Home
>
Analisis
>
Autores
>
Animatrix
>
Faltan comunidades, no pastillas antienvejecimiento
Animatrix
Animatrix
Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a la fotografía y... Continuar Leyendo
4 minutos de lectura

Faltan comunidades, no pastillas antienvejecimiento

La soledad y el aislamiento social son un problema serio de salud pública con impactos directos en el bienestar físico y mental de las personas, de acuerdo con la OMS. No se trata de un tema emocional menor: es un determinante social de la salud.
17 de febrero, 2026
Por: Claudia Calvin

Hay que decirlo, envejecer no es solamente un proceso biológico, es un proceso social, y destacar esto importa y mucho. Mientras la industria de la enfermedad organiza la vejez en torno a diagnósticos, medicamentos y tratamientos, la evidencia científica muestra que uno de los factores más poderosos para la salud en edades avanzadas no se encuentra en una farmacia. Tiene otro nombre y se llama vínculo social.

Durante años hemos entendido la longevidad y la edad como un riesgo, un mal que inevitablemente llega a la sociedad y a las personas, como un problema de políticas públicas, como un problema familiar y como una amenaza fiscal. Pocas veces se habla sobre ella con cuestiones relacionadas al entorno social y a la comunidad que rodea este proceso natural de la vida. La Organización Mundial de la Salud reconoce hoy que la soledad y el aislamiento social son un problema serio de salud pública con impactos directos en el bienestar físico y mental de las personas. No se trata de un tema emocional menor: es un determinante social de la salud.

La evidencia científica es clarísima al respecto. Un estudio publicado por Julianne Holt-Lunstad encontró que las personas con relaciones sociales sólidas tienen una probabilidad significativamente mayor de supervivencia en comparación con aquellas con redes débiles. El efecto de las relaciones sociales sobre la mortalidad es comparable al impacto de factores de riesgo ampliamente reconocidos en salud pública.

El U.S. Surgeon General publicó una advertencia oficial sobre la epidemia de soledad y aislamiento, señalando que la desconexión social se asocia con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, demencia, depresión y mortalidad prematura. Este documento es relevante porque se trata  de una alerta institucional sobre costos sanitarios y sociales del aislamiento.

En personas mayores, la vulnerabilidad se acentúa y es motivo de atención por parte de las y los expertos en longevidad. La OMS estima que aproximadamente una de cada seis personas mayores experimenta aislamiento social y una proporción significativa reporta soledad persistente. Estamos hablando de un problema estructural, no de un fenómeno aislado.

Frente a estos datos es inevitable preguntarnos por qué seguimos organizando la vejez como un asunto individual y clínico cuando la evidencia muestra que es profundamente relacional.

Hablar de comunidad no es hablar de entretenimiento ni de actividades para pasar el tiempo o de actividades para “quienes no tienen algo mejor que hacer”.  Comunidad significa pertenencia sostenida, redes de confianza, reciprocidad y propósito. Significa tener a quién llamar y que alguien note tu ausencia. Significa que el envejecimiento no se vive en aislamiento sino en interacción.

Desde una perspectiva económica, esto no es romántico ni inspiracional: es racional. La OCDE ha advertido que las conexiones sociales son un componente crítico del bienestar en sociedades que envejecen y que el deterioro de vínculos incrementa vulnerabilidades sanitarias y sociales.

Al hablar de la Silver Economy, esta realidad cambia el enfoque. Si la longevidad se aborda exclusivamente como mercado médico -suplementos, tratamientos, anti-envejecimiento- el modelo es reactivo. Si se aborda como ecosistema social, el modelo es preventivo. Una persona mayor con redes activas, participación comunitaria y sentido de propósito tiene mayor probabilidad de mantener autonomía y bienestar psicológico.

La diferencia no es menor. En términos de políticas públicas, implica pasar de invertir solamente en atención clínica a invertir también en infraestructura social. En términos empresariales, implica reconocer que la comunidad no es un accesorio reputacional, sino un factor que reduce riesgos y costos sanitarios.

La narrativa antiedad vende la ilusión de “combatir” el tiempo y el envejecimiento. La evidencia en salud pública sugiere algo más sensato: aceptar el envejecimiento como etapa vital y fortalecer las condiciones sociales que lo sostienen. No se trata de negar la medicina, se trata de reconocer que la medicina sola no es suficiente.

Si las ciudades hostiles generan aislamiento, si las viviendas no adaptadas confinan, si el retiro rompe redes laborales sin ofrecer alternativas de pertenencia, entonces la enfermedad no es únicamente biológica: es estructural y comunitaria.

Envejecer en comunidad no es una aspiración nostálgica. Es una estrategia de salud pública, un modelo económico más sostenible y, sobre todo, una decisión política y profundamente humana sobre cómo queremos vivir más años: luchando contra la edad, marginando a quienes viven esta etapa o habitándola en compañía, reconociéndola y dignificándola.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia
Tú puedes ayudarnos a seguir.
Sé parte del equipo
Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.
Iniciar sesión

Registrate
Suscribete para comentar...
Imagen BBC
Cuál es el origen de la bandera de Puerto Rico que mostró Bad Bunny en el Super Bowl y por qué fue ilegal durante varios años
4 minutos de lectura

La presentación de Benito Martínez Ocasio en el show de medio tiempo del Super Bowl el domingo estuvo marcada por mensajes y símbolos que evocaban la cultura latina y puertorriqueña. La bandera tuvo un rol destacado.

10 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

“Aquí mataron gente por sacar la bandera, por eso yo la llevo donde quiera”.

Bad Bunny se tomó muy en serio este verso de su canción “La MuDANZA” cuando el domingo, durante el show de medio tiempo del Super Bowl, ondeó con orgullo la bandera de Puerto Rico en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.

Lo hizo ante la mirada de millones de personas en todo el mundo, cantando casi por completo en español y en el momento en que denunciaba los constantes cortes de luz que sufren los puertorriqueños en la isla.

El artista suele ofrecer presentaciones meticulosas, donde cada detalle está calculado, y esta ocasión no fue la excepción.

“La bandera puertorriqueña no es solo un símbolo de afirmación nacional; también es una herramienta de resistencia frente al colonialismo”, sostuvo el historiador Jorell Meléndez-Badillo en un artículo de 2019.

Al interpretar su éxito “El apagón”, rodeado de una escenografía que aludía al maltrecho sistema eléctrico boricua, Benito Martínez Ocasio empuñó una versión muy específica de la monoestrellada: la azul celeste.

Jennifer Lopez con la bandera de Puerto Rico la suya llevaba el triángulo azul oscuro.
Getty Images
Jennifer Lopez también usó la bandera de Puerto Rico durante su presentación en el show de medio tiempo del Super Bowl 2020; sin embargo, la suya llevaba el triángulo azul oscuro.

Dicha variante del diseño está vinculada al movimiento independentista puertorriqueño y, en general, a quienes buscan marcar una diferencia cultural con la estadounidense.

Sin embargo, la bandera oficial es la azul oscuro, adoptada en 1952, cuando se creó el Estado Libre Asociado, la forma de gobierno propio con poderes limitados aprobada por el gobierno de EE.UU. para Puerto Rico.

Esa fue la versión que en 2020 Jennifer Lopez, al presentarse junto a Shakira, también usó en el show del medio tiempo del Super Bowl.

La cantante sorprendió entonces al público al abrir su vestuario decorado con la bandera estadounidense para revelar en su interior la boricua.

Pero, más allá del debate del color, la bandera de la isla guarda una historia de persecución que es la que el artista expone en su música.

Bad Bunny con sudadera rosa y un micrófono sostiene una bandera de Puerto Rico con el triángulo celeste.
Getty Images
Bad Bunny mostró la bandera de la isla durante protestas en Puerto Rico en 2019.

El origen

La bandera puertorriqueña fue diseñada en 1895 por Antonio Vélez Alvarado, un periodista y político que militaba en el Comité Revolucionario de Puerto Rico, grupo de boricuas que, a su vez, formaba parte del Partido Revolucionario Cubano.

El partido, fundado por José Martí en Nueva York, buscaba la independencia de Cuba y Puerto Rico, las últimas dos colonias españolas en América.

Con la intención de mostrar unidad, al diseñar la bandera puertorriqueña el periodista se inspiró en la cubana, pero invertida: franjas rojas y blancas, triángulo azul y estrella blanca.

La bandera boricua fue presentada al propio Martí en una cena, según el historiador puertorriqueño Joseph Harrison Flores en entrevista con el diario El Nuevo Día.

“Las dos islas… juntas han de salvarse o juntas han de perecer”, habría dicho el escritor y revolucionario, según los documentos estudiados por el autor de “Historia de la bandera puertorriqueña: del conflicto a la certeza”.

Hay historiadores que afirman que el azul de aquella primera versión era celeste y estaba inspirado en la bandera del Grito de Lares, un alzamiento de puertorriqueños contra España que tuvo lugar en el municipio de Lares, en el centro de la isla, en 1868.

Pero Harrison Flores argumenta que, en realidad, era azul oscuro y que años más tarde los grupos independentistas fueron quienes cambiaron su tono.

bad bunny recreó el maltrecho tendido eléctrico de puerto rico durante su espectáculo en el show de medio tiempo del super bowl. En la foto se le ve cantando en un poste de electricidad.
Getty Images
Benito Martínez Ocasio usó su espectáculo para denunciar los constantes apagones que sufre Puerto Rico.

La mordaza

Mientras que Cuba alcanzó la independencia que deseaban los exiliados en Nueva York, Puerto Rico fue cedido a EE.UU. al final de la guerra hispanoamericana en 1898.

Décadas después, en 1948 y con la intención de sofocar los movimientos independentistas, el gobierno local de Puerto Rico aprobó la Ley 53 o la Ley de la Mordaza.

Esta disposición coartaba la libertad de expresión, prohibía apoyar públicamente la independencia, imprimir información relacionada o participar en algún grupo con esta inclinación.

Y, por supuesto, hacía ilegal poseer, exhibir o incluso tener en el hogar una bandera de Puerto Rico.

La pena por violar la ley podía ser de hasta 10 años de cárcel.

Fue derogada en 1957, pero sus efectos culturales y psicológicos persisten y aún son motivo de discusión en Puerto Rico.

Por eso no es casualidad que Bad Bunny insista en este símbolo, no solo en “La MuDANZA”, sino también en “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”:

No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai/Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái“.

Getty Images

Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.

Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.

También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro canal de WhatsApp.

Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.

Iniciar sesión

Registrate
Suscribete para comentar...