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Una nueva guerra en el Golfo Pérsico (Parte 1)
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Internacionalista por el ITESM y maestro en Ciencia Política por El Colegio de México. He... Continuar Leyendo
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Una nueva guerra en el Golfo Pérsico (Parte 1)

El sistema político iraní no depende exclusivamente de una sola figura, sino que descansa en una estructura institucional consolidada, con una burocracia compleja pero estable, un aparato de seguridad robusto y un brazo armado paralelo al ejército convencional.
03 de marzo, 2026
Por: Adrián Marcelo Herrera Navarro

Estados Unidos e Israel lanzaron una nueva ofensiva a gran escala contra Irán. Este embate que fue considerado por Tel Aviv y Washington como un “ataque preventivo” tras semanas tensiones crecientes y el aumento visible de las capacidades militares estadounidenses en la región. La ofensiva inicio con bombardeos en las ciudades iraníes de Teherán, Shiraz, Tabriz, Quom, Kermanshah, Isfahán, Bushehr, Bandar Abbas, Karaj, entre otras. Esto con el objetivo de generar un cambio de régimen en Teherán y destruir las capacidades militares iraníes, sobre todo destruir el programa nuclear, la capacidad de desarrollo de misiles y la marina iraní.

Sin embargo, la respuesta iraní fue más amplia y contundente de lo previsto, y el conflicto rápidamente dejó de ser un enfrentamiento contenido entre las tres partes para extenderse por el Golfo y otros puntos de Medio Oriente. En ese contexto, la amenaza al tránsito de buques por el Estrecho de Hormuz, los ataques contra infraestructura energética y la creciente autonomía operativa de la Guardia Revolucionaria tras la muerte del ayatola Alí Jameneí dibujan un escenario de escalada prolongada con profundas implicaciones para la seguridad regional y la economía global.

Aunque la ofensiva inicial fue lanzada por Estados Unidos e Israel, la respuesta de Teherán ha consistido en ataques con misiles y drones contra bases e instalaciones militares estadounidenses y de sus aliados en distintos puntos del Golfo Pérsico y Medio Oriente. Entre los objetivos alcanzados o amenazados se encuentran instalaciones en Israel, Arabia Saudita, Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Siria, Jordania e incluso bases británicas en Chipre. Irán ha declarado que toda infraestructura militar estadounidense y aliada en la región constituye un objetivo legítimo, independientemente del país donde se ubique. Esta postura refleja un cambio respecto a episodios anteriores, en los que buscó gestionar las escaladas con mayor contención, y evidencia ahora una estrategia de proyección directa de fuerza contra intereses extranjeros en un teatro de conflicto ampliado.

Históricamente, Irán había buscado contener y administrar las escaladas con Estados Unidos y sus aliados mediante respuestas calculadas que preservaran su capacidad de disuasión sin detonar una guerra convencional abierta.  En episodios anteriores, sus represalias estuvieron cuidadosamente coreografiadas con un doble objetivo: por un lado, apaciguar al ala más radical del régimen y en particular a la Guardia Revolucionaria; y, al mismo tiempo, evitar una escalada mayor que desbordara el conflicto. Para ello calibraba la intensidad y el alcance de sus ataques con el fin de demostrar capacidad militar sin cruzar el umbral de una confrontación total.

Sin embargo, la reacción actual, sugiere un cambio de lógica, pues la respuesta de Teherán en este conflicto demuestra la voluntad del régimen iraní de buscar una respuesta proporcional en vez de solamente apaciguar a los sectores más radicales dentro del régimen. Por lo que en esta ocasión vemos a un Irán dispuesto a librar un conflicto más amplio y no solo a performar una respuesta.

Como tal existe un debate sobre cuáles eran los objetivos reales del ataque estadounidense. El discurso oficial que presentó la Casa Blanca fue que Irán estaba a punto de desarrollar misiles con capacidad de realizar un ataque en contra de las posiciones estadounidenses, por lo que era necesario un ataque preventivo. Sin embargo, de acuerdo con fuentes del Pentágono, estas estimaciones estaban sobre-exageradas o simplemente eran falsas, pues las justificaciones de la Casa Blanca para iniciar el conflicto no estaban respaldadas por los reportes de inteligencia en la materia.

Posteriormente, Washington destacó que su objetivo era realizar un cambio de régimen en Teherán como justificación de los ataques. Sin embargo, los propios informes de inteligencia estadounidenses han puesto en duda la posibilidad de derrocar al gobierno iraní. Y es que realizar un cambio de régimen en Irán no es tan sencillo. Incluso tras la muerte del Líder Supremo, el ayatola Alí Jameneí. A diferencia de lo que suele asumirse, el sistema político iraní no depende exclusivamente de una sola figura, sino que descansa en una estructura institucional consolidada, con una burocracia compleja pero estable, un aparato de seguridad robusto y un brazo armado paralelo al ejército convencional (la Guardia Revolucionaria Islámica) cuya función central es garantizar la supervivencia del régimen, además de que existen mecanismos formales de sucesión previamente establecidos.

Es decir, el régimen iraní está estructurado para soportar la muerte del Líder Supremo sin colapsar. A diferencia de regímenes como los de Libia o Irak, donde la arquitectura del régimen descansaba en las figuras de Muamar Gadafi o Saddam Hussein, la República Islámica de Irán cuenta con instituciones, órganos colegiados y mecanismos formales que permiten la continuidad del régimen. Además, si consideramos que Alí Jameneí tenía 86 años, la posibilidad de su fallecimiento no era un escenario imprevisto, y el proceso de sucesión estaba contemplado dentro del marco constitucional iraní. Incluso, en términos simbólicos y políticos, su muerte puede ser utilizada por el régimen para reforzar la cohesión interna bajo la narrativa del martirio, pues el ser martirizado es considerado como uno de los grandes honores a los que puede aspirar una persona y tiene un profundo peso religioso y una fuerte carga legitimadora dentro de la tradición política chií.

Además, resulta difícil concebir una operación de cambio de régimen sin la capacidad de ejercer control efectivo sobre el territorio iraní. Para ello sería necesaria, en algún grado, la colaboración de actores internos como el ejército regular, un escenario poco probable que, además, podría derivar en una confrontación directa con la Guardia Revolucionaria. En la práctica, un intento serio de sustituir al régimen implicaría mantener una presencia militar extranjera sostenida sobre el terreno, con el costo militar, político y estratégico que ello conlleva. Esto supondría el despliegue de tropas en un terreno sumamente complejo y militarmente difícil de controlar para administrar la transición, asegurar el control territorial y neutralizar tanto a las fuerzas armadas convencionales como a la propia Guardia Revolucionaria. En ese contexto, es poco probable que la muerte de Jameneí, por sí sola, detone un cambio de régimen en Irán.

Por el contrario, su muerte puede abrir la puerta a una postura más agresiva en la política de defensa iraní. La Guardia Revolucionaria Islámica ha emergido como el principal actor en esta escalada al asumir el liderazgo operativo y prometer un “castigo duro y decisivo”. Tras el asesinato del líder supremo, la Guardia Revolucionaria ha desplazado a los sectores más moderados que podían haber abogado por una respuesta contenida y ha reforzado su influencia en la toma de decisiones estratégicas en un momento de transición particularmente delicado.

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Imagen BBC
Quién es y cuánto poder tiene el ayatolá Alí Jamenei, el segundo líder supremo de Irán desde la revolución islámica de 1979
7 minutos de lectura

Analizamos la vida del máximo líder de Irán, el poder que ejerce y el papel que desempeñan sus hijos en la política del país que fue atacado este sábado por EE.UU. e Israel.

28 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Un nuevo desafío para el hombre más poderoso de Irán, el ayatolá Alí Jamenei.

El ejército de Israel lanzó este sábado un ataque contra su país con la participación de Estados Unidos.

En enero, el líder supremo iraní enfrentó el reto más serio a su poder desde la Revolución Islámica de 1979, cuando manifestaciones masivas sacudieron las calles del país y desataron una crisis de legitimidad del gobierno.

En las protestas antigubernamentales, que alcanzaron un nivel nunca visto en los 47 años de historia de la República Islámica, murieron miles de personas por la represión de las fuerzas de seguridad.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, repetidamente amenazó con tomar acción militar por la muerte de los manifestantes.

Ante esas amenazas, el gobierno de Irán señaló que Teherán estaba abierta a conversar con Washington, pero aseguró que el país estaba “preparado para la guerra”.

Entretanto, el ayatolá Jamenei acusó a EE.UU. de “engaño” y de usar a “mercenarios traidores” para atizar las protestas.

Ni Trump, ni el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, han ocultado su deseo de un cambio de régimen en Irán.

Durante décadas, Washington e Israel han acusado a Irán de intentar desarrollar en secreto un arma nuclear. Irán ha negado repetidamente que busque una bomba y afirma que su programa solo tiene fines pacíficos.

Este mes se celebraron tres rondas de negociaciones entre Estados Unidos e Irán para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear, y se esperaban nuevas negociaciones la próxima semana.

Pero este sábado, la situación dio un giro dramático.

“Hace poco, el ejército de Estados Unidos inició importantes operaciones de combate en Irán. Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo despiadado de gente muy dura y terrible. Sus actividades amenazantes ponen en peligro directo a Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo”, dijo Trump en la red social Truth Social.

Una fuente dijo a Reuters que el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, no se encontraba en Teherán y que había sido trasladado a un lugar seguro.

Tras el ataque “preventivo” de Estados Unidos e Israel, la presión sobre el líder supremo no cede.

¿Quién es el ayatolá Alí Jamenei, qué poder ejerce en el país y qué rol desempeña su familia en la política iraní?

Una mujer sostiene un cartel del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, en una manifestación el 14 de junio de 2025, en Teherán, Irán.
EPA-EFE/Shutterstock
Las amenazas de un ataque y las sanciones adicionales de EE.UU. contra Teherán luego de las masivas protestas habían puesto las últimas semanas al líder supremo bajo enorme presión, que ahora aumentó.

La vida de Jamenei

El ayatolá Alí Jamenei es apenas el segundo líder supremo del país desde la revolución islámica de 1979. Ocupa el cargo desde 1989. Los jóvenes iraníes nunca han experimentado la vida sin él en el poder.

Jamenei, que está en el medio de una compleja red de poderes rivales, es capaz de vetar cualquier asunto de política pública y elegir a dedo a candidatos para cargos públicos.

Como jefe de Estado y comandante en jefe del Ejército, que incluye al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Iran (CGRI), su posición lo convierte en una figura con todo tipo de poderes.

El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, sostiene un rifle mientras dirige la oración del viernes en la mezquita Imam Khomeini Musalla en Teherán, Irán, en octubre de 2024.
Getty Images
El ayatolá Jamenei se encuentra en el centro de la estructura de poder en Irán.

Nacido en Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán, en 1939, Jamenei es el segundo de ocho hijos en una familia religiosa. Su padre era un clérigo de rango medio de la rama chiita del islam, el grupo religioso dominante en Irán.

Su educación se centró principalmente en el estudio del Corán y obtuvo el título de clérigo a los 11 años. Pero, al igual que muchos líderes religiosos de la época, su rol siempre ha sido tanto político como espiritual.

Jamenei, un hábil orador, se unió a los críticos del Sha Reza Pahlavi, el monarca que fue derrocado por la Revolución Islámica de 1979.

Durante años, vivió en la clandestinidad y estuvo detenido. Fue arrestado seis veces por la policía secreta del Sha, sufriendo torturas y el exilio interno.

Un año después de la revolución, el ayatolá Jomeini lo nombró líder de la oración de los viernes en la capital, Teherán.

Jamenei fue elegido presidente en 1981, antes de ser designado en 1989 por los ancianos religiosos como el sucesor del ayatolá Jomeini, quien había muerto a los 86 años.

El poder de sus hijos

Alí Jamenei, quien rara vez viaja al exterior, vive junto a su esposa con austeridad en un complejo residencial en el centro de Teherán.

De Jamenei se sabe que disfruta de la jardinería y la poesía, que fumó en su juventud –algo inusual para una figura religiosa en Irán– y que perdió la movilidad de su brazo derecho en un intento de asesinato en la década de 1980.

Junto a su esposa, Mansoureh Khojasteh Baqerzadeh, tienen seis hijos: cuatro varones y dos mujeres.

La familia Jamenei no suele aparecer en público ni en medios de comunicación, por lo que la información oficial y verificada sobre la vida privada de sus hijos ha sido limitada.

De sus cuatro hijos, el segundo, Mojtaba, es el más conocido por su influencia y el importante papel que desempeña en el círculo íntimo de su padre.

Mojtaba Khamenei asistiendo a una manifestación en Teherán en 2019.
Getty Images
Mojtaba Jamenei es conocido por su influencia en Irán.

Mojtaba estudió en la escuela secundaria Alavi en Teherán, un colegio cuyos alumnos tradicionalmente son hijos de altos funcionarios de la República Islámica, y se casó con la hija de una destacada figura conservadora del país, Gholam-Ali Haddad-Adel, en un momento en que todavía no se había convertido a clérigo.

Comenzó sus estudios religiosos formales en el seminario de Qom, el centro chiita más importante de Irán, a los 30 años.

A mediados de la década de 2000, la influencia de Mojtaba en la política del país se hizo más evidente, aunque rara vez esto haya sido reconocido por los medios de comunicación locales.

Mojtaba saltó a la escena tras las controvertidas elecciones presidenciales de 2004, cuando el candidato Mehdi Karroubi lo acusó en una carta abierta dirigida al ayatolá Jamenei de haber interferido de manera encubierta a favor de Mahmud Ahmadineyad.

Desde la década de 2010, Mojtaba ha sido considerado como una de las personas más poderosas de la República Islámica. Relatos anecdóticos sugieren que él es el candidato preferido de Jameneí para reemplazarlo. Sin embargo, algunas fuentes oficiales han negado estas afirmaciones.

Aunque Alí Jamenei no es rey ni puede ceder el trono a su hijo, Mojtaba tiene un poder significativo dentro de los círculos de línea dura de su padre, incluyendo la poderosa oficina del Líder Supremo, que eclipsa a los órganos constitucionales.

Seyyed Meysam Hosseini Khamenei, el hijo menor del líder supremo de Irán, Ali Khamenei, en mayo de 2017 en Teherán, Irán.
Getty Images
Meysam es el más joven de los hijos de Jamenei.

El hijo mayor de la familia es Mustafa Jamenei, quien está casado con la hija de Azizollah Khoshvaght, un clérigo tradicional firmemente conservador.

Tanto Mustafa como Mojtaba sirvieron en el frente durante la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980.

El tercer hijo de Alí Jamenei es Masoud. Nacido en 1972, está casado con Susan Kharazi, hija de Mohsen Kharazi, un conocido clérigo afiliado a la conservadora Asociación de Maestros del Seminario de Qom y es hermana de Mohammad Sadegh Kharazi, exdiplomático con inclinaciones reformistas.

Masoud Jamenei se ha mantenido alejado de los círculos políticos y se sabe poco sobre su vida.

Antes, había dirigido la oficina que supervisa las obras de su padre, una institución que funciona como un brazo clave de propaganda para el ayatolá Jamenei. También había sido responsable de la recopilación de la biografía y las memorias de su padre.

El hijo menor, Meysam, nació en 1977 y, al igual que sus tres hermanos mayores, también es clérigo.

Su esposa, cuyo nombre no ha sido mencionado en los medios, es hija de Mahmoud Lolachian, un comerciante con mucho dinero e influyente, conocido por apoyar financieramente a clérigos revolucionarios antes de la revolución de 1979.

Meysam ha trabajado junto a su hermano Masoud en la Oficina para la Preservación y Publicación de las obras de su padre.

La dos hijas de Jamenei

Sobre las hijas de Jamenei se sabe poco.

Bushra y Hoda son las menores de la familia y ambas nacieron después de la revolución de 1979.

Bushra nació en 1980 y está casada con Mohammad-Javad Mohammadi Golpayegani, hijo de Gholamhossein (Mohammad) Mohammadi Golpayegani, jefe de gabinete de Jamenei.

Hoda, la menor de las hijas del líder, nació en 1981. Está casada con Mesbah al-Hoda Bagheri Kani, quien estudió marketing y daba clases en la Universidad Imam Sadiq.

*Esta es una actualización de un artículo originalmente publicado el 16 de junio 2025, con información de BBC News, BBC Verify y el corresponsal de la BBC en Washington Paul Adams

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