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El desplome, directo y sin escalas
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Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy... Continuar Leyendo
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El desplome, directo y sin escalas
La cultura cortesana, cuya expresión más típica es: ‘A sus órdenes, Jefe…’, representa la principal vía de acceso hacia la prosperidad profesional entre políticos y empresarios de abolengo. No es un gran descubrimiento, pero casos recientes –y conspicuos- confirman que la única forma de avanzar a lo grande en México es dejando la autocrítica en el acceso de entrada al estamento social de los que mandan.
16 de marzo, 2015
Por: Daniel Gershenson
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En principio, desahogo con ustedes una inquietud: cuento una anécdota.

Ayer domingo, y gracias a la invitación de amigos y amigas mexicanas de origen armenio, tuve oportunidad de acudir a un servicio religioso especial en la Catedral Metropolitana. Se recordaba el genocidio perpetrado, a partir del 24 de abril de 2015, por órdenes de funcionarios del Comité de Unión y Progreso en el Imperio Otomano, en contra de esa comunidad. Cien años de un evento que marcó irremisiblemente la historia del resto del siglo veinte, y que en la actualidad sigue siendo motivo de controversia con el gobierno turco, mismo que a la fecha niega tajantemente sus responsabilidades.

La conmemoración forma parte de una serie de actividades relacionadas con esta tragedia -la primera de muchas campañas de exterminio nazi contra poblaciones como la de religión judía en la Segunda Guerra Mundial, o la de los jemeres rojos en Camboya de 1975 al 79, o la de los Hutu contra los Tutsi en Ruanda en tres meses hace casi 21 años, o la de la población indígena de Guatemala implementada por el ejército y gobierno de ese país, o la más reciente de los Janjaweed contra la población negra de Darfur, en Sudán del Sur- que incluye funciones de cine, exposiciones, veladas culturales, conferencias y que culminará con una magna exposición en el Museo de la Memoria y Tolerancia a mediados de abril próximo.

Un nutrido grupo de representantes religiosos y sociales armenios viajaron ex profeso de los Estados Unidos para participar en la ceremonia presidida por Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México y cabeza visible de la iglesia, más numerosa -en términos de feligresía- de cualquier país hispanohablante.

Foto vía Proceso
Foto vía Proceso

Damos la bienvenida a los armenos [sic]’, sentenció el alto jerarca eclesiástico en su homilía, cuando menos dos veces, hasta que algún compañero en el altar debió haberse apresurado a señalarle la pronunciación correcta del vocablo.

No entiende uno, hasta recordar que #estamosenMéxico, por qué diablos Rivera se abstuvo de tomarse la mínima molestia de consultar en Wikipedia, o solicitar -en su caso- a alguno de sus allegados, le compartieran la correcta pronunciación del gentilicio antes de la misa.

No será la primera, menos la última ocasión que se exhiban las limitaciones (diríase que ostentadas con orgullo) del personaje de marras. Hace 18 años, a Salvador Guerrero Chiprés –en ese entonces, reportero que publicó las primeras noticias sobre el pederasta Marcial Maciel para La Jornada– le tocó ser receptor directo de la ira non sancta del representante más visible de la Iglesia Católica en México a partir de 1995.

‘–Hay acusaciones contra el padre Maciel. Se van a presentar mañana también en televisión, ¿qué opinión tiene de ellas?

Sudoroso, irritado, Rivera Carrera respondió, volteándose para ver al reportero colocado a su espalda: ”Son totalmente falsas, son inventos y tú nos debes platicar cuánto te pagaron” (La Jornada, 12 de mayo de 1997).

Casi dieciocho años después del desaguisado, sobra decir que, por supuesto, Norberto Rivera no recurrirá al más mínimo Mea Culpa por su robusta defensa del fundador de los Legionarios de Cristo.

Un profundo examen de conciencia, o el ejercicio elemental de respeto hacia sus invitados y feligreses, le es ajeno por completo.

No es motivo de mayor sorpresa la reafirmación del perfil de un dignatario como el arzobispo, que ha compuesto de la subordinación lacayuna, una obra de filigrana, su única e imprescindible ‘cualidad’. La antítesis del compromiso social que iluminó, por ejemplo, la vida de Monseñor Óscar Arnulfo Romero (1917-80), arzobispo de San Salvador asesinado durante la guerra civil hace casi tres décadas y media; hombre asociado con las causas justas, recién beatificado por El Vaticano.

Podría sostenerse, sin temor a equivocación, que es debido al agachonismo ramplón y la ignorancia cultivada en extremo que Norberto Rivera pudo obtener tan alta investidura; una que le rinde, a él y a todo lo que representa, incontables dividendos materiales.

Proceso
Proceso

 

La trayectoria de Eduardo Medina Mora, flamante ministro de la Suprema Corte de Justicia de México no es demasiado diferente de la de su contraparte eclesiástica. Es como un espejo del siglo (profundamente retrógrado, dadas sus querencias religiosas) de la de Norberto Rivera. Él también supo confeccionar un vasto currículum donde las habilidades rastreras -en CISEN, la Policía Federal, PGR y las embajadas del Reino Unido y EEUU): totalmente ajenas de las cualidades que sí se respetan en otros lugares, pero que en México son obstáculos infranqueables y que aquí son garantía irrenunciable al momento de designarlo y aprobarlo -violando todas las normas y el sentido común elemental- como ministro inamovible de la Corte hasta 2030.

El voto en la Cámara Alta: 83 sufragios del PRI y sus rémoras, junto con un sector del PAN siempre dispuesto a servir al mandamás en turno (sea de su propio partido, o del modelo tricolor que apoya en tándem con la izquierda de mentiras), surtió el efecto deseado. Oficializó la voluntad de Enrique Peña Nieto a contrapelo de argumentos convincentes por parte de académicos, ciudadanos y ONG interesadas en consolidar la independencia de un Poder Judicial capaz y dispuesto a ser factor de equilibrio, y barrera que limite los excesos u ocurrencias de sus pares ante la embestida autoritaria.

El ignorante arzobispo, en su elemento. Plaza ‘Tlaxcoaque-Jodyalí’, octubre de 2012. Tlalpan Óptico
El ignorante arzobispo, en su elemento. Plaza ‘Tlaxcoaque-Jodyalí’, octubre de 2012. Tlalpan Óptico

¿Quién podría culpar a Rivera Carrera de presumir, frente a sus invitados armenios, su ignorancia supina? Mostró el mismo talante cuando tuve ocasión de cuestionarlo, durante los días álgidos del conflicto ciudadano e incondicionales de Heydar Aliyev –entre los que se encontraba, por cierto, Carlos Navarrete, hoy líder del PRD- y la ciudadanía, precisamente después de que bendijo dos ‘campanas por la paz’ donadas por la embajada de Azerbaiyán en México, colocadas en las torres de la pequeña parroquia que se encuentra en la Plaza Tlaxcoaque del Centro Histórico, territorio libre y soberano de la propaganda, merced a las generosísimas gestiones y buenos oficios de Marcelo Ebrard, donde se acusa a Armenia de haber cometido… un genocidio.

[La nota del diario Reforma es inexacta. Lo que en verdad le planteé a Rivera, respetuosamente, es que estaba avalando -con su sola presencia- una mentira histórica irrefutable].

Otro graduado de la escuela de la sumisión es Silvano Aureoles, ex diputado federal de ‘izquierda’, candidato perredista y casi seguro virrey de Michoacán (por obra y gracia del titular del Ejecutivo), defendiendo a la administración de Peña, con espada desenvainada, de perversas filtraciones que ponen en entredicho la vocación transparente y honesta, puramente retórica, del gobierno federal.

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Él defendió a EPN de ‘intentos por desestabilizar al gobierno’, en enero de 2015.

Medina Mora niega que fue informado por el gobierno norteamericano de los alcances del programa de importación y rastreo de armas de alto poder por parte de elementos del crimen organizado –conocido en inglés como Fast and Furious– de acuerdo a documentos de funcionarios del gobierno norteamericano en ese sentido. Su premio: uno de los once sitios de privilegio en la SCJN.

MVS despidió este domingo a Carmen Aristegui con el pretexto de nuevos ‘lineamientos’, diseñados únicamente para forzar su salida y ampliar la ‘cultura’ pusilánime de la opacidad y el cuatachismo, llave del éxito para contados, y corruptos, Gutierritos.

¿Alguien duda que abundan, en espera de ser descubiertos y divulgados, miríadas de escándalos como el de la Casa Blanca peñista (o el acueducto de Nuevo León, o el banco de César Duarte, gobernador de Chihuahua, o el de la Línea 12 en el DF, o el de los departamentazos de José Murat) y más inmuebles proporcionados por empresarios afectos del presidente, o su brazo derecho y secretario de Hacienda? Por eso le urge a la actual administración federal atracomulca cercenar reductos de prensa libre –y democracia sin concesiones- como Aristegui Noticias y sus rutas de acceso a la verdad.

Lo que está en juego es la certeza de que se afiancen instituciones subordinadas a los designios de Peña, y presidentes futuros; a sus valedores, y un puñado de plutócratas, y sus satélites semi ‘autónomos’ en las treinta y dos entidades que integran el rompecabezas nacional.

De persistir tanta degradación de la vida pública, aumentará nuestra caída hacia el Colapso; difícilmente lo sortearemos en el futuro previsible. La abyección se tornará, por instrucciones del primer mandatario, en suprema virtud. La mentira y el sometimiento, por su palabra repetida hasta el hartazgo, en el nuevo origen. Nuestra Independencia corregida y aumentada.

No esperemos, adicional insulto, que las soluciones a nuestros problemas provengan de cúpulas tan corruptas y complacientes como la de Norberto Rivera y sus émulos en la vida secular.

Y recordémosle, al ignaro prelado, cómo se escribe genocidio armenio, cuando el mes entrante se conmemore un siglo de su surgimiento.

Antes de que el dato, otra vez, se le vuelva a olvidar.

 

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