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Mamás narcisistas: cómo identificarlas… y establecer límites para sanar
Mamás narcisistas: cómo identificarlas… y establecer límites para sanar
Ilustración: Andrea Paredes | @driu.paredes
8 minutos de lectura
Mamás narcisistas: cómo identificarlas… y establecer límites para sanar
27 de enero, 2023
Por: César Galicia
@cesargalicia_ 
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Hablar del amor maternal es complicado. Las madres están encargadas de una labor imposible: otorgarle a sus hijes un amor lo suficientemente seguro, estable e incondicional como para que se desarrollen plenamente mientras malabarean eso, su propia vida y las múltiples expectativas morales, laborales, económicas, sociales, políticas que caen sobre ellas.

Por eso este texto no trata sobre amor.

De lo que sí trata, es de comportamientos específicos. Hay un ejemplo que uso mucho: imagina que la persona que más te ama realiza un movimiento brusco y te pega. ¿Fue con intención, fue un accidente? No importa, el golpe igual te va a doler. Si fue leve, pues te sobas y ya. Si fue duro, quizás deje una marca. Si fue muy duro, quizás fracture algún hueso de tu cuerpo. Si fue extremo, podría matarte. Y en ninguno de los casos importa si la persona que te pegó te ama o no. El punto es que lo hizo y que ahora tienes que atender lo que pasó.  

La crianza funciona así. Las intenciones cuentan e importan, claro, pero al final del día, lo que registramos más que cualquier otra cosa son los comportamientos que las acompañan. 

La maternidad es difícil y también lo es cuestionarla cuando, por cualquier motivo, su ejercicio está mezclado con la violencia. ¿Que no la madre es, de todas las posibilidades del ser humano, la más desinteresada, más auténtica y más santa? ¿Que no el amor materno es el único amor incondicional que existe en el mundo? ¿Que no los sacrificios de la madre la deberían proteger de cualquier crítica hacia su figura?

Quizás una de las cosas más difíciles de entender de las madres narcisistas es que sus comportamientos suelen contravenir todo lo que se nos dice que son las intenciones de las madres.

Para las personas que han sido criadas por madres narcisistas, las ideas que existen sobre la incondicionalidad y pureza del amor materno existen en un limbo entre el mito, la decepción y el deseo, porque tienen que reconciliar su propia experiencia con el hecho de que esa experiencia de cuidado y amor que se les prometió nunca existió (estos mitos que, por cierto, también dañan fuertemente a cualquier otra madre, por el ideal inalcanzable en que la colocan). 

Las personas que son criadas por madres narcisistas suelen crecer con mucha culpa porque, por definición, no se puede cuestionar lo sagrado. Y si no se pueden mirar con ojo crítico los comportamientos a través de los cuales uno fue criado, porque por default los consideramos como producto de un amor absoluto, entonces uno no puede tomar decisiones respecto a ellos: modelarlos, distanciarse, negociarlos, etc. 

La doctora Ramani Durvasula, experta en narcisismo, habla de “Una vida sin sentirse suficiente”. La persona criada con una madre narcisista suele crecer cargando los efectos crónicos de que la principal figura de apego en su vida haya condicionado un amor inestable a sus caprichos del día a día.

Sin esa estabilidad, uno aprende a sentir que todo el amor es y debería ser condicional a que uno se porte bien, nunca desafíe, nunca se queje, nunca sea otra cosa que aquello que lo que las otras personas esperan. 

Es decir, se crece sin un sentido de autoconcepto lo suficientemente sólido, sin capacidad de ponerle límites sanos al mundo y distinguir la diferencia entre lo que uno desea y lo que los demás esperan, algo que facilita relaciones violentas o inestables en la adultez (tanto del lado de la persona violentadora, como del lado de la víctima).

¿Qué otras señales existen de que una persona ha sido criada con una madre narcisista?

  • Una sensación permanente de culpa (que nos puede llevar a evitarla a toda costa, sea complaciendo a otras personas de maneras extremas, o sea desafiándolas ante cualquier crítica para evitar tomar responsabilidad).
  • Una obsesión desbordada con la perfección y la virtud (sobre todo si viene acompañada de la sensación inminente de que algo terrible podría pasar si la sueltas, aunque sea por un segundo).
  • Dificultad para poner límites (sobre todo si esos límites son a figuras de autoridad que nos prometan cuidado y amor aunque sus acciones parezcan demostrar lo contrario).
  • Dificultad para mantener relaciones estables y saludables (atención particular a relaciones violentas donde alguna de las dos [o más] partes exhiba rasgos narcisistas).
  • Una falta de self (es decir: la carencia de la sensación de “esto soy, esto valgo”, de manera incondicional”, y más bien, una tendencia a autodefinirse con base en aquello que genere la mayor aprobación inmediata posible).
  • Demostrar características narcisistas en la propia persona (inevitablemente acabaremos modelando, aunque sea en alguna cosa, aquello de donde venimos).

Todas estas características no son indicadores que por sí mismos evidencian una crianza narcisista, pero sí son señales que han sido identificadas por especialistas como remanentes comunes de eso. 

Para entender nuestra personalidad, es importante poner nuestros rasgos en contexto: no se trata sólo de leer una lista, decir “soy” y dar por hecho que lo que dice un texto en internet sea verdad, sino utilizarlos como un elemento de un análisis más complejo (idealmente, en compañía de un/a/e profesional) para llegar a conclusiones más precisas respecto a por qué somos como somos.

Existen dos cosas que hacen muy difícil identificar a las madres narcisistas. 

La primera es, como lo mencioné, las múltiples expectativas en torno a la maternidad que hacen que su cuestionamiento sea complicado y culposo, mismas que, en su caso, pueden ser utilizadas como moneda de cambio emocional para mantener la violencia hacia sus hijes. La segunda es que sus características se parecen mucho a las de una madre perfectamente saludable. 

Pongamos un ejemplo: las madres narcisistas tienden a ver a sus hijes como una extensión de sí mismas. 

En cierto modo, esto es cierto en algún grado para todas las madres (y padres), pero en los matices está la diferencia: para la madre narcisista, esto no es tanto una metáfora como un contrato que dice “yo te parí, yo te cuidé, yo te mantengo con vida, tú eres mi propiedad”

Por consiguiente, una madre narcisista puede ser hipercrítica y castigar severamente a sus hijes cuando se salen de las expectativas. Esto, de nuevo, es cierto para casi todas las personas: si te portas bien y acorde a lo esperado, te premian; si te portas mal, te castigan. Pero en el caso de la madre narcisista, cualquier decepción, por mínima que sea, puede terminar en un castigo que posiblemente tendrá como objetivo dinamitar el autoestima de la persona para evitar que vuelva a tener la osadía de salirse del corral. 

¿Qué otras señales existen de una madre narcisista? 

Aquí algunas de las más comunes:

  • Usa la manipulación para obtener lo que quiere (y le sale muy bien).
  • Te humilla ante otras personas.
  • Siente celos de tu éxito, tu juventud, tu inteligencia, tu belleza.
  • No soporta ningún tipo de crítica y siempre que la reciba le intentará dar la vuelta
  • Tienden a hacer gaslighting.
  • Reacciona con mucha culpa cuando mantienes cualquier tipo de distancia.
  • No se responsabiliza por sus fallas y si es señalada ante cualquier comportamiento descuidado es posible que responda de inmediato haciéndose la víctima. 
  • Exhibe más rasgos narcisistas.

Como mencioné antes, algunos de estos rasgos son relativamente “normales”. Es importante hacer énfasis en eso porque, vaya, es completamente normal que los padres sientan algo de envidia por algunas características de sus hijes, por ejemplo, o que intenten defenderse ante la crítica (como lo haría casi cualquier persona), etc. La diferencia, como en muchas cosas de la vida, es el matiz, la intensidad y la proporción de la conducta.

¿Qué se hace ante una madre narcisista? 

La buena noticia es que se puede sanar. La complicada (porque no es mala, sólo complicada) es que regularmente, sólo existe una forma de lidiar con el asunto: poner límites. Esto puede verse de varias maneras, desde tomar distancia en la comunicación, hasta el contacto cero.

Cada persona definirá lo que implica “poner límites” para sí y para su historia, pero el principio es el mismo: la crianza narcisista se sostiene en la relación dependiente que tienen les hijes con sus madres. La única manera de poder sanar esa relación es romper la dependencia. Y para romper la dependencia, es necesario ser capaz de mirar el lazo familiar y atreverse a vivir sin él. 

Los límites permiten dos cosas. La primera es que sólo así se puede comenzar a modelar un self propio que no dependa de la aprobación de la madre. La comunidad, aprobación y sentido de satisfacción pueden comenzar a cultivarse por otros medios y relaciones que no sean la materna, sus expectativas y castigos.

La segunda es que así se previenen los efectos constantes de los comportamientos violentos. Cualquier otra acción que se pueda tomar siempre será sólo un paliativo al malestar verdadero. 

He visto personas mudarse de continente para estar lejos físicamente de sus relaciones maternales narcisistas y no poder sanar porque siguen manteniendo el lazo afectivo, la culpa, la esperanza de que algún día las cosas cambien y puedan ser mejor. 

Es como una espina en la mano: puedes tomarte todos los analgésicos que quieras, pero si no te la quitas, si no interrumpes el proceso de inflamación de tu cuerpo, nunca va a sanar realmente. O en otras palabras, intentar sanar una relación con una madre narcisista sin poner límites es como intentar caminar sin dolor con una piedra en el zapato, pero nunca querer quitarla. 

Poner límites a nuestras madres es contraintuitivo en todos los niveles. De nuevo, ¿qué no son ellas las personas que más nos aman en el mundo, las que se sacrificaron por nosotros, quienes mejor nos conocen y quieren lo mejor para nuestras vidas siempre? En ocasiones, la gran mayoría y con sus virtudes y errores, sí. La maternidad perfecta no existe y la mayoría serán madres “suficientemente buenas”, como atinadamente las llamó el psicoanalista Winnicot hace varios años.

En otras ocasiones, sin embargo, ese estándar de lo “suficientemente bueno” será rebasado por los propios dolores y/o trastornos de la madre y será inevitable que sus rasgos más violentos se filtren en sus comportamientos para acabar lastimándonos con o sin intención. Tomar distancia de ello no es, necesariamente, un acto egoísta. Si cada vez que una persona se voltea a hablarte te golpea por accidente es entendible que le comiences a hablar con cierta distancia y nadie pensaría que te falta amor. Es una reacción de supervivencia.

Se tomen las decisiones que se tomen, hay algo que debe tomarse en cuenta siempre: si lo que las madres narcisistas dañan más es el autoconcepto de las personas, es justo ahí a lo que debemos de dedicarle más ternura, paciencia y amor. 

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El matrimonio neerlandés que murió tomado de las manos después de 70 años de vida en común
4 minutos de lectura
El matrimonio neerlandés que murió tomado de las manos después de 70 años de vida en común
14 de febrero, 2024
Por: BBC News Mundo
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Intrépido e inspirador.

Así fue como la organización The Rights Forum anunció la muerte de su fundador y ex primer ministro neerlandés Dries van Agt, ocurrida por eutanasia al mismo tiempo que la de su esposa, Eugenie.

La pareja, ambos de 93 años, murió “junta y de la mano” el pasado 5 de febrero , según The Rights Forum, tras optar por la llamada “dúo-eutanasia” debido al deterioro progresivo del estado de salud de ambos.

Van Agt, un influyente político con largos años de servicio. sufrió un derrame cerebral en 2019 del cual nunca se pudo recuperar completamente, mientras que la salud de su esposa, Eugenie, también se deterioró.

La eutanasia y el suicidio asistido están permitidos en los Países Bajos desde 2002. La dúo-eutanasia es una reciente y creciente tendencia en ese país noreuropeo, donde un número limitado de parejas han podido cumplir el deseo de morir unidas, generalmente a través de una dosis letal de un fármaco.

Siete décadas juntos

Andreas (Dries) van Agt y Eugenie Krekelberg llevaban más de 70 años juntos, desde que se conocieron como estudiantes de arte en Nimega, en el este de los Países Bajos. Se casaron unos años después y fueron inseparables desde entonces.

Nacido en 1931, Dries van Agt se crio en un ambiente católico y, tras graduarse en Derecho y trabajar como abogado en los Ministerios de Agricultura y Pesca y de Justicia, inició una carrera política.

Fue ministro de Justicia (1971-1977) y de Relaciones Exteriores (1982). Fungió como primer ministro en tres gabinetes del gobierno neerlandés entre 1977 y 1982. Luego fue designado embajador de la Unión Europea ante Japón y ante Estados Unidos.

Eugenie lo acompañó y aconsejó a lo largo de su extensa carrera política y siempre aparecía a su lado en los eventos locales y extranjeros en los que ambos participaban como figuras públicas.

En fotos aparecen saludando a la muchedumbre, votando juntos en elecciones o mostrando abiertamente su cariño mutuo.

Dries van Agt y su esposa, Eugenie, antes de la salida de la pareja a Japón
Getty Images
Van Agt fue nombrado embajador de la Unión Europea ante Japón en 1987.

Eugenie también estuvo a su lado cuando fundó The Rights Forum en 2009, una organización comprometida con la búsqueda de una solución pacífica entre Israel y los palestinos.

Van Agt escribió numerosos artículos y dos libros sobre lo que él consideraba la “injusticia” en la que vive el pueblo palestino.

En 2019, el ex primer ministro sufrió un derrame cerebral del cual tuvo una parcial recuperación.

Aunque continuó ocupándose de la cuestión palestina, según escribe The Rights Forum, se sintió frustrado porque “su creatividad, concentración y capacidad para pronunciar discursos se habían visto afectadas”.

La salud de su amada y eterno apoyo Eugenie también había decaído y, al tener claro que no querían vivir sin el otro, ambos con 93 años, tomaron la decisión de someterse juntos a una eutanasia el 5 de febrero.

El actual primer ministro en funciones de los Países Bajos, Mark Rutte, rindió un conmovedor tributo a quien llamó su “tatarabuelo político” y la familia real holandesa resaltó su “impactante personalidad y estilo florido”.

La pareja deja tres hijos y fue enterrada en Nimega, la ciudad donde se conocieron.

Dries van Agt
Getty Images
Van Agt es descrito como dueño de una personalidad atractiva y un lenguaje característicamente florido.

La eutanasia en los Países Bajos

El sitio oficial de los Comités de Revisión de Eutanasia explica que, cuando un médico cumple con la solicitud de un paciente para poner fin a su vida, se llama eutanasia.

Si el médico ayuda al paciente a finalizar su propia vida, se conoce como suicidio asistido.

Ambas prácticas son permitidas en los Países Bajos desde 2002, pero están estrictamente controladas por regulaciones inscritas en la ley.

Las solicitudes de eutanasia frecuentemente provienen de pacientes que experimentan un sufrimiento insoportable sin perspectiva de mejora.

La solicitud debe hacerse con toda seriedad y convicción. Los pacientes no tienen el derecho absoluto a la eutanasia ni los médicos el absoluto deber de practicarla.

La dúo-eutanasia es una modalidad reciente, pero que se está volviendo más común.

De las casi 9.000 eutanasias individuales practicadas en los Países Bajos en 2022, 29 parejas se sometieron a ese proceso el mismo año.

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BBC

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