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El futuro de los pecados capitales
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Lo que quiso decir
Rubén Aguilar Valenzuela: Socio fundador de Afan y Asociados, S.C. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor... Continuar Leyendo
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El futuro de los pecados capitales
¿Qué provocarán la lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia en los seres humanos los próximos 100 años? Edward Ludwig Glaeser, profesor de Economía en la Universidad de Harvard, explica el desarrollo de estos pecados en su análisis “Prosperidad y sociedades sobreprotectoras”.
05 de agosto, 2014
Por: Rubén Aguilar

Edward Ludwig Glaeser (Nueva York, 1967) es profesor de Economía en la Universidad de Harvard. Su especialidad es la economía urbana. Su libro El triunfo de la Ciudad: ¿Cómo nuestro mayor invento nos hace más ricos, más inteligentes, más verde, más saludable y más feliz? (2011), resume años de investigación sobre la papel que las ciudades desempeñan en la promoción del desarrollo y los logros de la humanidad.

Uno de sus más recientes artículos, “Prosperidad y sociedades sobreprotectoras” aparece en In one hundred years: leading economists predict the future, editado por Ignacio Palacios-Huerta (Massachusetts Institute of Technology, 2013). En él ofrece su visión del mundo en los próximos 100 años y hace un interesante análisis de cuál es el futuro de los pecados capitales (lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia). Algunos de sus planteamientos resultan provocadores y discutibles. A continuación ofrezco una síntesis del mismo.[1]

Introducción

El famoso ensayo de Keynes, “Posibilidades económicas para nuestros nietos”, previó correctamente que el futuro sería más próspero que en los días de la Gran Depresión. Pensó, de manera incorrecta, que esa prosperidad resolvería los problemas económicos concentrándonos en la libertad de la persona. En su visión, la riqueza traería consigo una revolución ética en la que se retomarían principios virtuosos y religiosos, rechazando la codicia, la usura y el detestable amor por el dinero.

Hoy día las personas creen que sus problemas económicos no han sido resueltos incluso en los países desarrollados. Se continúa trabajando largas jornadas para mantener las finanzas familiares estables y el 60% de los estadounidenses califica su situación sólo como razonable o pobre. Ganar dinero es una prioridad por encima del mejor uso que se pueda dar al descanso y ocio. La visión de Keynes sobre la virtud económica venciendo la avaricia y la usura parece risible después de la crisis reciente.

El ensayo de Keynes recuerda los riesgos de la predicción, pero la pregunta importante no es saber lo que pasará sino lo que puede salir mal. El primer paso es evaluar debidamente los riesgos potenciales que puede tener la prosperidad futura. En 2113 el mundo será mucho más rico que el actual. Las tendencias van a favorecer a los hábiles y afortunados, pero aún los más pobres van a experimentar mejorías significativas. El escepticismo, con todo, se mantiene sobre cualquier cambio fundamental en la codicia humana.

Existe, con todo, un margen para que las cosas resulten terriblemente mal, y que el mundo del 2113 no sea más próspero que el de 2013. Los riesgos importantes son de hechura humana como la destrucción, el terrorismo a gran escala y las pandemias que rápidamente pueden expandirse gracias a un planeta interconectado. No hay que temer a la falta de energéticos, porque el aumento de sus precios motiva la innovación y modificación de hábitos de consumo. El peor riesgo sería la intervención de los gobiernos por mantener los precios. En el primer mundo hay que preocuparse por las instituciones débiles y por la incapacidad para desarrollar a las naciones emergentes. En el futuro ambos factores pueden acarrear conflictos sociales graves.

Un próspero y desigual futuro

Mucho de lo que Keynes escribió en 1930 se hizo realidad y se puede ampliar más allá de Estados Unidos. Él prestó poca atención al capital humano. La correlación entre educación y éxito económico se clarificó en el curso del siglo XX. En 2001, Estados Unidos contaba con el 26% de mano de obra calificada, entre 25 y 39 años, con educación superior, pero ahora supera el 32%. En China el nivel de escolaridad pasó de 4.9 años en 1990 a 7.5 en 2010. En el mismo periodo la India pasó de 3.0 a 4.4 años de estudio.

Otro cambio importante es la innovación en la manufactura y tecnología de producción. Los economistas le han atribuido a estos factores un rol preponderante en el desarrollo económico. El avance que tuvieron las industrias de 1800 y primeras décadas de 1900 se mantiene. En Estados Unidos la industria creció 6.3% en 2010 y 2.1% en 2011. En China 15% al año entre 1992 y 2007.

Las novedades más importantes se han dado, por mucho, en el campo de las tecnologías de la información. Resulta todavía más impresionante el uso creativo de las nuevas aplicaciones tecnológicas desde dispositivos portátiles. Éstos facilitan la innovación en sí misma al incrementar el flujo de ideas. Las fuentes de información están disponibles al alcance de una pantalla y se usan en la creación de nuevas herramientas o sistemas de consulta.

¿Cómo esta riqueza cambiará nuestras vidas? Keynes y Galbraith imaginaron vidas donde crecía el tiempo para el esparcimiento, pero no ha sido así. Existen varias razones para explicar el por qué esta predicción no se hizo realidad. La más obvia es el efecto del aumento de la productividad que motiva a consumir más bienes y servicios de ocio, y eso provoca trabajar más. Es cierto también que los avances tecnológicos hacen del trabajo una actividad más placentera y menos difícil.

La tendencia es que las mujeres participen más en el mercado laboral. Los cambios tecnológicos permiten reducir el tiempo de las labores domésticas como cocinar, planchar y lavar. Si en 1965 las mujeres dedicaban al hogar 22.3 horas a la semana, en la actualidad ocupan sólo 8.6 horas para cumplir esa labor. Así, la oportunidad de las amas de casa de atender su hogar e ingresar al mercado laboral incluso con empleos de tiempo completo es una gran innovación.

El optimismo en el futuro exige que la riqueza que se genere implique expansión democrática. Los estudios demuestran la clara correlación entre prosperidad y democracia. Así, la generación de riqueza tiende a fortalecer y ampliar la democracia. A esto se agrega el elemento educativo como explicación del fortalecimiento de las instituciones. Si lo anterior es correcto, hay que esperar un mundo más próspero y democrático en el futuro.

Es fácil imaginar intervenciones políticas, a gran escala, para reducir la inequidad económica. Éstas pueden ser benignas tomando la forma de inversiones inteligentes en educación y políticas que recompensen el trabajo. Existe también la posibilidad de imaginar inversiones torpes que desalienten al emprendedor mediante niveles exagerados de tributación y también políticas públicas que desalienten la actividad económica de los más pobres y propicien su inactividad.

Si los salarios de la mano barata continúan depreciándose y los sistemas de seguridad social siguen manteniendo a los desocupados es muy probable que en el futuro haya una importante población desempleada y una permanente generación de adultos desocupados. Una boyante sociedad será capaz de mantener los costos de la seguridad social de este grupo, pero dado el sólido vínculo entre empleo y satisfacción personal, estos desempleados seguirán siendo un grupo infeliz en medio de un mundo opulento.

En 2113, la oportunidad de los Estados Unidos, vale para todos los países, para evitar la inequidad y los efectos de la inactividad económica, es que la educación funcione como un sistema eficiente en la formación de habilidades técnicas y trabajo calificado basado en la competencia. Los estudios arrojan que del resultado del sistema escolar dependen los ingresos en la adultez, y una mejoría significativa en el desempeño se debe a la contratación de buenos y hábiles maestros.

Sólo la innovación tecnológica ofrece la oportunidad permanente de incrementar la tasa de escolaridad y productividad, además de reducir la inequidad. Esta será el mal a vencer porque si bien es mal vista desde una perspectiva rawlsiana, la investigación revela que ésta es causa de homicidios, insalubridad e infelicidad generalizada.

Un futuro desigual no es del todo malo ya que las grandes fortunas pueden financiar la filantropía. En el futuro se anticipa mucho de la misma. La inequidad en la distribución de la riqueza provee suficientes incentivos para trabajar duro e innovar en un mundo próspero. Aun así, la desigualdad es un efecto colateral que genera la riqueza gracias a la innovación tecnología y el capital humano.

Acumulación de riqueza y el carácter moral de la humanidad

¿Acumular mayor riqueza cambiará el carácter de nuestros ciudadanos? Keynes predijo que la avaricia y el materialismo serían menos prevalentes en un futuro próspero. El autor sostiene que no importa que tan acaudalada sea la humanidad futura, seguirá siendo integrada por criaturas con la misma mezcla entre bien y mal. Desde la perspectiva tradicional, sospecha que incrementar la riqueza no aminorará ninguno de los pecados capitales: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.

Mientras Keynes favorecía la idea de un placer agregado, todo indica que la humanidad siempre tendrá a trabajar y enriquecerse aún más. La envidia muestra signos de continuidad. Una industria dedicada a la farándula y el chisme continúa enganchando a la gente hacia la vida de los más afortunados. Raramente las personas admiten su envidia, y aunque las encuestas no reflejen los verdaderos deseos de las personas, en un nivel próximo de confidencia, se sabe de negatividad que despierta la buena fortuna de los demás.

Sobre la glotonería y la lujuria. La obesidad sugiere que la primera está presente. En relación a los actuales hábitos alimenticios se está entre dos industrias: La que ofrece comidas rápidas y ricas. La que ofrece alternativas para bajar de peso. La innovación tecnológica va a producir alimentos nuevos y ricos que fomentan la obesidad. Los teólogos medievales, dice el autor, no pensaron que el combate a la glotonería traería un presente de gente que busca alimentos bajos en calorías.

¿Nuevas tecnologías en la salubridad significan cambios en nuestra libido? Tendencias generales muestran una tendencia creciente en los Estados Unidos hacia la monogamia. Las enfermedades de transmisión sexual hacen menos atractivas las relaciones extramaritales. En el futuro el deseo sexual no será ni más ni menos prevalente que ahora.

Sobre la ira, el autor concuerda con Steven Pinker sobre una sociedad menos violenta. Las ciudades en Estados Unidos son más seguras de lo que antes eran; pero viejos odios permanecerán. La tendencia natural de crear grupos y desarrollar sentido de pertenencia genera susceptibilidades a las creencias negativas de grupos foráneos.

La revolución tecnológica en la información permite una mayor exposición a las ideologías. La evidencia muestra que, al intercambio generando por la misma, estas ideas se adecuan a la realidad del individuo que las recibe. De tal manera que tanto empatía como antagonismo tienen las mismas posibilidades de desarrollarse entre la sociedad, eso hace difícil predecir si habrá más o menos odio en décadas por venir.

Por último está la soberbia. Mientras algunos psicólogos argumentan que la autoestima ha aumentado dramáticamente hacia una generación del Yo, otros piensan que los cambios han sido marginales. Un análisis a las líricas de canciones populares de 1980 a 2007 muestra un aumento en el uso del Yo, lo que puede significar un aumento del narcicismo.

Los cambios tecnológicos y la generación de riqueza han provocado que los padres prioricen en sus hijos los logros personales más que las relaciones interpersonales (la humildad) que se favorecen al interior de grupos. La continuidad de estas tendencias difícilmente disminuirá el sentimiento de soberbia.

Economía sobreprotectora

La prosperidad significa que las personas se encuentran satisfechas con el estatus quo y muestran nulo interés por modificarlo. Mientras los individuos reducen sus decisiones entorno a la protección de su espacio vital, es preocupante esperar medidas de sobreprotección desde la esfera política. Políticas que pueden traducirse en gastos de defensa, seguridad social y regulaciones que bloqueen el ingreso de nuevos emprendedores.

La lógica económica básica sugiere que los individuos encuentran más deseable el gasto en protección que correr el riesgo de pérdidas en nuevos proyectos. Los ricos gastarán más en seguros, coberturas y otros instrumentos que reduzcan su posibilidad de perder patrimonio. También existe evidencia que el sector público se protegerá de cualquier cambio, y el costo de esa protección puede ser cuantioso.

El término de la Guerra Fría significó un dividendo de paz, pero Estados Unidos en realidad gastó 56% más en 2011 que en 1991 en material de guerra. Esta inversión es aberrante dado el contexto internacional de estabilidad, pero con el incremento de la riqueza y la necesidad de sentirse seguros hace que se destinen importantes sumas, para protegerse del exterior. Quizá por la experiencia de conflictos en décadas anteriores.

Otro aumento se da en la seguridad social donde la importancia de la cobertura supera la eficiencia de su objetivo. En Estados Unidos, aunque han surgido nuevos programas de cobertura social, para las clases bajas y medias, el número de estos siguen siendo menores a las estructuras de países europeos. La evaluación de resultados de estos programas no sugiere mejora significativa en el bienestar de la sociedad.

Esto por los malos hábitos e insalubridad de los individuos y el aumento en el número de procedimientos médicos que ahora pueden ser respaldados por dinero público. Banalidades como la cirugía estética, por ejemplo, es parte de la crítica sobreprotectora a estos servicios. En algún momento deberán replantearse los términos en que la seguridad social está operando. Al final, el costo económico será superior al costo político de haber enfrentado la reestructura de un gasto ineficiente.

 

 

 

[1] La traducción del artículo original es de Rodrigo Islas Mariaüd.

 

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