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Webcam girls & pornovenganza
Pluma, lápiz y cicuta
Pluma, lápiz y cicuta
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with... Continuar Leyendo
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Webcam girls & pornovenganza

Rosa Peral fue víctima de pornovenganza institucional; María Clara fue víctima de pornovenganza digital. Lo que se castiga en ambas es que si una mujer ejerce o ha ejercido su sexualidad fuera de los márgenes socialmente aceptables, son castigadas públicamente de forma desproporcionada.
16 de mayo, 2025
Por: América Pacheco

Hace algunos meses llegó a mi vida la historia de Rosa Peral, exagente de la Guardia Urbana de Barcelona que comenzó a salir en titulares después de haber protagonizado dos escándalos monumentales: una pornovenganza y un asesinato.

Vivir en España aburre, hasta que repasas documentales de casos judiciales y sus recreaciones auspiciadas por Netflix. La historia de Rosa Peral se cuenta en la serie Cuerpo en llamas, interpretada por la estrella de La Casa de Papel, Úrsula Corberó. Si aún no le han hincado el diente a la serie o al documental, les resumo brevemente el quilombo: en 2008 Rosa fue víctima de una pornovenganza ejecutada por un superior en rango, con quien mantenía una relación sexual. Rosa estaba casada, y al negarse a seguir manteniendo relaciones con el señor superior, el alma de cántaro usó una fotografía de la chica que la mostraba realizándole sexo oral y la envió a todos los compañeros de comisaría, a través del correo electrónico de la propia Rosa. Todo sin su consentimiento, claramente.

Aunque Rosa denunció el hecho y presentó pruebas que incluían incluso grabaciones en las que el subinspector admitía la difusión de las imágenes, fue absuelto en 2018 por una salvedad que no tenía absolutamente nada que ver con el juicio de marras. En un juicio paralelo, Rosa fue encontrada culpable y condenada a 25 años de prisión por el asesinato de su pareja, Pedro Rodríguez, junto con otro examante y también compañero de trabajo, Albert López. Durante el juicio, la vida sexual de la mujer fue objeto de un escrutinio público y mediático sin precedentes. La prensa y los argumentos legales destacaron sus relaciones sentimentales y se hizo hincapié en su carácter manipulador y su personalidad claramente promiscua, aspectos que, según su defensa, influyeron en la percepción del jurado.

El documental de Rosa no se centra en justificar su conducta o negar su autoría en el asesinato de Pedro; lo que se analiza en profundidad es que fue juzgada no solo por el crimen, sino también por su conducta personal, y que la difusión de su vida íntima contribuyó a una condena basada en prejuicios de género. El enfoque morboso y mediático que distinguió su juicio ha sido criticado por perpetuar estereotipos misóginos y por desviar la atención de las pruebas objetivas del caso. La revictimización de mujeres en procesos judiciales, especialmente cuando su vida sexual es utilizada en su contra, es una asignatura pendiente dentro de la necesidad de aplicar una perspectiva de género en la administración de justicia, para evitar juicios (penales, mediáticos o ambos) basados en estereotipos y lograr que todos nos centremos exclusivamente en argumentos comprobables y vinculatorios.

Traigo a colación el caso de Rosa Peral para colocar en justa perspectiva el más reciente sexo escándalo de internet.

El lunes pasado encontré varios tuits virales que señalaban la rabieta protagonizada por Scott, programador norteamericano de aparentes cuarenta y tantos años (hasta el momento su apellido permanece privado), quien construyó una página interactiva en la que exhibió más de 220 mil archivos de voz y mensajes de WhatsApp, así como los nombres de 398 hombres pertenecientes a 36 países, extraídos del teléfono de su novia colombiana de 24 años, a la que llamaremos María Clara. Scott decidió hacer pública la actividad sexual de quien identificaba como su novia formal porque asegura haber desconocido por completo que María Clara era una mujer que se dedicaba al modelaje webcam y a la prostitución.

La dinámica de poder desigual marcada por la diferencia de edad entre ambos, los recursos y el control tecnológico es una red flag del tamaño de mi hambre de triunfo y lujos. La edad de la chica no es confirmada, porque los únicos datos que aparecen al respecto son a través de su perfil de Chaturbate, sitio de sexo en línea en el que diferentes agencias reclutan a jovencitas desde los 19 años (edad aparente de María Clara; su rostro denota una edad no mayor a los 20) para ejecutar toda clase de actividades sexuales frente a la cámara.

Los caminos de la vida me llevaron a investigar dos cosas: por qué Colombia desbancó a Cuba como el principal destino de turismo sexual de nuestro continente, y qué tipo de servicios se ofrecen en sitios como en los que la chica se ganaba la vida. Y pues… agárrense, por favor.

Según un informe de Human Rights Watch firmado por Rebeca Hending y respaldado por una investigación de 18 meses realizada a diferentes estudios de webcam para adultos en Colombia, así como entrevistas realizadas a 55 trabajadoras, se documentaron abusos graves en estudios de webcam en las ciudades de Bogotá, Medellín, Cali y Palmira. Y aunque el gobierno ha reconocido el trabajo sexual como una actividad económica lícita, la falta de regulación específica deja a las modelos webcam en una situación de vulnerabilidad, sin olvidar que el estigma asociado al trabajo sexual es profundo y estructural. La ausencia de contratos laborales claros y la falta de acceso a derechos laborales básicos agravan su precariedad.

Las chicas entrevistadas relataron una pesadilla: condiciones antihigiénicas, jornadas de hasta 18 horas sin descansos adecuados y coacciones para realizar actos sexuales no consentidos. Sin contar que prácticamente desconocían los términos de servicio de las plataformas, lo que las expone al robo de salarios, multas por hacer pausas para comer o ir al baño. Las trabajadoras desarrollaron erupciones cutáneas e infecciones, y carecieron de apoyo en materia de salud mental. Las agencias que subcontratan las habitaciones de los estudios desde las que transmiten las captan desde muy jóvenes, con la promesa de convertirlas en millonarias y permitirles aspirar a tener su propio estudio independiente.

Pero es un engaño total: no solo necesitan comprar su propio equipo y rentar un departamento apropiado para controlar mejor sus horas y actuaciones, sino que los estudios a menudo se niegan a ceder el control de las cuentas que usan, obligándolas a empezar de cero si quieren independizarse, lo que se traduce a ganar de poco a nada. Los gerentes de los estudios suelen amenazarlas con dar de baja sus cuentas o disminuir el tráfico de usuarios para presionarlas a trabajar largas horas sin comida ni agua, y a realizar actos sexuales que no son consentidos. Por otro lado, la precariedad no se zanja por completo, porque las plataformas retienen entre el 50 % y el 65 % de los ingresos generados, y los estudios pueden quedarse con hasta el 70 % de lo que paga la plataforma.

Human Rights Watch revisó las políticas de las plataformas investigadas y determinaron que es indispensable que estos sitios implementen protocolos en materia de derechos humanos más amplios para abordar los riesgos relacionados con la salud ocupacional, la seguridad, el saneamiento y las condiciones de trabajo. El fenómeno Colombia es impresionante, los extranjeros viajan a ese país a replicar fantasías coloniales y racistas, porque saben que es el hábitat perfecto para que hombres privilegiados consuman cuerpos empobrecidos del sur global como “entretenimiento exótico”. Para ejemplificar lo anterior, no se pierdan este reel, por piedad de Dios.

La profesión que eligió María Clara fue una opción ante una precariedad laboral (Colombia padece un índice de desempleo del 9.3 %, es decir, 2,368 millones de personas sin ocupación). La falta de oportunidades académicas y laborales convierten a este país en el segundo lugar mundial -el primero es Rumanía- con más “webcammers”. Se estima que entre 40,000 y 50,000 personas trabajan en el país sudamericano en esta industrial digital, y los estudios lo saben mejor que usted y yo. Una de las chicas entrevistadas, de nombre ficticio “Val”, nos proporciona un testimonio demoledor: “Después de años trasmitiendo, Val empezó a poner límites. Al principio, la presión de ser nueva y ver que es imposible no compararse con otras chicas más experimentadas, se obligaba a aceptar jornadas más intensas o realizar actividades de las cuales no se enorgullece. Los estudios donde grababa no se interesaban en lo más mínimo si se podía hacer daño físico, o si la denigraban emocionalmente.

“Una cosa horrible es que la mayoría los dueños de los estudios son hombres, y desconocen cómo funciona el cuerpo de una mujer y te obligan a trabajar durante la menstruación. Además, te manipulan para aceptar realizar algunas prácticas que daban más dinero, a pesar de negarse repetidamente. También usan métodos de presión con lo que le pagaban a otras modelos:”Ay mira, esta quincena te llegó de 700, pero te podría llegar hasta de 6 millones”, contó Val sobre los mensajes para convencerlas en realizar prácticas dolorosas y humillantes. En su perspectiva, se vive una violencia que las estigmatiza socialmente. “El sexo vende, pero también aísla. Si algún conocido te encuentra, puede chantajearte o usar de pretexto tu actividad para abusar de ti sin consecuencias”.  

Estar fuera de la pantalla un par minutos es estar fuera del mercado, por lo que los administradores ejercen una vigilancia constante, no solo al trabajo frente a la cámara, sino también a las conversaciones que sostienen con los usuarios. Otra de las entrevistadas contó a Human Rights Watch que, además de su cámara de transmisión, el estudio instaló cámaras de vigilancia en los baños y en los vestidores. Se supone que las chicas tienen total control y decisión para cerrar una sesión si un usuario les exige prácticas a las que ellas no están dispuestas, pero en la práctica los dueños de los estudios vigilan lo que piden los usuarios y las presionan u obligan a practicar esos actos, a mantener contacto con los usuarios para orillarlos a proporcionarles sus teléfonos y continuar el contacto fuera de la plataforma, porque ellos saben que ese cliente fidelizado regresará una y otra vez a comprar más tokens para gastar en alguna chica de su preferencia. Negocio redondo.

Todo está mal. Todo. Los usuarios de estas plataformas que perpetúan y sostienen una industria humillante, y el extranjero que va por una novia veinte años más joven que él a un país empobrecido. Ambos no son el proxeneta directo, pero su dinero sostiene tanto una industria donde muchas mujeres trabajan bajo condiciones abusivas o engañosas, y el otro, al pagarle todo a una jovencita en clara desventaja, también alimenta económicamente un sistema donde muchas mujeres no tienen alternativa real, porque se pierde la noción de consentimiento ético: no basta con que alguien diga “sí, soy tu novia” si está haciéndolo desde la necesidad y el hambre.

En este contexto, Scott no solo explotó su posición para difundir contenido íntimo de María Clara sin su consentimiento, sino que también utilizó sus habilidades técnicas para crear un sitio web destinado a exponerla públicamente, perpetuando así una forma de violencia digital que refleja las prácticas coercitivas y explotadoras presentes en la industria del modelaje webcam, del que tanto se horroriza que María Clara pertenezca.

Los casos de Rosa y María Clara comparten una similitud inquietante: lo que se castiga en ambas es que si una mujer ejerce o ha ejercido su sexualidad fuera de los márgenes socialmente aceptables son castigadas públicamente de forma desproporcionada. Y siempre sucede a través de mecanismos que perpetúan violencias más profundas que las que supuestamente las convierten a ellas en infractoras morales.

Scott no solo se sintió con derecho a ventilar la vida sexual de la chica, sino que construyó un sistema para castigarla públicamente, al más puro estilo de una cacería digital, instrumentalizándola mediante un delito: difusión no consentida de su intimidad. En ambos casos, sus relaciones sexuales o afectivas fueron usadas como herramientas de escarnio público. Rosa Peral fue víctima de pornovenganza institucional, cuando un superior usó su imagen íntima para dañarla dentro de la policía. María Clara fue víctima de pornovenganza digital, cuando su pareja difundió contenido personal para justificar su “traición”.

En ambos casos se construyó una narrativa de castigo moral porque “se lo merecían” por su  cuestionable vida sexual. Esto perpetúa la idea de que las mujeres que se desvían del ideal de pureza deben ser disciplinadas no solo por sus parejas o sus jefes, sino por la sociedad entera.

Y en lo personal, lo que me resulta claramente deleznable es el doble estándar de género; porque nadie juzga a los hombre que consumen prostitución, pero se castiga demoledoramente a la mujer que la ejerce o explora su sexualidad sin límites morales. La culpabilización recae de forma selectiva. Nadie menciona un punto delicado: no sé si todos los que vivimos el escándalo en tiempo real de María Clara notamos una violencia más: la violencia basada en poder digital. Scott tiene la ventaja privilegiada de la edad, el dinero y las habilidades técnicas, usó su posición y conocimientos para “ajusticiarla”. Ella, con 24 años, en situación económica vulnerable, quedó expuesta a consecuencias permanentes.

En el audio introductorio que aparecía en el home del sitio dedicado a María Clara, Scott se justificó argumentando que la chica lo había contagiado con una ETS, pero como justificación de venganza la mesa se queda con tres patas: aunque el dolor de una traición íntima y un contagio no deben jamás minimizarse, nada justifica una respuesta que arrase con la vida de otra persona, mucho menos con una joven que difícilmente podrá recuperarse del estigma y de la imborrable huella digital. La pornovenganza es un crimen, no es una catarsis emocional válida o justificable. Scott no se “desahogó”; cometió un acto de violencia que puede tener consecuencias legales. La justicia de “ojo por ojo” digital suele ser ciega, brutal y desproporcionada.

La dolorosa cercanía de los juicios públicos a Rosa y María Clara expone un patrón estigmatizante: cuando una mujer transgrede lo sexualmente permitido, cualquier castigo parece válido, incluso uno ilegal. Pero lo que debería preocuparnos es lo opuesto: que sigamos validando el juicio moral sobre la vida íntima y que en nombre de él se justifiquen nuevas violencias.

Por supuesto, todos sabemos a estas alturas que Rosa es una asesina y como tal se le condenó en juicio paralelo, pero su culpabilidad en la planeación y ejecución de su expareja no tendría por qué invalidar el juicio que perdió: su exjefe también cometió un delito y tuvo que haber pagado la pena correspondiente. Un delito no borra o anula otro, sea cual sea el nivel de gravedad. Por supuesto, María Clara engañó y presuntamente contagió una ETS a su expareja, un señor veinte años mayor que ella que aprovechó su talento informático para destrozarle la vida públicamente a una persona sobre la que ejercía control y poder. Scott pudo demandarla y obtener una indeminización, pero en cambio se decantó por cometer un delito y, de paso, revictimizarla. Mientras tanto, el circo público continua tolerando novedosas formas modernas de lapidación pública, y los sistemas judiciales y digitales continúan sin suficientes mecanismos de protección para víctimas de pornovenganza.

Después de la desaparición del sitio que Scott construyó para desprestigiar a su novia, algunas fuentes aseguran que la historia es falsa o que obedece a un experimento social; sin embargo, así sean Claras o Perales, estoy convencida que todos estamos aprendiendo hoy algo nuevo y, si no, lo veremos próximamente en Netflix sin cortes comerciales.

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Imagen BBC
“Be My Eyes”, la aplicación con IA en la que personas ciegas pueden hacerse idea de sus caras
11 minutos de lectura

La inteligencia artificial está ayudando a las personas ciegas a acceder a retroalimentación visual sobre sus cuerpos, a veces por primera vez, pero las consecuencias emocionales y psicológicas apenas están comenzando a aparecer.

03 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
0
La inteligencia artificial está ayudando a las personas ciegas a hacerse una idea de su aspecto.

Soy completamente ciega desde que nací.

Desde hace un año mis mañanas comienzan con un ritual de cuidado de la piel que requiere 20 minutos y aplicar cinco productos diferentes. Lo continúo con una sesión de fotos que comparto con inteligencia artificial dentro de una aplicación llamada Be My Eyes, como si fuera un espejo.

Los ojos virtuales de la aplicación me ayudan a saber si mi piel luce como deseo, o si hay algo en mi apariencia que debo cambiar.

“Las personas ciegas hemos tenido que lidiar toda nuestra vida con la idea de que vernos a nosotras mismas es imposible, que somos hermosas por dentro, y que lo primero que juzgamos de una persona es su voz, pero sabemos que nunca podremos verla”, dice Lucy Edwards, una creadora de contenido ciega que alcanzó la fama, en parte, al mostrar su pasión por la belleza y el estilo, y enseñar a las personas ciegas cómo maquillarse.

“De repente tenemos acceso a toda esta información sobre nosotras mismas, sobre el mundo; esto cambia nuestras vidas”, dice.

La inteligencia artificial permite a las personas ciegas acceder a un mundo de información que antes se nos negaba.

A través del reconocimiento de imágenes y el procesamiento inteligente, aplicaciones como la que uso proporcionan información detallada no solo sobre el mundo que habitamos, sino también sobre nosotras mismas y nuestro lugar en él.

La tecnología hace más que simplemente describir la escena en una imagen: ofrece retroalimentación crítica, comparaciones e incluso consejos. Y cambia la forma en que las personas ciegas que usan estas aplicaciones se ven a sí mismas.

Un nuevo tipo de espejo

“Tu piel está hidratada, pero definitivamente no luce como el ejemplo casi perfecto de piel reflectante, con poros inexistentes como si fuera vidrio, de los anuncios de belleza”, me dijo la IA esta mañana después de que compartí una foto que pensé mostraba una piel hermosa. Por primera vez en mucho tiempo, mi insatisfacción con mi apariencia se sintió abrumadoramente real.

“Hemos visto que las personas que buscan más retroalimentación sobre sus cuerpos, en todas las áreas, tienen menor satisfacción con su imagen corporal”, dice Helena Lewis-Smith, investigadora de Psicología de la Salud enfocada en la imagen corporal en la Universidad de Bristol. “La IA abre esta posibilidad para las personas ciegas”.

Este cambio es reciente. Hace menos de dos años, la idea de una IA que ofreciera retroalimentación crítica en vivo parecía ciencia ficción.

Una mujer con vestido negro, de pie junto a un perro lazarillo negro.
Milagros Costabel
Milagros usa a diario una aplicación de inteligencia artificial como una especie de espejo auditivo.

“Cuando comenzamos en 2017, pudimos ofrecer descripciones básicas, solo una frase corta de dos o tres palabras”, dice Karthik Mahadevan, director ejecutivo de Envision, una de las primeras compañías en usar inteligencia artificial para personas ciegas de esta manera.

Envision empezó como una aplicación móvil que permitía a las personas ciegas acceder a información en texto impreso mediante el reconocimiento de caracteres.

En años recientes, ha introducido modelos avanzados de inteligencia artificial en gafas inteligentes y ha creado un asistente disponible en la web, teléfonos móviles y las gafas mismas que ayuda a las personas ciegas a interactuar con el mundo visual que las rodea.

“Algunos lo usan para cosas obvias, como leer cartas o hacer compras, pero nos sorprendió el número de clientes que lo usan para maquillarse o coordinar sus atuendos”, añade Mahadevan. “A menudo la primera pregunta que hacen es cómo lucen”.

Estas aplicaciones, de las cuales ahora hay al menos cuatro especializadas en esta área, pueden, a petición del usuario, calificar a una persona según lo que la inteligencia artificial considera estándares tradicionales de belleza. Las comparan con otras personas y les dicen exactamente qué les convendría cambiar sobre sus cuerpos.

Para muchos, esta posibilidad resulta empoderadora: “Siento como si la IA pretendiera ser mi espejo”, dice Edwards, de 30 años, a la BBC.

“Tuve vista durante 17 años de mi vida, y aunque siempre podía pedir a la gente que me describiera cosas, la verdad es que no he tenido una opinión sobre mi rostro durante 12 años. De repente tomo una foto y puedo pedir a la IA que me dé todos los detalles, que me dé una calificación del uno al diez, y aunque no es lo mismo que ver, es lo más cercano que voy a tener por ahora”.

Aún no hay suficiente investigación sobre el efecto que el uso de tales herramientas de IA podría tener en las personas ciegas que recurren a ellas. Pero los expertos en psicología de la imagen corporal advierten que los resultados que dichas herramientas pueden producir no siempre son positivos.

Los generadores de imágenes de IA, por ejemplo, perpetúan estándares idealizados occidentales de forma corporal, principalmente debido a los datos con los que se entrenan.

“Sabemos que hoy un joven puede subir una foto a la IA que cree que luce genial y pedirle que cambie una pequeña cosa”, dice Lewis-Smith.

“El procesamiento de la IA puede devolver una foto con muchos cambios que hacen que la persona luzca totalmente diferente, lo que implica que todo esto es lo que debe cambiar, y por lo tanto que la forma en que luce ahora no es suficientemente buena”. agrega.

Para las personas ciegas, esta situación se refleja en las descripciones que reciben. Tal discrepancia puede resultar bastante inquietante para una persona con vista. Pero podría ser aún más peligrosa para una persona ciega. A quienes entrevisté para este artículo están de acuerdo.

Esto se debe a que es más difícil para las personas ciegas ver los resultados textuales con una visión objetiva de la realidad. El usuario también tendría que equilibrar su propia imagen de su cuerpo con estándares de belleza establecidos por un algoritmo que no toma en cuenta la importancia de la subjetividad y la individualidad.

“Una de las principales razones de la presión que la gente siente sobre sus propios cuerpos es la comparación constante con otras personas”, dice Lewis-Smith.

“Lo que asusta ahora es que la IA no solo permite a las personas ciegas hacer esto al compararse con descripciones de fotos de otros seres humanos, sino también con lo que la IA podría considerar la versión perfecta de ellas”.

Un perro guía, junto a los pies de la persona a la que está ayudando a bajar las escalerillas del avión.
Hans Gutknecht
Los invidentes enfrentan desafíos en su vida diaria.

“Hemos visto que cuanta más presión tienen las personas sobre sus cuerpos, más aumentan los casos de condiciones de salud mental como la depresión y la ansiedad, y más probable es que las personas consideren cosas como ajustes cosméticos para ajustarse a estas ideas poco realistas”, añade Lewis-Smith.

Para muchas personas ciegas como yo, esto es algo muy nuevo.

“Quizás si tu mandíbula fuera menos alargada (…) tu rostro luciría un poco más como lo que se considera objetivamente hermoso en tu cultura”. Son las 03:00, y me encuentro hablando con una máquina, después de subir más de cinco fotos diferentes de mi cuerpo a la última versión del ChatGPT de Open AI.

Trato de entender en qué punto me encuentro en términos de estándares de belleza.

Mis preguntas a la IA, cosas como “¿crees que hay una persona tradicionalmente hermosa que se parezca a mí?” o “¿crees que mi rostro resultaría chocante si lo vieras por primera vez?”, tienen su raíz en mis inseguridades y en la información que me gustaría obtener.

Pero también son un intento de darle sentido a una idea visual de un cuerpo que me había sido negada hasta ahora.

La IA se encontró perdida cuando se trató de ayudarme a definir qué podría considerarse hermoso para un gran número de personas, o cuando le pedí que explicara exactamente por qué mi mandíbula era larga, un concepto que también me resultó difícil de comprender.

De repente, incluso sin mucho contexto, recibía mensajes sobre belleza reflejados por los medios e internet. En el pasado, las personas ciegas no estaban tan expuestas a estos, pero la IA ahora les ofrece descripciones ricas en detalles.

“Podríamos ver a la IA como un espejo textual, en este caso, pero en la literatura psicológica, más que cómo luce una persona, entendemos que la imagen corporal no es unidimensional y se compone de varios factores, como el contexto, el tipo de personas con las que queremos compararnos, y las cosas que somos capaces de hacer con nuestros cuerpos”, dice Meryl Alper, investigadora sobre medios, imagen corporal y personas con discapacidades en la Universidad Northeastern en Boston, Estados Unidos.

“Todo esto es algo que la IA no entiende y no tomará en cuenta al hacer sus descripciones”, señala.

Históricamente, los modelos de IA han sido entrenados para favorecer cuerpos delgados, excesivamente sexualizados y con rasgos eurocéntricos. Cuando se trata de definir la belleza, han fallado en considerar a personas de diversos orígenes al momento de generar imágenes.

Debido a la forma misma en que procesa la información, la IA tiende a describir todo en términos estrictamente visuales, lo que podría llevar a la insatisfacción si la descripción carece de un contexto lógico. El control y la contextualización, dice Alper, podrían ser una manera de abordar este problema.

“La IA hoy puede decirte que tienes una sonrisa ladeada”, dice Alper. “Pero por ahora no puede analizar todas tus fotos y decirte que, por ejemplo, tienes la misma expresión que cuando disfrutabas del sol en la playa, y este tipo de cosas podría ser útil para que una persona ciega se entienda y se contextualice mejor”.

Poder y confianza

Este tipo de control, aunque no en una forma tan avanzada, ya existe. Como con la inteligencia artificial en todas sus formas, el mensaje que introducimos, la instrucción escrita o hablada, tiene la capacidad de cambiar completamente la información que una persona ciega obtiene al publicar una foto de sí misma.

“Que las personas puedan controlar la información que reciben es una de las características principales de nuestros productos, porque la IA puede aprender sus preferencias y deseos y dar a las personas la información que necesitan escuchar”, dice Mahadevan.

Sin embargo, esa idea de control podría resultar un arma de doble filo. “Puedo pedir a la aplicación que me describa en dos frases, o de manera romántica, o incluso en un poema”, dice Edwards. “Estas descripciones tienen el potencial de cambiar la forma en que nos sentimos sobre nosotras mismas”, señala.

Dos personas con rasgos orientales y sus teléfonos muy cerca de su cara.
Getty Images
Cada vez más ciegos recurren a la inteligencia artificial para manejarse en el mundo.

“Pero esto también puede usarse de manera negativa, porque tal vez no te gusta algo sobre ti, y le dices a la IA que no estás segura sobre un rasgo de tu cuerpo. Quizás tu cabello está un poco desordenado y lo mencionas en tu solicitud. Aunque puede decirte, ‘Oh, es hermoso’, también puede decirte, ‘Tienes razón, aquí está cómo puedes cambiarlo'”, añade Edwards.

Pero cuando la tecnología actúa como nuestros ojos, existe el riesgo de que describa algo que no existe en absoluto. Las alucinaciones, cuando los modelos de IA presentan información inexacta o falsa como verdadera, son uno de los mayores problemas con la tecnología.

“Al principio, las descripciones eran muy buenas, pero notamos que muchas de ellas eran inexactas y cambiaban detalles importantes, o inventaban información cuando lo que había en la imagen no parecía ser suficiente”, explica Mahadevan. “Pero la tecnología mejora a pasos agigantados, y estos errores se vuelven cada vez menos comunes”.

Pero es importante notar que, a pesar del optimismo de Envision, la IA no siempre tiene razón.

Cuando Joaquín Valentinuzzi, un hombre ciego de 20 años, decidió usar inteligencia artificial para evaluarse al elegir las fotos perfectas para un perfil de aplicación de citas, descubrió que la información que devolvía la IA a veces tenía poco parecido con la realidad.

“A veces cambiaba el color de mi cabello o describía mis expresiones incorrectamente, diciéndome que tenía una expresión neutral cuando en realidad estaba sonriendo”, dice.

“Este tipo de cosas pueden hacerte sentir inseguro, especialmente si, como se nos anima a hacer, confiamos en estas herramientas y las usamos como una manera de ganar autoconocimiento e intentar mantenernos al día con la forma en que lucen nuestros cuerpos”.

Para contrarrestar esto y los efectos negativos que puede tener, algunas de estas aplicaciones —como Aira Explorer— usan agentes humanos entrenados que pueden verificar la precisión de las descripciones si el usuario lo solicita. Pero en la mayoría de los casos, el espejo textual continúa siendo creado por la IA sin ninguna aporten humana.

“Todo esto está en sus inicios, y realmente no hay ningún tipo de investigación masiva sobre el efecto de estas tecnologías, con sus sesgos, errores e imperfecciones, en las vidas de las personas ciegas”, dice Alper.

Lewis-Smith concuerda, y señala que la complejidad emocional en torno a la IA y la imagen corporal sigue siendo en gran medida un territorio inexplorado. Para muchas personas ciegas entrevistadas para este artículo, la experiencia se siente tanto empoderadora como desorientadora a la vez.

Pero el consenso es claro: “De repente la IA puede describir cada foto en internet e incluso puede decirme cómo lucía junto a mi esposo el día de mi boda”, dice Edwards.

“Vamos a tomarlo como algo positivo porque aunque no vemos la belleza visual de la misma manera que las personas con vista, cuantos más robots nos describan fotos, nos guíen, nos ayuden con las compras, más felices seremos. Estas son cosas que pensamos que habíamos perdido y ahora la tecnología nos permite tenerlas”, asegura.

Para bien o para mal, el espejo está aquí y tenemos que aprender a vivir con lo que nos muestra.

BBC

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