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Oceanida, el equipo mexicano que cruzará a remo el Atlántico por la protección del ecosistema marino
Oceanida, el equipo mexicano que cruzará a remo el Atlántico por la protección del ecosistema marino
Conoce el reto que tomarán cuatro remeras mexicanas que buscan hacer historia.
7 minutos de lectura

Oceanida, el equipo mexicano que cruzará a remo el Atlántico por la protección del ecosistema marino

Cuatro atletas mexicanas buscarán cruzar por primera vez el océano Atlántico en remo y lo harán para apoyar dos causas importantes como la protección y regeneración de los ecosistemas marinos y la igualdad de oportunidades para niñas y mujeres.
30 de marzo, 2025
Por: Verónica Santamaría
@VeroSantamariaC 

Cuatro remeras mexicanas se alistan para cruzar juntas el océano Atlántico por una buena causa: llevar un poderoso mensaje a través del mar por la protección y regeneración de los ecosistemas. Las atletas también navegarán por la lucha por la igualdad de oportunidades para mujeres y niñas en México.

Se trata de Eugenia Mendez, Andrea Gutierrez, Ana Lucía Valencia y Lucila Muriel, quienes enfocadas en diferentes profesiones como fotografía marina, biología marina, navegación y consultoría ambiental, decidieron embarcarse en esta aventura por una de las dos grandes regiones marinas que rodea el territorio mexicano. 

Juntas formaron el primer equipo mexicano de remo en cruzar el océano Atlántico remando y lo harán bajo el nombre de Oceanida. Su participación es parte del cruce Atlántico que organiza Atlantic Campaigns.

Oceanida
El equipo de Oceanida. Foto: Gregory Allen.

Andrea Gutiérrez explica en entrevista para Animal MX que Oceanida trabaja para salir a remar por el océano el próximo 12 de diciembre de 2025. 

Adentrarse en este reto nace de un arranque de aventura inspirado y motivado por Eugenia Mendez, quien, con dos cruces Atlánticos y un total de 20 mil millas náuticas recorridas, inició la búsqueda de un grupo de mujeres para atravesar en equipo el océano.

“Es así como ella da con un documental de un grupo de mujeres que cruzan el Pacífico llegando hasta Australia desde San Francisco. Fue así como dijo: ‘Ah, okay, esto sí es posible’”, señala Gutiérrez.

¿Cómo será el cruce en remo?

El cruce por el océano Atlántico lo organiza la empresa española Atlantic Campaigns, ubicada en San Sebastián de La Gomera, España.

Este evento de remo es anual y lo lleva a cabo la organización World’s Toughest Row desde el año 2012. 

Las cuatro atletas cruzarán 4 mil 800 kilómetros juntas. El punto de partida será en La Gomera, Islas Canarias, España, y llegarán 55 días después, aproximadamente, al puerto de Antigua y Barbuda, en el Caribe.

Oceanida es un equipo en el que sus integrantes comparten una conexión diferente y cercana con el mar, esta característica que les permitió empalmar este objetivo compartido. 

“El mar es algo que nos une a todas, independientemente del contexto del que viene cada quien. Cada una tiene una relación muy íntima con el mar, en particular, desde lugares muy diferentes (…) y el remo es algo muy interesante porque, en realidad, ninguna de nosotras había remado como tal, antes. Entonces es un deporte nuevo que estamos adquiriendo”, relata en entrevista Eugenia Mendez.

El remo es un deporte que ninguna de sus integrantes practicó antes de este reto, sin embargo, no fue un tarea para ellas, quienes al decidir ser parte de esta aventura comenzaron a investigar, estudiar y prepararse para cruzar un océano juntas.

“El remo es algo muy mágico que llegó para nosotras y que tenía que suceder para nosotras. Pensándolo, un poco más filosóficamente, este tema de remar en conjunto es una metáfora muy bonita que se utiliza mucho entre mujeres porque remamos juntas hacia un objetivo mismo y a través de un océano”, resalta Eugenia. 

Oceanida
Oceanida será el primer equipo mexicano en cruzar el Atlántico en remo. Foto: Gregory Allen.

“Remamos juntas”

Para prepararse para este reto de 55 días, las atletas no solo se han conocido y entrenado durante años, sino que para cumplir este objetivo se lo plantearon como un proyecto que las ha enseñado a derribar obstáculos.

Eugenia Mendez explica que lanzarse a remar juntas sin saber nada de este deporte las motivó a aventurarse.

“Mi objetivo no es ser atleta de remo, sino cruzar el océano y si para eso tengo que aprender este deporte nuevo que es remar y remar en conjunto con cuatro mujeres, lo vamos a hacer y eso es en lo que ha consistido el proyecto en los últimos tres años”, añade.

Pasión y motivación son dos sentimientos que han mantenido unidas a las cuatro integrantes de Oceanida, quienes se han preparado física, emocional, mental y espiritualmente durante sus entrenamientos en estos años.

Este reto “no tiene que ser perfecto”, cuenta Eugenia, ya que el objetivo es cruzar y cruzar seguras y mientras ese objetivo que tienen como equipo se logre, es lo importante. 

“Parte de la misión y propósito de este cruce en general es un tema de mujeres. No necesariamente tenemos que ser las número uno pero sí podemos hacer lo que queramos hacer y eso es parte del sueño que partimos como equipo”, agrega.

¿Cómo se preparan para remar por el océano? 

Andrea Gutierrez, quien desempeñará el ‘rol de oficial de navegación y seguridad a bordo’, comenta que el reto de remar es entender que este deporte se desarrolla a la velocidad del humano, es decir, no hay motor, no hay vela, es el cuerpo propio.

“Es el moverse de un lugar a otro. Es tú te llevas a ti misma y a tu equipo del punto A al punto B, y lo haces a tu tiempo, seguras y una palada a la vez”, explic.

El entrenamiento que recibe el equipo ha sido muy integral, ya que no solo atienden el estado físico de sus integrantes, sino también la salud mental y psicoemocional al tratarse de un viaje de mucha resistencia mental.

“Entrenamos en el gimnasio, entrenamos en el agua (…) pero también somos cuatro cabezas que piensan y sienten distinto. Entonces, lo más importante y fuerte allá afuera, además del reto físico, va a ser cómo manejamos nuestras emociones, cómo manejamos la comunicación entre nosotras y cómo resolvemos los problemas”, explica Eugenia Mendez.

La asignación de roles dentro de la embarcación permitirá delegar las actividades que cada una realizará antes y durante el reto.

Además del entrenamiento físico, las atletas toman terapia psicológica una vez a la semana o una vez al mes. Incluso, asisten a talleres de comunicación asertiva, ya que la forma en cómo interactúa el equipo a bordo será muy importante durante la convivencia juntas.

Otro de los aprendizajes que adquirieron previo a su salida al mar son talleres de respiración que les permiten crear estrategias de calma individual por si algún evento ansioso se presenta. 

“Hemos buscado talleres de respiración y cómo buscar formas de calamar y encontrar ese centro porque cada una tiene que conseguir esa estrategia porque al final todas somos una red de apoyo”, explica Eugenia.

Finalmente, dentro del entrenamiento está la parte teórica relacionada a la náutica. Ahí aprenden más del comportamiento del viento, del mar y cómo utilizar esas condiciones a su favor. 

Incluso cómo resanar la embarcación y qué hacer en caso de tener algún contratiempo o accidente que requiera alguna reparación en la nave.

Oceanida
Las mexicanas tardarán 55 días en cruzar el Atlántico. Foto: Gregory Allen.

Reman por la protección del ecosistema marino

En nueve meses las cuatro integrantes de Oceanida saldrán a su viaje para llevar, además, un fuerte mensaje sobre la protección y regeneración de los ecosistemas marinos en México.

El reto va acompañado de la campaña de recaudación de fondos inspirada en que cada mujer tiene un océano que cruzar.

Para lograrlo tienen como meta recaudar 150 mil pesos que destinarán directamente a dos causas comunitarias. Por una lado, al Fondo Guadalupe Musalem, que es una organización no gubernamental mexicana que brinda educación a niñas indígenas y afromexicanas de la zona rural de Oaxaca.

La segunda causa es para apoyar a las Sirenas de Natividad, un grupo de cinco buceadoras mexicanas en una pequeña isla pesquera de Baja California Sur. Ellas se certificaron como buceadoras para monitorear los ecosistemas marinos y ayudar a su protección.

Para apoyar esta hazaña, solo tienes que ingresar a la plataforma de GoFundMe y dirigirte a la campaña First Latinamerican team to row across the Atlantic Ocean y donar la cantidad que gustes.

Al cierre de esta nota, la campaña ha recaudado 37 mil 045 pesos en la plataforma.

Andrea Gutierrez resalta que pese a los retos que han afrontado en estos casi cuatro años en que comenzaron a prepararse, ya ven cerca el día uno de este proyecto.

Oceanida es el primer equipo mexicano en lograr entrar a este reto, pero también un ejemplo del camino que juntas tuvieron que crear ya que, se han enfrentado a investigar procesos, enfrentarse a gente de empresas gigantescas, procesos burocráticos, todo esto por primera vez.

“Han habido todas las emociones encontradas: frustraciones, tristeza, enojo, felicidad y es parte de esto. El reto no es solamente cruzar el Atlántico sino llegar a donde hemos llegado y ese proceso es lo que se disfruta”, finaliza Andrea.

Antes de que te vayas: Just Stop Oil dejará de “lanzar sopas a Van Goghs”; su resistencia seguirá en los tribunales

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Imagen BBC
“Amigos, socios y aliados”: 4 datos que muestran la relación única entre EU y Canadá que el primer ministro da por terminada
11 minutos de lectura

En la cima de la guerra comercial, el presidente Trump y el primer ministro Mark Carney acordaron esta semana sentarse a “renegociar exhaustivamente” la relación de sus países.

29 de marzo, 2025
Por: BBC News Mundo
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Unos 40 habitantes de Vermont se reunieron en el centro de Montpelier, la capital del estado, para demostrar su apoyo a los vecinos canadienses (Foto de: John Lazenby/UCG/Universal Images Group vía Getty Images)
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, quedaron en “renegociar exhaustivamente” la relación entre ambos países.

“La geografía nos hizo vecinos, la historia amigos, la economía socios y la necesidad nos volvió aliados”.

Las palabras las pronunció el 17 de mayo de 1961 el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, en el Parlamento canadiense.

Apenas llevaba cuatro meses en el cargo y sabía que su liderazgo, y el del país que representaba, necesitaban un impulso, sumidos como estaban en plena Guerra Fría con el bloque comunista soviético.

Así que en Ottawa, Kennedy aprovechó para hacer un guiño a la relación bilateral y establecer una agenda global conjunta.

“Está claro que en una época en la que nuevas fuerzas están afirmando su poder en el mundo y la forma política del hemisferio está cambiando rápidamente, nada es más importante que la unidad de EE.UU. y Canadá”, añadió para rematar su discurso, ante la mirada de aprobación del primer ministro canadiense John Diefenbaker.

Pero mucho ha llovido desde entonces, y lo que se escucha hoy de los líderes de ambos países no puede estar más en las antípodas de aquel ambiente de concordia.

“La antigua relación que teníamos con EE.UU., basada en la integración cada vez mayor de nuestras economías y en una estrecha cooperación en materia de seguridad y militar, ha terminado“, zanjó este jueves el primer ministro canadiense, Mark Carney.

El presidente del país vecino, Donald Trump, acababa de anunciar unos aranceles del 25% a la importación de automóviles, algo que cayó como una bomba en una Canadá en plena campaña electoral hacia los comicios del 28 de abril.

Fue el colofón de una serie de medidas y desplantes que comenzaron con llamar al anterior primer ministro, Justin Trudeau, el “gobernador del 51º estado” estadounidense y siguió con de una guerra comercial abierta.

Mark Carney, el primer ministro de Canadá, habla durante una conferencia de prensa en Ottawa, Ontario, Canadá, el jueves 27 de marzo de 2025. (Foto: David Kawai/Bloomberg vía Getty Images)
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“Los canadienses debemos básicamente reimaginar nuestra economía” frente a los aranceles del presidente de EE.UU., Donald Trump, dijo el primer ministro de Canadá, Mark Carney.

Ambos jefes de gobierno conversaron este viernes por teléfono en un primer intento por limar asperezas, una llamada que los dos describieron como “productiva” y en la que acordaron sentarse a “renegociar exhaustivamente” tras las elecciones canadienses.

Pero Carney, que además de primer ministro es candidato del Partido Liberal en estas elecciones, no se desdijo y dejó claro que este es el inicio de una nueva era en la relación entre dos países vecinos que han sido amigos y aliados durante generaciones.

A continuación, cuatro datos que reflejan la complejidad del vínculo entre estas dos naciones.

1. Dos siglos de paz y uno como “mejores amigos”

Los territorios que hoy constituyen Estados Unidos y Canadá no siempre fueron aliados.

Durante la Guerra de la Independencia de EE.UU. (1775-1783), cuando 13 colonias británicas del actual territorio estadounidense se rebelaron y lucharon por independizarse de la Corona, las canadienses rechazaron las invitaciones para unirse a la revuelta.

Al estallar de nuevo las hostilidades entre EE.UU. y Reino Unido en la guerra de 1812, las tropas estadounidenses invadieron los territorios canadienses bajo dominio británico esperando ser recibidas como libertadoras, solo para encontrar una respuesta armada. Un episodio que —según coinciden expertos— contribuyó en gran medida al surgimiento del sentido de identidad canadiense.

“Desde el final de la guerra de 1812 no ha habido encuentros oficiales abiertamente hostiles, en parte porque muchos estadounidenses tendían a creer que los canadienses se unirían a la república”, escribe Robert Bothwell, profesor emérito del Departamento de Historia de la Universidad de Toronto, en un informe publicado en 2019.

“Al no ocurrir, EE.UU. aceptó a un Canadá independiente pero amigable como un vecino permanente, útil y deseable”, prosigue el especialista en el texto, centrado en los últimos 200 años de relación entre Canadá y EE.UU.

Soldados canadienses desplegados en Playa de Juno, Normandía. Esta imagen fue tomada después de los desembarcos iniciales del Día D. Fechado en 1944. (Foto de: Photo12/Universal Images Group vía Getty Images)
Getty Images
Soldados canadienses desplegados en Playa de Juno, cerca de Bernières-sur-Mer, Normandía (Francia), en uno de los primeros desembarcos del Día D, en 1944.

Sin embargo, aunque los vecinos establecieron relaciones diplomáticas en 1927, fue durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) cuando se estrechó la cooperación canadiense-estadounidense.

Desde entonces, hubo acontecimientos que pusieron a prueba esa amistad, como la guerra de Vietnam, la represión de las protestas del movimiento por los derechos civiles en los estados sureños y la invasión de Irak encabezada por EE.UU. en 2003, a la que Canadá se opuso con firmeza.

Pero en general ha estado marcado por gestos de cooperación y solidaridad, como la respuesta canadiense a los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra EE.UU.

Unos 7.000 pasajeros que iban a bordo de decenas de vuelos desviados tras los atentados fueron recibidos en Gander, una comunidad de apenas 11.000 habitantes de la isla de Terranova.

A ese espíritu de colaboración hizo referencia el 8 de febrero Justin Trudeau, ya como primer ministro saliente, en un emotivo mensaje a la nación después de que Trump firmara una orden ejecutiva que establecía un 25% de aranceles a todo producto importado de Canadá.

“Desde las playas de Normandía hasta las montañas de la península coreana, desde los campos de Flandes hasta las calles de Kandahar, hemos luchado y muerto junto a ti durante tus horas más oscuras”, dijo.

2. Una frontera de 8.800 km

La frontera entre Canadá y EE.UU. constituye el límite territorial internacional más largo del mundo, una línea recta imaginaria trazada a lo largo del paralelo 49.

Sumando porciones de los océanos Atlántico, Pacífico y Ártico, además de los Grandes Lagos, mide un total de 8.891 kilómetros.

Fue el Tratado de París del 3 de septiembre de 1783 el que le dio origen, el mismo que puso fin a la guerra de la Independencia de EE.UU. Pero numerosos acuerdos posteriores han ido conformándola tal como es en la actualidad.

Separa a 13 estados de EE.UU. de siete provincias canadienses y un territorio, y varias comunidades indígenas se extienden a un lado y otro.

Y agencias de ambos países estiman que al día la cruzan alrededor de 400.000 personas y bienes y servicios por un valor de US$2.500 millones.

Un letrero que marca la frontera internacional entre Estados Unidos y Canadá en el Parque Estatal Histórico Peace Arch en Blaine, Washington, el 5 de marzo de 2025. (Foto de JASON REDMOND/AFP vía Getty Images)
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La que separa Canadá de Estados Unidos es la frontera más larga del mundo.

Es una frontera no militarizada, cuidada únicamente por elementos civiles, y de forma mucho menos activa que el muy patrullado confín entre EE.UU. y México.

Aunque ante la llegada de Trump a la Casa Blanca, en diciembre de 2024 el gobierno de Canadá anunció una inversión de US$1.300 millones en personal, equipamiento y nueva tecnología para reforzar la vigilancia.

“El 20 de enero, como una de mis muchas primeras órdenes ejecutivas, firmaré todos los documentos necesarios para cobrar a México y Canadá un arancel del 25% a todos los productos que ingresen a EE.UU. por sus ridículas fronteras abiertas”, había advertido ya el republicano en su red Truth Social tras ganar las elecciones en noviembre.

“¡Este arancel permanecerá en efecto hasta que las drogas, en particular el fentanilo, y todos los extranjeros Ilegales detengan esta Invasión a nuestro país! Tanto México como Canadá tienen el poder para resolver fácilmente este problema latente desde hace mucho tiempo”, zanjó.

Mientras, el gobierno canadiense sostiene que la guerra arancelaria tiene más bien propósito geopolítico. “La excusa del fentanilo es ficticia”, subrayó Trudeau a principios de marzo, antes de que Carney lo relevara en el cargo.

“Trump quiere que la economía canadiense colapse para anexionarnos”, espetó.

Aunque la administración Trump acuse a las agencias canadienses de no hacer lo suficiente para impedir el tráfico de fentanilo, un opioide sintético que ha contribuido con más de medio millón de muertes por sobredosis en EE.UU. desde 2012, las cifras muestran una realidad mucho más matizada.

Según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (CBP, por sus siglas en inglés), el año pasado se interceptaron alrededor de 43 libras de fentanilo provenientes de Canadá, mientras que las autoridades canadienses incautaron alrededor de 11 libras llegadas del sur durante el mismo período.

3. US$1 billón en comercio bilateral

Según datos del gobierno canadiense, el comercio bilateral alcanza el billón de dólares anual, mientras casi US$2.500 millones en bienes y servicios que cruzan la frontera común a diario.

Estados Unidos vende más productos a Canadá que a cualquier otro país, lo que convierte a Canadá en el principal cliente de 32 estados estadounidenses.

Asimismo, EE.UU. es el principal inversor en Canadá; representa el 46% del total de inversión extranjera directa, según el más reciente Informe sobre el Clima de Inversión del Departamento de Estado.

En 2024, la inversión extranjera directa de Estados Unidos en Canadá se situó en US$452.000 millones, mientras que la inversión extranjera directa canadiense en EE.UU. alcanzó los US$672.000 millones de dólares.

Asimismo, casi una cuarta parte del petróleo que EE.UU. consume cada día proviene de su vecino del norte, y solo la provincia de Alberta exporta 4,3 millones de barriles al día.

Según la Administración de Información Energética estadounidense., EE. UU. consume alrededor de 20 millones de barriles al día, mientras que a nivel nacional produce alrededor de 13,2 millones.

“No necesitamos su energía. No necesitamos su petróleo y gas”, dijo en enero Trump. “No necesitamos nada de lo que tienen”.

Un camión con remolque viajando hacia los Estados Unidos cruza la frontera desde St-Bernard-de-Lacolle, Quebec, Canadá, el jueves 6 de marzo de 2025. (Foto: Graham Hughes/Bloomberg vía Getty Images)
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Casi US$2.500 millones en bienes y servicios que cruzan la frontera entre Estados Unidos y Canadá a diario.

Durante la mayor parte de las últimas cuatro décadas, el comercio entre Canadá y Estados Unidos se ha regido por una sucesión de acuerdos de libre comercio.

El más reciente es el T-MEC, que entró en vigor en julio de 2020 y del que forma parte también México.

“Hay cosas que podemos hacer, no solo para trabajar juntos con Estados Unidos, sino para generar más capacidad de acción para Canadá”, dijo el exministro de Finanzas canadiense Bill Morneau (2015-2020), en una conferencia titulada “Las relaciones entre Estados Unidos y Canadá en una época de tumultuosa política norteamericana” ofrecida en la Universidad de Yale el mes pasado.

“El desafío es mantener la cabeza fría frente a un diálogo degradante y francamente ofensivo, y hacerlo de una manera que reconozca la relación positiva y muy beneficiosa a largo plazo entre nuestros dos países”.

4. US$95.000 millones anuales en energía

Canadá es un exportador neto de electricidad a EE.UU. y las redes energéticas de ambos países mantienen una alta interdependencia.

Sus redes eléctricas se fusionan en un sistema “complejo y altamente interconectado” en el que las principales empresas canadienses del sector cuentan con filiales y divisiones comerciales en Estados Unidos, según la Administración de Información Energética de ese país (EIA, por sus siglas en inglés).

Ambas naciones intercambian energía por valor de US$95.000 millones anuales y en algunos estados este comercio llega a representar entre el 5% y el 15% de su PIB, según una investigación del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).

EE.UU. importó 33,2 millones de megavatios-hora (MWh) de electricidad en 2024, de los cuales 27,2 millones provinieron de Canadá y el resto de México.

Aunque esta cifra representa menos del 1% del consumo total de electricidad estadounidense, su impacto es significativo en ciertos estados, especialmente los fronterizos con su vecino del norte.

Un avión sale del Aeropuerto Internacional Pearson de Toronto, visto junto a líneas y torres de transmisión eléctrica en Mississauga, Ontario, el 11 de marzo de 2025. (Foto: Mike Campbell/NurPhoto via Getty Images)
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La electricidad ha sido también foco de tensión en la guerra comercial abierta entre Estados Unidos y Canadá.

Es por eso que la electricidad ha sido también foco de tensión en la guerra comercial entre ambos países.

El gobernador de Ontario, Doug Ford, eliminó el 11 de marzo el recargo del 25% que un día antes había impuesto a la electricidad que esta provincia canadiense vende a tres estados de EE.UU.

Horas después, el presidente Trump, retiró su amenaza de elevar del 25% al 50% el arancel sobre el acero y el aluminio canadienses.

En cualquier caso, el comercio energético entre ambos países no es unidireccional: Canadá también importa electricidad estadounidense, especialmente en los últimos dos años en los que la sequía ha reducido la capacidad de generación de las centrales hidroeléctricas canadienses.

Una bandera canadiense ondea junto a la estadounidense en el puente fronterizo Lewiston-Queenston el 4 de febrero de 2025 en las Cataratas del Niágara, Canadá. (Foto: Joe Raedle/Getty Images)
Getty Images

Pero la lista de conexiones e interdependencias no acaba ahí.

Ambos países también cooperan en defensa, a través de distintos foros e instrumentos bilaterales y multilaterales, aunque un funcionario de alto rango del gobierno le confirmó recientemente a la agencia AP que su país inició negociaciones con la Unión Europea con el objetivo de reducir su dependencia de EE.UU. en esa materia.

Como buenos vecinos, tienen una historia común de migraciones, con grandes movimientos en ambas direcciones desde 1750 hasta bien entrado el siglo XXI.

Sus habitantes comparten, en gran parte, lengua, y sus identidades se han ido definiendo por momentos en contraposición a la nación vecina.

“De todos los países, Canadá ha sido históricamente el que más se ha parecido a Estados Unidos, en términos de cultura, geografía, economía, sociedad, política, ideología y, especialmente, historia”, escribe Bothwell, el profesor de la Universidad de Toronto en su informe.

“Una cultura compartida —literaria, social, legal y política— es un factor crucial en las relaciones entre canadienses y estadounidenses. Y la geografía es, al menos, igual de importante”, prosigue.

“Ninguna idea estadounidense, buena o mala, desde el liberalismo hasta el populismo, deja de encontrar eco en Canadá. Lo fuerte o lo suave que suene el eco marca la diferencia”, concluye.

O como más célebremente describió la relación entre vecinos el ex primer ministro Pierre Trudeau:

“Vivir a tu lado es en cierto modo como dormir con un elefante. No importa cuán amigable y ecuánime sea la bestia, si es que puedo llamarla así, uno se ve afectado por cada contracción, por cada gruñido”.

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