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Seguridad: nadie disputa el futuro
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Ruta Crítica
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto... Continuar Leyendo
2 minutos de lectura
Seguridad: nadie disputa el futuro
Cuando se habla de soluciones posibles, la atención pública es raquítica, comparada a la que provoca la narrativa de las violencias mismas.
31 de agosto, 2020
Por: Ernesto López Portillo

El problema no es que la gente crea en la política de seguridad hegemónica en México, el problema es que nadie crea que puede haber otra. De lo que se habla es de los brutales costos de esta política destructiva que no reduce las violencias, más bien las reproduce, agudiza y diversifica (asómense a estos recientes conversatorios donde analizan la multiplicidad de las violencias). No se habla a cielo abierto de alternativa creíble alguna.

Los estudios de opinión lo confirman una y mil veces desde hace décadas: la inmensa mayoría no cree en las promesas, las políticas y las instituciones responsables de la seguridad pública.

Hay propuestas, muchas, que fluyen en circuitos ínfimos; lo que no hay son narrativas que las hagan creíbles afuera. El principal motor de repetición de la política de seguridad anquilosada, caduca y dañina es que la oferta y la exigencia de alternativas, por decirlo así, no prende ni un cerillo. Vaya, ni siquiera hay un lenguaje creíble que nombre cuál es o cuáles pueden ser las puertas de salida a las violencias.

Hay movimientos emergentes que enfrentan desde la base social las violencias y que muestran ejemplos de rutas hacia la construcción de la seguridad ciudadana y la paz. Hay un crecimiento explosivo de saberes en la base de esas luchas, que enseñan aprendizajes de valor incalculable, de cara a un contexto donde nadie le cree nada a nadie cuando de reducción de las violencias se habla.

He comprobado en medios y en redes sociales por muchos años, de hecho, que cuando se habla de soluciones posibles, la atención pública es raquítica, comparada a la que provoca la narrativa de las violencias mismas.

El animal se muerde la cola: las violencias se reproducen porque no hay alternativas creíbles y no hay alternativas creíbles porque las violencias se reproducen.

Es una especie de punto muerto en la historia: no avanzamos hacia otra ruta porque nadie es capaz de disputar la vía que asegura la única política de seguridad conocida por la inmensa mayoría.

No está en disputa un futuro distinto para la seguridad.

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