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Más allá de los árboles: el carbono azul como aliado para México frente al cambio climático
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Más allá de los árboles: el carbono azul como aliado para México frente al cambio climático
El carbono azul es el carbono almacenado en ecosistemas costeros millones de años, lo que limpia el aire y regula la temperatura, esencial para la mitigación del cambio climático.
13 de febrero, 2024
Por: Avril Carranza Kuster
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Hablar de carbono parece trillado. Y no culpo al lector, con las advertencias sobre el cambio climático hemos escuchado esta palabra hasta el cansancio: que si el exceso de carbono en la atmósfera, que si las emisiones de carbono causadas por x o y transporte, que si las industrias de manufactura son las responsables de las emisiones, entre otras.

Lo cierto es que estamos lejos de dejar de escuchar sobre el carbono o dióxido de carbono (CO2), ya que con los años cobrará más importancia en nuestra cotidianeidad, pues para contrarrestar los efectos que ya vemos del cambio climático (no olvidemos a Otis o las intensas olas de calor en 2023) es fundamental disminuir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global, entre los que se encuentra el CO2. No en vano el cero neto está tan boga de los objetivos climáticos de los próximos años.

Sin duda, los árboles y por lo tanto los bosques han asumido un papel crucial como aliados ante el cambio climático, porque efectivamente lo son. Sin embargo, en los últimos años ha surgido en la conversación climática el carbono azul, que presenta un gran potencial como medida de adaptación y mitigación ante al cambio climático, y del que México tiene dos océanos de oportunidad para hacerle frente.

¿Qué es el carbono azul y por qué es importante?

El término carbono azul se refiere al carbono almacenado en ecosistemas costeros como manglares, pastos marinos, bosques de algas y arrecifes de coral. Al igual que los ecosistemas terrestres, estos ecosistemas absorben el carbono por medio de la fotosíntesis generando sumideros donde puede permanecer almacenado por largo periodos e incluso millones de años. Este proceso ayuda a limpiar el aire y regular la temperatura, por lo que es esencial para la mitigación del cambio climático.

Andrew Rhodes Espinoza, experto en el tema, amplía este concepto al destacar que el almacenamiento o secuestro de carbono azul no debe limitarse al papel que los pastos, algas y árboles de mangle desempeñan en este proceso, sino también considerar a la biodiversidad adicional que aporta al secuestro de carbono. Por ejemplo, animales como peces y ballenas acumulan carbono en sus cuerpos a lo largo de su vida, mismo que cuando mueren es depositado en el fondo del océano donde permanecerá almacenado indefinidamente. Además, el excremento de ballena es rico en nutrientes que favorecen al fitoplancton, un importante elemento en la absorción y almacenamiento de carbono en los ecosistemas marinos.

Aunque los ecosistemas costeros solo cubren el 0.5 de la superficie marina del mundo, hoy se sabe que pueden absorber hasta cinco veces más carbono que los bosques tropicales, tres veces más rápido que éstos y que en un año secuestran una cantidad de carbono equivalente a casi la mitad de las emisiones generadas por el transporte en todo el mundo. Además, estos ecosistemas también brindan otros importantes servicios ambientales como refugio para una gran variedad de especies de peces, aves y mamíferos marinos, muchos claves para el funcionamiento óptimo de estos ecosistemas. Por lo mismo, también representan un sustento importante de recursos económicos para poblaciones costeras, como el turismo y la pesca artesanal, y en algunos casos, como el de los manglares, mejoran la calidad del agua y protegen las costas de desastres naturales como inundaciones y tormentas tropicales, mismas que con el cambio climático están en aumento.

¿Qué se hace en México en materia de carbono azul?

De acuerdo con Semarnat, México es uno de los países con mayor superficie de ecosistemas de carbono azul incluyendo manglares, pastos marinos y marismas, entre los cuales México ocupa el cuarto país con mayor extensión de manglares en el mundo. De hecho, los manglares y pastos marinos en México almacenan suficiente carbono para compensar las emisiones de aproximadamente 300 millones de usuarios de hidrocarburos, es decir, personas e industrias que usan combustibles derivados del petróleo como la gasolina o el gas natural. Por lo tanto, el aprovechamiento de ecosistemas de carbono azul en México representa un área fundamental para el secuestro de carbono y por lo tanto mitigación y adaptación al cambio climático.

Manglar de Isla Arenas, Campeche.
Foto: cortesía de Valeria López Portillo / WRI.

Un aspecto que tiene mucho potencial acerca de los proyectos de carbono azul es que no solamente se centran en la captura de carbono, sino que incorporan otros aspectos como la conservación de la biodiversidad, el desarrollo sostenible y económico de comunidades aledañas a estos ecosistemas, así como proyectos de restauración de áreas degradadas.

Algunos proyectos en México son aquellos liderados por organismos no gubernamentales como El Instituto de Recursos Mundiales (WRI), El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA), los cuales han desarrollado proyectos de carbono azul en materia de investigación, restauración, trabajo comunitario y propuestas de políticas públicas. Un ejemplo es el proyecto RE3CO (Restauración y conservación de humedales costeros y desarrollo comunitario) de WRI en los estados de Yucatán, Tabasco, Campeche, Oaxaca y Chiapas. Esta iniciativa ha tenido como resultado 1,547 hectáreas de manglares en proceso de restauración y beneficiado a más de 500 personas en las comunidades aledañas.

Asimismo, WWF en colaboración con comunidades en las costas de Nayarit y Yucatán trabaja en la restauración y conservación de los manglares en dichos estados, recalcando la importancia del desarrollo comunitario, la conservación de biodiversidad en estas áreas y el ecoturismo. Curiosamente esta colaboración en Nayarit gira alrededor del cultivo de ostiones, mismos que representan un sustento económico importante para la comunidad y que dependen de los mangles para desarrollarse.

Manglares de Sabancuy, Campeche.
Foto: cortesía de Valeria López Portillo / WRI.

Por su parte, la CCA con apoyo de la base de información de Conabio ha desarrollado un mapa de estos ecosistemas en toda América del Norte, que sirve como apoyo al proyecto de Fortalecimiento de la capacidad adaptativa de áreas marinas protegidas. En relación con esto, Conabio ha desarrollado el Sistema de Monitoreo de Humedales en México SIMOH-Mx, el cual tiene como objetivo brindar información primaria sobre todos los estudios de carbono azul que se han realizado hasta 2023 (posiblemente cambie a 2024) en México. Del mismo modo, la CCA ha trabajado con Sermarnat en la creación de metodologías y estandarizaciones para el estudio de estas áreas, así como apoyado en la creación de propuestas de política pública con el fin de reducir las emisiones de carbono y protección de estos ecosistemas y su enorme biodiversidad.

Finalmente, México en su contribución determinada a nivel nacional (NDC por sus siglas en inglés) se ha comprometido a reducir el 30 % de sus gases de efecto invernadero para el 2030, lo cual incluye el fortalecimiento de la conservación y restauración de ecosistemas de carbono azul. En relación con esto, en octubre del año pasado, la cámara de senadores aprobó un dictamen para fortalecer el manejo sostenible y restauración de ecosistemas de carbono azul.

Los desafíos del carbono azul en México

A pesar del conocimiento acumulado sobre el carbono azul como un aliado en la lucha contra el cambio climático, del creciente interés y las iniciativas tanto de organizaciones como del gobierno, persisten diversos desafíos en materia de carbono azul en México que requieren una atención prioritaria para garantizar la preservación efectiva de los ecosistemas de carbono azul en México y maximizar su capacidad para mitigar los efectos del cambio climático.

En México, el cambio de uso de suelo para uso agrícola y ganadero, el desarrollo urbano no planeado y el turismo desmedido son una constante presión que representa un desafío para la protección de ecosistemas como manglares, marismas y arrecifes. Perderlos tiene como consecuencia la liberación de carbono aumentando su concentración en la atmósfera, pone en riesgo a la biodiversidad que habita estos ecosistemas y afecta a las comunidades encuentran sustento alimenticio y económico en estas áreas.

Otro reto es el fortalecimiento para consolidar políticas que incluyan un monitoreo adecuado de los proyectos que trabajan con carbono azul. Uno de los desafíos significativos es la regulación de los mercados de carbono en México en lo referente a la transparencia. Este aspecto resulta fundamental, por ejemplo, para la distribución equitativa de los beneficios entre las comunidades en áreas de carbono azul, lo que asegure su participación y consulta activa en todo el proceso.

El tema de la propiedad del carbono aún resulta polémico en México, debido a que definir su propiedad ha sido un desafío complejo. Esta dificultad surge principalmente porque gran parte del carbono azul en México se encuentra en zonas federales marítimo-terrestres, lo que complica establecer su propiedad entre diferentes entidades, ya sea un particular, el gobierno federal o los ejidatarios. Esta falta de definición dificulta la gestión efectiva de estos recursos y la distribución justa de los beneficios asociados, lo que destaca la necesidad de desarrollar marcos legales claros.

Por último y quizá uno de los retos más importantes de los proyectos enfocados en secuestro de carbono, es la importancia de no solamente concentrarse en el lugar los agentes que aparentemente aportan más a este proceso (como mangles, algas, corales, pastos), sino reconocer a otros organismos que también desempeñan un papel en este proceso, pero que su contribución no es tan evidente. Los corales son protegidos por muchos peces que encuentran su refugio en ellos, las nutrias marinas se alimentan de los erizos que cortan las algas y los cadáveres de ballena que hunden el carbono. Al final, se trata de entender que todos los agentes tienen un lugar en los ciclos naturales y que esa visión tiene que estar presente no sólo en los proyectos de carbono azul, sino en todas las iniciativas relacionadas en la lucha contra el cambio climático, a su mitigación y la adaptación a sus efectos irreversibles.

* Avril Carranza Kuster es maestra en Medio Ambiente, Cultura y Sociedad por la Universidad de Edimburgo e integrante de la Comisión de Educación y Comunicación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (@IUCN_CEC).

La autora agradece a Valeria López Portillo y Andrew Rhodes Espinoza por la información brindada y esclarecimiento de un tema tan relevante.

 

Referencias:

CCA (2017), Análisis de las oportunidades para la integración del concepto de carbono azul en la política pública mexicana, Comisión para la Cooperación Ambiental, Montreal, Canadá, 102 pp.

Cortés Valencia, D. (2023). Bonos de carbono: ¿negocio a costa de la vulneración de derechos? Razón Pública, Disponible aquí.

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Herrera-Silveira JA, Pech-Cardenas MA, Morales-Ojeda SM, Cinco-Castro S, Camacho-Rico A, Caamal Sosa JP, Mendoza-Martinez JE, Pech-Poot EY, Montero J, Teutli-Hernandez C. (2020). Blue carbon of Mexico, carbon stocks and fluxes: a systematic review. PeerJ 8:e8790

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Por qué siguen los despidos masivos en las grandes empresas tecnológicas (pese a sus beneficios récord)
6 minutos de lectura
Por qué siguen los despidos masivos en las grandes empresas tecnológicas (pese a sus beneficios récord)
El carbono azul es el carbono almacenado en ecosistemas costeros millones de años, lo que limpia el aire y regula la temperatura, esencial para la mitigación del cambio climático.
13 de febrero, 2024
Por: BBC News Mundo
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Marcan el paso en las bolsas de Estados Unidos y son las mimadas de Wall Street.

Las empresas tecnológicas conocidas como “las 7 magníficas” no paran de crecer en ventas, en beneficios y en valor.

Según los analistas, entre todas venderán un 12% más este año y otro 12% en 2025. Muy por encima de sus pares en otras industrias.

Alphabet –la matriz de Google–, Apple, Amazon, Meta y Microsoft ganaron en conjunto cerca de US$327.000 millones, un 25,6% más que el año anterior. Una cifra cercana, por ejemplo, al PIB total de Colombia o Chile.

Y aun así este exclusivo grupo, al que también pertenecen Tesla y Nvidia, atraviesa una fase de despidos que en algunos casos se consideran incluso masivos y que vienen a sumarse a los realizados el año pasado.

Microsoft recortó su plantilla en julio de 2023 y vuelve a hacerlo este 2024 despidiendo a mil 900 personas, tras cerrar un acuerdo de compra de Activision Blizzard por US$69.000 millones.

Lo mismo sucede con Amazon que se deshará del 35% de la plantilla de su plataforma Twitch y otro centenar de Amazon Prime, siguiendo la estela de los 9 mil recortes del año pasado.

Un candidato a una firma tecnológica se rasca la cabeza confundido
Las empresas tecnológicas contrataron a muchos empleados durante la pandemia. Foto: Getty Images

Por si fuera poco, a este exclusivo grupo se han sumado muchas otras compañías de menor tamaño. En total, casi 32 mil trabajadores han sido despedidos de 122 empresas tecnológicas desde principios de año, según el sitio web Despidos.fyi citado por Reuters. Y quedan 11 meses por delante.

Paypal contará este año con 2 mil 500 efectivos menos, Spotify con mil 500, eBay despedirá a mil y Snapchat recortará su plantilla en 500 personas, por poner ejemplos de conocidas firmas de la industria tecnológica.

Todo esto ha llevado a muchos a comparar lo que está pasando con principios de la década de 2000, cuando el auge de internet condujo a la burbuja tecnológica de las puntocom.

Para Mathieu Racheter, analista jefe de Julius Baer, esta analogía es débil porque la cotización de las acciones tecnológicas de megacapitalización no alcanza aún la burbuja de las líderes de la década de 2000.

Baer añade que “las 7 magníficas” son altamente generadoras de efectivo, lo que ayudaría ante eventuales problemas.

¿Qué hay entonces detrás de esta segunda oleada de recortes masivos?

Logo de ChatGPT
El boom de la inteligencia artificial ha revolucionado el mercado laboral. Foto: Getty Images

1. Inteligencia artificial y cambios estratégicos

“La historia del sector tecnológico incluye el auge y la caída de grandes empresas que acaban afectadas por la disrupción y siendo sustituidas por otras más innovadoras de la siguiente generación”, recuerda Brice Prunas, gestor de inteligencia artificial en ODDO BHF AM.

Así pasó en la burbuja de las puntocom y en esta década, el boom de los modelos de inteligencia artificial (IA) supone una revolución.

“Tomemos como ejemplo la empresa para aprender idiomas Duolingo. Parte de su personal despedido (o “desvinculados” para usar el torpe término de la empresa) son escritores y traductores, que serán reemplazados por algoritmos”, explica el sitio web Quarck.

La IA es rápida. Lo que un redactor humano tarda entre 60 y 90 minutos en escribir, la IA puede hacerlo en 10 minutos o menos.

A principios de este año, un informe de Goldman Sachs decía que posiblemente la IA podría reemplazar al equivalente a 300 millones de puestos de trabajo a tiempo completo.

“Ya lo vimos en la burbuja tecnológica de la década del 2000, las disrupciones siempre llevan a las compañías a una reasignación dentro de su estructura”, afirma Javier Molina, analista senior de mercados para eToro.

“De un lado vemos cambios estratégicos y cierre de divisiones y por otro una reorientación hacia inteligencia artificial. Esto lleva a eliminar ciertos puestos de trabajo en muchos procesos que son automáticos”, dice Molina.

Es la forma de aumentar su productividad.

Una mujer consulta un web de empleo en el computador.
Las tasas de interés son muy altas y esto ejerce presión sobre las empresas de tecnología porque les dificulta atraer inversores. Foto: Getty Images

2. El recuerdo de 2022 y el cierre de proyectos

El sector tecnológico eliminó 168.032 puestos de trabajo en 2023 y representó el mayor número de despidos en todas las industrias, según un informe de la consultora Challenger, Gray & Christmas, Inc.

En medio de la ola de euforia por el éxito que alcanzaron durante la pandemia, muchas compañías de Silicon Valley aumentaron las contrataciones y expandieron sus planes de crecimiento con la idea de que el viento seguiría corriendo a su favor.

Pero no fue así, y cuando la música dejó de sonar, empezaron los despidos masivos en 2022 y gran parte del 2023.

Otra de las razones que conspiró contra los nuevos proyectos fue la subida de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos en respuesta a la inflación descontrolada.

Tomar dinero prestado es ahora más costoso y muchas empresas tecnológicas requieren mucho capital, sobre todo en las fases iniciales de desarrollo.

“Las recientes subidas de tipos han acentuado la situación límite de muchos proyectos, que en otros tiempos podían invertir, aspirando a crecer y alcanzar beneficios en una fase posterior”, dice Andrés Allende, gestor del fondo DIP Value Catalyst de A&G fondos.

“Sin embargo, ahora el efecto dominó de la financiación más cara, ha secado las inversiones. Esto finalmente provoca el cierre de más y más proyectos tecnológicos”, añade.

Con los recortes las empresas buscan estar lo más saneadas posible en un momento de incertidumbre económica.

Coincide en esta idea Prunas, de ODDO. “Por debajo de las ‘mega-caps’ (empresas de megacapitalización), muchas compañías más pequeñas están atravesando momentos muy difíciles, lo cual explica las reducciones en sus plantillas”, dice el experto.

Un teléfono con varias de las aplicaciones más populares.
No todas las firmas tecnológicas han pasado por las mismas penurias. Foto: Getty Images.

3. Un ciclo brutal

Incluso las mega-caps han recurrido a los recortes de costes para saciar los pedidos de mayores beneficios que reclaman sus inversores.

Pero es que “los ciclos en tecnología suelen ser así, bruscos… pero también más rápidos y flexibles. En breve muchas de estas compañías y proyectos se adaptarán y volverán a innovar. Los que sobrevivan pueden volver a ser oportunidades muy prometedoras”, explica Allende.

“Hasta que el nuevo ciclo cobre vida -ya empezamos a ver algunas señales- las dificultades del sector tecnológico podrían impactar de manera relevante el consumo y la inversión en otros sectores, ya que a menudo los empleos en tech se encuadran en niveles de renta muy superiores a la media”, añade el experto de A&G.

Los analistas coinciden en que hay que diferenciar lo que pasa en las pequeñas empresas, que es un tema de supervivencia, de lo que sucede con las grandes tecnológicas, que tiene más margen y grandes cantidades de capital para afrontar turbulencias.

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