
Hoy escribo desde un lugar que me da mucha emoción y me permite darle sentido a lo vivido.
En 2024 fui entrevistada para una investigación académica sobre acoso y violencia en el ámbito académico. Como muchas otras mujeres, compartí una experiencia que durante mucho tiempo viví en silencio, convencida -como tantas- de que algo había hecho mal. Este año, ese estudio fue aprobado y publicado y confirma algo fundamental: no hicimos nada mal. El problema no éramos nosotras, el problema es una estructura institucional que posibilita, normaliza y en ocasiones premia la violencia contra las mujeres en la academia.
El artículo se titula Economías de legitimidad abusiva. Explicación sociológica de la violencia académica contra mujeres, y fue realizado por Carolina Espinosa Luna y Consuelo Corradi, investigadoras del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias UNAM y la Universidad LUMSA de Roma, respectivamente. El estudio analiza 133 entrevistas con mujeres de distintas disciplinas y etapas en su trayectoria académica .
Se trata de una aportación académica de enorme solidez analítica y metodológica que demuestra que la violencia académica no puede explicarse sólo por malas personas que actúan de manera aislada, vacíos normativos o culturas permisivas. Funciona, en realidad, como una economía: un sistema de intercambios desiguales, materiales, simbólicos y afectivos, sostenidos por redes de poder y legitimados socialmente.
El estudio muestra que el acoso sexual, el hostigamiento psicológico, la apropiación de autorías, la explotación laboral, el castigo a la maternidad o el descrédito público no son hechos aislados. Son prácticas que comparten una misma lógica: el uso asimétrico del poder académico para condicionar trayectorias, disciplinar personas y preservar jerarquías.
Las cifras son contundentes. Investigaciones previas citadas en el artículo señalan que entre 20 % y 86 % de las mujeres en entornos universitarios han experimentado algún tipo de violencia; sin embargo, el número de denuncias es bajo. No existen porque “no sea tan grave”, sino porque denunciar suele tener un costo académico, profesional y emocional altísimo. No denunciar es una forma de sobrevivir en ese entorno.
Aquí aparece una de las ideas más poderosas del estudio: la culpa, el miedo y la vergüenza no son solo consecuencias subjetivas de la violencia. Son engranajes activos que la sostienen. Muchas mujeres callan, se adaptan o se van no porque no sepan que lo que viven es injusto, sino porque han aprendido -a través de múltiples mensajes explícitos e implícitos- que hablar puede salirles más caro que guardar silencio.
Durante años, muchas mujeres atravesamos el acoso académico en soledad. Sin lenguaje, sin respaldo institucional, sin marcos colectivos que permitieran nombrar lo que pasaba. En ese vacío, la pregunta recurrente era casi siempre la misma: ¿qué hice mal?
Este estudio demuestra que la respuesta correcta era otra: nada. Bastaba con ser mujer y estar en una estructura académica en la que “… las economías de legitimidad abusiva, entendidas como relaciones de intercambio desiguales y generizadas -de bienes materiales, simbólicos y afectivos- ancladas en redes de poder y validadas mediante juicios sociales que legitiman la violencia”. Se trata de entornos en los que el acceso a becas, evaluaciones, publicaciones, ascensos o reconocimiento suele depender no solo del mérito, sino de la capacidad de adaptarse a reglas no escritas y a intercambios abusivos presentados como mentorías, oportunidades o exigencia formativa.
Leer este trabajo es, en ese sentido, reparador. No porque borre lo vivido, sino porque lo saca del terreno de lo anecdótico y lo coloca donde siempre debió estar: en el análisis de las responsabilidades institucionales y colectivas.
Al leer el estudio es imposible no pensar: ojalá hubiera existido el Me Too cuando lo viví. El Me Too no sólo permitió denunciar, permitió algo igual de importante: dejar de pensarse culpable. Hizo visible que lo que parecía una experiencia individual era, en realidad, un patrón compartido.
Hoy, investigaciones como esta dialogan con esa ruptura histórica. Nombrar, medir, analizar y teorizar la violencia académica es una forma de justicia. También es una advertencia: sin transformaciones estructurales, protocolos y discursos no son suficientes.
Quiero cerrar con una frase que se ha vuelto central en las luchas contra la violencia de género, atribuida a Gisèle Pelicot: la culpa y la vergüenza deben cambiar de bando.
En la academia, esto significa algo muy concreto: que la vergüenza deje de pesar sobre quienes denuncian, que la culpa no recaiga en quienes “no supieron manejar la situación” y que el costo deje de pagarlo quien habla y empiece a pagarlo quien abusa y quien encubre.
Mi profundo reconocimiento y agradecimiento a las investigadoras que hicieron posible este estudio y, sobre todo, a las otras mujeres que dieron su testimonio. Que lo que muchas vivimos en silencio haya servido para sembrar algo valioso es, en sí mismo, una forma de reparación.
Un recordatorio urgente y final. La igualdad de género y la creación de espacios seguros no son temas accesorios en la academia: son condiciones básicas de justicia, conocimiento y dignidad.

Unos 30 estados de EE.UU. enfrentarán condiciones meteorológicas severas por las nevadas y heladas que se pronostican para buena parte del país
Unos 160 millones de personas en Estados Unidos se preparan para ser golpeadas por “una tormenta invernal inusualmente grande y severa” que provocará un clima “potencialmente catastrófico” donde la nieve, lluvia helada y temperaturas polares afectarán a casi 30 estados del país.
El Servicio Meteorológico Nacional (NWS, por sus siglas en inglés) prevé que un “aire potencialmente mortal” se desplace lentamente desde las altas llanuras y las Montañas Rocosas hacia la costa este a partir del viernes y hasta principios de la próxima semana.
Los efectos del fenómeno, que según el NWS ya se están provocando fuertes nevadas en una zona de los Grandes Lagos que se extiende a lo largo de la frontera con Canadá, se harán sentir desde Nuevo México hasta Nueva York.
Algunos expertos afirman que tiene el potencial de ser la “tormenta que defina todo el invierno” y que podría “ser recordada por décadas”.
Los funcionarios de transporte estadounidenses, incluidas las autoridades aeroportuarias de varias ciudades importantes, han advertido a los viajeros que se preparen para retrasos por culpa de la tormenta.
En el invierno boreal es común que se produzcan tormentas. Sin embargo, la que se aproxima a EE.UU. es distinta, alertan desde el NWS y otros organismos similares.
“El hecho de que tengamos aproximadamente 2.900 kilómetros ininterrumpidos de alertas climáticas desde Arizona hasta la costa este demuestra la magnitud de esta tormenta”, afirmó Matthew Cappucci, meteorólogo de MyRadar a la PBS, la televisión pública estadounidense.
¿Pero cuáles son los factores que han provocado este inusual fenómeno? Geoff Coulson, meteorólogo del Departamento para el Medioambiente y el Cambio Climático de Canadá, apuntó a tres razones.
“Hay un río atmosférico que se desplaza desde la costa del Pacífico, cargado de precipitaciones. Ese sistema colisionará con el aire cálido y húmedo del Golfo de México y un vórtice polar que empuja el aire ártico desde Canadá hacia el sur profundo”, indicó a la estación CBC de Canadá.
“Esto le está dando a este sistema mucho con qué jugar”, alertó.
Los más probable es que la tormenta acarree todos los peligros climáticos invernales posibles: nieve intensa, hielo, lluvia y frío. No obstante, los expertos precisan que esto dependerá de la zona de EE.UU.
De entrada, el NWS pronosticó un “aire peligrosamente frío para más de la mitad de la población estadounidense”.
El organismo vaticina que la sensación térmica más fría podría estar por debajo de los -46 °C en las llanuras del norte, y que una zona mucho más amplia del sureste de EE.UU. también experimentará temperaturas bajo cero.
“Estas temperaturas bajo cero supondrán un riesgo mortal de hipotermia y congelación para la piel expuesta”, alertaron desde el organismo meteorológico.
El peligro no se limita a quienes permanezcan en el exterior, sino que podría alcanzar, incluso, a los que están dentro de las edificaciones, especialmente si la tormenta provoca cortes de electricidad generalizados que dejen a los hogares sin calefacción.
Los científicos también prevén que la tormenta arroje principalmente nieve -más de 30 cm en muchos casos- en una amplia franja del país, desde las llanuras del sur, pasando por el valle de Ohio, hasta la región del Atlántico Medio y el noreste.
De cumplir estos vaticinios, el transporte público terrestre y aéreo se verá severamente afectado.
En estados como Nuevo México, Texas o Arkansas las posibilidades de nieve son menores, pero allí enfrentarán otro riesgo: la lluvia helada y aguanieve.
“La combinación de importantes acumulaciones de nieve y hielo con el frío extremo podría provocar cortes de electricidad y carreteras congeladas que se prolonguen más de lo habitual después de una típica tormenta invernal”, alertaron desde el NWS.
Los científicos esperan que la tormenta tome fuerza a medida que se adentre en Texas y Nuevo México antes de desplazarse hacia el este, cubriendo de nieve ciudades como Memphis, Nashville, Washington D. C., Baltimore, Filadelfia y Nueva York.
Sin embargo, hasta el jueves en la noche los expertos no habían logrado determinar la trayectoria exacta de la tormenta y advertían que existía la posibilidad de que se desviara un poco más al norte o al sur.
Este detalle es importante porque aún no estaba claro dónde se situaría la línea divisoria entre la nieve y la lluvia helada, precisó Richard Bann, del Centro de Predicciones de College Park (Maryland), al diario The New York Times.
La tormenta llega a solo semanas del quinto aniversario de la que golpeó a Texas, en 2021, y que provocó el colapso de la red eléctrica dejando a millones de residentes sin suministro durante varios días. También el suministro de agua quedó afectado.
Aquel fenómeno se saldó con 250 fallecidos, según las cifras oficiales.
Seis años antes, otra tormenta invernal arrasó partes de Georgia y Carolina del Sur y dejó algunas zonas sin electricidad durante días.
Ahora las autoridades advierten de que las bajas temperaturas podrían volver a provocar interrupciones en los servicios de electricidad, agua y gas.
Las carreteras también podrían quedar bloqueadas durante días, especialmente en los estados del sur, que cuentan con equipos de descongelación limitados.
Se prevé que las bajas temperaturas persistan hasta la próxima semana.
Desde el NSW han instado a los ciudadanos a asegurarse de tener a mano provisiones comida, agua, medicamentos y otros artículos básicos para varios días para que puedan sobrellevar la tormenta.
Por su parte, el gobernador de Carolina del Norte, Josh Stein, declaró el estado de emergencia y animó a todos los habitantes del estado “a quedarse en casa y evitar circular por las carreteras este fin de semana, a menos que sea absolutamente necesario”.
*con información de Max Matza y James FitzGerald
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