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Epstein o el espejismo de la excepción
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Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a la fotografía y... Continuar Leyendo
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Epstein o el espejismo de la excepción

La violencia sexual no es una rareza patológica. Es una expresión extrema de desigualdades de género, poder y dinero que atraviesan nuestras instituciones, nuestra realidad, es cubierta por los medios como espectáculo o noticia excepcional, y se normaliza de manera cotidiana.
24 de febrero, 2026
Por: Claudia Calvin

Hace unos días me sorprendí a mí misma haciendo algo que critico profundamente: consumiendo violencia como si fuera una serie o un espectáculo. Video tras video sobre el caso de Jeffrey Epstein, detalles, reconstrucciones, nombres, teorías, entrevistas a las víctimas y sobrevivientes, recorridos por la isla infame, nombre de los involucrados, discusiones en el gobierno estadounidense sobre el caso, ángulos no documentados. Cerré la computadora con el estómago revuelto. Me sentía fatal no sólo por lo que había visto, sino por la sensación de estar participando en una maquinaria que convierte la explotación sexual en espectáculo.

Mientras más miraba ese caso que era abordado como si fuera excepcional, más evidente se volvía una verdad irrefutable: no tiene nada de excepcional.

La Organización Mundial de la Salud estima que el 30 % de las mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida. Es decir, una de cada tres. Estamos hablando de miles de millones de mujeres y niñas que la viven no en una isla privada, la viven en sus casas, en sus escuelas, en sus trabajos, en la calle.

Si miramos la trata de personas, el patrón tampoco es marginal. El Reporte Global de Tráfico de Personas de la Oficina de Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen (UNDOC) señala que el 61 % de las víctimas detectadas son mujeres y niñas. El crimen aumentó 25 % en 2022 con relación a 2019. La forma más común de tráfico de personas es la explotación sexual (79 %). Niñas y mujeres representan la mayoría en todas las regiones. Esta realidad, como puede observarse, no es una excepción al sistema. Es el sistema mismo.

Para hablar de este crimen es necesario conocer un concepto: las cifras negras. Son los delitos que ocurren, pero nunca se denuncian o no llegan a sentencia. En violencia sexual, esa cifra es altísima. Un estudio de la Universidad Complutense en Madrid habla sobre la  “Pirámide de impunidad” y en él se muestra que apenas entre 2 % y 3 % de las agresiones sexuales estimadas terminan en condena efectiva. Estudios comparados en países desarrollados documentan el mismo fenómeno: la mayoría de los casos se pierde en el camino judicial. Eso significa que el problema no es que falten cámaras o denuncias; el problema es que sobre impunidad.

Esto es lo que hace paradójico el caso Epstein: millones de agresiones invisibles todos los días en todo el mundo  y un solo caso satura los medios y el interés a nivel global.

Este show mediático ha convertido un patrón lamentablemente cotidiano en anomalía. El otro lado de la moneda es que las cifras lo ponen en su lugar e indican que se trata de un patrón estructural.

Podemos decir que la visibilización del “monstruo” tiene un efecto tranquilizador a nivel global y para las “buenas conciencias” del mundo. Funciona de esta manera: si el mal tiene nombre propio, entonces el resto del mundo puede respirar. Si el problema se llama Epstein, basta con señalarlo, denunciarlo, visibilizarlo ad nauseam -o enterrarlo- para sentir que el horror ha sido contenido y el mal erradicado.

Hay un “pequeño detalle”:  la violencia sexual no es una rareza patológica. Es una expresión extrema de desigualdades de género, poder y dinero que atraviesan nuestras instituciones, nuestra realidad, es cubierta por los medios como espectáculo o noticia excepcional, y se normaliza de manera cotidiana.

Además, hay que decirlo, no todas las víctimas ocupan el mismo espacio en la narrativa. En Estados Unidos, 1 de cada 5 mujeres afroamericanas son sobrevivientes de violación y 41 % han experimentado alguna forma de coerción o abuso sexual. Sin embargo, múltiples estudios de medios muestran que las víctimas blancas reciben mayor cobertura que las víctimas negras o migrantes. Algunas investigaciones lo han descrito como el “síndrome de la mujer blanca desaparecida”: no todas las vidas generan el mismo escándalo. En el caso de los Epstein Files, prácticamente no se habla de las víctimas afroamericanas, que vivieron un infierno mayor aún -si es que eso es posible- en la famosa Isla del pederasta, se habla de las jovencitas blancas, principalmente.

La visibilidad mediática tampoco está distribuida de manera equitativa, igual que la indignación. Cuando el caso involucra a las élites y a los hombres blancos poderosos del mundo, hay cámaras. Cuando involucra pobreza, migración o racialización, la respuestas son el silencio o la invisibilización.

No deja de llamar la atención que la única persona cumpliendo una condena significativa sea sólo una mujer, Ghislaine Maxwell. Lo que hizo amerita que cumpla la condena que está pagando, indudablemente, pero la red que sostuvo el abuso era predominantemente masculina y estaba conectada con estructuras de poder económico, financiero y político a nivel internacional. Si en casos “ordinarios” apenas entre 2 % y 10 % de agresiones estimadas llegan a condena, ¿qué podemos esperar cuando el agresor pertenece a la élite? Empiezan a aparecer algunos “posibles responsables” de la realeza, quienes -por supuesto- se declaran inocentes aunque existan fotos, grabaciones y pruebas de su presencia en el círculo de Epstein, su departamento de Nueva York, el vergonzoso Lolita Express y la isla Little St. James.

Mientras tanto, los medios de comunicación siguen pidiendo a las sobrevivientes que repitan su historia para probar que “el monstruo era realmente monstruoso” en entrevistas que las revictimizan y alimentan el espectáculo y el rating de los programas. Esto no aporta absolutamente nada, invisibiliza a la mayoría y sobreexpone a algunas.

Nadie habla sobre cómo reducir la cifra negra, no se discute cómo garantizar investigaciones con perspectiva de género ni cómo blindar a las denunciantes frente al poder ni cómo reparar integralmente a las sobrevivientes y las que aún no pueden alzar la voz.

Se “analizan” los detalles, las particularidades del psicópata, las cámaras en su departamento, los correos en los millones de páginas que se han hecho públicas, las fotos con el “inocente” que vive en la Casa Blanca, pero no se habla de la estructura que sustentó la impunidad, el tráfico, la explotación, la violación y el abuso a miles de jóvenes mujeres a lo largo de años, y que no se ha desmantelado.

El espectáculo y la indignación han sustituido a la justicia, y la fascinación morbosa a las leyes y las políticas públicas. Pesan más las declaraciones de quienes se declaran inocentes que la violencia que vivieron esas mujeres. Y ni qué decir de las jóvenes de piel oscura que desaparecieron en la isla y que ni siquiera han sido nombradas porque no hay registro de su existencia.

La denuncia, visibilización -y muerte- del monstruo tranquiliza porque nos permite creer que el problema estaba concentrado en un cuerpo, en una isla, en un expediente.

Pero la violencia sexual no vive en una isla. Vive en sistemas que deciden qué se investiga, qué se archiva, qué se publica y qué y quién se olvida. Mientras sigamos consumiendo el horror como entretenimiento político, el sistema seguirá intacto.

No, no necesitamos exhibir más monstruos. Lo que necesitamos es reconocer y destruir la cultura, las complicidades y las estructuras e instituciones que los hacen posibles.

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Imagen BBC
Los archivos de Epstein pueden ser solo la punta del iceberg de la investigación sobre el expríncipe Andrés
4 minutos de lectura

La investigación de la policía debió haber explorado más de lo que se ha hecho público en el caso Epstein para decidir detener al expríncipe Andrés.

20 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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El arresto del expríncipe británico Andrés Mountbatten-Windsor alrededor de las 08:00 horas (GMT) de este jueves no tuvo nada que ver con Virginia Giuffre, la mujer que lo acusó de abuso sexual.

Lo que llevó a su arresto -por el que estuvo retenido durante casi 12 horas antes de su puesta en libertad por la noche- comenzó con la información que salió a la luz en la publicación masiva de los archivos de Epstein en enero, en torno a las actividades que realizó mientras era un enviado comercial del gobierno británico. Pero no se detuvo ahí.

Fueron los correos electrónicos de esos archivos, que parecen ser entre Andrés y el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein, los que llevaron a la policía de Thames Valley a involucrarse.

Un correo electrónico en particular llamó la atención. En noviembre de 2010, después de que el entonces príncipe regresara de un viaje a Asia financiado por el gobierno británico, le enviaron una serie de informes sobre los países relacionados con su viaje.

A los cinco minutos de recibirlos, parece que los reenvió a Epstein, que en ese momento ya había sido condenado y pasado tiempo en prisión por delitos sexuales.

Los archivos revelaron más correos electrónicos.

Un mes más tarde, en la Nochebuena de 2010, Andrés parece haber enviado a Epstein un informe confidencial sobre las oportunidades de inversión en la reconstrucción de la provincia de Helmand, en Afganistán, la cual era supervisada en ese momento por las fuerzas armadas británicas y financiada con fondos del gobierno británico.

En otro correo electrónico fechado el 9 de febrero de 2011, el hermano del rey Carlos III parece sugerir a Epstein que invierta en una empresa de capital privado que había visitado una semana antes.

Esto habrá sido el comienzo de lo que hoy se ha convertido en una investigación completa por parte de la policía de Thames Valley. Pero los detectives no se habrán basado únicamente en los correos electrónicos que hemos visto.

Colaboración de las autoridades

Para construir el caso, los investigadores debieron haber acudido al gobierno británico y al Palacio de Buckingham para solicitar los correos electrónicos que pudieran explicar lo que estaba sucediendo.

Buckingham declaró el lunes pasado que “apoyaría” a la policía de Thames Valley.

Los detectives también tuvieron que haber revisado los tres millones de documentos de los archivos de Epstein y haber solicitado copias sin censurar al FBI o al Departamento de Justicia de Estados Unidos.

La Agencia Nacional contra el Crimen británica está ayudando a las fuerzas policiales de Reino Unido con esas solicitudes.

Hasta ahora solo se ha visto la punta del iceberg, pero es posible que los detectives hayan visto más de lo que hay bajo la superficie.

Andrés fue visto en un auto al dejar la estación de policía
Reuters
Andrés abandonó la estación de policía y fue trasladado en un vehículo particular.

Es muy poco probable que la policía haya arrestado al expríncipe el jueves basándose solo en un par de correos electrónicos que la gente ha visto en los archivos de Epstein.

En este momento, Andrés solo ha sido arrestado. No se le han presentado cargos. Siempre ha negado cualquier delito derivado de su relación con Epstein y no ha respondido a las preguntas específicas de la BBC sobre los archivos publicados en enero.

Y recordemos que este arresto no tiene nada que ver con las acusaciones que Andrés enfrentó anteriormente por parte de Giuffre, quien dijo que la obligaron a tener relaciones sexuales con él en varias ocasiones a principios de la década de 2000.

En 2022, Andrés y Giuffre llegaron a un acuerdo económico extrajudicial, en el que no se admitía ninguna irregularidad por parte del expríncipe.

La policía dijo que fue puesto en libertad bajo investigación.

Era poco probable que la policía lo mantuviera detenido durante la noche, ya que, por lo general, en las detenciones relacionadas con delitos de cuello blanco las personas son retenidas durante unas horas para permitir los registros y el interrogatorio inicial.

En estos casos, a la persona arrestada se le suele conceder la libertad bajo fianza policial y se le da una fecha para volver a la comisaría para un posible interrogatorio adicional.

Una vez que los detectives hayan realizado sus registros e interrogado a Andrés, tendrán que tomar una decisión importante. Esto podría llevar semanas.

Los agentes de policía, que portan una corona en sus insignias, se reunirán con los abogados de la Fiscalía de la Corona y decidirán si hay pruebas suficientes para acusar al hermano del rey.

Si deciden llevar el caso a los tribunales, se llamará R v. Mountbatten-Windsor, o en términos sencillos, el rey contra el hermano del rey.

BBC

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