
El 31 de diciembre de 2024 el Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó 1 el diseño de las boletas que se utilizarán en las elecciones de las personas ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), magistradas del Tribunal de Disciplina Judicial (TDJ) y magistradas del Tribunal Electoral de Poder Judicial de la Federación (TEPJF). 2
Lo que en antaño era un acuerdo de mero trámite, se ha convertido en el enésimo obstáculo para que las elecciones judiciales lleguen a buen puerto, ya que una boleta mal diseñada podría desalentar la participación electoral, generar la nulidad del voto, producir un sufragio erróneo, alentar el voto por una candidatura, entorpecer el cómputo de votos y complicar el recuento de los sufragios.
Indudablemente, la convergencia de los hechos descritos anteriormente podría ocasionar un cataclismo comicial que deslegitimaría los resultados debido a la falta de certeza, confiabilidad, validez, transparencia y autenticidad de los sufragios emitidos por la ciudadanía. En consecuencia, las elecciones judiciales podrían convertirse en el detonador que destruya nuestro sistema electoral.
En torno a las elecciones judiciales confluyeron el desconocimiento de las actividades de organización electoral, la urgencia de elegir a las personas juzgadoras y el recorte presupuestal. Este conjunto de circunstancias ha ocasionado que el INE tome decisiones cuestionables en torno a múltiples temáticas, ya que se han menoscabado los estándares de confianza, seguridad y certeza en procesos y determinaciones que fueron implementados en los comicios presidenciales y legislativos.
Este fue el caso de las boletas. La autoridad electoral no tuvo el tiempo para diseñar ni probar unas papeletas novedosas y complejas, que -por primera vez- no incluirían los logos de los partidos políticos, que mostrarían una lista de las candidaturas postuladas por los Poderes de la Unión, que garantizarían la paridad de género, que permitirían votar por más de una candidatura y que presentarían a las candidaturas solamente por su nombre. Tampoco el INE contó con los recursos financieros para producir una boleta que facilitara el sufragio del electorado.
En consecuencia, la autoridad electoral aprobó un mal diseño de las boletas, ya que se incluyeron múltiples errores en la confección de los elementos configurativos, tales como: i) tamaño, ii) medidas de seguridad, iii) instrucciones de votación, iv) presentación de candidaturas, v) forma de sufragar y vi) uso de marcadores. Estas anomalías podrían producir repercusiones en la participación electoral, en la votación, en el escrutinio y cómputo de votos y en los recuentos d ellos sufragios.
El tamaño si importa
El Consejo General del INE determinó que las boletas que se utilizarán para la elección de las personas ministras de la SCJN tendrán un tamaño carta (21.59 cm de ancho por 27.94 de altura). Mientras las papeletas para los comicios de las personas magistras del TDJ y del TEPJF tendrán una medida de media carta (13.97 cm de altura por 21.59 de ancho -ver imagen 1-).

Los múltiples tamaños de las boletas representarían una carga para las personas electoras, ya que deberán manejar con destreza una boleta grande y, por el momento, tres papeletas pequeñas. Esta heterogeneidad de dimensiones podría provocar un retraso en la emisión del voto, el olvido de marcar el sufragio en alguna boleta y el depósito de papeletas en urnas incorrectas.
Dado que cada boleta contendrá un sinnúmero de candidaturas, la ciudadanía tendrá que leer, buscar y hallar, entre una larga lista, a la candidatura de su preferencia; no obstante, los tamaños de las boletas harán que esta tarea sea más complicada, pues las letras utilizadas en los nombres serán pequeñas y con poco espaciado. Lo óptimo hubiera sido tener boletas de tamaño doble carta.
El tamaño de las boletas podría complicar la nueva forma de sufragar, dado que no se utilizaría el marcado con algún símbolo, sino que la ciudadanía tendrá que anotar el número de la candidatura en los recuadros que, dado las proporciones de las boletas, son pequeños y constriñen a las y los sufragantes a tener una buena caligrafía, circunstancia que complicaría el voto en las casillas.
Asimismo, el tamaño de las boletas condicionaría el escrutinio y el cómputo de los votos, debido a que la escritura de los números de las candidaturas se hará en un espacio reducido, la ciudadanía podría asentar números indescifrables y/o incomprensibles, lo que podría implicar nulidad de votos, errores en el cómputo, retraso en los trabajos y confrontaciones entre el funcionariado de casilla.
Sin medidas de seguridad
El INE aprobó que las boletas se fabricarán en papel seguridad. Este tipo de papel es elaborado con una serie de medidas que imposibilitan su réplica, tales como: una marca de agua identificable a contraluz, fibras ópticas visibles y fibras ópticas ocultas. Además, el productor del papel seguridad determinará una medida de seguridad adicional, que solo él conocerá, y que la entregará al INE en un sobre cerrado. Asimismo, no podrá generar un papel que contenga los colores utilizados en las boletas.
Sin embargo, en una cuestionable decisión, la autoridad electoral determinó que si el TEPJF ordenara impresiones adicionales de las boletas, estas serían impresas en un papel seguridad alternativo o en papel bond con medidas de seguridad impresas y reforzadas. 3 Esto es un caso inédito en la historia comicial, ya que el INE nunca se había aprobado una decisión que afectase la certeza de la autenticidad del voto y la inalterabilidad de la voluntad de la ciudadanía.
En este tenor, la decisión del INE merma la confianza en la inmutabilidad de los sufragios y podría revivir a viejos fantasmas -fraude electoral- en sus múltiples representaciones como el embarazo de urnas, 4 la catafixia, 5 el taco de votos, 6 el relleno de urnas, 7 el urnazo, 8 entre otras prácticas. Sin lugar a duda, la autoridad electoral proporciona motivos para que en el imaginario colectivo se generen percepciones de que las elecciones jurisdiccionales no son un ejercicio democrático.
Votar a ciegas
Cambiar la forma de votar requiere que la boleta contenga instrucciones sencillas, claras y precisas que eliminen la posibilidad de que la ciudadanía se equivoque al momento de emitir su voto y que reduzcan el tiempo que utilizan las personas electoras para sufragar. Aun cuando las papeletas judiciales contienen un par de instrucciones para emitir el voto (ver imagen 2), las ordenanzas son imprecisas e incompletas, lo que podría generar votos nulos y sufragios errados.

La instrucción que consiste en “seleccione su candidato” podría generar que la ciudadanía no escriba los números de las candidaturas de su preferencia, sino que marque, encierre, tache o resalte los nombres de las personas postulantes predilectas, lo que, dado el exiguo espacio entre los nombres de las candidaturas, podría generar votos nulos y/o que el sufragio se cuente a favor de una candidatura no deseada.
Habrá que recordar que pocas personas leen las instrucciones, generalmente se quedan con la primera orden y omiten leer las demás disposiciones o mandatos. Es por ello, que esta instrucción pasa por alto señalar el número de votos que deberá emitir la ciudadanía, lo que podría producir que las personas sufragantes sufraguen por un menor o un mayor número de cargos y/o que escriban en los recuadros el número de identificación de las candidaturas sin tomar en cuenta el género.
La instrucción que reside en “escriba el número correspondiente a cinco mujeres” y “escriba el número correspondiente a cuatro hombres” utilizan letras en lugar de números, mandato que no es gráfico, identificable o recordable, lo que podría causar que las personas electoras sufraguen por un menor o un mayor número de cargos.
Asimismo, estas ordenanzas no especifican que en cada recuadro se deberá anotar un sólo número de identificación, lo que podría ocasionar que las personas electoras anoten dos o más números de identificación de candidaturas en un recuadro o que asienten los números de identificación de las candidaturas por fuera de los recuadros, lo que podría anular el voto, dado que la voluntad de la persona electora sería irreconocible derivado de una escritura indescifrable.
¿Dónde está mi candidatura?
En las elecciones de judiciales la ciudadanía tendría que elegir 19 candidaturas entre un universo de 171 aspirantes (ver tabla 1). Situación que contrasta con los comicios presidenciales en donde la ciudadanía tuvo que elegir una candidatura entre 3 aspirantes, o bien, en las elecciones legislativas las personas sufragantes tuvieron que seleccionar una candidatura entre 3 a 5 opciones.

Las boletas no contendrán los logos de los partidos políticos, situación que complejizará la emisión del voto de la ciudadanía, ya que -generalmente- las personas sufragan por los partidos políticos y no por las candidaturas. En nuestro país las y los electores ubican el logo partidista para marcar su voto, en pocas ocasiones dedican tiempo para leer el nombre de las personas postuladas.
Lo anterior obligaría al electorado a leer, localizar, reconocer el número de identificación y escribir dicho número en los recuadros correspondientes (ver imagen 3), procesos que tendrán que repetirse en 9 ocasiones en las elecciones de la SCJN y 5 veces en los comicios del TDJ y del TEPJF. En otras palabras, las boletas impondrán mayores cargas a la ciudadanía para emitir su voto.

La emisión del voto, hasta el momento, en cuatro boletas y las altas de cifras de candidaturas generarían un aumento en el tiempo que utiliza el elector para la emisión de su voto, que pasaría de 3 minutos a 9 minutos, 9 ya que la ciudadanía tendría que localizar y seleccionar a sus candidaturas predilectas entre decenas de aspirantes.
La demora en la emisión del voto tendría como consecuencia largas filas en los centros de votación, lo que desincentivaría la asistencia de las personas para emitir su sufragio, ya que podrían no ir a votar, o bien, podrían abandonar la fila. El INE ha establecido que en las casillas podrían votar hasta 4000 personas y que en promedio instalaría 10 mamparas electorales lo que significaría que si acuden a sufragar 2,400 votantes (60 %) se requerirían de 36 horas para que las personas voten.
De marcas a números
El gran cambio en la forma de votar que imponen las boletas reside en que la ciudadanía ya no expresaría su voto a través de una marca, sino que lo haría a través de la escritura de un número. Esta modificación tiene varios problemas que tienen el potencial para convertirse en obstáculos y/o barreras para que las y los electores ejerzan su derecho al sufragio y para el funcionario de casilla desempeñe sus atribuciones de manera sencilla y sin dilaciones.
La escritura del número implica el dominio de la lectura y la escritura por parte de las personas sufragantes, ya que para localizar a la candidatura de su preferencia deberán de leer la totalidad de los nombres de los aspirantes a juzgadores, posteriormente deberán encontrar el número de identificación y finalmente anotar dicho número en el recuadro correspondiente.
Empero, no todas las personas dominan la lectura y la escritura, dado que 4.5 millones de personas son analfabetas, 10 lo que representa una barrera para este sector de la población. Aunque el INE contempla que estos sufragantes puedan ser auxiliados por una persona de su confianza o un funcionario de casilla, dicha ayuda podría retrasar la emisión del voto del elector. Además, la imposición de la lectura y la escritura podría desanimar la asistencia a las urnas de este sector poblacional.
Asimismo, la escritura de los números de identificación de las candidaturas podría complicar el escrutinio y el cómputo de los votos, ya que el funcionario de casilla tendría que convertirse en perito grafólogo para determinar si una persona asienta un 1 o un 7, un 3 o un 8, un 4 o un 9 y 5 o un 6. La imprecisión y la vaguedad en la escritura de estos números podría anular los votos, registrar el sufragio a favor de una candidatura no deseada por el elector, así como, retrasar escrutinio y el cómputo de los votos.
También se debe precisarse que en las elecciones judiciales no existirá la figura del representante de las candidaturas ante las casillas, por lo que las personas aspirantes a juzgadores no tendrán la posibilidad de defender un voto emitido a su favor, esto podría generar desconfianza e incertidumbre sobre la autenticidad de los cómputos en casilla y de los recuentos de votos.
Lo barato sale caro: bolígrafos para votar
Para ahorrar dinero el INE sustituyó el uso de marcadores especiales por bolígrafos comunes, este remplazo eliminó una medida de seguridad y certeza que reforzaba la autenticidad del sufragio, misma que fue utilizada desde el proceso electoral de 1994. Sin embargo, la medida de austeridad podría tener efectos nocivos sobre la voluntad de la ciudadanía.
En procesos electorales pasados, la autoridad electoral señaló que la tinta de los bolígrafos puede distorsionar el sentido del sufragio, ya que en algunas regiones del norte del país el calor intenso hace que la tinta manche la boleta y no se pueda identificar con claridad el voto. Asimismo, en otras regiones del sur del país suele llover con intensidad, lo que ha ocasionado que las urnas se mojen, circunstancia que estropea la marca realizada con un bolígrafo por la ciudadanía.
Los contextos enunciados fueron utilizados por el INE para fabricar un marcador que evitará la distorsión del voto de la ciudadanía por cuestiones de condiciones climáticas, lo que facilitaba al funcionariado de casilla el proceso de computo y escrutinio de los votos. Además, este marcador espacial se constituía como un mecanismo de salvaguarda de la certeza, la seguridad y la autenticidad del voto, ya que impedía que el sufragio fuese alterado.
Al usar los bolígrafos comunes la ciudadanía no tendrá la certeza de que su voto no será alterado por las condiciones climáticas y/o por una conducta humana, ya que la escritura de los números realizada con bolígrafos puede ser modificada con facilidad –un 1 puede cambiarse a 7, un 3 puede alterarse a 8, un 4 puede transformase en 9-. Esta ausencia de certeza podría generar desconfianza en los resultados de las elecciones judiciales.
La autoridad electoral dejó en estado de incertidumbre e indefinición el diseño de las boletas que se usarían en las elecciones de las personas magistradas de circuito y juzgadores de distrito, debido a que estos documentos comiciales eran complejos y confusos para que la ciudadanía emitiera su sufragio sin dilaciones ni dificultades. Si votar en las boletas de ministros y magistrados será complicado, sufragar en las papeletas de jueces será aun más complejo, pero esto es otra historia.
* César Hernández González (@ZezarHG) es especialista en derechos humanos, democracia y elecciones.
1 Cfr. INE/CG2500/2024
2 Tanto de la Sala Superior como de las cinco Salas Regionales.
3 Cfr. Considerando 53 del acuerdo INE/CG2500/2024.
4 Agregar votos en la urna a favor de un partido político antes del inicio de la votación.
5 Cambiar las boletas, se deposita una boleta falsificada en la urna y se extrae la boleta que se entrega en la casilla.
6 Depositar en la urna un rollo de boletas falsas previamente marcadas a favor de un partido político.
7 Funcionarios de casilla y/o las representaciones de partidos políticos introducen votos apócrifos a favor de una candidatura.
8 Sustituir la urna con otra que contenga votos favorables a un partido político.
9 Calculo previsto por el INE a través del ejercicio de simulacros.

La presentación de Benito Martínez Ocasio en el show de medio tiempo del Super Bowl el domingo estuvo marcada por mensajes y símbolos que evocaban la cultura latina y puertorriqueña. La bandera tuvo un rol destacado.
“Aquí mataron gente por sacar la bandera, por eso yo la llevo donde quiera”.
Bad Bunny se tomó muy en serio este verso de su canción “La MuDANZA” cuando el domingo, durante el show de medio tiempo del Super Bowl, ondeó con orgullo la bandera de Puerto Rico en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.
Lo hizo ante la mirada de millones de personas en todo el mundo, cantando casi por completo en español y en el momento en que denunciaba los constantes cortes de luz que sufren los puertorriqueños en la isla.
El artista suele ofrecer presentaciones meticulosas, donde cada detalle está calculado, y esta ocasión no fue la excepción.
“La bandera puertorriqueña no es solo un símbolo de afirmación nacional; también es una herramienta de resistencia frente al colonialismo”, sostuvo el historiador Jorell Meléndez-Badillo en un artículo de 2019.
Al interpretar su éxito “El apagón”, rodeado de una escenografía que aludía al maltrecho sistema eléctrico boricua, Benito Martínez Ocasio empuñó una versión muy específica de la monoestrellada: la azul celeste.
Dicha variante del diseño está vinculada al movimiento independentista puertorriqueño y, en general, a quienes buscan marcar una diferencia cultural con la estadounidense.
Sin embargo, la bandera oficial es la azul oscuro, adoptada en 1952, cuando se creó el Estado Libre Asociado, la forma de gobierno propio con poderes limitados aprobada por el gobierno de EE.UU. para Puerto Rico.
Esa fue la versión que en 2020 Jennifer Lopez, al presentarse junto a Shakira, también usó en el show del medio tiempo del Super Bowl.
La cantante sorprendió entonces al público al abrir su vestuario decorado con la bandera estadounidense para revelar en su interior la boricua.
Pero, más allá del debate del color, la bandera de la isla guarda una historia de persecución que es la que el artista expone en su música.
La bandera puertorriqueña fue diseñada en 1895 por Antonio Vélez Alvarado, un periodista y político que militaba en el Comité Revolucionario de Puerto Rico, grupo de boricuas que, a su vez, formaba parte del Partido Revolucionario Cubano.
El partido, fundado por José Martí en Nueva York, buscaba la independencia de Cuba y Puerto Rico, las últimas dos colonias españolas en América.
Con la intención de mostrar unidad, al diseñar la bandera puertorriqueña el periodista se inspiró en la cubana, pero invertida: franjas rojas y blancas, triángulo azul y estrella blanca.
La bandera boricua fue presentada al propio Martí en una cena, según el historiador puertorriqueño Joseph Harrison Flores en entrevista con el diario El Nuevo Día.
“Las dos islas… juntas han de salvarse o juntas han de perecer”, habría dicho el escritor y revolucionario, según los documentos estudiados por el autor de “Historia de la bandera puertorriqueña: del conflicto a la certeza”.
Hay historiadores que afirman que el azul de aquella primera versión era celeste y estaba inspirado en la bandera del Grito de Lares, un alzamiento de puertorriqueños contra España que tuvo lugar en el municipio de Lares, en el centro de la isla, en 1868.
Pero Harrison Flores argumenta que, en realidad, era azul oscuro y que años más tarde los grupos independentistas fueron quienes cambiaron su tono.
Mientras que Cuba alcanzó la independencia que deseaban los exiliados en Nueva York, Puerto Rico fue cedido a EE.UU. al final de la guerra hispanoamericana en 1898.
Décadas después, en 1948 y con la intención de sofocar los movimientos independentistas, el gobierno local de Puerto Rico aprobó la Ley 53 o la Ley de la Mordaza.
Esta disposición coartaba la libertad de expresión, prohibía apoyar públicamente la independencia, imprimir información relacionada o participar en algún grupo con esta inclinación.
Y, por supuesto, hacía ilegal poseer, exhibir o incluso tener en el hogar una bandera de Puerto Rico.
La pena por violar la ley podía ser de hasta 10 años de cárcel.
Fue derogada en 1957, pero sus efectos culturales y psicológicos persisten y aún son motivo de discusión en Puerto Rico.
Por eso no es casualidad que Bad Bunny insista en este símbolo, no solo en “La MuDANZA”, sino también en “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”:
“No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai/Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái“.
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