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El rostro oculto del poder: narcisismo en la sociedad contemporánea
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Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a la fotografía y... Continuar Leyendo
6 minutos de lectura

El rostro oculto del poder: narcisismo en la sociedad contemporánea

Se calcula que entre un 6 % y un 15 % de la población mundial es narcisista, de acuerdo con especialistas. El narcisismo es una enfermedad de salud mental y se caracteriza por la falta de empatía y la capacidad para polarizar a las personas que les rodean. Mienten, responsabilizan a otros de lo que hacen, juegan a las víctimas, manipulan y son incapaces de aceptar críticas y que otras personas tengan puntos de vista diferentes. Creen tener siempre tienen la razón y las reglas que aplican para todas las personas no aplican para ellos. En el transcurso de su vida pueden afectar a 60 personas, o a millones si ocupan algún espacio de poder.
06 de febrero, 2024
Por: Claudia Calvin

Narciso fue ese joven de la mitología griega que, al ver su reflejo en el agua, se enamora de sí mismo y muere de sed y hambre porque no es capaz de despegarse un momento de su imagen. Probablemente si naciera hoy, no tendría que asomarse a un espejo de agua para ver su reflejo, se tomaría selfies sin parar y estaría el día entero viendo su imagen y feliz por tener likes y más likes.

El mundo hoy es un cultivo de narcisos: en el mundo digital, en la política, en el sector corporativo y en las relaciones personales. El trastorno de la personalidad narcisista es una enfermedad de salud mental en la cual las personas tienen un aire irrazonable de superioridad, creen merecerlo todo, tienen nula empatía por el resto de las personas y las visualizan como objetos para conseguir sus fines. Existen diversos tipos de narcisistas, desde las víctimas a los malignos, y existen distintos grados de narcisismo: desde el trastorno narcisista hasta la psicopatía narcisista.

No existe consenso en la cifra, pero entre las y los expertos se calcula que entre un 6 % y un 15 % de la población mundial es narcisista.* Si como señala el experto Iñaki Piñuel, cada persona con este trastorno o psicopatía afecta (por decirlo diplomáticamente) la vida de más de 60 personas aproximadamente, mientras camina sobre la Tierra, podemos empezar a darnos cuenta de la importancia de saber a qué nos referimos cuando hablamos de narcisismo y del efecto que tiene tanto en los individuos como en las sociedades y en los países.

A estas personas, que en su mayoría son hombres aunque existen también mujeres, es difícil diagnosticarlas porque “como ellos están bien y no tienen nada que cambiar”, difícilmente van a terapia o atienden sus problemas mentales. Normalmente van cuando su pareja les lleva a terapia de pareja, lo cual resulta en algo devastador para la víctima porque a menos que el o la terapeuta tenga conocimiento del abuso narcisista y el trastorno, pensará que es una persona con un gran ego y simplemente abordará la terapia como una terapia de pareja más, convirtiéndose en aliada del narcisista sin darse cuenta. Quienes conocen el trastorno o psicopatía saben que jamás deben atender en pareja cuando uno de los integrantes se ubica en ese ámbito y deben brindar apoyo específico para contrarrestar las secuelas del abuso en quien lo ha padecido o padece.

Normalmente se les detecta, a decir de expertos como Iñaki Piñuel o Duvarsula Ramani, a través de la sintomatología que empieza a manifestarse en sus víctimas (pareja, hijas e hijos, hermanos, padre o madre, jefes en la oficina, colaboradores o colegas). Los síntomas son diversos, pero se caracterizan, entre otras cosas, por la ansiedad, falta de sueño, desregulación del sistema nervioso, depresión, baja de la autoestima, pérdida de sentido de vida, entre otros.

Llegado a este punto podrías estarte preguntando querida lectora o lector, “¿y qué tiene esto que ver conmigo y con el mundo?”.

Te respondo con una pregunta: ¿crees que Hitler y Stalin tuvieron algún impacto en la historia de la humanidad y afectaron vidas? Pues ambos son casos claros de psicopatía narcisista. Hoy en el resto del mundo tenemos muchos ejemplos de líderes  narcisistas que toman decisiones que afectan a millones de personas y son endiosados por sus seguidores. Además de su característica falta de empatía, entre otros rasgos sobresalen su capacidad para polarizar a las personas que les rodean, para construir mundos falsos, mentir, hacer responsables a otros de lo que hacen, jugar a las víctimas, su sarcasmo, casi todos son infieles (una sola persona para alimentar su ego e inseguridad es insuficiente), manipuladores y son incapaces de aceptar críticas y que otras personas tengan puntos de vista diferentes. Parten de un principio: siempre tienen la razón y las reglas que aplican para todas las personas no aplican para ellos. Estas personas no sólo destrozan la vida de quienes les rodean, pueden acabar con países enteros.

Por ello resultan tan importantes hoy en día la psicoeducación y la construcción de liderazgos holísticos, humanos y emocionalmente inteligentes. Cuando una de las prioridades en el mundo hiperconectado es posar para las selfies y aparentar vidas de revista, algo grave está sucediendo en el mundo. Esta manera de entender el liderazgo y la popularidad no sólo está construyendo el camino del narcisismo galopante de nuestra sociedad, sino que está legitimándolo y justificándolo.

Resulta preocupante un mundo en el que las personas sólo son capaces de verse a sí mismas y en donde la realidad de las  y los demás les resulta irrelevante. La cuestión es que esta realidad le sucede no sólo a la ciudadanía de a pie, le sucede a los políticos, a las personas en el ámbito corporativo cuya eficiencia y estilo de liderazgo son justificados por sus buenos resultados y se deja de lado el efecto devastador que van dejando en las personas a su paso y en los entornos en los que habitan, ya sea laborales, familiares, académicos, etcétera.

Ojo, no todos los psicópatas son como Hannibal Lecter; de hecho, esos son la minoría y por ello existe la tipificación de psicópatas integrados. Están plenamente integrados a nuestra sociedad y van causando destrozos hasta que la gente se da cuenta y normalmente ya es muy tarde. El narcisismo y la violencia se han normalizado tanto en nuestras sociedades que sus comportamientos no se ven como algo fuera de lugar.

Un gran reto es cuando estas personas detentan el poder. Puede verse en líderes políticos cuyas decisiones parecen motivadas más por la autoafirmación que por el bien común, hasta dinámicas de género donde el poder y el control toman un papel central. Hay que comprender que  el narcisismo no es sólo un problema individual, hay que entenderlo como un factor que modela las relaciones interpersonales y las estructuras de poder.

En la política, este fenómeno puede observarse a través del ciclo de abuso narcisista, caracterizado por las fases de idealización, devaluación y descarte. Esto puede observarse en la manera en la que ciertos líderes interactúan con sus electores y otros actores políticos. Las consecuencias e impacto de este tipo de liderazgo son profundas, afectando desde la toma de decisiones hasta las relaciones internacionales. ¿Alguien duda que gran parte de la dinámica internacional de los últimos años es efecto de las decisiones y características de jefes de Estado y Gobierno que han antepuesto su visión personal y egoica a la visión de Estado de los países que representan y a nombre de los cuáles actúan o de personas cuya labor afecta el entorno global financiero? Siéntanse libres de poner los nombres que les vengan a la cabeza.

El narcisismo es un fenómeno complejo que requiere una comprensión multidimensional. Desde la política hasta las redes sociales, pasando por nuestras habitaciones y espacios de trabajo, sus efectos son palpables y devastadores.

Como sociedad, deberíamos educarnos más sobre esta realidad y hacerla visible para detectarla, contrarrestarla y fomentar liderazgos empáticos, holísticos y emocionalmente inteligentes.

 

* Resulta importante hacer una acotación aquí. Hay un debate entre las y los expertos en este trastorno respecto al porcentaje de la población que presenta esta psicopatía. El 6 % señalado se refiere a los casos de narcisistas diagnosticados,  lo cual no abarca al universo en su totalidad. Como los narcisistas difícilmente pueden ser diagnosticados, no se sabe a ciencia cierta el número; ellos no van a terapia “porque no tienen nada que modificar”. Normalmente los expertos los detectan a través de sus víctimas y de la sintomatología que éstas presentan. La Dra. Duvarsula Ramani dice que en Estados Unidos pueden ser entre 2 % y 6 % pero puede llegar hasta 30 % dependiendo de los indicadores que se tomen en cuenta.

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Imagen BBC
Muere a los 84 años Jesse Jackson, defensor de los derechos de los afroamericanos en EU y protegido de Martin Luther King
12 minutos de lectura

La influencia del activista estadounidense por los derechos de los afroamericanos se extendió desde las iglesias del sur profundo hasta la Casa Blanca.

17 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

Jesse Jackson, figura clave durante el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos en la década de 1960 y primer afroamericano que aspiró a la presidencia del país con un partido importante, murió este martes a los 84 años.

Jackson “falleció pacíficamente el martes por la mañana, rodeado de su familia”, señaló su entorno en un comunicado.

“Su inquebrantable compromiso con la justicia, la igualdad y los derechos humanos contribuyó a impulsar un movimiento global en favor de la libertad y la dignidad”, dijo la familia.

La causa de la muerte de Jesse Jackson aún no se ha confirmado, pero estuvo hospitalizado en noviembre y los médicos afirmaron que le habían diagnosticado una enfermedad degenerativa llamada parálisis supranuclear progresiva.

Protegido de Martin Luther King Jr., Jackson construyó su carrera en torno a la organización política y la mejora de las vidas de los afroamericanos, y se convirtió en una fuerza nacional durante sus dos campañas a la Casa Blanca.

Aunque otros afroamericanos aspiraron a la presidencia de Estados Unidos, Jackson fue el primero en obtener un éxito significativo en las urnas, lo que allanó el camino para quienes vinieron después, incluidos Barack Obama y Kamala Harris.

A lo largo de su carrera, Jackson creó un movimiento para unir a la población cada vez más diversa de Estados Unidos, con un mensaje centrado en los estadounidenses pobres y de clase trabajadora.

“Nadie más en el Partido Demócrata hablaba de una democracia multirracial y multiétnica”, afirmó Bernie Sanders en un acto celebrado en Chicago en agosto de 2024 en homenaje a Jackson.

“Este movimiento no solo pretendía unirnos, sino unirnos en torno a un programa progresista”, añadió el senador de Vermont.

Una foto en blanco y negro de Jesee Jackson joven.
Getty Images
Jesse Jackson habló en nombre de muchos estadounidenses negros que se sentían ciudadanos de segunda clase.

Jackson, un brillante orador, expresó las frustraciones de aquellos que se sentían ciudadanos de segunda clase en la democracia más próspera del mundo.

Su discurso en la Convención Nacional Demócrata de 1988, que terminó con el eslogan “mantén viva la esperanza”, se repetiría décadas más tarde en “esperanza y cambio” de la exitosa campaña presidencial de Obama en 2008.

Tras su histórica trayectoria en las campañas presidenciales, Jackson pasó a posicionarse como un estadista veterano dentro del Partido Demócrata.

Sin embargo, los últimos años de Jackson estarían marcados por el escándalo, incluidas las revelaciones de infidelidad matrimonial e irregularidades financieras que involucraban a su hijo y heredero político, Jesse Jackson Jr., que ocupó el cargo de congresista por Illinois.

En 2017, al anciano Jackson le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson y se retiró en gran medida de la vida pública. Posteriormente, ese diagnóstico se cambió por el de parálisis supranuclear progresiva, una enfermedad cerebral degenerativa con síntomas similares.

Protegido de Martin Luther King

Jesse Jackson en los inicios de su carrera. Está sentado en una oficina mirando directamente a la cámara.
Getty Images
La labor de Jesse Jackson en favor de los derechos civiles comenzó en la década de 1960.

Jackson nació como Jesse Louis Burns el 8 de octubre de 1941 en Greenville, Carolina del Sur, hijo de Helen Burns, de 16 años. Soltera, su madre fue expulsada de su iglesia bautista local después de quedarse embarazada, fruto de una aventura con un vecino casado de 33 años, Noah Robinson.

Cuando Jackson tenía dos años, su madre se casó con Charles Jackson, quien adoptó a su nuevo hijastro. Jesse Jackson siguió en contacto con Robinson y consideraba a ambos hombres como sus padres.

Charles Jackson era un hombre religioso y su hijo se crió en la iglesia, un foco tradicional de resistencia política negra desde la época de la esclavitud en Estados Unidos.

Al crecer en Carolina del Sur, Jackson, como todos los afroamericanos, fue segregado de sus vecinos blancos. Se le obligó a asistir a escuelas separadas y solo se le permitía estar en áreas designadas en lugares públicos, como autobuses o restaurantes.

Una foto en blanco y negro de un joven Jesse Jackson participando en una marcha por el empleo.
Getty Images
Jackson lideró una importante campaña por los derechos civiles antes de cumplir los 30 años.

En el instituto, Jackson sacaba buenas notas, fue elegido delegado de clase y destacaba en casi todos los deportes de equipo.

Una beca de futbol americano para la Universidad de Illinois ayudó a Jackson a perseguir sus ambiciones y escapar de su entorno pobre. Pero pronto cambió de una institución predominantemente blanca a una universidad históricamente negra en Carolina del Norte.

Dijo que se fue de Illinois porque sus entrenadores blancos no le dejaban jugar como quarterback en el futbol americano, aunque esa versión es controvertida. Los registros muestran que el equipo ya tenía un quarterback negro y que Jackson estaba en periodo de prueba académica.

Como estudiante de la Universidad A&T de Carolina del Norte, Jackson se involucró gradualmente en el movimiento por los derechos civiles.

En 1960 fue arrestado junto con otros siete estudiantes tras una manifestación silenciosa en una biblioteca pública solo para blancos, lo que condujo a la desegregación de la biblioteca.

Cuatro años más tarde, Jackson se graduó y se mudó a Chicago, donde se formó para convertirse en líder religioso y llamó la atención de King, el líder de los derechos civiles más famoso del país.

Fotografía en blanco y negro de Jackson sentado junto a King e inclinándose hacia él con la mano en alto. King, vestido con un traje oscuro y corbata a rayas, apoya la cara en la mano mientras escucha.
Getty Images
Jackson hablando con Martin Luther King Jr. en 1963.

A través de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur, fundada por King en 1957 para promover la acción no violenta en busca de la justicia social y económica, estableció la “Operación Breadbasket“.

La operación animaba a los hombres y mujeres negros a frecuentar los negocios que les ofrecían un trato básico y oportunidades de trabajo, y a boicotear aquellos que no lo hacían.

A Jackson se le pidió primero que dirigiera la rama de Chicago de la operación y, al poco tiempo, que asumiera el liderazgo nacional.

En 1968, la vida de Jackson cambió drásticamente.

Se encontraba con su mentor en el Lorraine Motel de Memphis, Tennessee, cuando King fue asesinado. Momentos antes del disparo mortal, King se inclinó sobre la barandilla para conversar alegremente con Jackson, quien estaba de pie en el aparcamiento de abajo.

Jackson dijo a los periodistas que meció la cabeza de King mientras moría, aunque otros testigos no confirmaron esa versión.

Al día siguiente, Jackson apareció de forma controvertida en televisión con la ropa aún manchada de la sangre de King, asumiendo el liderazgo del movimiento por los derechos civiles.

Multitud tras el asesinato de Martin Luther King en Memphis. Jesse Jackson está de pie detrás de la esposa de King, Coretta. Harry Belafonte también aparece en la imagen.
Getty Images
Jesse Jackson detrás de la esposa de Martin Luther King Jr., Coretta Scott King, tras el asesinato.

“Estábamos decididos a no permitir que una sola bala acabara con el movimiento”, afirmó más tarde.

Jackson, al igual que King había hecho en los años previos a su muerte, comenzó a hablar de los problemas de Estados Unidos como algo arraigado tanto en la desigualdad de clases como en el racismo. La principal división, dijo, era entre los que tenían y los que no tenían.

“Cuando convirtamos el problema racial en una lucha de clases”, declaró al The New York Times, “entonces tendremos un nuevo juego”.

Tres años más tarde, las discusiones sobre el liderazgo llevaron a la fractura de Operación Breadbasket y a Jackson a formar Operación PUSH (People United to Serve Humanity, personas unidas para servir a la humanidad), un nuevo y amplio grupo de derechos civiles.

En los años siguientes, Jackson se convirtió en una de las figuras políticas más influyentes de Estados Unidos.

Su organización PUSH defendió la educación en los barrios marginales y los programas de acción afirmativa que permitían a las empresas contratar a trabajadores negros.

Jesse Jackson saludando a la gente en Washington durante un mitin.
Getty Images
Jackson estaba convencido de que una bala no “mataría el movimiento”.

Candidaturas presidenciales

Sin embargo, siguió siendo una figura controvertida, con acusaciones de que en alguna ocasión había hecho comentarios antisemitas y que, como pastor ordenado y fruto de un embarazo no deseado, se oponía al aborto.

La cuestión sacudió la política estadounidense tras la histórica sentencia del Tribunal Supremo en el caso “Roe contra Wade”. Los demócratas, que tradicionalmente se alineaban con el movimiento por los derechos civiles, apoyaban en su mayoría el mantenimiento de la legalidad del aborto.

“Los seres humanos no pueden dar o crear vida por sí mismos, es realmente un regalo de Dios”, escribió en 1977. “Por lo tanto, nadie tiene derecho a quitar lo que no tiene la capacidad de dar”.

Jesse Jackson haciendo campaña en 1984 frente a un gran cartel que dice
Getty Images
Jackson se presentó a las elecciones presidenciales en 1984.

Con una tasa de desempleo entre los jóvenes negros de alrededor del 50 %, Jackson anunció entonces su candidatura a la presidencia.

Su decisión causó dolor a algunos de sus seguidores naturales, incluida la viuda de King, Coretta, quien temía que no consiguiera la nominación del Partido Demócrata y perjudicara las posibilidades de otros candidatos progresistas.

Durante la campaña, Jackson habló de la “coalición arcoíris”, un amplio grupo de votantes de diversas razas y creencias que tradicionalmente habían estado en desventaja y que, según Jackson, se habían visto perjudicados por las políticas del entonces presidente Ronald Reagan, republicano.

“Nuestra bandera es roja, blanca y azul, pero nuestra nación es un arcoíris -rojo, amarillo, marrón, negro y blanco- y todos somos valiosos a los ojos de Dios”, afirmó en un discurso pronunciado en la Convención Nacional Demócrata de 1984, en el que pidió la unificación del partido.

Aunque Jackson finalmente perdió la nominación demócrata, su campaña se convirtió en un fenómeno político y cultural. En octubre de 1984, presentó Saturday Night Live, un popular programa semanal de comedia de la cadena de televisión.

Su candidatura presidencial también tuvo un profundo efecto en los demócratas.

Al obtener más de 3 millones de votos y quedar en tercer lugar durante las primarias, demostró que un candidato negro podía reunir el apoyo de todo el país y, posiblemente, llegar a la Casa Blanca.

Al mismo tiempo, al presentarse con un programa liberal, puso de relieve muchas de las cuestiones importantes para el ala izquierda del partido y les dio impulso, como la sanidad universal y el pago de indemnizaciones a los descendientes de esclavos.

Jackson se había declarado públicamente partidario de un Estado palestino y había calificado al primer ministro de Israel de “terrorista”.

También se había comprometido a no utilizar nunca las armas nucleares en primer lugar y a recortar el gasto en Defensa si llegaba a la presidencia, posiciones que parecían imposibles en pleno apogeo de la Guerra Fría.

Jesse Jackson es fotografiado sonriendo a una persona que no se ve.
Getty Images
Jackson tomó una ventaja temprana en las primarias demócratas de 1988, pero finalmente perdió frente a Michael Dukakis.

Cuatro años más tarde volvió a presentarse a las elecciones presidenciales y continuó haciendo campaña con un programa liberal que incluía el aumento de los impuestos, el incremento del gasto público y la sanidad universal financiada por el Estado.

Una vez más, obtuvo unos resultados impresionantes, situándose en cabeza por delante de Michael Dukakis, el candidato finalmente elegido, pero volvió a perder, esta vez tras conseguir algo menos de 7 millones de votos y 1.023 delegados en la Convención Nacional Demócrata.

Esos delegados respaldaron las reformas del proceso de primarias del partido, que facilitaron que candidatos insurgentes como Jackson pudieran competir por la nominación presidencial del partido sin el respaldo de la cúpula demócrata.

Bill y Hillary Clinton con Jesse Jackson.
Getty Images
Jackson siguió siendo una figura importante en el Partido Demócrata.

Figura controvertida

En 1992 decidió no presentarse a una tercera candidatura presidencial y, a pesar de sus sospechas sobre las políticas centristas de la “Tercera Vía” de Bill Clinton, prestó su apoyo al exgobernador de Arkansas.

Cuando Clinton vio peligrar su presidencia tras hacerse pública su relación con Monica Lewinsky, una becaria de la Casa Blanca, pidió a Jackson que asesorara a su familia durante la crisis.

Jackson afirmó que, aunque Clinton había mentido sobre su relación, no merecía ser sometido a un juicio político por “delitos graves”. Clinton había cometido un “pequeño delito”, dijo.

Jesse Jackson y Bill Clinton en el año 2000.
Getty Images
Jackson tras recibir la Medalla Presidencial de la Libertad de manos de Clinton en 2000.

En 2001, Jackson fue llamado públicamente a rendir cuentas por su propia aventura amorosa, cuando se reveló que había mantenido una relación con una integrante de su personal y había tenido un hijo.

Jackson prometió tomarse un permiso para “revitalizar mi espíritu y reconectar con mi familia”, pero la rapidez con la que regresó a la vida pública dañó su credibilidad ante algunos clérigos de todo Estados Unidos.

Mantuvo una gran visibilidad en los medios de comunicación con programas de televisión y misiones humanitarias, lo que algunos críticos calificaron de autopromoción.

En marzo de 2007, Jackson prometió su apoyo a la campaña de Barack Obama para convertirse en el primer afroamericano en la Casa Blanca.

Las relaciones entre ambos hombres fueron inicialmente tensas, después de que Jackson criticara a Obama por “hablar con condescendencia a los negros”.

Sus comentarios fueron captados por un micrófono cercano y Jackson se disculpó más tarde por sus “comentarios groseros e hirientes”.

Sin embargo, momentos antes de que Obama pronunciara su discurso de victoria en Chicago el siguiente noviembre, una cámara de televisión enfocó a Jackson entre el público con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Muchos de los espectadores sugirieron que el éxito de Jackson a la hora de impulsar la participación de los negros en anteriores campañas presidenciales había contribuido a asegurar la victoria de Obama.

Jesse Jackson llorando.
Getty Images
Jesse Jackson lloró al ver a Barack Obama convertirse en el primer presidente afroamericano en 2008.

Más tarde respaldó la decisión del nuevo presidente de apoyar el matrimonio homosexual, comparando la situación con la lucha anterior contra las leyes del país que prohibían los matrimonios interraciales.

Aunque siguió siendo una fuerza política, se enfrentó a dificultades en su vida personal.

En 2013, su hijo mayor, Jesse Jackson Jr., fue condenado por utilizar fondos de la campaña electoral para financiar su estilo de vida personal y fue sentenciado a 30 meses de prisión.

Cinco años más tarde, a Jackson le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson y tuvo que dimitir como líder de Rainbow/PUSH, la organización resultante de la fusión de sus dos grupos anteriores.

Aun así, tras la muerte de George Floyd, un hombre afroamericano, a manos de unos agentes de policía en 2020, Jackson viajó a Mineápolis para pedir que se presentaran cargos penales contra los agentes.

Además, se pronunció abiertamente a favor de la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán y del aumento del salario mínimo.

En 2024, Jackson solicitó el indulto presidencial para la condena de su hijo, pero fue rechazado por el entonces presidente Joe Biden.

Ese año, el veterano activista también regresó al ámbito político que tanto amaba, haciendo una rara aparición en la convención demócrata en Chicago, donde el partido nominó oficialmente a Kamala Harris para la presidencia.

JJesse Jackson en la convención demócrata de 2024 en Chicago.
Getty Images
Jesse Jackson en la convención demócrata de 2024 en Chicago.

Delegados de alto perfil rindieron homenaje a un hombre que, según ellos, había hecho mucho para garantizar que una mujer negra tuviera una buena oportunidad de llegar a la Casa Blanca. Harris perdió posteriormente las elecciones de 2024 frente a Donald Trump.

“Aprendimos a sus pies”, dijo Al Sharpton, un compañero activista veterano de los derechos civiles que había trabajado con Jackson en Operación Breadbasket décadas antes.

Pramila Jayapal, congresista del estado de Washington, se dirigió a él en su discurso en la convención diciendo: “Por cada cargo electo que veremos en ese escenario, estamos aquí porque tú nos allanaste el camino”.

BBC

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