve, por su lugar en el calendario romano original.
Finalmente estaba diciembre, el décimo mes del año para los romanos, que ellos conocían como December por la palabra en latín decem, que significa diez.
Cuando llegó la reforma del papa Gregorio XIII, en 1582, no se renombró los meses ni se cambió su orden, sino que simplemente se ajustó la duración para incluir los días bisiestos que corrigieran el desfase con el año solar.
Y desde entonces el calendario gregoriano rige en buena parte del mundo.
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